Sunday, November 08, 2009

Una de piratas: el problema del "Alakrana"

Informaba la BBC el 26 de abril de 2008 de la liberación de los tripulantes del pesquero "Playa de Bakio". Aludía también a los silencios del gobierno español acerca del pago de un rescate y de la cacareada voluntad del mismo para evitar nuevos episodios de piratería sobre buques españoles. En realidad, si creemos a la BBC, se pagaron 1,2 millones de euros que fueron transportados por cinco hombres en una bolsa que fue entregada en el propio pesquero para que se marchasen los piratas somalíes. Un funcionario del gobierno somalí informó de ello cumplidamente.

Parece, pues, razonable sospechar que el gobierno español pagó un cuantioso rescate sin adoptar ninguna otra medida capaz de garantizar eficazmente la seguridad de nuestros pesqueros en el futuro. La prueba de contraste ha sido el apresamiento de otro buque, el "Alakrana". Esta vez cuentan los piratas con un mayor número de tripulantes y la inercia de un gobierno que está más dispuesto a pagar que a correr riesgos. Por añadidura, el gobierno tiene encima la presión de la opinión pública y de los familiares, además de las consecuencias derivadas de la torpeza de apresar a dos de los piratas fuera del buque español. No parece muy claro que puedan ni deban de ser juzgados por la Audiencia Nacional pero, con todo, lo más patético ha sido el espectáculo público de las debilidades de un sistema judicial que estuvo empantanado cerca de una semana acerca de la mayoría de edad de uno de los piratas capturados.

A estas alturas, no le quedan muchas opciones definitivas al gobierno español. Además de ganar tiempo y realizar maniobras de distracción -cosa que hace a la perfección- tiene ante sí dos caminos: o pagar y cerrar el asunto, o intervenir militarmente para conseguir la liberación. La torpe estrategia de contar con dos piratas como moneda de cambio ha resultado ser más una fuente de problemas que un instrumento de solución.

La primera parece la más plausible, habida cuenta de las alturas a las que nos encontramos. Ceder al chantaje soluciona, de momento, el problema, aunque tiene un coste en términos de opinión, humillación (los dos piratas probablemente tendrían que ser devueltos) y posible repetición del episodio en otro buque español (habida cuenta de nuestra facilidad de pago). La alternativa -es decir, la operación militar de abordaje- es más arriesgada y podría suponer un coste en sangre.

Después de cerca de un mes sin haberse ocupado mucho del asunto, al menos a ojos de los familiares más directos y afectados, no parece aconsejable una operación militar que conlleve muertos. Tampoco facilita una acción de esa naturaleza el viaje de destacados miembros del gobierno español a la Argentina para ocuparse, obviamente, de otros asuntos. Pero, por otra parte, la captura de más de treinta hombres les otorga a los piratas la posibilidad de realizar una macabra entrega de asesinados en dosis calculadas, lo cual abriría otro escenario.

Si se produce el primer asesinato, el gobierno podría poner en marcha la operación de asalto bajo la justificación de la salvación de vidas. Sólo en ese caso, todo el mundo entendería la alternativa militar. La espera, en este caso, es otra estrategia.

Pero si lo que se busca es salvar todas las vidas de todos lo antes posible, parece aconsejable pagar e, incluso, liberar a los dos piratas en el mismo paquete (con lo cual, tal vez consigamos una rebaja). Una vez hecho esto, es el gobierno el responsable de evitar la repetición de este tipo de graves incidentes. Y tiene medios para ello. Uno es armar a los buques con presencia militar puesto que tenemos capacidad y efectivos suficientes para ello. A continuación, parece aconsejable imitar a Francia y desarrollar una o varias acciones de castigo contra la piratería. No sería mala idea preparar una operación militar justo inmediatamente después del pago del rescate, con el objetivo añadido de recuperar el dinero entregado. Le queda otra, por cierto, aunque menos honrosa: invitar a que todos los buques mercantes y pesqueros españoles se retiren de la zona.

Quizás sea preciso recordar que los gobiernos están para gobernar y que gobernar significa tomar decisiones tras una deliberación racional. Se pueden equivocar o pueden acertar. Lo que no es de recibo es que un gobierno se mueva siempre entre las tinieblas de la duda esperando a que el tiempo, el milagro o los demás nos resuelvan nuestros propios problemas. Demasiada fe desarrollan los que tan laicos se muestran.

Desde luego, no ayuda a una percepción positiva de las cosas el que el presidente viaje a Polonia para, desde allí, "involucrarse personalmente" en el tema. Menos ayuda el hecho de que el presidente pretenda darnos lecciones de historia contemporánea comparando la caída del muro de Berlín con la muerte de Franco. Ya sabíamos que la ignorancia es atrevida. Pero intentar convertirse en historiador aficionado desde el poder con 36 hombres secuestrados es, sencillamente, patético. Patético hasta el vómito. Y mira que tiene asesores.

Sunday, October 25, 2009

ZAPATERO Y EL COMITÉ FEDERAL, O SANTIAGO Y CIERRA ESPAÑA

Parece ser que el tiempo proporciona nitidez a los acontecimientos del pasado. Miro entre los papeles cómo en enero de 2003 un juez decretó prisión para 16 acusados por pertenecer a Al Qaeda. Dos días después, en el mismo periódico (El País, 29 de enero de 2003), leo que la Coordinadora de ONG Solidarias -que agrupaba a más de 50 entidades de Gerona y el Alto Maresme- expresaba su "indignación" por aquellas detenciones derivadas de la Operación Lago. Acusaban al entonces gobierno del PP de "juego sucio", de xenofobia y racismo por aquellas detenciones contra un posible desarrollo de terrorismo islámico en nuestro país. Cabe sospechar que al menos una parte de los mismos que se indignaron por aquellas detenciones, protestaran casi 14 meses más tarde ante la gestión que el mismo gobierno del PP hizo de los atentados de Atocha.

Días después, el tres de febrero de 2003, Maruja Torres publicó en El País un artículo titulado Operación Decencia en el que vertía todo tipo de alabanzas sobre la ceremonia de los Goya. Allí, los que Torres denominaba como "cómicos" (en realidad, actores y actrices premiados y no mal remunerados) se pronunciaron públicamente contra la guerra, contra el Prestige y contra "...el paro; el engaño; la irritación; la estafa. Sí, sobre todo la estafa". También cabe preguntarse si existe alguna conexión entre los silencios actuales sobre la presencia española en el Líbano o Afganistán y las grandes cantidades de dinero público que se han destinado a determinado cine español (el cual, por cierto, no deja de ser una iniciativa privada sostenida con déficit en el último ejercicio).

En fin, el transcurso del tiempo suele ser letal para la mentira, pone en evidencia la ligereza, divorcia las amistades artificiales, evapora los discursos vacíos y arroja los despropósitos al cajón más inconfesable de la historia. Obviamente, sin ese tamiz del tiempo, los acontecimientos recientes parecen hasta importantes envueltos en sus ropajes de actualidad. Y no me resisto a pensar en cómo interpretaremos dentro de unos años el cierre de filas del Comité Federal del PSOE en torno a su secretario general (el presidente Rodríguez Zapatero) que ha tenido lugar hace poco más de un mes, entre el 19 y el 20 de septiembre de 2009.

Un amigo, que tiene cierta gracia, suele comentar que el abandono de su infancia tuvo lugar el mismo día en que comprobó que no es el lobo el enemigo de Caperucita, sino que ésta es capaz de devorar al lobo, mancillarlo y hacer un buen negocio casándose con él y, luego, divorciándose de sus pellejos. Entrando en el campo de la política, siempre afirma que prefiere los claros aullidos del malvado lobo que los arrumacos fragantes de la inocente Caperucita. Puro refranero: "De las aguas mansas líbreme Dios, que de las bravas ya me libro yo". De las dos opciones, parece poco discutible que el todavía presidente del gobierno se ha decantado por elegir el papel de Caperucita, probablemente por tomar distancias de presuntos "lobos" como Felipe González (al cual también se le conocía como "zorro" por su astucia) o José María Aznar (al que culparon y calificaron de todo).

Supongo que ya nadie niega la evidencia de la crisis (esa que anunciaron los antipatriotas) y que parece que las cosas no marchan excesivamente bien. Los brotes verdes de antes del verano se han marchitado y ahora, de nuevo, vuelve el presidente a decir que lo peor de la crisis ha pasado, al tiempo que Leire Pajín nos avisa del acontecimiento planetario que tendrá lugar a comienzos de 2010 con la presidencia española (capitalizada por Zapatero) en la UE y la de Obama en los EE.UU. El tufo a voluntarismo es notorio, mientras el presidente afirma que "gobernar es también improvisar" al tiempo que, sin pestañear, sentencia que lo necesario no es una reforma laboral sino una "reforma empresarial".

El Comité Federal ha cerrado filas en torno al capitán de una nave que está haciendo aguas graves. El PSOE le da una generosa razón a un secretario general del que sabe que no es líder, ni marca una dirección clara y viable. Tal vez sea esa disciplina la que debe existir en una organización política, pero en voz baja y en privado son muchos los socialistas que razonan sobre la idoneidad de los caminos que se están transitando. Entre otras cosas porque, de seguir en esta tendencia, no resulta aventurado pensar que la derrota electoral de Zapatero puede condenar al partido a más de un lustro en la oposición. Y, naturalmente, el presidente pasa pero el partido se queda.

La cosa se complica porque, dentro del PSOE, el secretario general ostenta un indudable poder que ejerce con singular habilidad y sin merma de su escasa autoridad. Los silencios a su alrededor se preservan en función de su capacidad para decidir ministerios, subsecretarías o direcciones generales, pero no despierta las adhesiones derivadas de la solvencia. En otras palabras: no son muy numerosos los socialistas que concedan menos crédito a figuras como Felipe González que al actual presidente del Gobierno.

Imagino cómo se leerá este cierre de filas en el año 2018, si es que alguien se toma todavía entonces la molestia de escudriñar el pasado. Parece inevitable pensar que esa lectura se hará bajo la luz de lo que ocurra en los próximos 24 meses. No más.

Si no se corrige un ápice el rumbo, o se confía en que el barco a la deriva llegue a buen puerto por casualidad, sería conveniente pensar si el más que generoso e incondicional apoyo del PSOE no debería tener en el futuro una respuesta honesta, proporcional y recíproca por parte de quien debe comprender que no el poder no es para estar, sino para hacer.

Tuesday, June 09, 2009

Europa y la “Pajinada”

Recuerdo que hace algunos años compré y regalé un libro de Manual Vázquez Montalbán titulado La aznaridad: por el Imperio hacia Dios o por Dios hacia el Imperio. Corrían entonces en España aires de libertad en los que si criticabas al gobierno no te tachaban de nada. El libro tenía su gracia. Al menos para mí, que aún me deslizaba por las suaves pendientes de la ingenuidad sin saber que nos esperaba un abismo.

Algunos –muy pocos- sospecharon en la primavera del año 2004 que tras el abismo se ocultaba un infierno dulce y neutralizador, una especie de droga que adormecía los sentidos y doblaba el ánimo para llevarnos en volandas hacia una soñada y utópica República de felicidad. Pero no eran muchos. Del sueño comenzó a despertarse una parte de la población hace bien poco, a medida en que el dolor de la crisis y los azotes de la vida laboral iban desentumeciendo los cerebros. Poco a poco, a esa minoría que tuvo que soportar los rigores de una dura vida en el desierto se fue sumando una legión de descontentos a razón de unos 5.000 al día. Y eso ocurrió prácticamente antes de ayer.

Tal vez desconocedores de cuánto han cambiado las cosas desde marzo de 2008, los socialistas españoles han desplegado una campaña electoral para las recientemente celebradas elecciones europeas que no tiene desperdicio. Como consideración previa habría que advertir que la calificación de socialista aplicada a las directrices del actual PSOE podría resultar harto aventurada, habida cuenta de su derroche de populismo, simpleza y demagogia. No es difícil encontrar mas socialdemocracia en partidos que defienden tanto la cohesión nacional como una participación auténtica de la ciudadanía en la toma de decisiones. Al menos así lo creen los que consideran que lo socialdemócrata va vinculado al rigor, la calidad, la elevación de los niveles de formación y un cierto sentido austero que tiene vocación de buen hacer.

La campaña del PSOE se puso en marcha en torno a un eje central: la derecha (y, por extensión, las derechas europeas) nos han metido en la crisis. Una crisis de la que, paradójicamente, nos avisaron con mucha antelación (aunque nosotros negásemos ese catastrofismo) y una crisis de la que, ahora, pretenden aprovecharse. El incremento de la temperatura electoral hizo que el PSOE lanzase un vídeo en los que los europeos ocupaban el lugar de arquetipos reaccionarios. Una inglesa –a modo de jovencita thatcheriana- defendía las privatizaciones con voz atiplada, un español –con facha de empresario orondo- reclamaba el despido libre, un italiano –agricultor perdido en una campiña de la Toscana- se pasaba por el forro el cambio climático y una francesa con aire de dama reprimida -pero mirada de Pompadour- defendía la pena de muerte. No faltaba, no podía faltar, el cura que afirmaba que en Europa solo hay sitio para una religión y, como no, al alemán le tocó hacer de nazi radical echando pestes de los homosexuales porque los judíos ya se marcharon hace tiempo.

Después de ver aquello, cabía pensar que hasta las campañas electorales deberían tener sus límites ante un mínimo umbral de decencia y de vergüenza. Por añadidura, podía adivinarse que los diseñadores de campaña del PSOE pensaban en un público exclusivamente español. La exposición de semejante spot por toda Europa hubiera generado más rechazo que adhesiones a la vista de las correlaciones estereotipadas que se hacían de ciertos caracteres nacionales.

Ya nos aproximábamos al final de una campaña cansina cuando la Secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, se plantó en los desayunos informativos de Europa Press. Era obvio que no estaba en el calor de un mitin, ni ante una masa encolerizada capaz de vociferar con la vulgaridad más ocurrente. Era un desayuno con periodistas, en la placidez de la mañana, cuando el café, el zumo y las viandas nos devuelven la diáfana claridad que perdimos tras el crepúsculo del dia anterior. Y les espetó textualmente:

“Y como todo acontecimiento histórico necesita de sus símbolos, les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EEUU y Zapatero presidiendo la UE en tan sólo unos meses. Estados Unidos y Europa. Dos políticas progresistas. Dos liderazgos. Una visión del mundo. Una esperanza para muchos seres humanos”.

Acontecimiento histórico. Y del planeta. Dos liderazgos. Un nuevo reparto de bloques, pero una misma visión del mundo.

Hubo quien se quedó mirando al horizonte con cierta amargura preguntándose el sentido de la vida después de dedicar tantos años y tantos esfuerzos al estudio del pasado. Hubo quien se miró al espejo para comprobar si estaba listo para el sonado acontecimiento planetario o debía comprarse ropa nueva para el evento. Hubo quien desdeñó la buena nueva aferrándose a un futuro en el que Michelle y Sonsoles encarnasen la verdadera revolución planetaria. Y hubo quien, directamente, corrió a buscar en el diccionario de la Real Academia Española la definición de imbécil y vio que, en una de sus acepciones, se recogía como adjetivo por “alelado/a” o “falto/a de razón”. Pues eso: imbécil/a.

Monday, June 01, 2009

La España de Zapatero y la salud democrática

Nos tiene acostumbrados a buenos análisis. José María Maravall, catedrático de Sociología y ex ministro socialista, viene deleitando a algunos espíritus con finos y solventes análisis acerca de la realidad política. Sólo por referir sus libros más recientes, podemos recordar El control de los políticos (2003) y La confrontación política (2008), ambos publicados por Taurus. Obviamente, sus estudios denotan ciertos sesgos derivados de su condición de ex ministro y de asesor del PSOE, pero no por ello dejan de carecer de validez y método. Aborda con brillantez asuntos tales como la conservación del poder, el arte de saber anticipar las elecciones, las políticas de la crispación o las conspiraciones políticas. Eso sí: se echa en falta que no las aplique con ecuanimidad. Si el PSOE ha sido víctima de conjuras, el PP no se ha quedado atrás en ese dudoso honor. Lamentablemente, cada vez que ha cambiado el color del gobierno en la España democrática lo ha hecho a través de procesos llenos de tensión y dudosamente democráticos. Parémonos a pensar en cómo abandonaron el poder Adolfo Suárez, Felipe González o José María Aznar. El acoso y derribo se hizo presente en el escenario político para terminar con sus respectivos liderazgos. La excepción, tal vez, fue Leopoldo Calvo-Sotelo quien se benefició de las ventajas de no ser percibido como líder y pilotar un barco que hacía aguas desde la sentina.

Son muchos los detalles que podríamos destacar del último libro de Maravall, pero nos ha llamado la atención un párrafo concreto. Dice así:

“La política de Bush consiste en estigmatizar a los oponentes y en inflamar las pasiones de sus propios partidarios… La política de Bush vive de encontrar las debilidades de la oposición y martillear sobre ellas incesantemente mientras se moviliza a los aliados, excitados por la visión de martillo subiendo y bajando y el sonido que produce su impacto”.

Estas palabras son un extracto del libro de Mark Halperin y John F. Harris titulado The Way to Win (Random House, 2006). Se refieren a la estrategia política desplegada por el presidente George Bush contra sus adversarios del partido demócrata. Maravall lo incluye con pertinencia dentro de su discurso al hablar de la utilización de temas transversales y las estrategias de polarización. Lo inquietante viene, como siempre, cuando se reflexiona con algo más de detenimiento sobre estas palabras aplicándolas al marco doméstico. ¿No fue esto precisamente lo que viene ocurriendo en España desde la primavera del año 2004?

Parece que uno de los objetivos principales de toda la política del gobierno de Rodríguez Zapatero se ha focalizado en neutralizar al principal partido de la oposición. No se trataría, en consecuencia, de buscar una leal colaboración política dentro de una sana atmósfera democrática, sino de hundir al único partido que le hace sombra al gobierno. En esa búsqueda del establecimiento de un partido único se anhelaría la alianza con pequeños partidos periféricos con tal de aislar al partido de la oposición. Llegó a acuñarse el término cinturón sanitario para describir el asedio que se estableció en torno al Partido Popular como si fuese una ciudadela destinada a rendirse. Era preciso arrastrar al ex presidente Aznar a una comisión de investigación para escarnecerlo en la condena anticipada. Recordemos el encarcelamiento de políticos populares –cada vez que hay elecciones a la vista- para ser puestos en libertad pocos días más tarde sin cargos. Lo importante es calumniarlos, silenciarlos, desprestigiarlos y, en suma, borrar cualquier vestigio de competencia electoral, aunque esta sea una de las esencias de la democracia.

Para los que acusan al ex presidente Aznar de criminal de guerra, los que apoyan al PP son fascistas, son antiabortistas, son conspiradores, son crispadores, son carcas, son retrógrados… son lo que sobra a esta España, libre y plural. Son ellos los culpables de todo: de avisar, por ejemplo, de la crisis y de beneficiarse ahora de ella. El mensaje derivado es que nunca deberán gobernar, ni tener opción a ello. No faltan los que sueñan con la desaparición de esa lacra derechista, con la eliminación de los otros. Y ser de derechas, hoy por hoy, es todo lo que queda fuera del PSOE y no sostiene alianzas con este partido. Es decir: tan fascista es Rosa Díez como Mariano Rajoy. Y tenemos hasta la cuantificación: existen en España no menos de 10 millones de fachas.

