21.12.14

Pablo Iglesias, la OTAN y los EEUU

Realmente bien está. Se echaba de menos un aire fresco en la política española y lo ha traído Podemos, desde luego. Asamblea ciudadana, grupo de docentes e investigadores universitarios, populistas, bolivarianos, demagogos, nueva generación para un tiempo nuevo, actualización de la socialdemocracia… diversas etiquetas para algo que está por aún definir. Lo cierto es que en muy pocos meses han servido de revulsivo, mientras el PP se debate entre la tormenta de la crisis y las laminaciones internas, mientras el PSOE se busca en las tinieblas y mientras IU se aproxima al abismo que Cayo Lara ha querido evitar en paracaídas.

Podemos, mejor dicho, Pablo Iglesias ha copado los medios de comunicación hasta traspasar el límite entre la atracción y el hartazgo. La imagen de Pablo Iglesias se ha convertido en un icono -primero en las TICs, luego en la difusión masiva- que ha diluido hasta el recuerdo lejano de aquel fundador del PSOE fallecido en 1925. Posee el brillo de la promesa inexplorada, la esperanza de lo inédito, la frescura de un lenguaje directo y la irresistible seducción de la audacia. Pretenden ser nuevos, puros y virginales ante una democracia muy rodada en poco tiempo y que no está sabiendo envejecer. Quizás la transición, tan rápida como presuntamente modélica, parió una democracia veloz que ahora se enfrenta a sus propias contradicciones. A una juventud de vértigo le suele seguir una vejez achacosa.

Es evidente que el cambio generacional está próximo a llegar en la política española. No hay más que asomarse al calendario y acariciar con nostalgia el tiempo que se ha ido. Conviven, hoy como ayer, juventudes de ideales virginales y viejos que han vuelto del tiempo de las ilusiones. No sabemos si será Podemos u otro tipo de formación, pero pensar que lo establecido va a mantenerse tal cual refleja una severa carencia. Pasen los años y ya verán.

Iglesias ha encandilado más por sus diagnósticos que por las soluciones que propone. Sus críticas han puesto en evidencia los fallos de nuestro sistema político, social y económico. Parece evidente que ciertos pedestales sagrados del presente no permanecerán en el futuro. Incluso concedamos que algunas de las soluciones “domésticas” que propone quizás funcionen razonablemente o, al menos, resulten menos nefastas que algunas de las ya probadas. Hasta cierto punto lo que ocurra dentro de España importa poco, siempre que no tenga consecuencias fuera de nuestras fronteras. Ahora bien, dirigir un país significa también tener en cuenta la política exterior y, en este punto, Pablo Iglesias se ha mostrado inequívocamente contundente. Dos aseveraciones ante la cadena SER (noviembre 2014): intentará que España salga de la OTAN y que desaparezca la presencia militar estadounidense del suelo español.

Todas las propuestas de Iglesias deben, pueden y están sometidas al debate, al menos fuera de Podemos: si será posible llevarlas a cabo o no, si son populistas o verosímiles, etc. Pero el ensayo de romper maridajes con la OTAN y los EE.UU. es algo muy difícil de lograr en el mundo actual (y, previsiblemente, en el del futuro próximo). Por ser más preciso: son un verdadero disparate. Estos propósitos sólo pueden reportar dos consecuencias para estos aspirantes: no alcanzar el poder o disfrutarlo por un tiempo muy limitado. Naturalmente queda una tercera posibilidad: es una simple postura cara a “su” galería y ni se plantea la credibilidad de sus propias palabras.

Hemos contemplado en la historia reciente de nuestro país que las decisiones silvestres en política exterior no han sido percibidas por los votantes como un grave riesgo. Incluso se han aplaudido y jaleado. Suprema ignorancia: los errores pasan factura y la estupidez nos desahucia. La retirada de tropas de Irak en 2004 fue defendida con alusiones castizas (el célebre par de huevos) que todavía se nos recordaría en la propaganda electoral de 2008. Es evidente que estas palabras de Iglesias buscan recolectar votos sin encender las alarmas del debate interno español. Curiosa combinación de exabrupto suicida y silencio cómplice.


Es casi vergonzoso recordarlo, pero fuera de este ombligo patrio adornado de autonomismos con pretensiones hay un mundo. Con sus exigencias, reglas y compromisos. Nos queda la duda de si estamos ante una bocanada de ignorancia o una cínica estrategia. El día que alcance la mayoría Podemos –si llega ese evento- no se olviden las localidades de sombra ni las almohadillas para esperar a ver qué hace el diestro Iglesias con ese toro. Aunque la fiesta ya haya sido suprimida para entonces.

16.3.14

El deseado encuentro del PSOE consigo mismo

Todavía hoy la mayor parte de los electores se sienten identificados con los partidos que giran en torno al centro político, bien sea de derechas o izquierdas. O lo que es lo mismo: los nostálgicos del pasado y los iluminados del futuro representan aún opciones minoritarias, ya sean crecientes o decrecientes. Son, hoy por hoy, minorías. Por consiguiente, parece razonable que los partidos mayoritarios se expresen con moderación y sean suficientemente responsables. Aquello de las "mayorías sociales" tan queridas como cacareadas por la oposición (precisemos: por los que han perdido las elecciones) debería ser patrimonio de quien ni ha ganado, ni está en condiciones de ganar, ni imagina -en su fuero interno- que vaya a ganar unas elecciones próximamente.

El PSOE se encuentra en la oposición, pero ganó elecciones (unas, con inigualable consenso; otras, con menos brillo) y estará en condiciones de volver a tener la responsabilidad de gobernar, más tarde o más temprano. Para ello, el socialismo español necesita aterrizar, poner los pies en el suelo, diagnosticar bien las causas por las que ha registrado los peores resultados de toda su historia después de la muerte de Franco y darse una ducha de seriedad y credibilidad. Debe reconocer que las miradas hacia la izquierda y los falsos coqueteos progresistas que disfrazan un buen montón de populismo demagógico, hoy por hoy, se traducen en una sangría de votos procedentes de las clases medias. La mesocracia está muy castigada, pero existe y su estoica templanza no debe interpretarse como síntoma de tolerancia infinita o estupidez congénita.

De ese comportamiento de las clases medias deberá tomar buena nota el PP para no repetir hartazgos si quiere mantener su mayoría, aunque sea relativa. Y ese comportamiento tendrá que ser bien pulsado por el PSOE si quiere enterrar su pasado reciente. Quien se aleja del zapaterismo genera esperanza (léase Susana Díaz) y quien persevera en la línea de aquel presidente tan inesperado como imprevisible es el perfecto candidato para hundir aún más al socialismo, incluso por debajo de los 100 diputados. Mientras, Rubalcaba hace el papel de mantenedor de la nave a la espera de un candidato/a idóneo/a. Es decir: alguien joven, nuevo/a, sin máculas pasadas, pero que garantice que no va a ser un presidente/a inexperto en todo pero especialista en meter con ansia la gamba sin rubor alguno. Evitar a toda costa una nueva versión de la insolvencia sonriente inspirada en el difuso éter del "talante".

Por dónde no pasa el camino de la regeneración socialista es por la oposición sistemática, ni por las maniobras de aislamiento del PP. Un PP aislado es tan malo como un PSOE atrincherado y bueno es recordar que más vale la soledad que un mal acompañamiento. Y si es legítimo y conveniente ejercitar la oposición, es conveniente hacerlo con tiento y memoria. Leemos en las noticias del 24 de febrero de 2014: "la portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, Soraya Rodríguez, y el secretario general del PSPV-PSOE, Ximo Puig, han presentado este lunes ante el Tribunal Constitucional (TC) un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley de las Cortes valencianas que suprimió el servicio público de la Radio Televisión Valenciana (RTVV) al considerar que vulnera el principio de seguridad jurídica y supone "un atropello" de derechos fundamentales". Hasta aquí todo normal y oportuno. El desmande conservador en la Comunidad Valenciana ha sido superlativo, desde ex presidentes declarados inocentes por la justicia hasta presidentes en activo.

Lo que ya no es tan normal es que, habiendo pasado lo que ha pasado en esa Comunidad durante lustros, el PSOE no haya sido capaz de ganar unas elecciones autonómicas. La cúpula de los socialistas valencianos debería hacérselo mirar dos veces antes de ponerse a criticar. Y Ximo Puig debería tentarse la ropa antes de elevar el tono diciendo lo siguiente: "Cuando oigo lo que pasa en Venezuela y otros países, no tiene nada que envidiar el señor Fabra a sus actitudes".