Resulta curioso verificar unos ciertos parecidos entre la política desplegada por Bush contra el partido demócrata y Rodríguez Zapatero contra el PP. Al primero, a la larga, no le ha dado resultado esa estrategia. Veremos a ver qué ocurre con el segundo, habida cuenta de que la “textura” de la aún joven democracia española no puede compararse con el sistema democrático estadounidense.

Monday, May 04, 2009

España, el gobierno español y Europa

Corría el año 2003 cuando se criticaba al gobierno de José María Aznar por rechazar el proyecto de Constitución Europea. Llovían entonces tales descréditos desde el partido de la oposición, capitaneado entonces por quien es hoy presidente del gobierno español: José Luis Rodríguez Zapatero. Este se enfrascó en una durísima campaña en la que la desproporción del ataque sólo pudo compararse al calado de las promesas lanzadas al viento en vísperas de elecciones. Una de las más sonadas fue la retirada de las tropas españolas de Irak a partir del 30 de junio de 2004 si para esa fecha no mediaba una resolución de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Pero, contra su propia promesa y contra pronóstico de los aliados, el 19 de abril decidió retirar las tropas en una rápida carrera que culminó en mayo, casi un mes y medio antes del plazo exigido. Curiosamente el 8 de junio de 2004, la Resolución 1546 –aprobada por unanimidad- transfirió la soberanía a un gobierno interino iraquí. Rodríguez Zapatero ignoró públicamente la Resolución, aunque la comentase fuera de registro. El relativo aislamiento internacional de España tan sólo había comenzado.

Desde aquella fecha han ocurrido cosas tales como el apoyo del gobierno español a la candidatura de Al Gore (2004), la demostración continua de belicosidad contra el presidente reelegido de los EE.UU. (George Bush), un no disimulado sesgo contra Israel, una política de cesión y entendimiento exclusivo con Marruecos (olvidando a saharauis y argelinos), una profunda amistad con Cuba y Venezuela que va mas allá de lo prudente y un desmarque digno de un perfecto don Quijote en asuntos que gozan de gran consenso internacional entre las democracias occidentales como la independencia de Kosovo. Es posible que antes del final de su mandato, Rodríguez Zapatero sea capaz de poner de nuevo en evidencia a España como un país que ya no cuenta del mismo modo en que solía hacerlo entre 1990 y 2004.

Probablemente, la razón explicativa de esta actitud en materia de política exterior se deba a que el presidente español no le concede mayor importancia (de ahí la sorprendente permanencia de Moratinos al frente de una cartera ministerial que le viene más que grande). O, al menos, no le otorga la misma atención a los asuntos internacionales que a la cotidianeidad doméstica. Aunque pueda parecer sorprendente, la ley del tabaco, el matrimonio homosexual, el carnet de conducir por puntos, el reparto de 400 euros en el año electoral de 2008 o la reciente reforma del aborto han ocupado más atención y más agenda que la situación internacional de España.

Teniendo presente lo expuesto, tal vez pueda entenderse mejor que la política española con respecto a Europa no haya seguido un derrotero más definido que el de la etérea Alianza de Civilizaciones. Baste detenernos en dos capítulos para verificar la adopción de decisiones que, como mínimo, han sido ejemplos de voluntarismo presidencial.

En febrero de 2005, bajo el slogan de los primeros con Europa, fuimos convocados los españoles en referéndum para ratificar la Constitución Europea. Los españoles la aceptamos pero, posteriormente, franceses y holandeses dieron al traste con ella. El proceso sólo sería reconducirlo con una nueva propuesta: el Tratado de Lisboa. El gobierno español tragó con aquel arreglo sin más y ni se planteó la obligación de someterla a la consideración de los españoles que habían dado su aprobación al proyecto anterior. Todo ello ponía en evidencia lo lejano que se percibía –y se percibe- todo lo relacionado con Europa (a excepción de los fondos comunitarios). Ni buena parte de la población demandó la nueva consulta, ni el gobierno pensó que el detalle de repetir el referéndum tenía mayor importancia.

Ese mismo año, el gobierno adoptó otra medida como fue la legalización masiva de inmigrantes en España sin contar con la opinión de sus homólogos europeos. Hoy sabemos que la medida generó un efecto llamada y el mismo gobierno español solicitó ayuda a la Unión Europea (UE) para solucionar el problema de afluencia excesiva de inmigrantes. La entonces ministra de Justicia austriaca expuso lo que iba a ser la respuesta de la UE en la reunión informal de ministros de Justicia e Interior celebrada en Tampere (Finlandia) en septiembre de 2006: “No es una solución legalizar a los inmigrantes ilegales como hizo España el pasado año, porque de algún modo genera un factor de empuje en la gente de África, como desgraciadamente hemos visto en los últimos meses”.

A estos dos ejemplos podríamos añadir la empresa de someter al Parlamento Europeo (PE) una resolución de apoyo a “la iniciativa de paz en el País Vasco emprendida por las instituciones democráticas españolas en el marco de sus competencias exclusivas”. Eso ocurrió el 25 de octubre de 2006, dividiendo al PE e involucrándolo innecesariamente en un problema que, por desgracia, era exclusivamente español. Y, obviamente, lo sigue siendo.

Europa ya no termina en los Pirineos, pero lo que ocurre más allá parece tener escasa importancia para un gobierno más obsesionado por neutralizar a la oposición que por situar a España en el mundo. Su objetivo se reduce a contar cuántos serán los votos españoles para uno y otro partido a fin de ensayar análisis de prospectiva cara a las próximas elecciones generales españolas. En esas circunstancias, posiblemente, muchos de los que votan al gobierno no se tomarán la molestia de acudir a las urnas, al no sentir ni siquiera los riesgos que comportan unos comicios domésticos. Tal vez sea el electorado más motivado el de la oposición; el mismo que con su papeleta quiere demostrar su desacuerdo con la deficiente gestión de la crisis económica por parte de José Luis Rodríguez Zapatero. No en vano, lo primero que hizo ante la evidencia de la crisis fue negarla a capa y espada, tachando de catastrofistas y antipatriotas a los que veían venir lo que hace tiempo que ha llegado.

También publicado en Café Babel

Wednesday, February 18, 2009

Dos fotografías: ayer y hoy

Algunos son favorables a la actividad cinegética; otros, no. Igual que a unos les gustan los toros y a otros no. Pero en estos tiempos de "purismo", de cambio climático, de preservación del medio ambiente, no deja de motivar algunas reflexiones la mera comparación de las imágenes de ayer y hoy. Imagenes que, por supuesto, para algunos no tendrán nada que ver; pero, para otros, sí.





Thursday, February 05, 2009

Probablemente Alá no existe

Aunque el slogan surgió en Gran Bretaña, ha sido en España donde se ha cruzado un debate entre autobuses de distintas ciudades que enarbolan mensajes contrapuestos en torno a la existencia de Dios. Spain is still different.

En medio del surrealismo que nos rodea, a alguien le daría por pensar en voz alta qué pasaría si en la Barcelona liberal y capital del tripartito se hubieran adornado los autobuses con un sonoro "PROBABLEMENTE ALÁ NO EXISTE". Dado que la Ciudad Condal congrega, por ejemplo, la concentración de paquistaníes más nutrida de Europa continental, ¿qué pasaria?

Como nunca cesan las ideas, la iniciativa podría extenderse a ciertas ciudades del Sur durante las vísperas de Semana Santa. La fórmula, escrupulosa con la cuestión de género, sería aplicable a localidades como Sevilla, Córdoba, Málaga o Baeza: "PROBABLEMENTE LA VIRGEN DE... NO EXISTE. DEJA EL CAPIROTE Y DISFRUTA DE LA VIDA". En los puntos suspensivos iría emplazada la denominación de la Virgen local más señera y cabría diseñar aún una versión "b" para los Cristos. Si el experimento funciona cabría transferirlo al rosario de vírgenes locales que celebra sus romerías desde las postrimerías de la primavera a las fiestas del mosto de finales del verano.

Si intepretamos que ser tolerantes es enarbolar un slogan como el que llevan los autobuses de nuestra amada BCN, es razonable pensar que las extrapolaciones propuestas podrían considerarse un ejercicio de tolerancia multicultural de apertura, además, a todas las sensibilidades de nuestras queridas comunidades autónomas. ¿O no?

Como en Londres... pa' no ser menos. Que España es Europa, ¿verdad?

Sunday, December 28, 2008

ESPAÑA, PAÍS VULNERABLE

Cuando se internacionaliza la lucha antiterrorista cabe el riesgo de que la actividad terrorista que pretendemos combatir recorra un camino similar en sentido contrario. Dicho riesgo se multiplica en la medida en que se estrecha el cerco internacional contra una determinada organización para la que resultaría perjudicial efectuar un atentado indiscriminado a gran escala. Uno de los precios más elevados de esa cooperación internacional entre terroristas radica en la confusa evaporación de la frontera entre las principales justificaciones y motivaciones de cada organización; un precio siempre elevado para el grupo terrorista más pequeño y local, dotado de objetivos más precisos y definidos. Por ello, si se establecen relaciones criminales de colaboración, lo que cualquier organización terrorista local intentará es aparecer totalmente desvinculada de los autores públicos de la gran masacre.

Parece que ese tipo de alianzas entre una organización terrorista limitada y una red internacional es menos frecuente de lo que se piensa. Y no puede ser un recurso regular cuando los objetivos de cada organización son muy distintos y la coincidencia de intereses se restringe a circunstancias muy concretas. Ahora bien, si excepcionalmente el objetivo es el mismo, la alianza se establecerá entre los que aportan experiencia y know-how en la industria del terror y los que ponen mártires, decisión y toda la brutalidad posible para un impacto letal. Ese objetivo puede ser hundir a un país internacionalmente, doblegar una voluntad colectiva o derribar un régimen o gobierno. Una meta concreta, nada más.

No parece que en España se haya extendido la reflexión acerca de lo ocurrido entre el 11 y el 14 de marzo de 2004. La práctica totalidad de los discursos públicos han optado por olvidar todo aquello, pasar página y mirar hacia delante. Los debates más agrios se centraron en adjudicar la autoría en medio de una investigación que fue muy complicada y un polémico juicio que terminó con una sentencia no menos discutida. Las guindas del pastel han sido las excarcelaciones y rebajas de pena a los sentenciados como culpables de realizar el atentado más bestial de la historia de España. Cosa curiosa; penas más llevaderas cuatro años después de los atentados de Madrid.

La reflexión, como mera hipótesis de partida, estaría alojada en otro plano. ¿Qué objetivos buscaban los terroristas que llevaron a cabo los ataques del 11 de marzo? Parece que hay un amplio consenso acerca de dos de esos objetivos:

1º) Castigar a España por su presencia militar en Iraq.
2º) Poner de manifiesto la enemistad de Al-Qaeda con la conducta y estrategia del gobierno de José María Aznar por su acercamiento a los EE.UU.

España y el nuevo gobierno saliente de las elecciones dio cumplida satisfacción precisamente a estos dos objetivos. Antes de cumplirse tres meses de los atentados, el nuevo presidente José Luis Rodríguez Zapatero retiraba las tropas españolas de Iraq (frente a su promesa de retirarlas sólo a partir del 30 de junio). Por otro lado, desde la primavera de 2004 hasta comienzos de 2008 el gobierno español no ha perdido ocasión de criticar y desprestigiar públicamente al ex presidente del gobierno. La sal gruesa la puso el ministro de Asuntos Exteriores cuando acusó a Aznar de preparar un golpe de Estado contra el venezolano Hugo Chavez, una muestra de imprudencia diplomática que el gobierno hubo de pagar años después en una Cumbre Iberoamericana. La tendencia hacia lo incalificable ha hecho fabricar rumores sobre el presunto divorcio del ex presidente, sobre la posibilidad de haber dejado embarazada a la ministra de Justicia de un país vecino, etc. Nulo respeto institucional para los ex presidentes.

Mientras España se ha mostrado inflexible en el juicio contra algunos de sus mandatarios, ha dado sin embargo la sensación de doblegarse con bastante facilidad a los objetivos terroristas. Al menos, responde de manera muy distinta a como lo hicieron los ingleses tras los atentados de Londres. Además ha reforzado su docilidad ante la violencia con la fachada del hueco edificio de la Alianza de Civilizaciones (mera marca para dar otra imagen ante el mundo árabe) y su disposición a resolver el terrorismo doméstico de ETA a tumba abierta. Las dos estrategias parecen estar ya superadas por puro descrédito.

La cuestión es saber qué haría España ahora si recibiera otro atentado de semejante naturaleza por su presencia militar en Afganistán o Líbano. ¿Volvería a culpar al gobierno (no a los terroristas) de lo ocurrido? ¿Terminaría retirando sus tropas si se repitieran dos o tres veces diversos ataques? Si existe un peligro real de atentados fundamentalistas, ¿por qué no se han producido todavía? Obviamente, no vamos a hablar de la encomiable y sacrificada labor de las fuerzas de seguridad del Estado y de las directrices que reciben porque ahí no se encuentra la respuesta a estos interrogantes. ¿Cuál es el papel que está desempeñando el terrorismo doméstico al que se aprieta pero no se ahoga? Es evidente que la decisión del presidente Zapatero de no devolver a la Cámara el permiso para negociar con ETA significa algo. El juego de espejos parece servido.

España es hoy un país suficientemente vulnerable. Mucho de lo sembrado desde el 2004 dará sus frutos, sin duda. Mientras el terrorismo local no sienta el ahogamiento, no parece que esté dispuesto a establecer contactos exteriores. Dejar semiabiertos los cauces de comunicación puede ser mejor que intentar cargarse a un gobierno del que quizás pueda sacarse aún algo. El gobierno se supone sabrá que sólo puede apretar hasta un cierto punto para no provocar efectos indeseados; de ahí sus aireadas puestas en escena cada vez que, desde Francia, se detienen a líderes de ETA. Ir poco a poco, para no cerrar la puerta a una negociación final más o menos generosa. Podremos llegar a los 4 millones de parados, pero si se resuelve el problema de ETA, las próximas elecciones se las asegura de nuevo un presidente que no piensa poner limitaciones voluntarias al número de sus mandatos.

Los equilibrios parecen lo suficientemente frágiles como para que su precariedad se mantenga durante mucho tiempo, sobre todo si ahora se quiere corregir rumbo ya sea interior o exteriormente. Al fin y al cabo, esos precarios equilibrios traslucen debilidad, falta de previsión y cierta irresponsabilidad para las generaciones futuras. Suscita sonrisa la cándida actitud del gobierno socialista español ante la "esperanza" que representará el nuevo presidente Obama.

España, país vulnerable, país sometido a la ignorancia como sistema y acostumbrado a la estupidez como gracia; los españoles así lo han querido.

Friday, November 14, 2008

“Tout ce que tu me demandes, je te le donne”

Hubo un tiempo en que mientras unos escuchaban Radio España Independiente, otros se empecinaban en alienarse con el Sevilla de Sánchez Pizjuán (que, por cierto, no era precisamente un rojo). Lustros después todo sigue igual: los que eran críticos con el régimen, siguen siendo críticos; los que tuvieron dificultades para unir dos neuronas, siguen en la misma ceguera mental. Lo irónico es que los segundos llaman a los primeros franquistas. No cabe más miseria, más cinismo, ni mas podredumbre. Que el Gran Arquitecto del Universo les perdone.

Hubo un tiempo en el que los secos españoles de las mesetas buscaban la sensualidad de lo lúbrico allende nuestras fronteras, muy especialmente en Francia. El vecino país encarnaba una idea libertina de Europa donde no llegaban ni la fortaleza militar de Gibraltar, ni el conservador Portugal, ni la comercial Andorra. La humedad de lo prohibido se mostraba en los cines que se encontraban poco más allá de la frontera. Allí había mujeres libres y aire de libertad, muy lejos de la dictadura española y del producto interior bruto que exigía la conversión directa de solteras a la espera en esposas y madres. El estereotipo se cerraba con la imagen imaginada de la mujer francesa: dulce, acaramelada y amante. Justo lo contrario a lo conocido al sur de Hendaya.

Mucho parece que han cambiado las cosas. En España pueden hasta casarse las parejas homosexuales cuando en Francia aún no pueden hacerlo. A partir de este detalle muchos españoles del establishment piensan que somos una democracia más desarrollada que la de los galos o, por supuesto, que la de esos extraños tipos a los que llamamos yanquis. Por lo visto la democracia tiene que ver más con los usos del cuerpo que con el ejercicio de la mente. Así parece apuntarlo el presidente español quien le espetó al presidente francés, Nicolás Sarkozy un casi inequívoco: “Tout ce que tu me demandes, je te le donne”. Lo ha referido Le Fígaro (la prensa española casi guarda silencio) y aún desconocemos la respuesta a tal ofrecimiento. Y todo por conseguir a cambio una silla junto a Bush.

Sabíamos de los escarceos teatrales de la mujer del presidente en París, pero era un secreto discretamente guardado esta nueva orientación del cónyuge de la primera dama. Todo vale con tal de conseguir una silla junto a Bush en la cumbre. La aspiración, pues, establece una nueva modalidad de relación bilateral con Francia, aspirante a convertirse en trío con los EE.UU., para terminar desembocando en una frondosa orgía con más de 20. Un gustazo, vamos.

“Tout ce que tu me demandes, je te le donne”. Una frase capaz de resucitar a muertos, palabras que convierten la noche en día, la lluvia en sol y el invierno en verano, aparcando la placidez de la vejez por los riesgos de la viagra. Ya sabemos el precio de la cumbre. Ya sabemos que lo lúbrico no viene de Francia porque España también se siente democracia y aspira a recorrer con el dedo el camino por dónde ha de transitar el mundo del próximo futuro. Pongamos nuestra piel a manos del francés, mi querido Príncipe de la Paz. Todo por sentarnos a la mesa de los grandes bajo la cual los pequeños puedan acariciar la entrepierna que más les convenga.

Reconozco que no sabíamos exactamente a qué se referían los próceres del reciente poder cuando hablaban del eje franco-alemán hace algunos años. Ahora se descubre que aspiraban a unirse a toda costa al sugerente eje, no a los soportes del mismo. Incluso si Ségolène Royal no fuera la destinataria del provocador “Tout ce que tu me demandes, je te le donne”, lo importante seguiría siendo el eje. Ya Vanessa Paradis esbozó magistralmente lo que era ese tándem y ese eje en una canción de impecable factura y notorias sugerencias que pueden servir a la delegación española como incuestionable puntal de inspiración: (http://es.youtube.com/watch?v=eq4KWx9kvCs).

Seamos eclécticos y no se escandalicen. Lo mismo es carne que pescado en la cena previa a la cumbre; es como denostar a los EE.UU. y amarlos prodigiosamente al día siguiente. Al conservador Sarkozy se le ha mostrado el camino abierto para aplacar sus deseos euromediterráneos. A nosotros sólo nos queda esperarlo, recibirle y satisfacerle. Nuestro trasero, eso sí, tendrá un lugar donde sentarse.

Sunday, November 09, 2008

LA CUMBRE DEL PRESIDENTE ZAPATERO O LA JUGADA DE PÓKER (II)

Lo tenía. Tenía el as en la manga y era de preveer que, si lo tenía, lo tenía que jugar. Ya sabemos que la fecha de la reunión de Washington será el 15 de noviembre, sábado. El presidente español se sentará en la misma mesa que George Bush gracias a la cesión de una de las dos sillas a las que tenía derecho Francia por ocupar actualmente la presidencia de la Unión Europea. Que José Luis Rodríguez Zapatero sabe jugar al póker y que le gusta enfrentarse a situaciones límite está fuera de toda duda. Lo hizo con la ETA, lo hizo con el Estatuto de Cataluña (que este es otro asunto que se verá), lo hizo en los días que mediaron entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 (que ahora se quieren olvidar a toda costa) y lo hace cada vez que tiene ocasión. Le gusta el poder; sabe qué hacer para acceder a él y conoce también los entresijos para mantenerse en el mismo sine die. La concepción del poder para hacer cosas y transformar quedó atrás, en los tiempos de Felipe González; ahora la regla ha cambiado: el objetivo del poder radica en estar. Y estar para siempre, como sea, o -al menos- tanto tiempo como se pueda.

Ahora surgen dos interrogantes que también deberá aclarar el tiempo:

1º) ¿Qué va a aportar José Luis Rodríguez Zapatero a la cumbre de Washington? ¿Tiene alguna originalidad programada? ¿Va a dar otro golpe de efecto? ¿O, simplemente, se va a limitar a ir preparando su próxima visita a la Casa Blanca cuando Barack Obama le invite?

2º) ¿Por qué razones Sarkozy le ha prestado este inmenso favor a Zapatero cuando otros países también querían ir? ¿Se trata de un error del presidente francés o, por el contrario, se ha amarrado contrapartidas muy suculentas?

Estas cuestiones no dejan de tener su interés cuando parece que Rodríguez Zapatero se encuentra dispuesto a imprimir un giro de 180 grados a su relación con los EE.UU. y secundarles en todo lo que emprendan. De nuevo la búsqueda del estatuto de aliado privilegiado de los EE.UU., una canción que ya hizo sonar su melodía hace algunos años. Bienvenido sea el cambio si los beneficios son superiores a los sacrificios.

Por cierto, hoy, día 9 de noviembre de 2008, dos soldados españoles de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) bajo amparo de la OTAN (que no de la ONU) han muerto reventados en su vehículo blindado tras un ataque terrorista. Sin comentarios.

Thursday, November 06, 2008

LA CUMBRE DEL PRESIDENTE ZAPATERO O LA JUGADA DE PÓKER

Estamos ya a pocos días de la anunciada cumbre del G-20 que se celebrará en Washington este mes de noviembre. Se anunció para el día 15, pero en algún sitio he visto publicado que será el 20. Las fechas se mueven para concordar agendas entre todos los miembros del grupo, lo que parece evidenciar el grado de voluntariedad de una cita que tiene poco de formal, sin orden del día concreto, presenta objetivos algo difusos y arroja recetas imprecisas al aire para intentar solucionar los problemas económicos.

No hay que ser un lince para afirmar que esta cumbre, en sí, no va a aportar solución alguna. Tal vez sirva al presidente George Bush a modo de homenaje de despedida y poco más. Habrá que esperar un tiempo, ver si este tipo de reuniones son regulares o van acrisolando una serie de acuerdos más o menos tácitos para ver si todo ello tiene alguna utilidad. Lo curioso es que hay quienes creen ciegamente en la trascendencia de la convocatoria y presentan una inédita obsesión por estar presentes en la mesa de los escogidos. De entre todos los cegados por los destellos del cónclave sobresale, sin duda, el presidente español Rodríguez Zapatero.

Quiere estar en la fiesta sin haber sido invitado. Lo ha manifestado en público y en privado. Van pasando los días y no le llega la prestigiosa tarjeta que le abra las puertas del gran baile. Y él -ni corto ni perezoso- se ha lanzado a viajar por más de un continente buscando apoyos para estar en la mesa de los 20 apóstoles entre los cuales se cuenta el maestro Bush. Obviamente el todavía presidente de los EE.UU. no le ha tendido la mano a Rodríguez Zapatero para satisfacer sus deseos como parece plausible que sí habría hecho con el anterior presidente José María Aznar si estuviera ahora gobernando España. Es razonable pensar que Bush rechaza la idea de tener delante a un hombre que va a culpar a los EE.UU. de la crisis mundial, arremetiendo de paso contra el neoconservadurismo de la administración americana. Tampoco es incomprensible que se quiera impedir que Rodríguez Zapatero utilice ese foro para su lucimiento personal ejercitando, además, un "trágala" contra el presidente republicano. Y, junto a todo ello, yace la dulce venganza que representa el darle una bofetada sin mano al presidente español en respuesta a todo lo que ha hecho desde la primavera de 2004 y, sobre todo, por la retirada súbita de las tropas españolas de Iraq. Eso no se olvida porque la promesa electoral de Zapatero consistía en retirar las fuerzas a partir de 30 de junio de 2004 caso de no haber resolución de la ONU antes de esa fecha. Las tropas fueron retiradas en mayo, al igual que el 8 de junio apareció la requerida resolución. Personas hoy muy cercanas al presidente Barack Obama lamentaron agriamente la actitud española hasta el punto de afirmar: Eso no se hace con un aliado.

Sin tener nada de esto en cuenta, Zapatero ha sentenciado por activa y por pasiva que irá. Y toda la grey que sigue al mesías de la izquierda ha formado un verdadero coro que canta la misma melodía: España estará. El presidente español al que le crecen los enanos (desde el paro al incremento de la tensión terrorista) ha echado un gallardo pie hacia delante para exclamar todos los días lo mismo con una seguridad asombrosa: España estará. Y lo dice tan confiado y firme que ya uno duda si no tiene un as en la manga que, ciertamente, le asegura su presencia en Washington. Si eso es así, tendrá que mostrar su oculto as dentro de pocos días y habrá que reconocerle -por lo menos- un grado de tenacidad que es una lástima que no lo haya usado también en otros menesteres. Sabe jugar al póker ejerciendo el difícil papel de desahuciado que, no obstante, conoce de antemano que va a ganar. Si, por el contrario, todo es un farol hueco y no es invitado a la cita convocada, desde luego habrá que convenir que el más descarado cinismo es perfectamente conjugable con la estupidez más impenitente. Cinismo por ejercitar la mentira como práctica habitual; estupidez por mendigar unos favores que -en política internacional- no se conceden sin contrapartida.

Por supuesto hablamos de la cita de noviembre. Si a partir de febrero de 2009 Rodríguez Zapatero visita la Casa Blanca y se incorpora a las cumbres, eso será harina de otro costal que las voces oficiales españolas se encargaran de propagar a los cuatro vientos. Habrá que ver hasta dónde alcanzará esa restablecida amistad España-EE.UU. En ese nuevo contexto, no creo que el gobierno americano llegue más allá de las amables formalidades: no se comprometerán a nada importante con una España que lo tendrá muy difícil durante muchos años (incluso cuando ya no esté Zapatero) para demostrar que es un aliado fiel. Perfecta redundancia: si uno es aliado, se le presupone la fidelidad. En principio, no se puede ser aliado traidor a no ser que uno, en realidad, no sea un verdadero aliado en términos de relación privilegiada. Probablemente no somos otra cosa que una potencia media de carácter dependiente. Y un siervo puede protestar e incluso rebelarse, pero el señor siempre estará ahí y el rebelde -tarde o temprano- volverá al rebaño porque no sobrevivirá sólo. Justo lo que parece estar intentando quien antes ni siquiera se dignaba a respetar la bandera de barras y estrellas. Hoy, el hijo pródigo parece querer volver a casa dando una vuelta por todo el mundo para arroparse de su vergüenza.

Que la fuerza y la suerte te acompañen. A lo mejor consigues que Francia te ceda una silla para emplazar tus posaderas en la capital del origen de todos los males: Washington (Estados Unidos). Esa cesión de asiento ha tenido o tendrá alguna contrapartida. Pero, por supuesto, niégalo y miénteme una vez más. Eso es lo que significaba para tí que España estará. Pues muchas gracias, jefe. A mandar.

Friday, October 31, 2008

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Thursday, July 17, 2008

11 M

Durante los últimos tiempos el formular una reflexión en torno a las incertidumbres y dudas que rodearon el trágico 11 de marzo de 2004 se ha convertido en un ejercicio de incorrección política. Cualquier comentario se tachaba inmediatamente de posible cooperación con teorías conspirativas. El resultado ha sido el silencio y el temor a hablar para no alinearse con lo "no oficial". Pero, sin embargo, hay cosas que no están claras y, en la medida en que el tiempo pasa, las cosas se tornan cada vez más extrañas por más que el gobierno diga que todo está bien, que el estado de derecho ha funcionado perfectamente desde el año 2004 (antes, por lo visto, no) y que la página está pasada para "mirar al futuro". Bueno, vale.

Lo que llama la atención son algunos simples datos. Vayan algunos.

En primer lugar, coincidiendo con la Conferencia Internacional para el Diálogo (Madrid, 16-18 julio 2008) que cuenta con la colaboración de la Liga del Mundo Islámico, se ponen en libertad a Abdelilah El Fadual El Akil —condenado inicialmente a nueve años por un delito de colaboración en relación con los atentados del 11-M— y a Mohamed Almallah Dabas y Basel Ghalyoun —condenados a 12 por pertenencia a organización terrorista—. Por añadidura, el Tribunal Supremo ha ratificado la absolución de Mohamed "El Egipcio" pero, eso sí, Antonio Toro pasa a enfrentarse a cuatro años de prisión por tráfico de explosivos. Más aún: buena parte de las penas se han reducido: Mohamed Larbi Ben Sellam (de 12 años a nueve), Hassan el Haski (de 15 a 14), Nasredine Bousbaa, Mahmoud Slimane (ambos, de tres a dos) y a Hamid Ahmidan (de 23 a 12). No se explica muy bien por qué razones son merecedores de tales clemencias.

La coincidencia con la citada Conferencia para el Diálogo debe ser casual porque, en caso contrario, la independencia del poder judicial de los intereses del gobierno serían mera retórica. Se supone, igualmente, que el Constitucional fallará antes los recursos contra el actual Estatuto catalán (que llevan tiempo interpuestos) que el recurso contra la convocatoria de la consulta del gobierno vasco. ¿O no? No vaya a ser que algunos asuntos duermen el sueño de los justos (porque interesa que sea así) y otros son rápidamente "sentenciados".

En segundo lugar, me siguen dando vueltas a la cabeza los porqués que justifican la destrucción de los vagones afectados por las explosiones del 11-M cuando el gobierno Aznar estaba en funciones. Normalmente, cuando se produce un hecho de esa naturaleza o un accidente se guardan los restos. Los hangares se habilitan, por ejemplo, como lugares de recogida de restos tras un accidente aéreo.

Una última reflexión. A Pilar Manjón la pasearon con el corazón en la mano tras la pérdida de lo más querido por radios y televisiones para que, después de muchas palabras, se quedase flotando en el ambiente una idea: la culpa del 11-M la tenía Aznar y su maldita guerra de Irak. Una vez que cumplió su función ya no la pasean para que comente en la cadena SER (por ejemplo) que "Algo tiene que cambiar en este país para que no tengamos la sensación de injusticia que ahora mismo anida en todos y cada uno de las víctimas del 11-M". O para que añada que: "Tengo datos de chicos de la kale borroka que tienen más años de condena por haber quemado un autobús que los autores materiales del atentado que dejó sin vida a 191 ciudadanos de este país". Estas son palabras suyas de hoy, 17 de julio de 2008.

Me pregunto sinceramente: ¿dónde están los que clamaban que querían saber la verdad del 11-M? ¿están satisfechos con esto? ¿todo está perfectamente claro? ¿se cambió el gobierno y ya no hay que manifestarse contra la guerra por el simple hecho de que ya no hay tropas españolas en Irak aunque sí las hay en otros escenarios (bélicos)? ¿importaba el "no a la guerra" o el "no a Aznar"? ¿están contentos con la salida de los verdugos o la reducción de sus condenas?

¿De verdad están convencidos de que conocen perfectamente lo que ocurrió el 11-M, quienes lo pensaron, quienes lo hicieron, a quienes perjudicaron y a quienes beneficiaron?

Pues que Dios les bendiga por tanta sabiduría. Y que les perdone.

Monday, July 14, 2008

CHIKI CHIKI 2

Aún no he salido del todo de la flipada que sufrí al ver la representación española en Eurovisión 2008. Yo pensaba que era una ridiculez ordinaria y una vulgaridad. Pero como no se puede ser tan políticamente incorrecto y he de admitir que hay que estar con los tiempos que corren me doblo ante tí, sistema dominante que todo lo impregna. Me rindo y admito que eso es música, que es divertido y que es una canción digna de representarnos a todos los españoles.

Habiendo ya comulgado con ruedas de molino y mascullando la penosa digestión de "si no quieres el caldo del 2004 trágate las dos tazas del 2008", me atrevo a proponer que el año que viene presentemos una nueva versión del Chiki Chiki. La he visto en Youtube, ha salido en la Una, la Primera, la única cadena televisiva que dice la verdad sin las crispaciones de los que no tienen optimismo y viven rencorosos entre la paranoia de la conspiración y el alegrarse de que todo va mal. No hay crisis... hay Chiki Chiki. Y si Europa no ha sabido apreciar este año la elegancia de su composición, llevemos el año que viene esta segunda versión. Tiene -reconozcámolo- mejor textura musical que la anterior y su sana transgresión les hará abrir los ojos a nuestros socios europeos de la verdad que está resplandeciendo desde España a los cuatro vientos hasta envolver a todo el planeta de nuestra bondad y magnificencia. Como la tónica... hay que repetir hasta que te acabe gustando.

La bellísima muestra musical sin par está en el siguiente enlace. Disfrútela. No cabe duda que la Cultura -con letras mayúsculas- ha llegado a las cadenas públicas borrando para siempre el oprobio en que RTVE se debatió bajo ese personaje cuyo nombre no me atrevo a pronunciar a quien, con suerte, conseguiremos catalogar como non grato y criminal de guerra por parte de todas las fuerzas progresistas de este país. ¡No a la guerra! ¡Sí al canon! ¡Cambio de gobierno, nunca! ¡Siempre tú!

Por cierto, sino os gusta en el Consejo podéis llevar una alternativa viable que, de seguro, arrasa en Eurovisión. Pulsad para otra sublime composición equiparable a la anterior.

Nota: para "avanzar en la laicidad" nada mejor que convertir en himno oficial de nuestro sistema educativo este exquisito Ni Dios Te Salva María.

Sunday, July 13, 2008

NO FUMAR. NO LEER

Han pasado ya algunos años desde la aparición de la denominada "ley del tabaco". Prometió ser aquella norma el giro copernicano de nuestra salud. Algo así como la Alianza de Civilizaciones para nuestros... pulmones o la nueva gran cruzada contra la pobreza del mundo que va a encabezar el gobierno de Rodríguez Zapatero. Si a Aznar se le criticó por querer poner a España entre las grandes potencias, comprenderán que éste no se queda tampoco atrás en tendencia megalómana, si bien cargado de un grado de quijotismo inadmisible en cualquier otro país que no fuese esta querida piel de toro citada el próximo 25 de octubre.
Aunque siempre escuché que cabe desconfiar de aquella persona que afirme grandilocuentemente que "no bebe, ni fuma, ni nada de nada", no pensé que pudieran existir especímenes así. Pero la verdad es que sí los hay: suelen ser una suerte de talibanes de lo establecido, sumisos de ayer y de hoy, incapaces de pensar con flexibilidad, tan silenciosos como rencorosos, expertos en la conversión, con un punto de mala leche y un índice de frustración que se suele desarrollar en términos de envidia. En resumen: unos cabritos (y cabritas). Existen.
Pensaba entonces que el número de ejemplares de esta fauna singular se multiplicaría a causa de tan saludables medidas gubernamentales, pero afortunadamente la cosa no ha sido así. Y leyendo, leyendo... acabé descubriendo la causa de semejante templanza en la aplicación de la medida. Leo en la revista Tiempo de 25 de abril de 2008, páginas 19 y 20 un párrafo que condensa todo un secreto. Refiere el pasaje del ofrecimiento de una cartera ministerial a nuestra querida Bibiana Aído:
"Así que esta joven promesa del socialismo gaditano se fue a Madrid. En Moncloa, ella y Zapatero hablaron de lo divino y de lo humano durante tres horas. La mayor parte del tiempo, de lo que pensaba esta mujer de 31 años de las políticas de igualdad, y dejó colgado, esta vez en otro sentido, al presidente. Aído, que fumaba como un carretero pero que lo había dejado hace tiempo, aceptó el pitillo que le ofreció el presidente. Al final de la conversación, Zapatero le espetó: ´Te quiero como ministra´".
Negro sobre blanco. Varias conclusiones provisionales:
1º) El presidente fuma.
2º) El presidente invitó a la reincidencia "tabaquíl" a una mujer que había salido ya del "abismo" de la nicotina.
3º) Ella aceptó el ministerio y el cigarrillo.
Quedan por dilucidar otros extremos. ¿Se lo ofreció en pleno despacho o por el contrario se salieron a los jardines o hasta la propia rotonda de entrada al complejo para echarse en cigarrito al aire libre en estricto cumplimiento de la ley? ¿Cuántos cigarrillos se fuma el presidente al día? ¿Dónde se los mete a pecho? ¿Ha seguido Bibiana Aído fumando?
En fin, se queda uno un poco pensativo al contemplar a todo el mundo buscarse la vida para fumar y, sin embargo, el presidente le ofrece un cigarrillo a su entonces futura ministra de la Igualdad como si tal cosa. Si todos somos iguales, ¿podemos fumar todos en paz como hace el presidente o tenemos que aguantar los comentarios de los talibanes que, para colmo de la marrana, encima votan "al Zapatero" (como ellos dicen)? A ver: ¿somos iguales o no?
Me rondan más preguntas: ¿es aceptable que un hombre sea asesinado por su mujer tras quedarse el primero con la custodia de su descendencia? ¿es razonable que esta señora -presunta asesina- sea amiga de una presidenta de un alto tribunal y ésta le diga que le avise cuando llegue su caso por esas alturas? ¿es admisible que se repartan los dineros del 0,7 en actividades que no son precisamente el suministro de ayuda a los países necesitados? ¿hasta qué mes de gestación vamos a llevar el aborto? ¿podemos llevarlo hasta el noveno mes? ¿y hasta el sexto? ¿y hasta el séptimo?
Son sólo preguntas. En el régimen que estamos, prometemos ser felices a golpe de ley y no atrevernos a decir nada inconveniente más allá de estas humildes preguntas. Tendremos que aceptar "fistro" como anglicismo (lo cual tiene miga) y "miembra" como inseparable compañera de nuestra vida (lo cual es más natural como todo el mundo sabe y todo varón -hetero u homo- reconoce).
Tan sólo me quedan otras dos cuestiones: ¿podemos seguir leyendo? ¿podemos fumar? Si a Vuecencia Excelentísima no le molesta, con su permiso...