Vamos por partes. Al añadir esa frase, Puig compara -estableciendo una equivalencia- al gobierno de Mariano Rajoy con el gobierno chavista de Nicolás Maduro, aunque formalmente acuse a Fabra y al PP valenciano. Bien. Parece sugerir que el gobierno conservador español tiene mucho de autoritario y antidemocrático, al igual que el chavismo es autoritario y entiende la democracia en términos de partido único. No resulta llamativa la acusación contra el gobierno Rajoy; lo novedoso es la crítica que se hace a Nicolás Maduro. Y bienvenida sea esa novedad si refleja el cambio de tendencia en las derivas socialistas desde aproximadamente el año 2002. Pero hay que ser coherentes y sinceros para ganar unas elecciones. O, por lo menos, parecerlo si no se tienen mayores dotes.

El pasado verano Nicolás Maduro se despachó a gusto contra, precisamente, Rajoy (http://youtu.be/4TX9hcptp2c). ¿Qué dijo entonces Ximo Puig que tanto critica ahora al gobierno venezolano? Pues no dijo absolutamente nada en contra de Maduro ni de su régimen chavista. Por consiguiente, da la sensación de que acaba de llegar al mundo y percatarse del carácter escasamente democrático del liderazgo del eterno chandal. Bienvenido al mundo.

Tampoco tiene buena memoria Puig. ¿Ya no se acuerda de las estrechas relaciones de la España zapaterismo mantuvo con la Venezuela chavista? En el otoño de 2004, Hugo Chávez fue invitado a venir a España y alimentar aún más las corrientes anti-Aznar a ambos lados del Océano Atlántico. Lo que debería haber permanecido en secreto fue filtrado a un gobierno extranjero y, así, Venezuela se enteró de posibles preparativos de un golpe de estado por parte del gobierno Aznar, siempre en debida conjunción con los EE.UU. Aquello fue una ligereza o una traición a los propios intereses del país que se representa, depende de cómo se vea. Pero tuvo dos consecuencias: empeorar nuestras relaciones con EE.UU. y facilitar que Chávez anduviera años tachando al ex presidente español de fascista. Años más tarde, claro, el propio Zapatero tuvo que andar reculando para defender el honor del expresidente Aznar en una Cumbre Iberoamericana y se ofreció a los EE.UU. para intentar reconciliarse con ellos. Zapatero, muy hispánico, pasó de la quijotesca arrogancia rebelde a la mendigante humillación de solicitud de un perdón que nunca llegó. ¿Y Ximo Puig? ¿Qué le parecía entonces el régimen del comandante Chávez? ¿Era autoritario y antidemocrático el bolivarismo reinterpretado por Chávez?


Hay que moderarse un poco antes de hablar desde la oposición. Para ser coherente y sincero hay que tener un poco de memoria, olvidar algunas cosas para superarlas y recordar bien los errores pasados para no repetirlos. En caso contrario, ni Ximo Puig ganará unas elecciones en la Comunidad Valenciana, ni al PSOE le esperarán en la Moncloa. No por ahora.

Lo que fuimos, lo que somos

Hay libros que pasan injustamente desapercibidos. Pocos notaron y menos leyeron las advertencias de Francisco e Igor Sosa sobre la fragmentación del Estado, cuya primera edición vio la luz en diciembre de 2006 (El Estado fragmentado, Trotta). Mirar para otro lado cuando se abrían las puertas a la bilateralidad entre Cataluña y el gobierno central sembró el conflicto que hoy contemplamos en la forma encubierta de un derecho a decidir que apunta presuntamente hacia la independencia, porque nadie consulta a nadie para decidir dejar las cosas igual que están. Vivíamos en un mundo que se antojaba perfecto mientras, en realidad, el envilecimiento, la estúpida ignorancia y el enriquecimiento arrojaban al ostracismo a las minorías que mostraban su desacuerdo. Eran los antipatriotas, los aguafiestas, los incómodos disidentes a los que se ahogó en el silencio bajo una espesa capa de descrédito infundado. Y hubo una legión de presuntos profesionales tan lenguaraces como insolventes dedicados con devoción a tan deplorable tarea. El dinero corría y ellos recibían su premio.

Sólo cuando la crisis económica nos situó ante el espejo de nuestra realidad, fuimos conscientes del desplome moral. Los antiguos verdugos se evaporaron, no sin llevarse antes sus últimas prebendas, mientras las víctimas se recuperaban del ostracismo bajo un viento de levante. Y eso significaba, simplemente, poder ejercitar la crítica sin ser situado en el cadalso debidamente adornados con el sambenito de reaccionario. Sólo cuando el tornado ha pasado podemos leer con recobrado sosiego la descripción de lo acontecido en España, gracias al Todo lo que era sólido de Muñoz Molina.

La crisis que padecemos es global y, sobre todo, encierra cambios próximos que serán estructurales. El mundo que hemos conocido parece licuarse reblandeciendo las referencias que parecían sólidas hasta hace bien poco. El filósofo Zygmunt Bauman ha bautizado el fenómeno con la expresión "modernidad líquida", en realidad una variación de los análisis sobre la posmodernidad. Pero no entenderíamos lo que ha ocurrido en España si camuflamos cómodamente los argumentos en la crisis internacional. Y este es precisamente uno de los aciertos del libro de Muñoz Molina. Es, simultáneamente, una autobiografía y un recorrido por los lastres que hemos arrastrado durante los últimos treinta años. Sin necesidad de situar fuera de nuestras fronteras culpabilidades que no podemos juzgar, por mucho que soñemos con jurisdicciones extraterritoriales.

Los defectos patrios venían de mucho tiempo atrás. Unos se adaptaron en la transición, otros –muy pocos- llegaron a desaparecer y algunos más florecieron al calor de los nuevos tiempos. Pero en la prosperidad de los ochenta y los noventa nadie se tomó el interés en diagnosticarlos y tratarlos, convirtiéndose en tumores profundamente encastrados. La gallardía intelectual de Muñoz Molina reside en señalar que la metástasis de aquellos tumores en apariencia dormidos se extendió como un reguero en la primera década del siglo XXI. Una España que daba la espalda al exterior porque, enriquecida y complacida, repetía una manida expresión: "como en España no se vive en ninguna parte". Un país que se impregnó en un clima turbio de discordia incivil sobre hechos acontecidos más de setenta años atrás. Un debate estéril, protagonizado por quienes ni habían vivido dramas mortales ni sabían lo que era pegar o recibir un tiro.

Cuando la barbarie triunfa no es en virtud de la fuerza de los bárbaros; es la civilización la que claudica. Los que alimentaron su juventud con canciones de Joan Manuel Serrat olvidaron en su madurez aquellos versos que rezan: "Los recuerdos suelen/ contarte mentiras. /Se amoldan al viento, /amañan la historia; /por aquí se encogen, /por allá se estiran, /se tiñen de gloria, /se bañan en lodo, /se endulzan, se amargan /a nuestro acomodo, /según nos convenga; /porque antes que nada /y a pesar de todo /hay que sobrevivir".

El libro tiene, además, el buen gusto de transitar brevemente por dos países que tanto pueden enseñarnos a juicio de Muñoz Molina: los Estados Unidos y los Países Bajos. Con sus virtudes y sus defectos, Nueva York y Ámsterdam son dos poderosos antídotos contra las anormalidades que aquí consideramos una parte más del paisaje público por pura cotidianidad. Cuando menos, producen una saludable oxigenación en estancias cortas. Doy fe de ello.

Es más que recomendable la detenida lectura de Todo lo que era sólido. Todo un espejo que nos devuelve una nítida imagen de lo que somos. Un buen punto de partida para repensar un futuro que ya no será igual que el pasado, por mucho que algunos acaricien la nostalgia de la molicie.



9.3.14

11-M.

 "Creo que el Gobierno se precipitó a la hora de elaborar una interpretación política del atentado. ¿Hubo una voluntad inicial de engañar? Yo diría que no, sólo hubo una interpretación errónea del atentado. A partir de ahí, estaban en una situación muy comprometida. Fue una reacción política en soledad e intentaron que esa interpretación política se mantuviera hasta que los hechos se la destrozaron. Eso fue lo que pasó".

Estas son las palabras del expresidente José Luís Rodríguez Zapatero en una reciente entrevista con motivo de aquellos trágicos atentados. ¿Por qué no dijo lo mismo hace unos años?