Monday, June 30, 2008

FELICIDADES PRESIDENTE


Esta foto te la he extraído de El País Digital. Si no te gusta, no vayas a decir que procede de una campaña difamatoria. Tienes pinta de hombre bueno, de franciscano trajeado de paisano, de jovencito a la vuelta de la desaparecida mili, de estudiante aplicado, sin pasiones destacables pero lejos del vicio, de padre de familia el día de la boda de su hija, de no romper un plato, de contribuyente medio español que sigue feliz aunque esté jodido... Y con una bandera de España en la solapa.

Reconozco que me restregué los ojos cuando te ví. Me llenó de alegría verte con esa apostura tan patriota. Y pensé: si no eres patriota tú ¿quién lo va a ser? El color del traje –austero y moderno- y la elección de corbata –clásica y abanderada- fueron excelentes. La percha hizo el resto con una pizca de desaliño. Era 29 de junio de 2008, era Viena, y nuestra selección se jugaba ni más ni menos que el ser la campeona de Europa. Estoy seguro que en tu memoria estaba fijado el año 1964 y la última victoria de nuestra selección. El caudillo estaba entonces en la grada, pero en un estadio de Madrid. Jugábamos entonces contra la Unión Soviética –esa sí que era roja- y ganamos. El régimen explotó políticamente la victoria pero no por ello vamos a renunciar a esa copa que está en nuestras estanterías. Estoy seguro que tú ni quieres tirar la copa del 64 al río ni quieres apuntarte el tanto de este triunfo 44 años después. ¿Verdad? Ganamos a Alemania y somos campeones de Europa. Todos los españoles.

La cadena televisiva Cuatro ha hecho su agosto en junio al tener la exclusiva del espectáculo. ¡Qué casualidad! ¿verdad? En fin, con la victoria no nos vamos a poner críticos, ni debemos hacer preguntas inconvenientes que vas a responder saliéndote por la tangente. No ha faltado ni el punto pintoresco (plenamente ibérico por lo demás) de algunos de nuestros próceres micronacionalistas con los que te llevabas tan bien en la legislatura 2004-2008 de imborrable memoria. Los Urkullus o los Puigcercós –muertos de envidia con cada triunfo español- apostaban a los cuatro vientos por sus selecciones: Rumanía, Turquía, etc. Vista fina. Pura prospectiva. Es decir que como no estaba la selección vasca o la catalana había que fastidiar a la española (que las engloba) defendiendo a cualquier otro equipo. Mientras, curioso, la gente –en Barcelona o Bilbao- saltaba de alegría con cada paso adelante de la escuadra española.

Simulaba tu banderita española la que no se quita tu querido George Bush desde hace años. Por supuesto, él lleva la bandera de los EE.UU. que en tus pecados de juventud no querías respetar. Tampoco puede decirse que tuvieses mucho cariño por la bandera roja y gualda hasta ahora. Cuatro años estuviste machacando con lo de tu abuelo (uno de ellos), mientras silenciabas la biografía de tu otro abuelo, de los abuelos de tu mujer y la de tu propio padre. Pero ninguno de ellos defendió precisamente la Segunda República ¿Recuerdas? La República, la República… tu querida República nunca definida y cuya única esperanza radicaba en que a la tercera sería la definitiva. Te vi, por cierto, bastante amable con nuestro Rey quien no oculta sus simpatías por ti. Ya te vale. ¿Qué más seducción quieres?

Me gustó, de verdad, tu actitud. Y que te alegraras con los demás españoles cuando Torres marcó el gol del triunfo –recuerdo del de Marcelino- y que saltases de tu asiento cuando estuvimos a punto de rematar la faena picando la portería germana. Estuviste fenomenal. Borraste recuerdos infames de tu pasado reciente que tú mismo reconociste implícitamente cuando, al ganar en 2008, prometiste: gobernaré mejor. Ojalá. Falta te va a hacer. Mira en tu agenda el 25 de octubre y piensa que fuiste tú el que convenciste a media España de que Batasuna no era ETA. Yo no me lo creí, desde luego, y ahí tienes al PCTV –al que tú permitiste volver a las instituciones- dando su granito de arena para la ínsula Barataria que anhela el lehendakari Sancho Panza. Ese toro lo tienes que lidiar tú. Bien que te avisamos de que salía el morlaco en medio de tanta risa tonta y de tanto hombre de paz. Ahora te toca a ti la faena de capote, de muleta y, a ser posible si eres capaz, de estoque. Te sugiero que mires a José Tomás para tomar inspiración. Ese que le gusta tanto al amigo Sabina (don Joaquín).

Tampoco te olvides que Solbes sirve bien de picador para el segundo de la tarde: la economía. Hechura tiene. Imagínatelo encima del caballo con el sombrerito. Tienes una cuadrilla de hombres y mujeres que van de paseíllo dialéctico. Y tienes a Pepe Blanco, que lo mismo sirve de subaltarno que de monosabio.

Tranquilo. Tienes suerte. Hay que tener mala idea para propalar que eres un gafe. Total: lo del baloncesto fue un “lapsus”. Fíjate la suerte que tuviste para convertirte en líder del PSOE. Lo del 11-M fue determinante en tu camino hacia la gloria. El 9-M has revalidado tu presencia. Y sabemos que a ti no se te va a ocurrir la tontura de poner límite a tu brillante estrellato. Aznar prometió estar ocho años, pero tu legislatura –hoy por hoy- es infinita. Estas corrigiendo el rumbo aunque dijiste que “el poder no me va a cambiar”. Así. Con un par. Me alegra que creas en España. Plurinacional, pero España. Y que toda esa pluralidad la comprendieras condensada en una sola bandera. No te pusiste las 17 banderas autonómicas para que te hubiera llegado la ristra hasta el tobillo.

Has querido aparecer como el presidente de España. Sin complejos. Sin abuelos y sin condenar a media España a un cordón sanitario de opresión. De verdad que nos acojonamos cuando tachaste de antipatriota a cualquiera que se atreviera a pronunciar la palabra crisis. Ahora parece que eres un padre bueno. Un papá. Reaccionamos bien a las caricias y los mimos. Por un día todos nos sentimos ciudadanos. Los que te votaron y los que no. Eras el presidente del gobierno de España, es decir de todos los españoles. Ese es el camino. La bandera de España ya no es pecado. Felicidades presidente.

Wednesday, June 25, 2008

EL PRECIO DE SER SOCIALISTA EN SEVILLA

Ese es el título de un artículo del concejal del Ayuntamiento de Mairena del Aljarafe, Diego Ramos Sánchez, publicado en El Correo de Andalucía, el pasado 23 de junio. Sobran los comentarios ante la lectura del mismo:

Mi razón de ser, como recoge el ideario del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), ha sido la de intentar contribuir a alcanzar una sociedad mejor, detectando los problemas y aportando soluciones, sobre la base de los principios de libertad, igualdad, solidaridad y justicia social. Con estos pilares he intentado actuar durante los últimos cinco años en las distintas responsabilidades políticas que me fueron delegadas en el Ayuntamiento de Mairena del Aljarafe.

Pero parece que hoy no es posible actuar con esos ideales en la familia socialista de Sevilla, y aún menos en el municipio de Mairena del Aljarafe. Sólo al alcalde le corresponde delegar las competencias entre aquellos que forman su equipo de gobierno para llevar a cabo la mejor gestión en beneficio del interés general. Pero de la misma forma, sólo el alcalde tiene los instrumentos necesarios para aglutinar a su equipo, para compartir la difícil tarea de gobierno y sumar todos los talentos y capacidades que permitan ejecutar un programa electoral, que no olvidemos, está impregnado de la ideología y directrices marco de un partido centenario.

Y precisamente por eso, también es indispensable el mantenimiento de una actitud abierta y global en el ejercicio del liderazgo. La discrepancia libre y la lealtad no están reñidas, y la crítica, lejos de ser un obstáculo, debe ser entendida como una fuente inagotable de reflexión para mejorar los cauces del diálogo y la toma de decisiones.

Si mi cese ha tenido que ver con una actitud crítica ante algunas decisiones de importante calado en la ciudadanía, y mi claro posicionamiento en la defensa de otras opciones políticas alternativas en el contexto congresual que nos movemos en Sevilla, he de confesar que me ratifico en las mismas. Estoy convencido de que el partido donde milito hará siempre defensa de estos innegociables principios.

Si a lo largo de la historia reciente la diferencia y la no aceptación cómoda del seguidismo político dejó a muchos sin su vida, libertad u ostracismo, es incomprensible que hoy este hecho siga teniendo un alto precio, aunque se intente ocultar bajo otras formas más subliminales de persecución, y al amparo de las siglas que tanto sirven de referencia a la mayoría de los ciudadanos de España, Andalucía y Sevilla.

Monday, June 16, 2008

LA OTRA IGUALDAD (para reflexionar un poquito)


EL PAIS
REPORTAJE
La 'yihad' es cosa de hombres
Mujeres islamistas reprochan a Al Qaeda que no las deje participar en atentados
IGNACIO CEMBRERO - Madrid - 16/06/2008


Primero fue Imam al Sharif, ex preceptor de Ayman al Zawahiri, el número dos de Al Qaeda, el que sostuvo en 2007 que la violencia indiscriminada practicada por la organización terrorista "viola las leyes del Corán". Ahora el brazo derecho de Osama Bin Laden está, en cambio, siendo censurado por instar a las mujeres a permanecer en casa en lugar de participar en la yihad [guerra santa islámica].

"La yihad es un deber personal al que todos estamos obligados", declaró Al Zawahiri a finales de abril en una grabación de dos horas de duración colgada en páginas web islamistas. "Los muyahidin tienen derecho a valorar si es necesario reclutar a todos los musulmanes para la yihad". "En consecuencia", prosigue Al Zawahiri, "hago un llamamiento a las mujeres musulmanas para que no dejen a sus hijos porque ellas no están comprometidas con la doctrina salafista". "Deben, al contrario, estar siempre dispuestas a satisfacer las necesidades de los muyahidin al margen de la lucha".


Hace tan solo un lustro, su recomendación hubiese sido acatada, pero cuando el número de mujeres que han perpetrado atentados suicidas en Irak en los cinco primeros meses de este año se eleva, según el Pentágono, a 18 -más del doble que en todo 2007-, las palabras de Al Zawahiri suscitan una oleada de críticas online. "Ellas reivindican la igualdad", señala Abdalá Rami, autor de una tesis sobre el salafismo en Internet.

"Cuando [Al Zawahiri] afirma que no debe haber mujeres en Al Qaeda me entristece y me choca", escribe una islamista que firma con el seudónimo "Compañera de las armas". "Al escucharle tuve la sensación de que mi corazón iba a estallar dentro de mi pecho. ¡Cuantas veces he querido ser un hombre!". "La yihad no es un monopolio de los hombres", le espeta Oum Faroud.

Las intervenciones son anónimas en esos foros islamistas, pero su estilo y lenguaje inducen a pensar que muchas de ellas emanan de mujeres radicales. Alguna web (minbar-sos.com) alienta incluso la "yihad femenina". La anima desde Bruselas Malika el Aroud, la viuda del hombre que en 2001 asesinó en Afganistán a Ahmed Masud, jefe de la guerrilla antitalibán.

Las devotas musulmanas han tardado en sumarse a la yihad. La primera mujer que se mató en un atentado, la libanesa Sana Khyadali, de 16 años, pertenecía a un partido nacionalista de tendencia laica. Murió el 9 de abril de 1985 en Jezzin (sur de Líbano), junto con dos soldados israelíes que le tiraban los tejos.

Hubo que esperar hasta 2002 para que Wafa Idris, una palestina piadosa, se convirtiera en terrorista suicida en Jerusalén. Dos años más tarde, Reem Riyashi, de Gaza, fue la primera madre de familia en suicidarse, llevándose por delante a cuatro israelíes. Dejó dos hijos huérfanos. Estaba vinculada a Hamás.

El jeque Yassin, entonces jefe de Hamás, lo justificó: "Los combatientes varones se topan con muchos obstáculos. Las mujeres son la reserva de nuestro Ejército. Cuando es necesario las usamos".

Sunday, June 15, 2008

¿Es "fistro" un anglicismo?

Confieso que desde hace unos años no salgo de mi asombro bajo la lluvia gruesa de la vulgaridad, la ausencia de unos niveles culturales mínimos y una atrevida ignorancia por parte de nuestros responsables de la cosa pública. El último golpe a la inteligencia (que sospecho no será el último) ha venido de la mano de la ministra de Igualdad, Bibiana Aído. Esta joven gaditana es capaz de transmitir una imagen pública inquietantemente atractiva y fresca. Porque guapa -si se permite la expresión y no se tacha de machista- lo es a raudales. La inteligencia se la supongo cuando a los 31 años se ha convertido en nada más ni menos que ministra. Tampoco pongo en duda la conveniencia de su Ministerio de Igualdad porque hay muchas desigualdades que combatir: la equiparación entre hombres y mujeres en términos de oportunidades y responsabilidades, la indefensión del individuo ante el Leviatán de los poderes públicos, la igualdad de derechos de los seres humanos con independencia de su edad (me refiero a los maltratos a los ancianos y los niños), la necesidad de todos los españoles a disfrutar de los mismos derechos y obligaciones con independencia de la comunidad autónoma en la que habiten, etc.

Ríos de tinta ha hecho correr su primera comparecencia parlamentaria al aludir a los miembros y "miembras" de una determinada Comisión. Lo de "miembras" es una trasgresión gramatical que la ministra ha defendido con una soltura digna de las gaditanas que defendieron su ciudad frente al gabacho hace casi dos siglos. Ella se ha inventado la palabra y, si no está en el Diccionario de la Real Academia, es el resultado del hipotético machismo de ese real órgano que limpia, fija y da esplendor a nuestra querida lengua. Así. Con un par.

Pero puesta ya a saltar la trinchera para partirle la cara (dialécticamente) a cualquier adversario no ha dudado en romper los límites de una mínima compostura cultural. Sin pestañear ha declarado públicamente que expresiones como guay o fistro son "anglicismos" que están en el Diccionario de esa Real Academia que tan machista y retrógada es para ella. Vayamos por partes: guay sí está en el Diccionario; fistro no.

Con lo que estoy preocupado es con enterarme que ambas palabras son anglicismos. Llevo años intentando dominar la bella lengua de Shakespeare y aún no le conseguido. Mi nivel de inglés es modesto y todavía tengo dudas para distinguir el matiz entre rather good o quite good . Se entenderá, por tanto, que dude también si son anglicismos guay y fistro. Ruego sinceramente a quien lo sepa y lea estas líneas que me informe si la ministra está en lo cierto. Si no lo está, se verifica una vez más la calificación de los perfiles gubernamentales que venimos padeciendo desde la primavera de 2004.

Pero... ¿y si lo está? ¿Y si resulta que fistro, nopuedor, diodeno vaginarl, comorr o jarl son también anglicismos? En ese caso, como otros tantos españoles, no he sabido utilizar un método adecuado para el aprendizaje del inglés. No he querido enterarme que Chiquito de la Calzada es una referencia para saber inglés, ni que la ministra tiene un extraordinario manejo de las lenguas, obstinado de forma permanente en no comprender el impulso cultural de este gobierno. No he comprendido el auténtico mensaje del chiki-chiki, ni he querido admirar la plasticidad estética de bailar con las bragas en la mano. No he calibrado la importancia que para la historia universal tiene y tendrá la Alianza de Civilizaciones patrocinada por don José Luis Rodríguez que figurará en letras de molde en los futuros manuales universitarios de historia de todo el orbe. Me ha pasado completamente desapercibida la trascendente influencia que don José Blanco ejerce sobre las elecciones presidenciales estadounidenses. Con razón, caballerosamente, ha reconocido que ha guardado respetuoso silencio sobre sus preferencias entre Obama y Hillary para no decantar decisivamente la balanza en las primarias del partido demócrata. No he sabido descifrar el campo semántico de palabras como "conexión" (por transvase), "desaceleración" (por crisis) o "accidente" (por atentado mortal terrorista).

De verdad, me avengüenzo de mi desconocimiento si resulta que fistro es un anglicismo. Juramos purgar nuestras culpas votando en bloque a los padres de esta patria nuestra hasta el día de su jubilación. No sin antes llamar a ese teléfono que la ministra va a poner a nuestra disposición para acogernos al nuevo modelo de masculinidad. Y es que los hombres somos tan poca cosa que ni siquiera aprendemos inglés, a excepción de Chiquito de la Calzada... y José María Aznar. ¡Jarllll!

Sunday, May 18, 2008

DOS FOTOGRAFIAS








Dos fotografías. Dos instantáneas. Lo dicen casi todo. Dos imágenes tomadas en un momento y, por tanto, puede decirse que no son representativas de lo que ocurrió en los episodios en los que fueron tomadas. Ni los tres de las Azores estuvieron siempre juntos, ni eran siquiera tres sino cuatro (el anfitrión portugués). Tampoco cabe imaginar que los colegas de Rodríguez Zapatero en la cumbre de la OTAN en Bucarest no se tomaran la molestia de sentarse permaneciendo siempre de pie alejados del presidente español como si de sarna se tratase. Es por ello por lo que me llama la atención que los que escupieron insultos contra una de estas fotografías guarden un oprobioso silencio con respecto a la segunda.

Hemos de admitir que las dos fotografías son muy simbólicas. Que cada uno reflexione y saque sus consecuencias.

Nota-aviso para personas de nacionalidad española: un país que se considera potencia media con vínculos internacionales (caso de España) requiere tener algún modelo de política exterior. Se paga cara la factura de prescindir del mundo y carecer de brújula. Y se paga interiormente.

Sunday, March 23, 2008

GANÓ CHIKILUCUATRE

Para los firmemente aferrados a lo establecido de la verdad oficial, la afirmación del título de estos párrafos puede sonar a descrédito de las elecciones celebradas el pasado 9 de marzo. Tranquilos. La victoria incuestionable, estrepitosa, brillante, cálida, tranquilizadora, fulgurante, pletórica, esperanzadora, rotunda, efusiva, alumbradora y candorosa de José Luis Rodríguez Zapatero (¿del PSOE?) remacha otros cuatro años de canon digital para los artistas necesitados (a la vista está), de Alianza de Civilizaciones garante de la paz mundial (más a la vista está), de la derrota de ETA con la que no se negocia (esto es evidente como todo el mundo sabe) y de reconocimiento de las diversas tendencias sexuales de las personas. Eso sí: los derechos civiles de esas mismas personas pueden esperar en los mismos anaqueles donde los recursos y los contenciosos-administrativos duermen el sueño de los justos, sobre todo si están interpuestos contra el poder o los poderes. Somos ciudadanos a medias pero parecemos aceptarlo bastante bien. Nos dan la aparente libertad de manosearnos con quien queramos, pero nos ponen todo tipo de trabas al ejercicio de nuestros derechos ciudadanos. Democracia.

¿Qué no? Vaya un ejemplo: si se monta un bar en un edificio de uso residencial y provoca todo tipo de ruidos y molestias, los vecinos pueden llamar a la Policía Local, escribir a los supuestos defensores de los pueblos, dirigirse al Ayuntamiento o protestar ante Urbanismo. Mucho papel. El resultado: se joderán durante años porque los poderes públicos no van a hacer absolutamente nada (incluso si el establecimiento carece de licencia de apertura). Perdone el lector por la expresión de “se joderán”, pero a la vista del amplio dossier documental del amigo de referencia que me ha contado esto –papeles mediante- no cabe otro calificativo. Es un simple botón de muestra. Ya sé que esto no alcanza a los que van dentro de limusinas cobrando canon automático sin mover un dedo. Pero esto les aseguro que les pasa a los mortales que votamos.

Mas ya está bien de quejas. Ya está bien de crispar y de campañas difamatorias contra el gobierno legítimo. Hemos votado... con todas nuestras fuerzas. El resultado ha sido un enorme orgasmo democrático (por utilizar la expresión del señor Zerolo) al que tan sólo le ha faltado la posibilidad de echarnos un cigarrito después del inolvidable revoltijo de sábanas. El tabaco mata y gracias a nuestro Gran Hermano lo estamos dejando. Pero somos una democracia tan maravillosa que poco antes también tuvimos la posibilidad de elegir a nuestro representante en Eurovisión... y ganó Rodolfo Chikilicuatre. Ya quisieran los EE.UU. con sus majaderas primarias parecerse a nuestra transparencia y verdadera democracia que es luz del mundo y paradigma político internacional. Votamos hasta para ver quién nos representa en un concurso musical. Y el resultado ha sido otro orgasmo (por seguir la brillante terminología acuñada por nuestro sin par señor Zerolo).

El tema es de una profundidad intelectual digno de esta nación que aún se llama España. Se trata de bailar el chiki-chiki que es un nuevo género que consta de cuatro movimientos: primero, el brikindans; segundo, el crusaíto; tercero, el maiquelyason; y cuatro, el robocó. En síntesis: estamos ante la superación de la sinfonía que consta también de una estructura en cuatro movimientos. El descubrimiento supremo; la Alianza de Civilizaciones llevada a la música. ¿Cabe mayor orgullo para los españoles? Pero el clímax comunicativo se encierra en el texto. La poesía aquí se combina en un fértil entrelazado con la melodía para trasladarnos ni más ni menos que a una de las cimas culturales de la historia de la humanidad. La obertura comienza con un expresivo ¡Perrea! ¡Perrea! que viene a establecer un hito en la evolución del castellano. Brillantez e inteligencia desde el primer segundo. El texto de la composición hay que insertarlo completo porque cualquier extracto comentado no haría sino empañar su dulce grandeza:

El chikichiki mola mogollónLo bailan en la China y también en Alcorcón Dale chikichiki a esa morenitaQue el chikichiki la pone muy tontita
Lo baila José Luis, lo baila bien suave,Lo baila Mariano, mi amor ya tú sabes.Lo bailan los brother, lo baila mi hermanoLo baila mi mulata con las bragas en la mano
¡Perrea! ¡Perrea!
El Chiki Chiki is a ReaggettonDance in Argentina, Serbia and Oregón
Give el Chiki-Chiki to that little sisterwith el Chiki-Chiki she´s gonna like it mister !
Dance it with Alonso, Dance it with GasolDance it with your brothers, all around the world
Dance it with Bardem Dance it with BanderasDance with Almodóvar Dance la Macarena
Y el chiki chiki se baila asíUno: el brikindansDos: el crusaítoTres: el maiquelyasonCuatro: el robocop
Baila el chikichiki baila el chikichikiLo bailan los jevis y también los friquis Lo bailan en la cárcel, lo bailan en la escuela,Lo baila mi madre y también mi abuela.
Baila el chikichiki baila el chikichikiLo bailan los jevis y también los friquis Lo bailan en la cárcel, lo bailan en la escuela,Lo baila mi madre y también mi abuela.
Lo canta el Tigre Puma con su traje a rayasY Juan Carlos le dice ¿por qué no te callas?En el velatorio del Padre DamiánPusieron chikichiki y el muerto echó a bailar
¡Bailar, bailar, bailar!
Y el chiki chiki se baila asíUno: el brikindansDos: el crusaítoTres: el maiquelyasonCuatro: el robocop
Perrea, Perrea
Lo baila José Luis, lo baila bien suave,Lo baila Mariano, mi amor ya tú sabes.
Lo bailan los bródel, lo baila mi hermanoLo baila mi mulata con las bragas en la mano
Y el chiki chiki se baila asíUno: el brikindansDos: el crusaítoTres: el maiquelyasonCuatro: el robocop
Uno: el brikindansDos: el crusaítoTres: el maiquelyasonCuatro: el robocop (*)


(*) Nota: el texto está escrito de acuerdo a los nuevas reglas establecidas por los egresados de nuestro sistema educativo cuya calidad se ha visto refrendada en el informe PISA. Si encuentran alguna deficiencia se debe a los años de atraso que hemos arrastrado por culpa del general Franco y la involución acontecida entre los años 1996-2004, las dos legislaturas de ese presidente que intentó orquestar un golpe de Estado en la democrática Venezuela.

Esta parece ser una de las versiones más completas pues incluye un pequeño guiño al inglés destacándose así la dimensión universal de la composición. Obviamente, la censura de nuestro bienpensante gobierno va a extirpar las frases de mayor contenido político, siempre para mejorar la calidad expresiva del texto. Es difícil seleccionar una frase de esta pieza, pues sería como intentar salvar un solo cuadro del Museo del Prado o de la National Gallery. Pero atreviéndome a ello me quedaría con: “Lo bailan los bródel, lo baila mi hermano. Lo baila mi mulata con las bragas en la mano”.

¡Qué fuerza expresiva capaz de esbozar imágenes en el lienzo del lenguaje! De la comunicación oral a la viva imagen: lo baila mi mulata con las bragas en la mano. Y estamos empezando cuatro años que asombrarán al mundo. Bajo la protección de nuestro gobierno respetado en el mundo entero, de un crecimiento económico inmune a la crisis (tan sólo puede haber desaceleración con freno seguro a la inflación que no pasará del 4,5%) y la alegría de vivir en el mejor lugar del planeta siendo capaces de ser generosos y compartir nuestro diálogo intercultural con todos los países. Y nuestra ausencia de sentimientos racistas es meridiana: Lo baila mi mulata con las bragas en la mano.

Parece mentira que pueda haber oposición política en un país de tanta felicidad. Me siento extrañado ante ese avinagramiento siempre procedente del Partido Popular, siempre crítico. Siempre denostando al presidente feliz de esta nación feliz. Empeñados en llamar atentados a los meros accidentes, opuestos al canon digital para remunerar bien a los que se lo merecen, crispadores, homófobos, xenófobos, encabronados en ver qué pasó realmente el 11 de marzo de 2004... ¡Como si no estuviera claro quién mató al general Prim y al almirante Carrero! Dios quiera (perdón, mejor el Gran Arquitecto del Universo o el primer motor aristotélico) que se les abran los ojos del alma para educarse en la ciudadanía y aprendan en esta España faro de la cultura que sin tetas no hay paraíso. Algún día también bailarán el chiki chiki junto a su mulata. Por supuesto, con las bragas en la mano.

Saturday, February 16, 2008

LA OTRA MEMORIA

Se habla y escribe mucho sobre la memoria. Se le añade, además, el audaz calificativo de "histórica". Y todos buscamos vernos maravillosamente reflejados en el espejo de un pasado adecuadamente fabricado para legitimar nuestro presente. Para que todo cuadre. Para ser coherentes. Para imaginarnos que todos los españoles luchamos por la libertad durante la dictadura. Desde la más tierna infancia, desde la cuna. Algo así como unos demócratas de placenta previa, como muchos republicanos de 1931. Así calificó el ministro de la Gobernación en el gobierno provisional de la República -Miguel Maura- a los que se postulaban llenos de tanto radicalismo como republicanismo. Eran republicanos... desde siempre. Merecían, por tanto, ser nombrados gobernadores civiles. Y cobrar la buena mensualidad correspondiente al cargo.

Rascar en el pasado de muchos durante el franquismo revela no pocas sorpresas que, en realidad, son obviedades. Franco murió en la cama y nadie lo arrojó del poder, salvo la muerte. Y todos sabemos que la Muerte entiende la democracia a su manera.

Baste ojear el libro de Jiménez Los Santos y ver lo que este hombre era (y es). Baste analizar el pasado de más de un exministro de la etapa González. Baste saber qué hizo el jóven Josep Piqué. Todos mudaron: de la derecha a la izquierda o a la inversa. Mudanzas que significaron acomodamientos.

Baste recordar la inolvidable oda que Victor Manuel escribió para Franco en 1966. Su título: Ese Gran Hombre. No sé si a la pieza le alcanzará el canon digital, pero no cabe duda de su adhesión inquebrantable a ese gran hombre. Eso sí: preocupación por la paz nunca le ha faltado a Victor Manuel. Ahí quedó.

Hay un país
Que la guerra marcó sin piedad,
Ese país
De cenizas logró resurgir,
Años costó
Su tributo a la guerra pagar,
Hoy consiguió
Que se admire y respete su paz.
No, no conocí
El azote de aquella invasión,
Vivo feliz
En la tierra que aquél levantó,
Gracias le doy
Al gran hombre que supo alejar,
Esa invasión
Que la senda venía a cambiar.

Otros vendrán
Que el camino no habrán de labrar,
Él lo labró
A los otros les toca sembrar.

Otros vendrán
Que el camino más limpio hallarán,
Deben seguir
Por la senda que aquél nos marcó,
No han de ocultar
Hacia el hombre que trajo esta paz,
Su admiración,
Y por favor,
Pido, siga esta paz.


La letra es esta. Si alguien quiere el fichero mp3, puede dejar su e-mail en los comentarios (con permiso del canon). Para escuharla en Youtube con imágenes de imborrable memoria, pulse AQUÍ.

Thursday, February 14, 2008

COMANDO DIXÁN-2

En febrero, de nuevo, otro supuesto grupo de terroristas islámicos ha sido detenido. Esta vez en Vitoria. Están acusadas de realizar operaciones de proselitismo pero sin pruebas de poseer armamento, ni nada que demostrara su intención inmediata de atentar. No obstante el ministro del Interior, Rubalcaba, ha justificado la operación porque de la fe se pasa en poco tiempo a la acción terrorista. No cabe otra cosa que felicitarse por la eficacia de las fuerzas de seguridad.
Ahora bien: ¿en qué se diferencia esta nueva detención de la Operación Lago (ridiculizada como Comando Dixán)? ¿Todo vale ahora y nada valía antes? ¿Por qué ahora, en vísperas electorales, se producen estas detenciones? ¿Cuál es el grado de riesgo al que estamos sometidos por nuestra presencia en Afganistán y nuestra aventura en Líbano (que parece ser que se va a complicar)?
Me alegro, en todo caso, que la actual oposición no haya tachado de racista ni xenófobo al gobierno por haber procedido a estas detenciones. Felicito al gobierno por eficaz y a la oposición por responsable. También felicito al señor Caldera por su silencio.
Ya veremos qué pasa después de todo esto.

Sunday, February 10, 2008

COMANDO DIXÁN

Leo con cierta parsimonia que las ONG, entre otras organizaciones, condenan la propuesta del PP para que los inmigrantes adquieran una serie de compromisos en nuestro país. Entre ellos se cuentan los de integrarse adecuadamente y marcharse de nuestro país si aquí no encuentran lo que vinieron –supuestamente- a buscar: esto es, trabajo. La iniciativa ha sido calificada de inconstitucional y digna de la derecha más extrema (EL MUNDO, 7 de febrero de 2008, p. 8). Cabe pensar en que llegarán tiempos en los que se proponga lo mismo envuelto en ropajes más rosados y, entonces, las izquierdas aplaudirán a manos llenas lo que les parecerá una medida razonable y, sobre todo, social (que esto queda muy bien). Ya ha ocurrido en otros países europeos y nada indica que tengamos que ser una excepción futura en esa sensibilización de la progresía europea acerca de los riesgos sociales de la inmigración.

Que las cosas se juzgan de manera diametralmente distinta si vienen de la derecha o de la izquierda es algo más que corroborado en estos últimos casi cuatro años. Si un presidente de la derecha miente salimos a la calle, protestamos, le cubrimos de insultos y nos permitimos intentar asaltar alguna sede del partido conservador. Eso tiene su punto revolucionario y trasgresor para todos aquellos que sueñan en un cambio del sistema para pasado mañana. Cuando lo hace un presidente de la denominada izquierda no pasa absolutamente nada y, por supuesto, a nadie razonable se le ocurre promover el asalto a sedes de partidos progresistas porque eso no es más que un acto de fascismo evidente. Si un presidente de derechas actúa conforme a las pautas marcadas desde los EE.UU. se le tacha de aliado del Mal Supremo que, como es sabido, siempre viene de Washington o pasa cerca de allí. Si un presidente de izquierdas sigue el dictado del Sinn Féin y sigue manteniendo contactos con la organización terrorista ETA después de que asesinase a dos personas tras despacharse a gusto con los aparcamientos de la T-4 del aeropuerto de Barajas... eso es responsabilidad. Todo por la paz. Total: dos ecuatorianos. Un accidente.

Tras afirmar esto no faltarán los Enric Sopenas que, llenos de indignación por lo expuesto, sostengan con contenida mala sangre argumentos contrarios. Hacerles salir de sus casillas es tan fácil como plantarle un capote rojo a los JimenezlosSantos: un simple gesto y embisten rápido. Será que los “extremos” se tocan o que gozan de un nivel parejo de cultura democrática ejercitada en la tolerancia y el respeto a la opinión del otro.

Lo que no negarán (o no deberían negar) es la conveniencia de que las fuerzas de seguridad del Estado hayan detenido en una operación a un grupo de pakistaníes que, embrionariamente, podían estar preparando un atentado terrorista en España. No se les han encontrado grandes pruebas sobre la posibilidad inmediata de atentar, pero el gobierno los consideró un riesgo. La oposición del PP no ha fustigado al gobierno por ello, embarcado como está en la lucha antiterrorista (doméstica e internacional) hasta los tuétanos. Esto ha ocurrido en enero de este año de gracia de 2008 y todos deberíamos felicitarnos por ello. Pero hace justamente cinco años, en enero de 2003, ocurrió algo muy similar (por no decir calcado) que produjo resultados muy distintos.

Recapitulo muy sintéticamente: en enero de 2003 se puso en marcha la Operación Lago que terminó en la detención de 16 presuntos miembros del Grupo de Partidarios de la Corriente Salafista. Todos insistieron entonces en su inocencia, pero en 2007 la Audiencia Nacional ha condenado a 13 años de prisión a cinco de los entonces presuntos detenidos. Lo grave es que el PSOE en la oposición, mas la cadena SER y otras plataformas (como ciertas ONG) tacharon a la Operación Lago de histeria xenófoba dirigida contra los inmigrantes de origen árabe y rebautizaron la operación policial como Comando Dixán. Sirvió la cosa de cachondeo en el Parlamento y el ahora ministro Jesús Caldera bien que sacó a relucir la inocencia de los materiales incautados (detergente, papillas infantiles, mascarillas para el polvo, ralladuras de coco). No fue el único: otros compañeros de su partido hicieron triste favor a la lucha antiterrorista en España atacando al gobierno conservador poniéndolo en ridículo. Al coro de imprecaciones se unió el inolvidable Iñaki Gabilondo a primera hora de las mañanas (ya muy lejos de la equidad periodística que lució en otros tiempos… el sabrá por qué) y hasta la gala de los premios Goya. Una muestra de aquel clima fue el artículo escrito por Maruja Torres en El País (3 de febrero de 2003) titulado Operación decencia. Todo se politizó con tal de cargarse al gobierno de José María Aznar, incluso la política antiterrorista. Obviamente lo que se rompe así en 2003 sigue roto en 2008. Y las elecciones de 2008, como las de 2004, están en manos de los terroristas. Por activa o por pasiva.

Las ONG de Gerona denunciaron la operación policial porque criminalizaba a todos los inmigrantes. Véase la noticia recogida por El País (29 de enero de 2003) por aquel que esté interesado. A mí me produce, sencillamente, una mezcla de tristeza y asco por el comportamiento de ese tipo de ONG´s. ¿Qué dijeron el 11 de marzo de 2004 esas mismas ONG´s? ¿Qué han dicho el pasado mes de enero cuando se han producido nuevas detenciones?

Por cierto, señor Caldera, una última pregunta para usted con todo el respeto y la consideración a su cargo y lo que representa (porque no deja de ser un ministro de un gobierno de España y, por tanto, de todos los españoles): ¿qué le entra por el cuerpo al rememorar su actuación en el capítulo del comando dixán? ¿por qué ahora no dice lo que entonces dijo, si es que se digna en acordarse?

Se me olvidaba: hay más de un millón de ilegales actualmente en las calles de nuestras ciudades. Vaya preparando ya otra legalización de, por lo menos, 500.000 personas. A la vista de lo benéfica que fue la legalización de 2005 no comprendo como no persevera en esa línea de actuación tan positiva. Sinceramente espero que la cordura vuelva a mi país y la estupidez se tome unas vacaciones indefinidas. Y lo espero de quien es y sea en el futuro gobierno u oposición. Por el bien de todos.

Wednesday, January 16, 2008

DE DIÁLOGOS, MATRIMONIOS E IMPUESTOS

Por el título cabría pensar que andamos preocupados en desvelar las capacidades comunicativas de las parejas y, encima, complicar el asunto con la dimensión económico-administrativa que todo matrimonio –por humilde que sea- comporta. Cualquiera transita semejantes lares. Muchos y muchas reconocen que el diálogo con sus parejas resulta más complicado que las pretensiones de la singularísima alianza de civilizaciones (que, por cierto, sería más correcto hablar de alianza entre culturas pero esto sería otro tema). Nuestro propósito es más sencillo: se trata de analizar algunos de los contenidos de la amplia entrevista realizada por el director del periódico El Mundo –Pedro J. Ramirez- al presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero (publicados el 13 y el 14 de enero de 2008).

Lo primero que llama la atención tras la prolongada lectura de la misma es que el presidente sabe responder a las preguntas de manera harto habilidosa. El entrevistado reconoce que tiene cintura y lo demuestra a raudales. Da la sensación que el presidente ha aprendido mucho en estos cuatro años que le han servido a modo de curso de posgrado en comunicación política. Su política de humos y gestos no ha sido muy exitosa, pero hay que reconocerle una asombrosa capacidad de aprendizaje y un parsimonioso manejo del tiempo que le ha permitido cumplir toda la legislatura con el apoyo de un buen ciclo económico y una sociedad notoriamente adormecida. A la gente al parecer le importa poco que se hayan producido en estos cuatro años desastres ecológicos -con víctimas incluidas-, ataques a nuestras tropas en el exterior (más numerosas que nunca) o que la censura haya vuelto en el terreno de los hechos a RTVE. No pasa nada. ¿Seguirá aún quedando mucha legislatura por delante ahora que se han convocado elecciones para el 9 de marzo de 2008?