Más grande es otro extracto de la misma entrevista, integrado por una pregunta directa y una respuesta sorprendente:

"P.- ¿Tampoco tuvo que ver con el apoyo del Gobierno de España a la intervención en Irak?
R.- No se puede establecer una relación directa, No debemos establecerla porque sería como dar una excusa al salvajismo más abominable. ¿Hubiera sido menos probable el atentado si España no interviene en Irak? No lo sabemos, la Historia tiene unos vericuetos muy azarosos".
José Blanco, mano derecha de Rodríguez Zapatero en esa época, sentenció que Aznar era el culpable del engaño masivo. Así lo difundió "Público".

Algo nos hemos debido perder cuando, pasados los años, hasta el juez Javier Gómez Bermúdez reconoce que no se sabe de quién partió la idea del atentado.

No me extraña que ahora nos hayamos enterado de la auténtica muerte del general Prim. Amarga sensación que recuerda al conocido refrán "El muerto, al hoyo y el vivo, al bollo".

1.4.13

¿Qué será de nuestros archivos?


A finales de enero de 2013, el Tribunal Constitucional ha emitido una sentencia que avala la restitución de documentos incautados durante la guerra civil a la Generalitat de Cataluña. El litigio viene de lejos, cuando el Ayuntamiento de Salamanca presentó un recurso ante la Audiencia Nacional para solicitar la nulidad de la orden del Ministerio de Cultura que, de madrugada, sacó los papeles reclamados para enviarlos hacia Cataluña. En el año 2008, la Audiencia falló en contra de los deseos del consistorio salmantino y éste, a su vez, presentó un recurso de casación ante el Tribunal Supremo. Por su parte, la Junta de Castilla-León presentó un recurso de inconstitucionalidad contra algunos de los artículos de la Ley 21/2005 de 17 de noviembre, de restitución a la Generalidad de Cataluña de los documentos incautados con motivo de la Guerra Civil custodiados en el Archivo General de la Guerra Civil Española y de creación del Centro Documental de la Memoria Histórica. Con el fallo del Constitucional, el asunto está cerrado: la restitución fue correcta y legal.

Que ha mediado la política a lo largo de la querella resulta evidente. Entre los que se mostraban en contra de la Ley 21/2005 se contaban administraciones gobernadas por el PP. Los que la defendían estaban alineados con el difuso universo progresista generado en torno a la figura de José Luis Rodríguez Zapatero. Tras todo el juego se encontraba un fugaz pacto político de Esquerra Republicana de Catalunya con el PSOE de aquel entonces. Más allá de la esfera política, la querella se apoderó de sectores de la sociedad y alcanzó al gremio de los historiadores. Quien criticase la medida corría el riesgo de ser sospechoso de reaccionarismo (aunque no lo practicara); por el contrario, quien apoyase dicha Ley era bendecido con el oportuno pedigrí progresista (por más que estuviera bastante lejos de serlo). Las polémicas se reavivaron con la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura (más conocida “ley de la memoria histórica”). Tras ello, el rango de reclamantes de documentos se fue ampliando a particulares y entidades, a través de una interpretación muy generosa de la Ley 21/2005. El resultado: se ha ido produciendo una filtración progresiva de documentos originales del archivo salmantino, aún no concluida porque las reclamaciones no han cesado, ni es previsible que lo hagan. Ciudadanos españoles con residencia en Cataluña han recuperado sus documentos, aunque –eso sí- el Departamento de Cultura de la Generalitat recomendaba que dichos fondos privados fuesen depositados en el Arxiu Nacional de Catalunya para garantizar su conservación y consulta. El pecado original del expolio, al parecer, desaparecía con el traslado de un archivo a otro.

Hace pocos días, el profesor Julián Casanova se lamentaba en El País de la oportunidad que hemos desaprovechado para crear “un archivo de la historia y de la memoria de la guerra civil y de la dictadura”. No le falta razón, aunque hay que reconocer que desde la Ley 21/2005 hasta la reciente decisión del Tribunal Constitucional, ese objetivo se antoja bastante inalcanzable. La obsesión fetichista por la posesión física del documento se ha superpuesto a los intereses de la investigación, despreciando el incremento de gastos derivado de la conservación dispersa de notables volúmenes de documentación.

No resulta difícil imaginar que cierto número de particulares, ayuntamientos y otras comunidades autónomas puedan exigir los mismos beneficios que, coyuntural y excepcionalmente, se cedieron a la Generalitat. Todo esto con una autodeterminación en el horizonte, amamantada por el reconocimiento de relaciones bilaterales entre el Estado y una de sus autonomías. Los lodos siempre tienen sus polvos. De poco sirve lamentarse ahora cuando antes se aplaudía el fuego.

El futuro tal vez convierta los archivos en grandes repositorios digitales. Obviamente, eso no ahorrará los crecidos gastos de conservación de los documentos originales centrifugados por todo el país pero, al menos, dispondremos de un centro coordinado que digitalice y publique en red. Quizás esto suene a sofisticación tecnológica cuando todavía hoy, en los archivos dependientes de Cultura, los investigadores están obligados a solicitar reproducciones porque está prohibido hacer fotografías de los documentos consultados. Raro país de aún más extrañas regiones y nacionalidades.
 

16.12.12

La redención de la memoria

Que la memoria es selectiva, ya lo sabíamos. Que la memoria es el resultado de moldear los recuerdos, también. Es bueno que haya políticas y lugares de la memoria. El problema no es que existan; el drama es que sean deliberadamente deshonestas para terminar de embotar los mejores destinos de los usos públicos de la Historia. 

Una muestra es la reconstrucción biográfica del productor cinematográfico Elías Querejeta Gárate realizado en La 2, en el programa "Imprescindibles", emitido el viernes 14 de diciembre de 2012. Es preciso prestar atención, especialmente, a partir del minuto seis y cuarenta segundos. Es entonces cuando se trata el asunto de la infancia de Elías Querejeta y se aborda la semblanza de quien fuera su padre, del mismo nombre y primer apellido. Se dice de don Elías Querejeta Insausti que estuvo oculto al comienzo de la guerra civil y muy de pasada se dice que fue presidente de la Diputación de Guipúzcoa. Y ahí se queda todo. En realidad, apoyó el golpe del 18 de Julio desde una ideología inequívocamente tradicionalista. Su recompensa fue el ser elevado a la presidencia de la Diputación guipuzcoana por nombramiento de Franco. Desde ese primer cargo, sería destinado como gobernador civil de Murcia entre 1941 y 1943.

No fueron precisamente los nacionales los culpables de que tuviera que ocultarse al estallar la guerra. Más bien, la victoria nacional fue la causa de la promoción política que experimentó durante la guerra y la primera posguerra. Aunque el programa televisivo centra su atención en la carrera de su hijo dentro del mundo del cine, es de justicia tratar con objetividad la figura del padre. Ya que salió a relucir su nombre, debieron decirse algunas cosas más de él. Igual que fue un decidido antirrepublicano, fue también un tradicionalista que se comprometería en la lucha por sus ideales, llegando a ser detenido en 1945. El mismo Elías Querejeta Insausti que se sumó a la liquidación de la República fue el que, años después, criticaría al régimen desde una óptica tradicionalista. El guionista del reportaje no debío rechazar los matices para caer en el maniqueísmo simplificador. Para no complicarnos ni la vida ni la memoria preferimos ocultar que hubo antirrepublicanos que terminaron siendo antifranquistas o que partidarios de la República prestaron una colaboración más o menos activa a la dictadura.

Resulta aconsejable recuperar el rigor si no queremos terminar creyendo -y haciendo creer- que Andreu Nin fue fusilado por orden de Franco.

Sevilla, grande. Sevilla, única


Llegó un buen día un Ayuntamiento que pensó urbanizar la zona poniendo calles y aceras. Llegó otro alcalde que pensó que lo mejor era abrir carriles bici. Las señales de aparcamiento se iban quedando en la alejada acera, casi como testigos mudos de la regulación del aparcamiento de vehículos que transitaban más allá del pasillo verde y ecológico. Luego llegaron los respetos a los derechos de las minorías y pusieron las correspondientes señales para reservar segmentos de aparcamiento para los discapacitados. Y llegó la empresa de limpieza y se percató del tentador espacio reservado para emplazar sus contenedores.
 

Hay que tener arte. Como Sevilla, la ciudad de la gracia.



8.12.12

Queridos paranoicos



La carta enviada a la vicepresidenta de la Comisión Europea y comisaria de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía, Viviane Reding, por un grupo de eurodiputados catalanes -elegidos, por cierto, en virtud de la pertenencia de España a la UE- ha sido ampliamente comentada. Su principal reclamación: solicitar amparo de la UE ante la presunta amenaza militar que España ejerce sobre una parte de su propio territorio (léase Cataluña o, quizás, los Països Catalans). El siempre ocurrente Alberto Boadella ha ironizado sobre esta ocurrencia nacionalista: "Solamente un tanque asomando por Lleida, les provocaría un orgasmo general". Lo que es también general es que la mayor parte de las personas sensatas ha rechazado esta insensatez paranoica digna de unos perfectos indigentes intelectuales. Manteniendo la más exquisita mesura puede calificarse esta carta de perfecta gilipollez. El PSOE, que no anda últimamente sobrado de crédito ni de credibilidad, por lo menos le ha indicado a su díscola diputada (María Badía) la puerta de la dimisión como secretaria general de la delegación socialista española en el Parlamento Europeo. Justo es reconocer lo que es justo. Semejante personaje no puede representar a los socialistas españoles en el Parlamento Europeo.

Cabe pensar que no pueden ser tan absurdamente tontos los firmantes de tal engendro. Puede que sean unos paranoicos (una de las patologías habituales derivada del micronacionalismo extremo), pero bien pudiera ser que la misiva estuviera perfectamente calculada con la más mala de las leches. El curioso grupo de diputados y diputadas se aunaron en un festivo cuarteto, alcanzando el paroxismo mientras redactaban la carta a la vicepresidenta Reding. Su hazaña colectiva bien pudiera ser directamente proporcional a los deseos por ofrecer una imagen deplorable de España en el exterior, acariciando la idea de "internacionalizar" el supuesto conflicto entre el pacífico ex Principado y la agresora potencia borbónica. Sería, pues, una estrategia más. Tan chabacana como celtibérica.

Les debe quemar el DNI que han de portar a la hora de identificarse para tomar posesión de sus cargos en el Parlamento Europeo. Pero entonces su lamento se torna silencioso dada la buena remuneración que cobran. Del mismo modo que olvidan que son representantes españoles en aquella Cámara. Representan al país que, según ellos, les coacciona con una intervención militar próxima. Sufren una especie de trastorno de identidad disociativo muy lucrativo. Puede que no sean mas que unos cínicos que calculan en términos de beneficios personales las consecuencias de una hipotética independencia, sabedores del nivel de dependencia que tienen unos países sobre otros en el mundo actual.

Queridos paranoicos: viven ustedes hoy en una España tolerante con las ideas independentistas, hasta el punto que ustedes forman parte de la delegación española. Dudo mucho que, en los días de su mañana, una delegación "catalana" albergase en su seno a personas que defendieran la reintegración con España.

Son muy libres de tener las ideas que les plazcan pero, por favor, ahórrennos sus insultos a la inteligencia.

2.4.12

DE LA HUELGA GENERAL Y JUERGAS ELECTORALES

Tres puntos cardinales. La fotografía corresponde al anuncio de una marquesina del tranvía de Sevilla. Ciudad diferente. Ciudad ocurrente. Y es que a pocos se les pasaría por la cabeza -en plena jornada de huelga general, conciencia y lucha- situar tres puntos cardinales tan visuales. Tan palpables en el imaginario. Tan frívolamente llamativos cuando, se supone, debiera dirigir nuestras conciencias un insobornable ímpetu de rebelión. Puro aprendizaje por descubrimiento, en el que suelen insistir los pedagogos. Hasta la revolución tiene sus descansos.

Tras las elecciones de noviembre en las que barrió el PP por número de diputados, llegaron los fríos y las medidas de ajuste. Pasó el tiempo y llegaron las elecciones autonómicas andaluzas, bien postergadas por el estratega Griñán. Todo hay que decirlo: es políticamente elegante y, desde luego, no es sectario por más que apostase por Carme(n) Chacón, esa "Zapatero con faldas" que le adjudicó con precisión otro "ex" con experiencia de lobo: Ibarra. Gracias a Dios (laico o no), el sectarismo se ha calmado nada más desaparecer su origen.

Los resultados de las urnas son los que son. Tal vez en un mundo ideal debiera gobernar el Principado de Asturias el PSOE, admitiendo todos que el califato andaluz tendría que cambiar de manos en favor del PP. Las listas más votadas. Las realidades, sin embargo, tocan a sillón y las poltronas se repartirán en favor de una alianza más o menos conservadora en Asturias y, también, caerán del lado de una alianza PSOE-IU que, de seguro, nos dejará páginas inolvidables. En Sevilla lo saben bien los que recorren sus calles y aún ven una de sus vías rotuladas como "Pilar Bardem" sin saber muy bien qué ha hecho esta buena mujer por la Ciudad de la Gracia. Por cierto que también tiene su gracia que Juan Cruz defienda numantinamente contra viento y marea la dichosa denominación de la dichosa calle con un artículo titulado "Yo quiero vivir en la calle Pilar Bardem". Y yo... y muchos más... no te jode. Qué fácil debe ser escribir desde la atalaya de la progresía de la capital sobre los vericuetos de la mezquina vida de provincias. Para arrimarse al precio de lo que valen los pisos por esa calle hay que tener nómina de El País, querido Cruz.

En este teatro de contradicciones, parece admitirse que las coaliciones entre partidos minoritarios puedan desalojar del poder a la lista más votada. Parece admitirse para los ayuntamientos, las diputaciones y las autonomías. ¿Llegarán los dúos, tríos o cuartetos de conveniencia a conformar un gobierno a escala nacional? Por el momento, el PP tiene su espacio de poder bien consolidado y, en principio, tres años y muchos meses para gobernar. Al igual que Griñán hará rebasar al PSOE su permanencia en el poder en Andalucía durante mas de treinta años.

Y a esto quería referirme. Ahora huele a Semana Santa. Húmeda, pero Semana Santa al fin y al cabo. Poderoso poder el de la Iglesia y el mundo cofrade al que no hay huelga de costaleros o de nazarenos que le valga. Pero, hay que reconocerlo, hasta hace pocos días olía a una pólvora escasa de huelga con ribetes de rebelión (que no alcanzó a ser) e ínfulas de revolución (que siempre han sido un sueño quimérico por estos lares). No nos equivoquemos: hasta la fecha la izquierda no ha llegado más allá de Sol y de una protesta difuminada con regusto "perrofláutico"; a las cofradías les basta con soltar un poco de incienso a las alturas de marzo para que hasta algunos de los "protestantes" se pongan a desfilar bajo los capirotes al son de tambores de ritmo militar. Cuarenta años, queridos señores de la memoria, no pasan en vano.

Lo que da que pensar es que los mismos que están tan inquietos por los menos de tres años largos de gobierno del PP que quedan aún por delante, den saltos de alegría por la persistencia secular de un PSOE -quemado pero superviviente eterno- que tiene que aceptar el abrazo del oso para poder subsistir en algún rincón regional. Los dos deben saber que en esos matrimonios de conveniencia uno de ellos ha de perder. Como en las cosas del amor: que el/la que más pone más pierde. Como en la feria de Valverde.

Por ahora, todos son felices. Los unos, porque tienen la mayoría del país en sus manos; los otros, porque sueñan en una conexión galáctico-histórica entre Asturias y Andalucía como principio de una "Reconquista" que comenzó en Covadonga y culminó en Granada. Los demás, pagamos impuestos y contenemos el gasto, dejando el consumo para días mejores (si es que los hay alguna vez).

Lo que sí deben saber los representantes de los trabajadores es que deben ser justamente eso: representantes de los trabajadores. La política es cuestión de los partidos, no de los sindicatos. Todas las elecciones que no sean las sindicales, deben importales poco. Organizar huelgas generales con la implícita finalidad política de desgastar o derribar a un gobierno que acaba de cumplir sus primeros 100 días de existencia no es una estrategia fina. Después de tanto silencio durante los últimos siete años, harían bien en mantener la calma. Siquiera sea porque es el tiempo -y no los deseos- los que brindan las mejores oportunidades. Probablemente las cúpulas sindicales deberían repasar un poco los contenidos del modelo de estructura de oportunidades de Tarrow. Y, también, reflexionar sobre los motivos por los cuales la teoría de las expectativas de Vroom es tan ajena a los jóvenes españoles.

Mientras tanto, que vayan buscando los puntos cardinales, como el querido esclarecido que vio aquel anuncio de la marquesina. Seguro que sería un empresario infiltrado del PP. Claro.