Si a alguien le caben dudas sobre las artes de Rodríguez Zapatero no tiene más que leer la citada entrevista. No tienen desperdicio algunas de las preguntas y ciertas respuestas:

P.- ¿Ha intervenido en el nombramiento de Javier de Paz como consejero de Telefónica?
R.- En absoluto.
P.- ¿Le consultó alguien?
R.- Bueno, él me lo dijo. Claro.

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P.- ¿Una legislatura más con usted en La Moncloa significará una legislatura más sin trasvase del Ebro para Valencia y Murcia?
R.- Por supuesto, mantengo que no habrá trasvase del Ebro. El mejor Plan Hidrológico para esa comunidad es la autonomía fruto de la desalación...
P.- Pero el plan de desaladoras se está demostrando insuficiente...
R.- No, no... ¡Pero si tal y como está la situación Cataluña está barajando ir a recoger en barco agua para el consumo a una desaladora de Almería!

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P.- ¿Qué le parece que un gobierno presidido por un socialista, miembro de su Ejecutiva, multe a los comerciantes que no rotulan en catalán?
R.- Yo no he tenido quejas de comerciantes.
P.- No me dirá que no sucede. El propio Gobierno de la Generalitat se jacta de hacerlo.
R.- No digo que no suceda. Lo que digo es que no he tenido quejas.


Estos son tres simples botones de muestra del tono general de la conversación. El presidente se salió de todas, una a una. Obviamente el tema del diálogo-negociación-contactos con ETA ocupó un lugar destacado. Por fin nos hemos enterado que después del atentado mortal de la T-4 continuaron los contactos entre el gobierno y la banda terrorista, aunque el presidente dijera una y otra vez entonces que todos los contactos se habían terminado tras aquel doble asesinato que fue calificado varias veces por él mismo de accidente. Era de crispadores, traidores y antipatriotas pensar que en los meses de enero o febrero el presidente seguía manteniendo contactos. Si alguien se hubiera atrevido a decirlo la flota mediática PRISA-Cadena Ser con la ayuda inestimable de Enric Sopena le habría fustigado hasta el descrédito. Hoy, sin embargo, ya se puede comentar sin temor que hubo contactos (nada de diálogos y menos negociación) después del accidente. Son palabras del presidente.

La pregunta inquietante es saber, de verdad, cuando terminaron definitivamente esos contactos. ¿Fue en marzo?, ¿fue tras la ruptura oficial del alto el fuego?, ¿fue en el otoño de 2007? Los habrá que piensen que ni siquiera han cesado del todo los contactos, pero cabe la resistencia a creerlo. Especialmente doloroso sería enterarnos dentro de un año o de dos que, efectivamente, el contacto jamás se ha interrumpido. Así cobrarían un sentido especial las palabras del ministro de Justicia al anunciar que volverían a darse las condiciones para hablar con ETA en el futuro. Lo dijo en una sesión de control en el Congreso en octubre de 2007 y la cadena Ser recogió sus palabras y sus matices al indicar que esas condiciones volverían a darse en “un futuro en lontananza” (sic). Véase: http://www.cadenaser.com/articulo/espana/Bermejo/matiza/dialogo/ETA/podra/darse/futuro/lontananza/csrcsrpor/20071018csrcsrnac_6/Tes/

En fin, que el que no comprende es porque no quiere entender. Son los empecinados de siempre que, antipatrióticamente, afirman que la economía española no va bien. Si un ex presidente llama antipatriota a alguien saltan rayos y truenos, pero si lo dice el presidente no. Curioso país. Más llamativo es que quien no vota a un solo y determinado partido es sospechoso de ser de extrema derecha porque, como se sabe, esto está lleno de fascistas. Bueno, Moratinos no tuvo empacho en afirmar en su momento que Aznar estuvo detrás de una conspiración golpista para derribar al presidente venezolano Chaves. Con razón, éste no se ha cortado nunca de denominar al ex presidente de “fascista” con reiterada machaconería ante responsables de la política española durante los últimos años. Nunca había pasado nada hasta la última cumbre latinoamericana. Ahora se rajan las vestiduras contra Hugo Chaves los mismos que intentaban venderle armamento hace unos años y se congraciaban de su amistad. Otra curiosidad hispana más.

El presidente tuvo razón al pedir respeto para el ex presidente Aznar ante Hugo Chaves. Pero, ¿le pedimos lo mismo a los actores de cine y políticos que acusan a Aznar de criminal de guerra y que debería ser juzgado por ello? Cosas veredes.

Volviendo a la entrevista, pintoresca resulta la denominación “derecho” a que personas del mismo sexo puedan contraer matrimonio. La polémica sobre matrimonios homosexuales es puro humo que le ha servido al gobierno como útil maniobra de distracción, sabedor que la oposición embestiría como una bestia furiosa. En realidad, lo perverso no es que las uniones se produzcan entre personas del mismo sexo, de sexos distintos o de sexos variados. La cuestión crucial es haber sabido vender el matrimonio como un derecho. Cuando pasen unos años los recién ingresados en el club de los casados y casadas se percatarán de los efectos colaterales de contraer matrimonio. La prueba está en que somos el país de la UE con mayor número de divorcios y todavía seguimos contando infantilmente el número de casamientos entre homosexuales. ¿No se dan cuenta que, al final, un porcentaje similar de matrimonios – heteros u homos - terminarán en divorcio? Y el porcentaje no es bajo. Nos vamos aproximando al 50% en los últimos años para alegrías de procuradores, abogados, modistos y propietarios de salas de banquetes. No parece muy beneficioso ese derecho a la vista de cómo sale huyendo el personal de esa máquina trituradora que es la institución matrimonial. Tras las firmas de rigor, una boda se convierte de una especie de iniciativa empresarial muy tentadora para todos aquellos y aquellas que buscan hacer negocio con los malabarismos del amor. Los hay y las hay que van al asunto verdaderamente enamorados, pero los hay y las hay que se casan simplemente por hacer un buen negocio con la separación, acaparando lo más posible para llorar lágrimas de victimismo después. Y eso es pura naturaleza humana o, al menos, de ciertos seres humanos que están repartidos más o menos igual entre heteros, homos, bi o trans. El matrimonio no deja de ser algo parecido a la feria de Valverde: quien más pone, más pierde. Y esto no tiene nada que ver con sexos. El problema de no es la condición sexual de cada uno... el problema es el matrimonio. O las denominadas parejas de hecho que se registran en el mismo patíbulo de las firmitas pero sin el glamour de una boda de traje blanco.

El estado tampoco se queda atrás fisgoneando quién está casado con quien a la hora de pagar impuestos. En los impresos del IRPF hay que hacer constar el nombre del cónyuge y medio declarar si uno es católico o no a la hora de marcar las casillas de destino de nuestros impulsos solidarios. Puro respeto a la intimidad, vamos. Los mismos impuestos que todos los gobiernos bajan pero juran tener más gasto social que el otro. Lo dice Rodríguez Zapatero en su entrevista acerca de la rebaja de impuestos: “Son 3.500 millones de euros que se han quedado en los bolsillos de los ciudadanos. Y otros 3.000 del Impuesto de Sociedades. Y al mismo tiempo hemos reducido la deuda, que es lo primero que se mira de un país, lo primero que miran los inversores, hasta un 34% del PIB”.

¡Qué lejos quedan los días de la primavera de 1996! ¿Se acuerdan? El primer gobierno Aznar prometió rebajar los impuestos y sanear nuestra economía sin merma en el gasto público. Le dijeron de todo, casi ya mentándole a la madre. Ahora, por lo visto, ya sabemos que se pueden reducir impuestos y simultáneamente aumentar el gasto porque la cifra de lo recaudado, siempre que se aumente la riqueza y el número de empresas y trabajadores, puede crecer. Gracias, presidente. De verdad. Gracias por aprender. No olvide que todos los días aprendemos algo nuevo.

Por cierto: le dejo constancia de una noticia de la vecina Francia.

“La población francesa alcanzó los 63.753 millones de habitantes y, por primera vez, los nacimientos fuera del matrimonio son mayoría, indicó hoy un censo realizado en 2007 por el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos de Francia (INSEE). Según el INSEE, los hijos nacidos de personas que no han contraído matrimonio representan el 50,5 por ciento frente al 48,4 registrado en 2006.”

Quizás podamos alcanzarles en términos de PIB (que lo dudo), pero nos queda un trecho para que nuestra idiosincrasia se impregne de un poquito de su culture.

Tuesday, January 08, 2008

UNA REFLEXIÓN DE HERMANN TERTSCH

En ocasiones nos topamos con algún escrito que llama nuestra atención. En una reciente tercera del periódico ABC -cinco de enero de dos mil ocho- el periodista Hermann Tertsch consignó una serie de reflexiones en torno al comunista yugoslavo Milovan Djilas y su posterior arrepentimiento plasmado en su libro La nueva clase, publicado en los años cincuenta. En el último párrafo de su artículo Tertsch afirma:

Ahora, casi veinte años después de la caída del muro de Berlín, vuelven a ser muchos los que consideran que la libertad, la propiedad y la democracia -sin adjetivos- son valores relativos y subordinables a nuevos planes de experimentación social y transformación del individuo. Y no se trata sólo de profesores españoles o cubanos asalariados de Hugo Chávez, populistas indigenistas o entusiastas del castrismo. Cuando dirigentes izquierdistas europeos como Oskar Lafontaine declara pletórico en Madrid que las posibilidades de la izquierda aumentan porque "entre la juventud hay más antiamericanismo que anticomunismo", es que la deriva va más allá de la confusión moral y política del sectarismo y la radicalidad izquierdista que se ha adueñado del socialismo en España. Esta involución de la izquierda hacia el abandono de la socialdemocracia y la reinvención de la felicidad colectiva y de la imposición de una "justicia" superior a la del Estado de Derecho es uno de los fenómenos más graves en la cultura política occidental actual. Son aliados objetivos de los enemigos internos y externos de la sociedad abierta. Las tentaciones de reintentar fórmulas coactivas en aras del supuesto progreso deberían evocar a los demócratas aquella frase de Sigmund Freud, poco antes de huir de los nazis a Londres, que escribía desolado en Viena en 1938: "el progreso parece haberse aliado con la barbarie". Son muchos los que quieren reinventar la historia del siglo XX. Con la misma osadía con que, por cierto, algunos quieren reinventar en España la historia de esta malhadada legislatura. La pérdida de la memoria es el salto decisivo a la pérdida de la libertad. No hace falta leer "1984" de George Orwell para saberlo. Por ello, es necesario recordar con gratitud a quienes desde el pasado nos ayudan a mantener viva la memoria frente al asalto de la mentira.

Thursday, December 27, 2007

OTRO SOCIALISMO ES POSIBLE

“Otro mundo es posible” reza un eslogan compartido por muchos. Lo alternativo, la otra visión de las cosas suele despertar atracción en los más inquietos. Es como un imán. De entrada, imaginamos como prometedor el reverso de un anverso que nos desagrada. Lo soñado frente a lo real; la fantasía frente a lo prosaico; el perfecto ideal frente a las miserias de lo cotidiano. Es tentador plantear “lo otro”, pero más complejo es precisarlo y dotarlo de unos perfiles que hagan a ese “otro” viable y capaz de mejorar lo que ya conocemos. Muchos querrían cambiar el mundo. El problema es cómo y hacia qué dirección efectuaremos esa mutación.

Muchos “otros” caben ser formulados: “otra política es posible”, “otro modelo de distribución de recursos es posible”, “otro modelo social es posible”, “otra preservación del medio es posible”, “otra pedagogía es posible”… Pueden surgir como hongos este tipo de propuestas hasta el infinito. Casi diríamos que son capaces de aflorar con tanta intensidad como indefinición en sus propuestas. El acompañante del verbo siempre es “posible”; nunca es “viable” o “factible”. Francamente, no defiendo yo a estas alturas alternativas que no considere razonablemente viables y manifiestamente mejores que lo establecido. Es obvio que los riesgos son inherentes a las vidas que merecen ser vividas. Pero los riesgos calculados no son compañeros de aventuras de resultados inciertos.

Tras el descrédito en el que cayó el felipismo sepultado por los casos de corrupción vino el aznarato que fue víctima, a su vez, de unas formas que le traicionaron. La salvación final, la suprema meta a la que muchos creyeron llegar, vino de la mano del nuevo presidente José Luis Rodríguez Zapatero. La presunta “pureza” había llegado a la política de la nación. Hombre de escaso currículo político más allá de ser un oscuro diputado del botón quedó convertido en presidente tras un vuelco electoral en las urnas directamente vinculado a los acontecimientos que mediaron entre el 11 y el 14 de marzo de 2004. La ilusión y la esperanza renacieron en muchos, atraídos por la juventud y frescura de un candidato que suplía su evidente falta de experiencia con frases audaces que, en un principio, dejaron boquiabiertos a propios y extraños. Recuerden: “el poder no me va a cambiar”. Nadie se percató –al menos aparentemente- de que los grandes vencedores del 14-M fueron los terroristas.

Unos aún se tenían que lamer sus heridas (el PP), mientras otros se aprestaban a recuperar el poder tras ocho años de hibernación (el PSOE). Pocos fueron conscientes entonces del tren que estábamos tomando y, aún hoy, son muchos los que no quieren darse cuenta de nuestro rumbo enrocados en una testarudez ignorante o en un tribalismo ideológico que creíamos erradicado. Todo lo que ha mediado entre la frase citada en el párrafo anterior y la pronunciada el pasado 29 de diciembre (“estamos mejor que hace cinco años y mejor que hace un año”, sin olvidar añadir el certero pronóstico: “dentro de un año estaremos mejor que hoy”) merece cierta reflexión.

No parece muy aventurado pensar que el atentado del pasado 30 de diciembre en la terminal 4 del aeropuerto de Barajas marcará una divisoria en esta legislatura que comenzó en la primavera de 2004. O, al menos, así debería ser porque el balance de la trayectoria seguida en esta treintena de meses muestra brillos tan opacos como inquietantes. Durante todo este tiempo, una minoría –creciente, pero minoría al fin y al cabo- se ha mostrado crítica con la dirección que estaba imprimiendo al país el presidente del gobierno. Pero aún resulta más sorprendente comprobar la infinita indulgencia que le ha brindado la mayor parte del país en forma de silencio o acrítica condescendencia. Obviamente, la buena marcha de la economía ha favorecido –y lo sigue haciendo- la desactivación de gran parte de la sociedad civil a golpe de consumo o anomia.

No será fácil explicar dentro de unos años cómo se ha esfumado la política europea de España. Si Felipe González representó la entrada y consolidación del recién llegado al club europeo, Aznar supo situar a España en una posición de liderazgo relativo en los Consejos de Ámsterdam y Niza. Ese liderazgo, hoy por hoy, se ha perdido tras el bienio 2004-2006. No hay constancia de unas peores relaciones con Estados Unidos o Israel desde hace muchos años, derivadas de la violación de la primera promesa electoral (retirar las tropas de Irak después del 30 de junio) o de una política de gestos pro-palestinos pintoresca en un dirigente europeo occidental. Nadie ha pestañeado lo más mínimo cuando se han quemado más de 80.000 hectáreas en Galicia y nadie ha dicho nada cuando la imprevisión del gobierno gallego dejó las cenizas a disposición de las primeras lluvias que arrastrarían el fango hasta la costa asolando peces y mariscos. No ha habido movilizaciones ni “nunca mais”. El incendio de Guadalajara –con sus once muertos- va camino de desaparecer de la memoria, mientras hay quien aún insiste en el desastre del Prestige (que, ciertamente, fue un desastre, pero que no se cobró vidas humanas). El edificio Windsor se quemó por un cigarrillo y así quedó. A nuestros soldados no les atacan por lo visto en el exterior y si muere alguno se subraya que era peruano. Diecisiete soldados murieron en Afganistán porque sus helicópteros se desplomaron. Cosas de los “accidentes”. A finales de enero de 2007 han ametrallado de nuevo helicópteros españoles en Afganistán. Nadie dice nada; bueno, el ministro Alonso dice que es un “incidente menor”.

Eso sí, Solbes ha sabido mantener –por fortuna- una política económica calcada de su predecesor y, junto con Bono y Aguilar, ha representado lo más sensato del gobierno. Pero para compensar había que hacer gestos a la galería: acabar con el maldito vicio del tabaco (se habló hasta de conflicto civil por esta cuestión baladí), la legalización de los matrimonios homosexuales (recurso no utilizado en masa porque cualquier esclarecido sabe que la primera causa de separación es el matrimonio, institución convertida en negocio para quien nunca amó a nadie) o el cacareado carnet por puntos (por lo visto, la redención suprema de nuestros accidentes). Más grave fue la legalización unilateral de cientos de miles de inmigrantes ilegales a pecho descubierto y desafiando a propios y extraños bajo la bandera de la solidaridad y la Alianza de Civilizaciones. Luego, claro, vinieron unas decenas de miles a Canarias y el gobierno se sintió acorralado y buscó cobijo en la Europa que decían defender. La misma Europa que le puso la cara colorada al gobierno español en Madrid y en Helsinki. Recuerdo aún el patético e infantil referéndum sobre la Constitución europea de comienzos de 2005. Y toda esa precipitación porque difundieron la especie de que Aznar no era europeísta por haber defendido el statu quo de Niza con claridad y liderazgo. El cinismo no quedó ahí: Rubalcaba se permite despreciar con ironía las “opiniones” del “ex presidente” Felipe González. Veremos si todos los artículos del estatuto catalán son acordes con la Constitución de 1978. Y suma y sigue.

Lo de la Alianza de Civilizaciones puso a prueba la capacidad de los españoles para comulgar con ruedas de molino. Soy el primero que reconozco la capacidad de Rodríguez Zapatero para hacer de don Quijote y la de buena parte de los españoles para hacer de Rocinante. Este producto típico español en botella con decoración turca se parece bastante a emprenderla con los molinos de viento confundiéndolos con gigantes. Pocas veces se verá tamaña ingenuidad, ni vender aire en un envoltorio tan bonito como el de la paz y la natural cooperación entre todos los hombres y naciones del mundo. Eso es un deseo compartido por tantos que no es imposible que esté al alcance de la humanidad algún día. Pero de lo que estoy seguro es que la pacificación y armonía entre las civilizaciones del planeta tierra no va a venir de la mano de Rodríguez Zapatero.

La cantidad de actos frívolos perpetrados en dos años ha sido tal que la densidad de la estupidez ha sido insoportable. Uno llegaba a preguntarse si esto era toda la alternativa que tenía el socialismo español al programa del PP. Yo, sinceramente, creo que no. Creo que las siglas socialistas dan para mucho más y, desde luego, no cuadran bien con todo esto. Otra cosa es que el candidato que el PSOE presentó en 2004 estaba cooptado para perder, no para ganar. Y mucho menos para hacer del PSOE un “nuevo” partido fidelizado a su figura bajo unos modos que recuerdan disciplinas de secta y silencios de corderos. El presidente marca la luz y su guía es incuestionable. “Confiad en mí” les espetó a sus ministros/apóstoles sobre la negociación del estatuto catalán; meses más tarde elegiría a su candidato para la alcaldía de Madrid pasándose por el forro al partido; luego vendría su adhesión mesiánica al denominado “proceso de paz”, convirtiendo al terrorismo en una guerra regular y al terrorista en un interlocutor válido como soldado que propone llegar a la paz mediante la rendición del otro. El asesino dejó de serlo para ser un proponente de la paz. El problema lo representaban las incómodas víctimas, muy especialmente a lo largo de 2006. Molestaban las víctimas y quienes seguían llamando al asesino etarra “asesino”, con todas las letras. Ahí estaban Bono, Rosa Díez o Gotzone Mora… y muchos otros socialistas, además de millones de españoles. En la manifestación contra ETA celebrada en Sevilla en octubre de 2006 sólo habló una política en activo: la citada socialista Gotzone Mora.