24.12.11

LA MIRADA DE UN NIÑO

Todos, cuando alcanzamos cierta edad, nos sentimos adultos. Nos sentimos responsables. Nos sentimos hasta serios. Nos sentimos en la plenitud de dirigir nuestra vida. Comandantes de nuestro destino. Nada más engañoso.


Sólo cuando vamos traspasando la frontera de los años, nos percatamos poco a poco que la vida nos discurre, nos traspasa, nos conduce y, en ocasiones, hasta nos empuja por puro determinismo. Lo que eran certezas sólidas se convierten en una suerte de "mousse" con áreas definitivamente licuadas. Es entonces, en medio de recuerdos y olvidos tan seleccionados como reinterpretados, cuando caemos en la cuenta de lo relativo que es todo. Observamos la vida tal y como es en realidad: un juego donde laten las ensoñaciones.


No es extraño que los abuelos se identifiquen con los nietos -incluso establezcan una alianza- frente a unos padres demasiado entretenidos en algo tan serio como la "realidad". Tal vez sea porque el futuro y el pasado sonríen ante lo débil y torpe que es el presente. Un presente que se empeña en dar lecciones al pasado y, más aún, se afana en determinar el futuro. Algunos políticos han intentado ser maestros en esto y se han quedado en aprendices del fracaso. El tiempo y su ritmo lo marcan todo.


La Navidad nos regala -seamos creyentes o no- algo muy valioso: un tiempo de paz y tranquilidad. Unos días para pararnos y observar. Unos momentos de sosiego para pensar. Y lo más provechoso que podemos hacer es contemplar a los niños. Atentamente. Fijándonos en lo que hacen y averiguando lo que sienten. Dejando a un lado a los que consumen alocadamente para arrepentirse en enero y, a otro lado, a los que critican la "polución lumínica" que la Navidad proyecta en sus oscuros rostros ocultos, este paréntesis anual merece cierto respeto. Siquiera sea por aquel código de honor que hacía que las guerras parasen una vez al año.


Y después de mucho contemplar, repensando lo que aprendimos, volvemos a ese pasado que siempre está en nuestra mente encomendándonos a un futuro que, con su sencilla sensatez, nos calma el alma. La Navidad es la mirada de un niño.

17.12.11

ADIOS

Tras la celebración de las aún recientes elecciones generales, parece ser que han tocado a su fin los largos mandatos del presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Todavía corren las últimas horas de los últimos días de su presidencia, por muy en funciones que esté. No ha dejado pasar la ocasión de soltar sus últimas "perlas" y es posible que la semana que viene -cuando se convierta Mariano Rajoy en el sexto presidente de nuestra democracia- nos deje algún que otro recuerdo imborrable. Como el mismo: inolvidable.


Todavía en la primavera pasada arengaba sus huestes parafraseando a Azaña y anunciando la posibilidad de "grandes sorpresas" en su favor. Parece ser que no esperaba el resultado electoral de mayo, ni tampoco el de noviembre (su querido 20-N), como tampoco pudo ni imaginar las consecuencias que la crisis económica y su torpísima gestión iban a tener. Hace un año jugaba a los "secretitos" con su mujer y un amigo sobre si volvería ser candidato o no. Desconocemos la intimidad de los mensajes cruzados en aquel trío, lo que sí sabemos es que le fascinaba el poder y estaba dispuesto a agotar hasta el último de sus minutos. La consecuencia de ello ha sido una larga agonía de casi un año que ha profundizado aún más la brecha de la crisis económica. Primero anunció su renuncia a ser candidato (presionado por las circunstancias y no por su deseo), luego intentó estirar su poder hasta marzo de 2012. Al final, ha tenido que doblar la rodilla (y bien que le ha costado a los mercados) y ha tenido que salir por la puerta pequeña. Lo consiguió: se ha cargado al PSOE por bastantes años.


En el futuro se escribirán líneas sobre sus extrañas presidencias entre el 2004 y el 2011. Tan extrañas como un hombre que sabe cómo alcanzar el poder con las maniobras más audaces y oscuras (los socialistas de León le recuerdan bien) pero que, curiosamente, no sabe muy bien qué hacer una vez que ha llegado a La Moncloa. Mientras los tiempos fueron buenos, bastaba con redactar leyes de efecto y alcance pues el dinero sobraba. Gestionó bien la abundacia, lo cual no resulta ser muy original. De lo que no tenía ni idea era de gestionar de verdad; esto es: gestionar con recursos limitados o menguantes. Su capacidad para el dispendio corrió pareja a sus habilidades para improvisar. Lo llamativo es que no se comporta así en el acceso a cualquier tipo de poder; ahí si: calcula, establece un objetivo, diseña un camino y se lanza a través de él. Letal.


Fue un presidente a la eterna búsqueda de la confrontación con el supremo enemigo, fuente de todos los males: el PP. Desde el año 2003 hasta pasado el verano del 2011, le negó el pan y la sal a la oposición, a la que culpó de la crisis, de su origen y hasta de beneficiarse de la misma. La anatemizó detrás de un cinturón sanitario vergonzoso y, luego, volvió a hacerlo porque "no arrimaba el hombro". Ese comportamiento tiene su lógica si tenemos en cuenta que es un hombre acostumbrado a la lucha por alcanzar algo, pero que carece de las mínimas nociones sobre lo que significa ser presidente de un gobierno de todos los españoles, no de una parte de ellos. Por decirlo en pocas palabras: un sectario.


La prueba del nueve la tuvimos en el pequeño discurso de Rajoy en la noche electoral cuando prometió no ser sectario y gobernar para todos. Dime qué promete el nuevo y te describiré los vicios del viejo. Zapatero prometió en el 2004 "talante", justo esa suavidad en las formas que nunca poseyó Aznar en su segunda legislatura.


Toca, pues, decir "adios", "hasta siempre" o "hasta nunca", según versiones. Lo que nadie se atreve es a invocar su posible regreso futuro. Ni el más sectario de entre sus seguidores es capaz de pronunciar un "hasta pronto" o un "hasta luego". La carita de ángel de José Blanco en su última comparecencia lo decía todo. Otro cadáver político, por cierto.


El David leonés del ensoñado socialismo 2.0 ha levantado su pìe de la cabeza del monstruo simbolizado por ese Goliat que es el PP para marcharse a no sabemos dónde, ni sabemos a qué. El tiempo lo irá aclarando progresivamente: al fin y al cabo el todavía presidente en funciones es un taimado a respetar. Es hasta capaz de dar lecciones y directrices al maltrecho PSOE para decirle dónde se encuentra su salvación y cómo debe redimirse. Hay Mesías que, siendo el problema, se miran en el espejo mágico de su propia solución. Hay Mesías con rostros de cemento armado.


Como líder socialista deja un recuerdo inolvidable: nadie ha fortalecido electoralmente a la derecha tanto como Rodríguez Zapatero; nadie ha destruido tanto al PSOE por dentro y por fuera.


Te habrás quedado a gusto, hijo.

9.12.11

LOS HIJOS Y EL HAMBRE

Hace ya muchos años, una madre con tres hijos y embarazada de un cuarto fue abandonada por su marido. Ante la necesidad de dar de comer a sus hijos, fue a un supermercado sin dinero y robó dos paquetes de alimentos. El encargado se percató de la maniobra y, sin dar parte a la policía, la detuvo obligándola a pasearse por el establecimiento con un cartel que decía "Soy una ladrona". Al regresar a su casa, humillada, se lanzó desde el balcón muriendo en el acto. La indignación de los vecinos fue tal que se encaminaron al supermercado para incendiarlo con el encargado dentro. La policía tuvo que intervenir para parar el linchamiento.

El suceso tuvo lugar en la Barcelona del franquismo, según la denuncia de una oyente de La Pirenaica, aquella estación de radio que insuflaba un aire democratizador desde fuera de nuestras fronteras. El buen libro de Luis Zaragoza Fernández sobre aquella emisora recoge el caso.

El marco dictatorial explica buena parte de la anécdota. El hambre y la represión combinadas invitan al suicidio. Pero no lo explica todo. Para que una dictadura pueda existir y persistir es preciso el envilecimiento de una parte de la población: el grupo de colaboradores necesarios para abrir y cerrar cárceles, enchufarse a la burocracia del Movimiento o dar bofetadas desde una pequeña poltrona oficial. En otras palabras: ejercer el abuso de poder de manera miserable. No siempre ese abuso mantiene una proporcionalidad directa con respecto a la cantidad de poder que se posee. En bastantes ocasiones la proporcionalidad es justamente inversa. Como la de aquel humilde encargado que, para sentirse alguien entre los pasillos del supermercado, humilló hasta el límite a aquella madre con tres hijos y otro en camino.

Justo el más arrastrado es el más capaz de la mayor de las mezquindades. Puro envilecimiento.

19.11.11

Las elecciones y la televisión pública


Estos resultados fueron publicados el pasado 16 de noviembre en el teletexto de La Primera. Dijeron que fue un error y se eliminó en poco tiempo. Sin comentarios.













12.10.11

JUAN JOSÉ MILLÁS Y LA INTOLERANCIA

En el inquieto sopor de la consulta alargué la mano para tomar alguna revista con la que olvidar el tiempo de la espera. No conseguí una revista, pero sí un antiguo El País Semanal. Allí aparecía una notable lista de firmas que reflexionaban, desde las ópticas más dispares, sobre el tema de las tres décadas de elecciones que, grosso modo, habíamos cumplido en marzo de 2008.


No sorprendía el exagerado sesgo de algunos de los allí escribían cosas como “Pero ahora en serio. Tenemos toda la esperanza puesta en los que ahora votan. Porque éste es un país que hizo una transición cojeante, en el que sobrevive con salud la derecha nacional-católica de 1939, que sigue empeñada en retroceder a la mínima de cambio a Las Épocas Oscuras”. Tampoco nos sorprendió la agudeza y mesura de Santos Juliá, con un análisis más equilibrado sobre el balance final de la segunda legislatura de José María Aznar.


Lo que me hizo olvidar definitivamente los males que me habían llevado a la consulta fue el artículo de Juan José Millás titulado José Luis Rodríguez Zapatero. Él no es un superhéroe. Era tan sólo un título, porque para Millás el presidente se asemejaba a un adorado demiurgo progresista que estaba cambiando el devenir de España. De sus propias palabras: “Lo que hizo grande a Zapatero fue la revelación de que iba a acabar con España. Cualquier persona capaz de acabar con España merecía un respeto, sobre todo si, ya puesto, acababa también con Francia, con Bélgica, con Dinamarca” (imagine there’s no countries). Nuestro interés por él creció cuando se nos aseguró que pretendía ganar la Guerra Civil con 70 años de retraso. Un individuo dispuesto a corregir aquel error histórico tenía que ser un gigante (imagine there’s no Valle de los Caídos). Pero lo que lo elevó a la categoría de mito fue la denuncia de que en su agenda figuraba liquidar también esa fuente de neurosis conocida como familia tradicional (imagine there’s no cuñados)”.


Me asombró aquella declaración de Quijote de izquierdas que se sentía tan desarraigado de todo como por encima de muchos. El objetivo político de destruir España le parecía a Millás algo maravilloso y, de paso, acabando con las naciones de media Europa. Por si semejante propósito se quedara corto, Millás consideraba aceptable ganar una guerra varias décadas después, viajando en el tiempo para retorcer la historia y acondicionar la memoria. En otros términos: un viaje astral para “progretas”. Para terminar de completar el utópico cuadro, Millás aspiraba a que Zapatero dinamitase la familia tradicional, llevándose por medio a cuñados, suegros, suegras, esposas, etc.


A estas alturas, resulta patente que las huestes que jalearon a Zapatero fueron siempre más radicales que él. Al fin y al cabo, Zapatero cabalgó contra molinos de viento para destruir realidades que han terminado por aplastarlo, mientras los jaleadores estaban al abrigo del calor del poder. Puros Sancho Panza.


Obviamente, ninguna de esas utopías se ha cumplido. España, aunque maltrecha, sigue subsistiendo, al igual que muchos países europeos cuyas naciones estaba empeñado Millás en borrar del mapa. La reescritura ad hoc de la guerra civil se ha paralizado mientras las víctimas son objeto de olvido del gobierno. Los cuñados siguen dando tanto por saco como siempre: desagradables por naturaleza, salvo excepciones contadas en algún mundo hipotético.


Pensaba entonces que si la derecha tiene aromas rancios, la izquierda progresista –por boca de Millás- no quedaba a la zaga de la intolerancia. Un gobierno de España, para gente como Millás, tiene que ser necesariamente un gobierno de media España.


Su artículo termina con una rotunda afirmación: Zapatero está aseando un huevo a España. Suena a "limpia". La exterminación de los enemigos. El pie sobre los adversarios. El cinturón sanitario.


Señor Millás: en este ansia de "limpiar" a los adversarios, Rodríguez Zapatero no ha sido el primero.

4.10.11

LA ESPAÑA DEL SUPERVISOR DE NUBES

Corre por la red una versión actualizada de la fábula de la cigarra y la hormiga. Cualquier parecido con la realidad no es casual (aunque se advierte a ciertos lectores de "partido único" que, para leerlo, hay que tener sentido común y sentido del humor)


VERSIÓN CLÁSICA



La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante.



Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.



La cigarra piensa que la hormiga es tonta, y se pasa el verano haciendo turismo, bailando y de juerga.



Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.



La cigarra tiritando y sin comida, muere de frío.



FIN



________________________________



VERSIÓN ACTUALIZADA (Supervisión de nubes mediante)



1.- La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante.



2.- Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.



3.- La cigarra piensa que la hormiga es tonta...


y se pasa el verano haciendo turismo, bailando y de juerga.



4.- Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.



5.- Un día, tiritando a la salida de un bar de copas, la cigarra organiza con La Sexta una rueda de prensa en la que se pregunta... ¿por qué la hormiga tiene derecho a vivienda y comida cuando quiere, mientras ella tiene frío y hambre?



6.- La Cuatro, las cadenas de TV estatales y la cadena SER, organizan un programa en vivo en el que la cigarra sale pasando frío y calamidades y, a la vez, muestran extractos del video de la hormiga calentita en su casa y con comida en la mesa.



7.- Los españoles se sorprenden de que en un país tan moderno como el suyo dejen sufrir a la pobre cigarra, mientras que hay otros que viven holgadamente.


Las asociaciones contra la pobreza se manifiestan delante de la casa de la hormiga. TVE-1 transmite en directo la protesta.



8.- Los periodistas de El País y El Periódico escriben una serie de artículos en los que cuestionan cómo la hormiga se ha enriquecido a espaldas de la cigarra, e instan al Gobierno de Zapatero a que, en solidaridad, le aumente los impuestos a la hormiga.



9.- Rubalcaba, muy implicado con los animales,


hace una rueda de prensa desde su casa, en el mismo Zoo de la Casa de Campo.



10.- Respondiendo a las encuestas de opinión, el Gobierno de Zapatero elabora una Ley sobre la Igualdad Económica, en la que califica a la hormiga como una rémora del franquismo y promueve, en el Congreso, una Ley Antidiscriminación Contra las Hormigas, con carácter retroactivo.



11.- Ian Gibson publica su libro: "Las hormigas y el franquismo", que el Gobierno incluye en la asignatura de Educación para la Ciudadanía.



12.- Los impuestos de la hormiga han sido aumentados, y además le llega una multa porque no contrató a la cigarra como ayudante en verano y eso, además, se tipifica como que... "produjo a la cigarra un maltrato psicológico".



13.- Garzón embarga la casa de la hormiga ya que ésta no tiene suficiente dinero para pagar la multa y los impuestos.



14.- Finalmente, la hormiga se va de España.



15.- La Noria hace un reportaje donde sale la cigarra con sobrepeso, pues ya se ha comido casi todo lo que había en la casa de la hormiga mucho antes de que llegue la época...



16.- La antigua casa de la hormiga se ha convertido ahora en un albergue social para cigarras, pero la casa se deteriora rápidamente porque nadie hace nada para mantenerla en buen estado.



17.- Al Gobierno se le reprocha no poner los medios necesarios, por lo que Rubalcaba y Garzón ponen en marcha una comisión de investigación que costará 10 millones de euros.



18.- Zerolo se manifiesta por Chueca en solidaridad con las cigarras homosexuales, lesbianas y transexuales.



19.- Entretanto, la cigarra muere por una sobredosis de cocaína.



20.- La Cope y Telemadrid comentan el fracaso del Gobierno para intentar corregir el problema de las desigualdades sociales.



21.- La cadena SER, El País, Iñaki Gabilondo y la tribu catalana del PSOE (Carles Francino, Angels Barceló y Gemma Nierga) dicen que la culpa de todo es de Aznar, Irak, Franco y la Falange .



22.- La antigua casa de la hormiga ha sido ya ocupada por una banda de arañas marroquíes inmigrantes y el Gobierno de Zapatero se felicita en la TV por la... "pluralidad cultural de España, ejemplo del éxito de la Alianza de Civilizaciones".