La utilización partidista del terrorismo va a suponer una grave amenaza para nuestro sistema democrático si no le ponemos remedio. Y por utilización partidista no me refiero al firme combate contra la organización criminal (como hicieron todos los presidentes anteriores). Me refiero a buscar la paz por métodos indeterminados aspirando a convertirse en el salvador del país creyendo asegurarse, de ese modo, las elecciones hasta la jubilación voluntaria y, desde luego, un lugar en los libros de historia contemporánea de España (o lo que quedase de ella). Las sorprendentes ingenuidades sin límite han jalonado la escena pública española a lo largo del año 2006. Inquietaba comprobar que lo que uno pensaba era justo lo opuesto a lo que decía el presidente del gobierno. Llegaba uno a barruntar en la soledad si la equivocación no estaba de su lado, puesto que al presidente se le supone una información privilegiada y debía saber con precisión qué se cocía. Dolía especialmente contemplar que uno de los dos partidos que deberían sostener el sistema (el PSOE) se distanciaba de un modelo bipartidista para confeccionar un escenario unipartidista a su medida. Con su jugueteo con ETA y la paz añorada, el PP tendrá que sacar mayoría absoluta para gobernar de nuevo. Al PSOE –y, sobre todo, a Zapatero- le bastaba no quedar muy mal y sostener alianzas con la izquierda y los nacionalistas para mantenerse en el poder incluso aunque no quedase vencedor en las urnas. Total, la gente había tragado con Montilla en Cataluña y con Pérez Touriño en Galicia que, como se sabe, no son dos grandes seductores de urnas. ¿Qué impide a Zapatero ser eterno en La Moncloa siempre que el PP no obtenga mayoría absoluta? En los mensajes del presidente no se contiene ni la más leve referencia a la caducidad de su(s) mandato(s). Por algo será.

Pese a los posibles “beneficios” que para algunos pudieran reportar decenios de zapaterismo, ni todos los miembros del gobierno han secundado la andadura peculiar del presidente, ni siquiera la cadena Ser o la Cuatro se las prometían felices con los planes de fantasía emanados de La Moncloa… hasta destacados miembros de la inteligencia española presentaron su dimisión poco antes de los atentados de fin de año a la vista del poco caso que se hacía de la información elaborada para la Presidencia del Gobierno. Hoy sabemos que las confianzas del presidente carecían por completo de fundamento y, sin embargo, se amarró a ellas porque de las mismas dependían (y dependen aún hoy) sus intereses. Su espantada de fin de año y su negativa a decir claramente que el proceso había terminado, su recalificación de los atentados como “accidentes” (en varias ocasiones), su tardanza en llegar al lugar del atentado, el viaje de la vicepresidenta a Suiza a las pocas horas y el dejar a Rubalcaba la responsabilidad de dar la cara son detalles que dan el perfecto calibre de la debilidad de una estrategia mal diseñada y gestionada con un voluntarismo difícil de encontrar en un parvulario. Personalmente, no dejó de recordarme a la otra “desaparición” de Aznar tras el 11-M dejando a Angel Acebes con todo el peso de la situación. La diferencia es que, en esta ocasión, no hubo manifestaciones masivas en la calle ni intentos de asaltos generalizados contra las sedes del PSOE. Los responsables de los asesinatos del 30 de diciembre y del 11-M fueron los terroristas. Ni Zapatero ni Aznar, respectivamente, fueron los culpables. Es bueno insistir en esto porque ahí radica la perversión de la que no hemos salido aún.

La cosa ha sido grave y de ello nos dimos cuenta los que recibimos en nuestros teléfonos móviles el siguiente mensaje: "Todos con el presidente y por el proceso de paz. En mi nombre, sí. Pásalo". Rosa Montero también lo recibió y redactó un certero artículo en El País (9 de enero de 2007) que suscribo por completo. Como dice la articulista, sí, ese mensaje lo podía haber escrito el mismísimo Otegi. Pero lo curioso era la actitud ciega y acrítica del mensaje: con el presidente como sea, aunque se haya equivocado de medio a medio hay que seguir en el empecinamiento del error. Algo así como haber escrito otro SMS el 11-M que hubiera rezado: todos con Aznar…Aunque es bien sabido que aquel presidente que limitó voluntariamente a ocho años sus mandatos no tiene a su lado las redes del SMS.

El principal obstáculo, curiosamente, no ha sido una oposición popular irresistible a estos planes. El tropezón de Rodríguez Zapatero se lo ha propinado la organización terrorista ETA, cosa más que esperable visto desde dentro y desde fuera de España. O, en otras palabras, quien ha despejado tantas veladuras de simpleza ha sido la banda terrorista ETA. Ha dejado bien claro quién tiene la iniciativa y quién maneja los tiempos, quién tiene la sagacidad y quién la estrategia bien diseñada. Los terroristas estaban muy tocados tras el paso de Aznar por la presidencia del gobierno. Necesitaban tiempo para reorganizarse y un presidente que no los persiguiera internacionalmente más allá de Europa. Todo eso se lo puso en bandeja Rodríguez Zapatero. Consciente o inconscientemente es una cuestión en la que no voy a entrar, como tampoco tengo la respuesta a si ETA sabía o no el 10 de marzo de 2004 lo que iba a ocurrir al día siguiente (esto nada tiene que ver con la hispánica polémica en torno a la autoría de la masacre: hablo de información, no de autoría). Todo lo demás vino sólo: los robos de armas, los zulos, la evidente reorganización de la actividad subversiva con la “kale borroka” como aperitivo… y el presidente ni se inmutaba, ni suspendía las conversaciones, ya fuesen en Oslo, Ginebra o Ankara. Espero que semejante esperpento valleinclanesco tardaremos tiempo en verlo de nuevo o, por lo visto, deseamos que tarden mucho en repetirse tales desmanes. El presidente ha manifestado que las conversaciones y el proceso están liquidados. Espero, por tanto, que no acepte nuevas conversaciones en el futuro. No cabe añadir más: todo el mundo conoce la diferencia entre la verdad y la mentira.

Ya sabemos que la culpa de todo la tenía el PP, al que había que dejar sólo y aislado porque no se sumaba al barco de la mayoría (parlamentaria, claro). Sobre todo, lo importante era advertir que, aunque se sumase, había que seguir dejándolo sólo de alguna manera porque ahí radicaba la estrategia. El bipartidismo y el consenso era cosa del pasado, de la transición. Ahora tocaba que media España siempre fuese la que gobernase a la otra media en debida alianza con los nacionalismos a precio tasado. O el PP ganaba por mayoría absoluta o no gobernaría nunca. Incluso si así llegaba a gobernar algún día, podría crearse la imagen de un gobierno absoluto y derechista que había que derribar con presión callejera y pancartas. Lo mismo que se hizo entre el 2000 y el 2004, años en los que la legitimidad parlamentaria no significaba nada para aquellos mismos que llevan más de dos años alardeando de la soberanía (sic) del Congreso actual.

En suma: dos son los graves problemas que pesan sobre España. En primer lugar, la ruptura del bipartidismo y de los grandes acuerdos entre los dos principales partidos a favor de un PSOE que se ha escorado hacia alianzas con nacionalismos minoritarios con los que mantener alejado del poder al PP, incluso aunque éste ganase las elecciones por mayoría relativa. En segundo, el terrorismo (llámese doméstico o internacional) ha marcado y va a seguir marcando, si no se pone coto a las simplezas, las citas electorales y la evolución política de España a corto y medio plazo. Naturalmente, la manera más rápida de resolver un problema es negando su existencia y no faltan los que niegan los dos problemas anteriores. Suelen ser los mismos que creían que el problema de ETA ya era cosa del pasado gracias a su adecuada canalización dentro del denominado “proceso de paz”. Por escuchar, uno ha llegado a escuchar a un supuesto especialista en relaciones internacionales que Aznar había roto con la tradicional política exterior española y que Zapatero había vuelto a la línea habitual en Exteriores. Fino análisis.

Lo de arrinconar al PP a la trinchera enemiga quiebra la estabilidad del estado al que los dos partidos deben servir. No funciona un sistema democrático con un régimen de partido único, por más que se les prometan carteras ministeriales a los nacionalistas (los que, por cierto, no rechazaran el encargo de ser ministros de una nación que no consideran la suya porque poderosos caballeros son el poder y el dinero). Es una maniobra tan suicida como condenar al PSOE a la eterna oposición. Eso, al final, no termina bien y probablemente paguen los platos rotos muchos españoles que aún no han nacido todavía. Se entiende, por supuesto, que ese entendimiento en lo esencial no resta debate ni controversia a la pugna entre los dos grandes partidos. Se puede discutir de todo excepto de lo que conformaría una especie de Common Law a la española. Hay líneas rojas en el debate y dentro de ellas deben quedar elementos fundamentales como el sentido de una reforma constitucional, la organización territorial del Estado, la política exterior, la política de defensa y el terrorismo, por poner algunos ejemplos.

Roto ese pacto entre los dos grandes partidos, ETA ha aprovechado para sembrar la discordia entre los españoles para sorpresa de propios y extraños. Aún están asombrados en buena parte del Parlamento Europeo por la ingenua obstinación con la que el gobierno español pedía su apoyo para negociar con ETA. La simpleza de Rodríguez Zapatero la ha puesto también de manifiesto Felipe González al afirmar que no se puede hacer frente al terrorismo sin un plan B. Rubalcaba, que para eso le pagan y le queman, ha salido al paso diciendo que tenían un plan B y C. Mayor tontería no se puede decir cuando es obvio que lo dejaron sólo durante unos días para que tapase los agujeros de la nave que zozobraba. Que no le dé Rubalcaba muchas pistas a ETA porque, tal y como están las cosas, quizás le pongan a prueba para demostrar en qué consistían sus otros planes alternativos. No, el enemigo no es ni Felipe González, ni el PP. El enemigo es ETA, está reforzada y tiene la iniciativa de las jugadas.

ETA sabe que una campaña intensa de atentados minará sin remedio al presidente y al gobierno, precipitando probablemente el adelanto de elecciones. El gobierno no desconoce esto y, por ello, no da por definitivamente cerrado el restablecimiento de posibles contactos aunque este “proceso” pasado haya concluido. Pueden ser contactos mínimos para hacerle creer a ETA que puede obtener algo ahora aunque, en realidad, se busque ganar tiempo para conseguir una cierta victoria en las próximas elecciones. El gobierno está convencido de que ETA no se moverá en exceso porque ello le daría la victoria al PP y entonces la organización terrorista no tendría ninguna oportunidad de negociar. Pero este argumento tiene dos debilidades: 1º) no está tan claro que los sufragios suban tanto para el PP como para conseguir la mayoría absoluta en medio de una oleada de atentados; 2º) tampoco es imposible que, sin Rodríguez Zapatero, se planteen otras negociaciones con unos parámetros mas claros (entre ellos la entrega de armas que una organización terrorista puede realizar si ha sido duramente castigada con anterioridad). A Rodríguez Zapatero, desde luego, no le van a prometer la entrega de armas porque saben que tienen mucho margen para negociar con él. En otras palabras, el presidente tendrá que darle algo tangible y sustancial a ETA meses antes de las elecciones (como “aperitivo” a lo que tendrá que darle después) o habrá atentados más o menos selectivos. La cuestión es si puede, dentro de la ley, dar algo sustancial.

En esas circunstancias habrá un “baile” más o menos ficticio en el que las detenciones de terroristas no serán gravosas para ETA (véanse las detenciones parciales de los cachorros de Jarrai, Segi y demás). Lo importante es que el gobierno no toque las redes de extorsión y las redes de financiación exterior de “ETA, S.A.”. Mientras, la banda cometerá atentados que sean asumibles por el crédito del presidente siempre que quiera mantenerlo en el poder. La escalada irá en ascenso si no se consigue convencer a ETA de que se le ofrecerá algo importante y en la medida en que el tiempo apremie. Total: no hay ningún indicio que apunte a favor de una salida airosa en este problema de seguir por este camino. Vale la pena reflexionar sobre las palabras del presidente pronunciadas a comienzos de febrero de 2007 con motivo del acto de celebración del número 100 de la revista La Aventura de la Historia:

“… he reiterado mi voluntad de dedicar todo mi esfuerzo, mi capacidad y mi decisión a poner fin al terrorismo. Me siento, y esto es lo importante, obligado a hacerlo”.

Obligado a hacerlo. Y eso es lo importante. Sólo el futuro desvelará el posible alcance de estas palabras que han pasado demasiado inadvertidas.

¿Hay solución? Sí, si se cambia de estrategia a favor de un socialismo más acorde con el país y el continente en el que estamos. Con el mismo presidente o con otro, el PSOE puede completar al menos otra legislatura más con menos crispación y más entendimiento con el PP y con los nacionalismos moderados. A la vista de cómo están las cosas, hay que volver al Pacto Antiterrorista del año 2000 con muy ligeras modificaciones pactadas por los dos grandes partidos. Dicho esfuerzo debe venir acompañado de una seria rectificación de nuestra política exterior, en especial con los Estados Unidos e Israel (viaje oficial del presidente incluido). Habrá que estrechar relaciones con otros países del Magreb (no sólo con Marruecos) porque tampoco estamos a salvo de otro salvaje atentado de origen islámico con connotaciones “domésticas” (y éste es un punto muy importante a tener en cuenta). El momento crítico que está atravesando la UE resulta idóneo para recuperar siquiera una parte del liderazgo en Europa que quedó absurdamente abandonado. Tendremos que realizar arduos esfuerzos para reforzar nuestros compromisos internacionales y demostrar que somos capaces de acometerlos y de que somos unos socios fiables. Las medias tintas no engañan a nadie: la cumbre de ministros de defensa de la OTAN a celebrar en Sevilla (febrero de 2007) no persigue precisamente la paz de la Alianza de Civilizaciones (entre otros puntos pretende un incremento de presencia en Afganistán).

Estas medidas no afectarán a la buena marcha de nuestra economía y pueden amortiguarla de algún golpe que se vislumbra a medio plazo. ¿Tiene costes esta rectificación? Sin duda, significarán cambios en la cúpula de los socialistas catalanes (ya les viene de camino lo del estatuto catalán) y tal vez de los vascos (los gallegos sabrán acomodarse). Los de Ferraz sabrán hacer lo que diga el presidente y si éste tira por la senda de la sensatez, tanto mejor. Con esta rectificación, además, el PP pierde algunos de sus argumentos más poderosos (la lucha contra ETA, la desintegración nacionalista de España) y vería esfumadas sus posibilidades de triunfo en la próxima convocatoria. ETA, desde luego, mataría, pero con el mismo esfuerzo que se realizó entre el 2000 y 2004, quedaría de nuevo arrodillada y ese sí sería un momento para invitarla a la entrega de armas y los posteriores diálogos.

No terminarán los problemas porque siempre los hay y son propios de toda existencia. Pero si seguimos una receta razonable terminaremos con una grave y creciente inestabilidad que podrá ser muy peligrosa en el porvenir. Los gobiernos españoles han de transitar entre el PSOE y el PP si queremos que España siga existiendo. El poder ha cambiado a todos los hombres que han pasado por él. A algunos para bien, a muchos para regular y a no pocos para mal. Pero el poder cambia, sin duda, porque nos cambia hasta el tiempo durante el que estamos en él. Si los cambios conducen a que el terrorismo no tenga el inmenso poder que tiene hoy día, celebremos los cambios. De sabios es rectificar. Señor presidente, no tenga miedo de que el poder le cambie. Otro socialismo es posible.

MEMORIA, HISTORIA Y "MEMORIA HISTÓRICA"

Es sabido que el tema de la guerra civil y sus inmediatas consecuencias en la dura posguerra autárquica han recobrado presencia en la opinión pública española desde los primeros años del siglo XXI. Conforme nos aproximábamos a la conmemoración de los 75 años del nacimiento de la Segunda República (1931) y del septuagésimo aniversario del comienzo de la guerra civil (1936), hemos asistido a una proliferación de jornadas, seminarios, congresos, manifiestos y declaraciones públicas en torno a lo que se ha venido denominando “la recuperación de la memoria histórica”. No somos el único país que ha revisado su pasado desenterrando aspectos olvidados u ocultados (léase alemanes con el nazismo, rusos con el comunismo o franceses con el conflicto de Argelia). En el caso español –y ello parece obvio- el contexto en el que se ha producido esa relectura de la guerra ha desempeñado un papel determinante. De ese entorno caben destacarse el relevo generacional que ha plasmado su huella hasta en los propios partidos (nuestros dirigentes son ya los nietos de los que hicieron la guerra) y, muy especialmente, la presencia de un gobierno conservador por mayoría absoluta desde el año 2000 seguido de otro -socialista- tras las controvertidas elecciones de marzo de 2004.

El proceso de esta recuperación de la memoria ya comenzó bajo el segundo gobierno de José María Aznar. La mayoría absoluta del Partido Popular (PP) condujo a los restantes grupos de la cámara –encabezados por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE)- al acaudillamiento de las más diversas banderas con tal de desgastar al gobierno bajo el objetivo mínimo de que el PP obtuviera mayoría relativa en las elecciones de 2004. Todo un órdago para Aznar fue la propuesta que le lanzaron sobre la condena del régimen de Franco y la necesidad de reparar a todas las víctimas de la violencia. El reto fue gestionado por el presidente con prudencia e inteligencia al aceptar la propuesta, pese a las más que probables reticencias de una parte de sus votantes. El 20 de noviembre de 2002 todos los grupos aprobaron la iniciativa en el Congreso. El entonces presidente del gobierno tenía otras preocupaciones (su aproximación a los EE.UU tras los atentados del 11-S o el problema del Prestige, por poner dos ejemplos) y creyó haber pasado página de la historia ganándole, de paso, la mano a la oposición. Hoy sabemos que no sería así.

La pérdida de fuelle de la causa “histórica” (condena del franquismo) hubo de ser cubierta de inmediato con otras de mayor rédito electoral. El “Nunca Mais” del Prestige se engarzó con la campaña contra la guerra de Irak mientras el gobierno perdía reflejos pese a las resoluciones 1483 y 1511 de la ONU (que llevaron hasta a los Países Bajos a presentar en Irak más de 1.200 hombres siendo la tercera fuerza presente en el país por delante de España y detrás de Gran Bretaña) o pese a las ayudas otorgadas a Galicia (las mismas que, por cierto, no llegarán ahora a esa región tras los incendios del verano de 2006 y la catastrófica escorrentía de las lluvias de este último otoño). La oposición se desmelenó hasta tal punto que el diputado José Antonio Labordeta mandó textualmente a la mierda al grupo popular en el Congreso mientras hacía uso de la palabra desde la tribuna. No recuerdo que ningún diputado, desde la mismísima tribuna parlamentaria, tuviera nunca semejante comportamiento aunque es sabido que la memoria flaquea cuando no juega a ser nuestra fiel traicionera. El caso es que Labordeta quedó bien; su intervención fue un toque chic de la heterogénea gauche hispánica. Imagínense si de la boca de cualquier líder de la derecha se hubieran desprendido tales descalificaciones contra la izquierda.