...Y colorín colorado... ¡¡¡otra vez nos la han colado!!!

26.7.11

LOS PELIGROS DE UN ALMA DE CÁNTARO

La última de ayer que no será la penúltima de pasado mañana. Empeñado en salvar al mundo mientras la casa se le cae, el presidente Rodríguez Zapatero ha dado unas cuantas recetas para impedir la repetición de una tragedia como la ocurrida en Oslo. La frase estelar que no falte: “no es la locura la que lleva al fanatismo, sino es el fanatismo lo que conduce a la locura asesina”. Zapatero dixit. Un nuevo descubrimiento para la historia de la humanidad.




Hace unos meses –ante las elecciones municipales- parafraseó a Manuel Azaña para sentenciar: “España es un país de grandes sorpresas y de reacciones inesperadas”. Y tanto: todavía se tienen que estar preguntando algunos socialistas cómo han podido perder ciudades-feudo de toda la vida. En el mes de noviembre de 2007, con motivo de la presentación de las obras completas del que fuera presidente de la Segunda República desde 1936, Zapatero dijo que “la España que buscaba Azaña es la que más se parece a la actual”. Interpretaba así el pensamiento ajeno a través de tiempo, probablemente en algún tipo de trance o viaje astral que le condujo a ponerse en contacto con el mundo de los muertos.




Desconocemos sin en el futuro algún político recordará a Zapatero y sus sueños, aunque caben dudas razonables. Pero lo que sí parece claro es que el jugueteo de los políticos con los que ya no están para justificar su posición no es nada nuevo. Franco montó toda una mitología en torno a José Antonio. Fidel Castro hizo lo propio con Ernesto Guevara, omnipresente en La Habana y con un museo a su disposición. Zapatero lo hace a su modo. Olvida a Indalecio Prieto, entierra de nuevo a Alcalá Zamora, se envuelve de Negrín y hace de médium con Azaña (ese magnífico amigo de Negrín, por cierto). Pobres muertos y pobre Azaña.




Lo curioso de la comparecencia de Zapatero es que recordó otros atentados del pasado: “No podemos seguir la agenda como si fuera un hecho más. Como no lo fueron los atentados en Madrid (2004) o Londres (2005). La reacción política es lo que deseo que lidere la UE y es lo que necesitamos”. Pues eso está muy bien: combatir el terrorismo y la locura fanática. Debe de ser algo nuevo en quien, tras acceder al poder, retiró las tropas enviadas a Irak como respuesta directa y deseo de apaciguamiento de los terroristas. Debe de ser un umbral inédito a transitar para quien cree que la negociación con quien asesina es la mejor vía para solucionar los problemas o mejorar los sondeos.




Probablemente Rubalcaba –que todo lo piensa- sabe sacarle partido al asunto. A ver: Anders Behring Breivik criticaba a Zapatero; Mariano Rajoy, también. Un atentado, además, contra el partido socialdemócrata noruego. Blanco y en botella. Rajoy, Aznar, Franco y Breivik seguro que tienen alguna relación. A calentar motores para la campaña electoral. ¿Se acuerdan del PP simbolizado en un perro rabioso y baboso ladrando entre colmillos?

10.7.11

EL BOLUDO DE LA BANDERA

No pocos han sufrido en sus carnes la herida de haber acertado antes de tiempo. Suele ser peligroso abrir la boca para anunciar una mala nueva mucho antes de que alguien pueda averiguar su mero advenimiento. Como poco, genera incomprensión; habitualmente, granjea enemistades. El asesinato del mensajero suele tener un atractivo reparador en quien lo ejerce. Nada nuevo bajo el sol hispano y de parte del extranjero.

Joaquín Leguina ha escrito un libro bastante oportuno titulado "El duelo y la venganza. Los itinerarios del antifranquismo sobrevenido" (Madrid, La Esfera de los Libros, 2010). Sus páginas contienen no escasas verdades y tienen la virtud de haber acuñado un término necesario: el de "antifranquistas sobrevenidos". Con respeto a la ecuanimidad, Leguina recoge unas acertadas palabras pronunciadas por Rodríguez Zapatero cuando dijo que "...acertar antes de tiempo es también equivocarse...". Probablemente dijera eso como una ocurrencia de tantas u otra improvisación al aire. Tal vez lo afirmase desde la convicción de ser él un buen matador de mensajeros. Quizás fuese otra frase del violinista del Titanic con el que tantos puntos en común tiene nuestro inolvidable presidente en eternas funciones.

Lo importante es que lo dijo. Y tenía razón.

Y añade Leguina al respecto un simpático comentario de un argentino que textualmente dice:

"Cuando en una gran manifestación de masas un tipo va al frente de ella con una bandera, si camina a un metro de la gente es 'el abanderado', pero si va solo y treinta metros por delante, es el boludo de la bandera".

Aquí quien habla un poco se convierte en el boludo de la bandera, sobre todo aquellos que no pretenden ser abanderados de nada. El resto se acomoda entre el silencio almohadillado de la mayoría y el abanderamiento de los listillos de la imagen.

Pero no nos resistimos a decir que es bastante probable que nos ahorremos unos cuantos disgustos adelantando las elecciones y, de paso, se los ahorre también ZP. Es decir: que somos unos boludos de la bandera sin remedio. Los "demócratas" nos aconsejan la autocensura, lo políticamente correcto y el silencio si la melodía va a ser contraria a sus intereses. Viva la democracia; adios, libertad.

24.6.11

DECADENCIA

Sabíamos que la estupidez no conocía límites, pero la navegación sin norte alguno se nos aparece ya como una patología más grave aún. El pasado mes de febrero fue limitada la velocidad máxima en autovía y autopista a 110 kilómetros por hora. Ahora –tras algunas multas puestas- volvemos a los 120 ante la campaña turística de verano. La justificación era entonces la seguridad y el ahorro. Ahora, se levanta la restricción porque la situación ha cambiado radicalmente según -claro está- este singular gobierno. Rubalcaba se empeña en su papel de hablar para tontos de solemnidad, intentando convencer que tiene todas las claves de la verdad absoluta. La medida ha funcionado –según el sempiterno gobierno- pero la elimina ahora. Será porque es la única medida que le ha funcionado y mantiene las decisiones inútiles. La justificación resulta más difícil si observamos que el barril de petróleo estaba entonces a 111 dólares y ahora transita alrededor de los 107. La psicofonía gubernamental alcanza su paroxismo al verificar que la gasolina súper y el diésel estaban bastante más asequibles en febrero que ahora, en este caluroso junio.

El gobierno se debate en una decadencia patética, pero le sigue poniendo cachondo calentar al personal con ocurrencias cada vez más abracadabrantes. Esta “marcha atrás” la combina con un preludio bastante morboso acerca de lo que quieren –o no quieren- hacer con el cadáver de Franco. Hay que reconocer que saben cómo distraer al personal con gestos que no van a cambiar el pasado, pero pueden “animar” el presente de un país sin futuro alguno. Al menos no habrá ningún atisbo de futuro hasta la próxima convocatoria de elecciones generales, sea cual sea el resultado.

Mientras, sin ser capaz de hacer nada coherente ni serio, Rodríguez Zapatero anuncia la retirada de las tropas españolas de Afganistán. Justo después de que Barack Obama lo haya ordenado y, por supuesto, ni un minuto antes. El “seguidismo” de ZP con respecto a los Estados Unidos resulta curioso después de haber salido tantos improperios de su boca contra Aznar por su amistad con Bush. Es evidente que ya le gustaría tener con Obama la relación que su predecesor tuvo con George Bush Jr. No ha sido así y está fastidiado nuestro eterno y patriota ZP. Su grifo se cerró, en realidad, el 22 de mayo de 2004. Y no se dio ni puñetera cuenta.

No andamos en los tiempos de la “España sin pulso” de Silvela; tampoco es la nuestra la “España invertebrada” de Ortega. Pero algo pasa. Y lo que pasa es que se rasgan las vestiduras al ver acosados a los parlamentarios autonómicos en Barcelona cuando, en la misma ciudad, se toleró la quema de símbolos nacionales (incluido el retrato del rey) sin que ningún “progresa” pestañease. Ahora se extrañan algunos de las primeras acciones de los concejales y diputados de Bildu… ¿pero de verdad pensaban que ese personal había cambiado algo? El Tribunal Constitucional se ha lucido; el gobierno, también. De los ingenuos ni hablamos. Ahí tienen su producto. Aún resuenan las palabras de aquellos europarlamentarios estupefactos ante la petición de España de un apoyo del Parlamento Europeo para su proceso de negociación con la ETA. Les resultaba llamativo que todavía existiera la banda terrorista, pero aún les llamaba más la atención la debilidad de España que levantó el pie de una serpiente que se encontraba claramente asfixiada en enero de 2004. La misma España que requería apoyo de Estrasburgo para marchar entonces (y ahora) a ninguna parte. De momento, habrá que olvidar la presencia del retrato del monarca Juan Carlos I en muchas instituciones públicas del país por pura impotencia. Todo esto se pagará en el futuro, como ahora pagamos pecados del pasado.

Mientras, ahí sigue una España agazapada y silenciosa porque no le dejan ser otra cosa. La España que vota y concede mayorías. La España que la izquierda no quiere oír cuando no vota a favor de ella. La España que se equivoca si vota a la derecha porque ya se sabe: el PP no debe gobernar nunca para determinada tipología de “demócratas”.

Por si todavía don Quijote no estuviera contento con el páramo generado en sus sueños de locura, se permite darle consejos a los griegos sobre las reformas que deben de llevar a cabo. Exactamente las mismas que ZP propone y esteriliza a la vez. Con poca educación pero con mucha precisión Yorgos Papandreu podría decirle: “olé tus cojones”.

12.6.11

LAS ELECCIONES MUNICIPALES EN SEVILLA




Toda una foto. Tomada a comienzos de junio de 2011 en la zona este de la ciudad de Sevilla. Ya han pasado las últimas elecciones municipales que se han saldado, por cierto, con una victoria de la hasta ahora oposición por mayoría absoluta. Algún pecadillo tuvo que cometer la alianza PSOE-IU para cosechar resultados tan vergonzosos. O quizás se habrá equivocado el pueblo, como le gusta decir al derrotado Torrijos (IU) que sigue creyendo en la lucha de clases y en la vanguardia del proletariado local condensada en él mismo.

Pero ni siquiera interesan a estas alturas las elecciones y sus resultados. Más elocuente resulta contemplar los carteles fijados en un lugar prohibido para tales menesteres. Más aún: tapando al adversario que, en realidad, puede ser el posible o probable aliado siempre que se someta a los dictados del "pueblo", cuya vanguardia sólo puede ser representada por el comunismo en su versión más "Visa-progreta".

La interpretación del posible "peligro de muerte" queda sometida al juicio del lector para que saque sus propias conclusiones. Eso sí: la fotografía es real. Como la vida misma, por mucho que corran para quitar estos carteles.

22.5.11

EL EFECTO ‘ZP’ Y LOS INDIGNADOS

Lo podíamos haber titulado “La indignación del efecto ZP”, “El efecto ZP y la indignación” o, incluso, desde una perspectiva más drástica “La indignación contra lo indigno”. Todos vienen a ser lo mismo para nuestro cometido.

Parece que, por fin, los españoles han reaccionado. Y buena falta hacía. Había que hacerlo ante quienes, sintiéndose impunes, no hacían otra cosa que legislar contra las gentes –muy especialmente contra las clases medias y trabajadoras- en su propio y exclusivo beneficio. Sacralizaban las leyes que ellos mismos habían redactado y castigaban a quien no las cumpliera. Han jugado a dividir a las gentes, para castigar a unos y luego a los otros. Hasta que no han podido hacerlo contra los miles de personas congregadas pacíficamente en las plazas y demás lugares públicos de nuestras ciudades. Se atrevieron incluso a recurrir al ejército para solucionar un problema laboral. El abuso mezclado con el estupro. Las gentes debían saltar. Bastante y sorprendente paciencia han tenido.

Los españoles que se creyeron las bondades de ZP y su “efecto” han salido decepcionados a la larga. Los que nunca nos creímos sus ocurrencias, quedamos decepcionados casi de inmediato. Retirar las tropas de Irak unilateralmente, sin aviso a los aliados y muchos días antes de la fecha que él mismo había señalado (30 de junio de 2004) ya me indignó. Más doloroso fue el comprobar su descarada mentira en agosto de 2005 cuando 17 soldados murieron en Afganistán por derribo de dos helicópteros y él dijo que había sido un accidente. Me indignó que arrancase documentos del archivo de la guerra civil porque se los tenía que dar a su amigo Carod Rovira. Me indignó que su ministro de Asuntos Exteriores (el recordado Moratinos) pasase documentación secreta del Estado español a su otro amigo Hugo Chavez, acusando al gobierno de Aznar de preparar un golpe de Estado en Venezuela (por eso el sosegado Chavez comenzó a llamar “fascista” a Aznar). Me indignaron la SGAE y la ley Sinde… Vamos, que llevo tiempo indignado. ¿Cómo no simpatizar con la protesta del 15-M?

Muchos españoles también han simpatizado con ella. Muchos que también han votado con el balance que se ha visto el domingo 22 de mayo de 2011. Realmente, la indignación no sólo estaba en las plazas. Millones de españoles se han pronunciado terminando con el dominio despótico del PSOE en ciudades como Barcelona o Sevilla (en ésta última ni siquiera llegó a ganar en las últimas elecciones). Millones de personas estaban ya hartas de tener que callar y pagar, mientras otros hablaban y gastaban sin parar porque el cortijo era suyo.

Tiempo habrá para describir con más detalle los pecados cometidos por los que hoy han perdido las elecciones. Pero quedan, a mi modo de ver, tres asuntos pendientes.

El primero es que Zapatero no se ha ido y no tiene el menor interés en hacerlo, aunque para ello tenga que cargarse al país y dejar al PSOE destrozado. Tan mal puede acabar el partido socialista que, ciertamente, puede quedar herido de muerte el bipartidismo. Y eso no es nada patriótico, viniendo de este singular señor don “patriota”. Es razonable que Zapatero se digne –o lo “dignen”- a convocar elecciones para los meses de octubre o noviembre. En todo caso antes de Navidad. Que así sea. En caso contrario, el socialismo español lo va a pagar todavía más caro.

Lo segundo es que es muy posible que el movimiento del 15-M se diluya por completo o, a lo sumo, permanezca un núcleo duro que terminará identificándose con alguna fuerza política de izquierda, naturalmente. No debe importarnos tanto ese núcleo duro, como muchas de las propuestas que se han hecho en los primeros movimientos de la protesta emanadas de la generalidad de los que se han sumado. Había mucha persona sensata en la membrana del movimiento. Mucho joven (y no tan joven) moderado que quiere perfeccionar el siempre perfectible sistema democrático. Es a ellos a los que hay que prestar atención. Hay que sentarse a hablar del Senado, de la organización territorial del Estado y del sistema electoral. Es una demanda social evidente. Sin duda, una demanda mucho mayor que la orgía estatutaria que a muy pocos importaba. Véase la abstención en el referéndum sobre el Estatuto de Cataluña, por cierto parcialmente inconstitucional. Habrá que redactarlo de nuevo, ¿no?

Lo tercero es que el PP tiene la oportunidad de gestionar la crisis y los problemas aludidos, además de los que le vayan llegando conforme pase el tiempo. No va ser perfecto, ni va a enderezar el reguero de problemas legados por ZP en un año, ni en dos. Pero debe administrar con inteligencia y eficacia el enorme triunfo recibido. Las urnas han dado la exacta medida de la indignación y en qué sentido se movía el enfado real de la mayoría (no sólo de la que estuviera en las plazas). Debe hacer justo lo contrario que el PSOE de Zapatero. Es decir: claridad en las decisiones, planificación de las mismas, rigor en una gestión ajena a las ocurrencias de última hora, eficacia y sosiego.

Mientras el PP gobierna, el PSOE tiene ante sí la responsabilidad de reconstruirse internamente, rearmarse con ideas de verdad y hacer una oposición seria en la cual la política exterior quede fuera del debate. Y ambos, evidentemente, tendrán que trabajar más en un modelo electoral más plural, en el que otros partidos tengan más oportunidades de desarrollarse. Al fin y al cabo, si surgen otras fuerzas políticas con posibilidades será por las faltas de los dos grandes partidos actuales, no por sus aciertos.

De momento, podemos felicitarnos todos. Sobre todo, por haber recobrado la calle y los espacios de libertad que nos han ido arrebatando con una malévola sonrisa progresista. Bendito este día y los que sigan, en los que podemos criticar al gobierno municipal o al autonómico sin ser reprendidos por “fascistas”.

Señor Rodríguez Zapatero: ya no estamos crispados; has conseguido que estemos indignados.