Como todavía Aznar seguía en Moncloa, el asunto de la “memoria histórica” volvió a surgir como herramienta de la estrategia de confrontación que caracterizó a las comunidades gobernadas por el PSOE. Para que no quedasen dudas, en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA de 9 de diciembre de 2003) se publicó el decreto 334 que llegó a definir lo que significaba “memoria histórica”. Léanselo. Por simplificar puedo adelantarles que el concepto remite a la restitución pública y moral de los derrotados en la guerra civil 1936-1939 “y los años siguientes” (sic).

Por supuesto, todo esto quedó en un más que segundo plano cuando llegó el 11-M, el 14-M y los resultados consiguientes. Pocas veces se ha visto a un gobierno más paralizado, incapaz de transmitir credibilidad y falto de autoridad en una situación de grave crisis. Como sorprendente fue la actitud de la oposición que, indignada, culpabilizó a Aznar y al gobierno de lo que había pasado por la guerra de Irak. De ahí se lanzó al control de las calles y al acoso de las sedes del PP. El común ataque a toda España debía haber unido a los españoles. Sin embargo, aquí no ocurrió lo mismo que en Nueva York en septiembre de 2001 o en Londres en julio de 2005. El 11-M dividió a los españoles y produjo una fractura nacional de tal magnitud que veremos qué consecuencias tendrá en el futuro a medio y largo plazo. Quienes idearon y planificaron los atentados del 11-M, sin duda, sabían muy bien lo que se hacían. El vuelco electoral fue tan traumático que años después unos pretenden mantener la memoria de lo que ocurrió insistiendo en la necesidad de profundizar en las investigaciones, mientras otros aspiran al olvido enterrando la memoria y dando el caso por cerrado.

Parece pues más que evidente que la memoria no es un asunto aséptico ni neutro. Rememorar a las víctimas del terrorismo etarra ha llegado a ser hasta políticamente incorrecto para aquellos que confían en el denominado “proceso de paz”. La mera contemplación de los cadáveres en los trenes que se dirigían hacia Atocha es, para unos, exponente de las mentiras de Aznar y, para otros, producto de una oscura conjura pendiente de esclarecer. Del mismo modo, pretender que la guerra civil sea el campo exclusivo de una sola memoria susceptible de ser recuperada como si fuese un tesoro lleno de valor, objetivo e inmutable que ha sido olvidado por el ocultamiento de las nieblas del tiempo y del franquismo, parece algo –como mínimo- cuestionable. Hubo una memoria histórica franquista antes de 1975, como se desplegaron olvidos velados después y últimamente se ensaya la construcción de otra memoria, esta vez de signo opuesto. La historia se encuentra en otro campo; de hecho, los historiadores –salvo excepciones- fueron críticos con la versión oficial franquista, como fueron ajenos a los olvidos de la transición y, hoy día, mantienen las formas ante esta resurrección de la nueva memoria oficial (aunque, puede suponerse, también hay excepciones).

Naturalmente, pocos podrán poner reparos a los aspectos positivos que tienen todas aquellas iniciativas que pretenden recuperar datos y aspectos del pasado que, además de enriquecer nuestra historia, aspiran a hacer justicia con los derrotados de la guerra y los olvidados del tiempo. Pero cosa bien distinta es hacer de ella una memoria única y unívoca. La memoria, sencillamente, no lo es. No es única la memoria individual toda vez que las personas van recreando sus propios recuerdos seleccionándolos, almacenándolos y modificándolos a lo largo de su vida. Tampoco lo es la memoria de las colectividades, sea cual sea el nombre con el que la bauticemos (memoria social, memoria colectiva, memoria histórica). Existen diversas “memorias públicas” que son el fruto combinado de las experiencias individuales, de las interacciones con los demás, de los sistemas educativos, de los medios de comunicación, de la existencia de una serie de lugares de la memoria que actúan como referentes y, muy especialmente, de las políticas de la memoria. El poder siempre ha gustado del despliegue de estas políticas acariciando la tentación de ahormar las mentes hacia una determinada dirección. Pero ni el franquismo pudo fraguar una sola memoria (se mantuvieron otras memorias resistentes), ni en los tiempos que corren se va a establecer una sola memoria histórica, singular y única.

Más pintoresca ha sido la tentación de algunos por confundir historia y memoria rescribiendo la historia a la luz de la recuperación de la memoria histórica. Como bien dice Gustavo Bueno “la historia es obra del entendimiento y no de la memoria”. La historia es una reconstrucción del pasado a través de unas fuentes, unos métodos y unos procesos de conocimiento propios de las ciencias sociales; las memorias son recreaciones del pasado, mucho más libres de ataduras metodológicas y requisitos documentales. Pero estos matices, pese a su importancia, han sido olvidados en los últimos años en medio de una sorprendente atmósfera de apasionamientos, búsqueda de restos humanos y la intención –apenas ocultada- de replantear una historia de nuestra guerra civil en términos maniqueos. Unos fueron buenos –absolutamente buenos-, mientras otros fueron los malvados, los perversos, los asesinos…

A mi juicio, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha decidido centrarse en este tema que se estaba saliendo de cauce con la sensatez y la prudencia que le ha faltado en otras materias. Si la Ley 24/2006 de 7 de julio sobre Memoria Histórica abrió un difuso campo sin vallar, el proyecto de ley presentado a finales de ese mes despejó incógnitas bajo un largo título en el que ya no aparecía la reiterada expresión memoria histórica. En concreto reza así: Proyecto de Ley por el que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura.

Evidentemente, ese proyecto puede mejorarse tal y como los historiadores han puesto de manifiesto en el IV Encuentro de investigadores sobre el franquismo celebrado en Zaragoza en este pasado mes de noviembre, sobre todo en materia de acceso a archivos. Pero resulta saludable contemplar que los poderes públicos no van a subvencionar determinadas actividades que son propias de la iniciativa particular de los familiares de las víctimas, sean del bando que sean. España está llena de huesos enterrados y no todas las fosas comunes –las conocidas y las por descubrir- están llenas de huesos “republicanos”. La sangre que se vertió, los huesos que quedaron en la tierra y los restos de su memoria, todo ello, procede de españoles que dieron su vida. No sería justo ni ético el manipularlos ahora a nuestro antojo.
Bienvenida sea la recuperación del mayor número posible de memorias y recuerdos del pasado pues constituye uno de los cimientos de cualquier conciencia colectiva. Pero, ya puestos, intentemos recordarlo todo. Y, de paso, el pasado lejano y el pasado reciente. Con todas sus consecuencias. Por cierto, ¿recuerdan los términos exactos de la promesa de Rodríguez Zapatero sobre la retirada de tropas de Irak si no se producía una resolución de la ONU antes del 30 de junio de 2004 y la resolución 1546 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de fecha 8 de junio de aquel año? Materia de estudio tendrán los historiadores del futuro. Vale, sin duda, la pena recordar. Por el bien de todos.

LEER EL PERIÓDICO

Suelo aconsejar la lectura de la prensa a mis estudiantes en las asignaturas que imparto ya que éstas suelen recorrer la segunda mirad del siglo XX llevando por título nombres tales como La España Actual, Mundo Actual o Historia de los Hechos Económicos Contemporáneos. A diferencia de lo que ocurre con nuestras televisiones, la prensa española cuenta con buenos rotativos y una calidad acreditada (ABC, El País, El Mundo, etc). Los recomiendo y, además, utilizo recortes de artículos relacionados con la asignatura o cuadernos que abordan monográficamente temas de la historia reciente. Creo que son un buen recurso y facilitan la reflexión en un país que comienza a tener por referentes las revistas del corazón y los periódicos gratuitos que se reparten por la mañana.

Con todos sus beneficios, lo que no dejo de reconocer es que la lectura atenta de la prensa puede producir otros efectos, entre ellos una profunda estupefacción ante ciertas realidades que no sé si tendrá nocivas consecuencias en el lector, sea o no estudiante. Valga una simple muestra. Leo los diarios del 22 de septiembre de 2006 mientras tomo el consabido desayuno. Me topo con la noticia estrella del día que gira en torno a los dos informes de la Comisaría General de la Policía Científica. Ha tenido que ser precisamente un periódico el que ponga en evidencia que uno de los informes –el que relacionaba tenuemente a los atentados del 11-M con ETA- no fue remitido al juez instructor Juan del Olmo. Como se prometió transparencia e información diáfana para saber toda-la-verdad y a la vista de los nervios que ha producido la publicación de la noticia, es de esperar que el tiempo ponga las cosas en su sitio. No deja de ser paradójico que los que querían saber la verdad del 11-M den por cerrado el caso a cal y canto, mientras los que tuvieron la responsabilidad del gobierno insistan en proseguir la investigación. Cosas veredes, Sancho…

Siendo tan primitivo el debate nacional, lo más interesante nos espera al ojear el resultado del Consejo Europeo de Justicia e Interior celebrado esta semana en Tampere (Finlandia). España fue allá a buscar medios, financiación y recursos para vigilar sus propias fronteras frente a la inmigración ilegal bajo el argumento de que este problema no es local o regional sino que incide en todo el conjunto de la UE. Y eso lo pedimos los españoles tras haber legalizado de golpe y porrazo a cientos de miles de ilegales haciendo suyo el gobierno el slogan de papeles para todos. El maestro de ceremonias de aquella operación fue Jesús Caldera quien lo explicó todo con la brillante elocuencia a la que nos tiene acostumbrados. Nadie dijo nada excepto el PP sobre el que, de inmediato, cayeron todo género de calificaciones que remitían a la crispación, la xenofobia o el racismo. En fin, lo de siempre. A mí me pareció una decisión más que cuestionable por varias razones. Legalizar a posteriori situaciones ilegales que se han tolerado indebidamente me parece una muestra de debilidad. Tampoco creo que sea correcto tomar estas medidas dentro del espacio Schengen sin contar con nuestros socios europeos porque el legalizado aquí tendrá los mismos derechos y movilidad en casi toda Europa. Con esa generosa acogida, además, no está claro que los inmigrantes dejen de ser una obra de mano explotada con sueldos de miseria. Si el que viene de fuera pasa a tener los mismos derechos y sueldo que un trabajador español vendrán nuevos flujos de inmigrantes para que algunos sigan haciendo su agosto.

Lo lógico, a mi modo de ver, es regularizar esos flujos mediante contratos en origen y con duración controlada. No se trata de cerrar las fronteras a cal y canto si se requieren trabajadores, pero tampoco es aceptable la política celtibérica de tó er mundo e güeno o fórmulas de humanismo sensiblero propugnadas por aquellos que viven en zonas residenciales perfectamente blindadas y que contratan verbalmente servicio doméstico por mucho menos del sueldo mínimo. El cinismo no conoce límites.

Hacer estos comentarios hace unos meses era, ciertamente, peligroso. Quedaba uno mal si abría la boca a no ser que fuera para decir que todo iba bien. La broma llegaba hasta no poder hablar ni en círculos muy próximos porque, como se sabe, el gran hermano de los medios adormece las neuronas de muchos. Uno se siente un bicho raro y se cuestiona si no será él el que va en la contracorriente equivocada. Uno tiene hasta que callar lo que ve y vive fuera de España. Como muestra valga un botón: los cayucos no llegan en oleadas a las islas de Cabo Verde, aunque éstas se encuentran mucho más próximas a los puertos de salida de estas embarcaciones que las islas Canarias. Advierto al lector de la eterna justificación a lo establecido que esas islas pertenecen a Portugal y tienen un nivel de vida notable, muy superior al de Senegal, Mauritania, Gambia, Guinea-Bissau o Sierra Leona, entre otros. Atractivo tienen de sobra por su nivel de vida y por ser territorio portugués y, por tanto de la Unión. Sin embargo, no llegan cayucos en masa. ¿Por qué? La respuesta reside simbólicamente en la corbeta Baptista de Andrade junto a otras serias medidas que aquí –en España- nadie parece dispuesto a adoptar. Al menos hasta la fecha.

Recordemos que el gobierno portugués es socialista (con José Sócrates de primer ministro) y que el presidente de la nación es el conservador Aníbal Cavaco Silva. Este triunfó con el apoyo del partido social demócrata (que representa al centro derecha junto al Centro Democrático Social). Por cierto, nuestra tele, La Primera, ofreció la noticia de la elección de Cavaco Silva en enero de este año como un triunfo de la social democracia portuguesa, disimulando que el gran derrotado fue el socialista Mario Soares y otro socialista disidente como Manuel Alegre. Si no somos ya todos tontos no será porque la televisión ahorra esfuerzos para que lo seamos de campeonato.

Ya me encontraba pensando si no llevaría uno dentro un embrión de extrema derecha -algo así como un alien de Le Pen dispuesto a salir por la barriga- cuando leo las declaraciones de algunos ministros europeos que coinciden justo con lo que yo barruntaba sobre el tratamiento de la inmigración en la ingenua versión de nuestro gobierno: que una legalización masiva traería un efecto llamada. Así ha sido y la respuesta a la solicitud española de ayuda ha sido una bofetada. Fina y sutil como los reveses diplomáticos en el seno de la UE, pero bofetada al fin y al cabo. Han habido promesas de solidaridad lanzadas al aire, pero a la hora de la verdad los países se han mostrado contrarios a poner dinero para que España vigile sus propias fronteras después de la irresponsabilidad demostrada. Günther Beckstein (ministro del Interior en Baviera) y Wolfgang Schauble (ministro del Interior federal) han manifestado que España no se hundirá por 25.000 inmigrantes y en un tono más humillante añadió que “quien quiera resolver problemas debe dejar de pedir dinero a otros”. Los representantes austriacos y holandeses subrayaron que fue un error la legalización de inmigrantes en masa. La conclusión es evidente: no es razonable la legalización en masa, pero si lo haces –más aún unilateralmente- has de asumir los costes y las consecuencias. ¿Cuál es el problema para legalizar de inmediato a los que llegan a Canarias cuando hemos legalizado a cerca de 700.000 hace unos meses? Caldera sabe cómo hacerlo. Incluso cómo explicarlo con buena cara.

Ya se habrá dado cuenta el presidente Rodríguez Zapatero de los alcances del eje franco-alemán que tanto defendía (porque le envenenaba el entendimiento de Aznar con Blair y la vocación atlántica de España) y se supone que habrá sacado nota del referéndum sobre la conocida como Constitución Europea. España dijo sí, pero Francia y Holanda dijeron no. Si hubiera sido al revés, la Constitución habría seguido su camino y ya veríamos qué hubieran hecho con la descolgada España. Como no ha sido así, el voto de los españoles y la iniciativa de su gobierno importa bien poco. Menos mal que ya somos los primeros con Europa.

En fin, la tostada me fue sentando bien a medida en que cobraba conciencia de la sensatez de mis reflexiones pasadas. Terminando el café pensaba por qué un presidente no se asesoraba con sus predecesores, siquiera de vez en cuando. Seguro que Felipe González y José María Aznar podrían señalarle al presidente dónde están las fronteras de la estupidez en política exterior. Comenzaba a encender el prohibidísimo cigarrillo después del desayuno pensando lo saludable que es la ley antitabaco establecida en un país donde se admite a los inmigrantes recibiéndoles con toda clase de atenciones (hasta los bañistas de las playas) y, cuando su número pasa de castaño oscuro, se les repatría atados como si ya hubieran cometido un delito. ¿Qué criterio se sigue para admitir a unos y echar a otros? ¿Por qué razón se les amarra ahora como a esclavos o ganado cuando antes eran personas que había que tratar con toda dignidad? No quiero ni pensar qué hubiera pasado si a Aznar se le ocurre atar a inmigrantes repatriados.

Lo curioso es que nadie dice nada sobre este trato vejatorio a los inmigrantes. Tampoco se oyen muchas voces tras ser de público conocimiento que nuestro sistema educativo es el peor de Europa (con excepción de Portugal y Malta). Leo varias noticias ya de ojeo antes de levantarme a comenzar la jornada: que si no hay suficientes clases de Islam en los colegios por falta de docentes (como si fuese más religión la clave de la mejoría de nuestros centros); que si los etarras Javier Gallaga y Asier Ormazábal reconocen sus asesinatos en la Audiencia Nacional mientras sonríen y saludan; que si una mujer tiene que encadenarse en Cádiz para pedirle al juez protección hasta que se concluya su divorcio… Noticias de casi todos los días.

La estupefacción me invadió al leer que un acusado de intentar matar a puñaladas a su propio padre alegó no acordarse de nada porque la agresión la cometió tras haberse bebido 14 whiskies. La raza debe estar mejorando porque en mi pueblo ni los más aguerridos quedaban en pie con semejante ingesta de alcohol. El amodorramiento llegaba mucho antes y con 14 whiskies sólo cabía abrazar la almohada o dormirla debajo de un olivo. Los jóvenes podían fumar (tabaco, por supuesto) un poco a escondidas y tomar alguna cerveza en el bar del pueblo, pero no cabía en cabeza alguna agredir a un padre. Tal vez hace unas décadas había más tabaco, pero probablemente había más vergüenza. Eso sí: el presunto parricida no fumaba.

SOBRE LA ALTERNANCIA

El mismo año en que murió Franco se publicó en Francia un libro titulado L´homme espagnol. Su autor no era otro que el prestigioso historiador Bartolomé Bennassar y a lo largo de aquellas páginas se abordaban aspectos de la mentalidad española relacionados con el tiempo, el espacio, la fe, el honor, el poder, la fiesta o la muerte. Sus referencias recorrían los siglos XVI, XVII y XVIII pero, al tratar el asunto del poder, proyectaba el alcance de sus conclusiones hasta el siglo XIX e incluso el XX. En una de ellas decía que “los partidos no aspiran ya a merecer el poder, sino a conquistarlo”, subrayando la falta de un sano entrenamiento en prácticas de alternancia en la mentalidad política española: “la pérdida del poder no es considerada como una consecuencia, elogiable, del respeto a las leyes, sino que se interpreta como una confiscación por la fuerza, cuyas consecuencias son, para los despojados, la prisión o el exilio”.

Aquel libro terminaría publicándose en España poco más tarde, en 1978, justo cuando ya se percibía un nuevo clima de libertades y aires democráticos que parecían disipar definitivamente la negra humareda de prisión o exilio que asfixió a los desalojados del poder desde 1939. Y, ciertamente, no se han repetido en las últimas décadas los trágicos episodios de otros momentos de nuestra historia. El heterodoxo español ya no tiene que cruzar obligatoriamente la frontera si quiere evitar ser castigado. Se puede discrepar y ser receptor de críticas en un marco de libre expresión garantizado por nuestras leyes. Instalados en un sistema de elecciones libres, podemos gozar hoy de la posibilidad de elegir a nuestros representantes que, de ese modo, obtienen el respaldo legitimador de las urnas para llevar a cabo los proyectos prometidos y los que consideren oportunos dentro de sus líneas de gobierno. Hasta aquí, nada que objetar y mucho que aplaudir.

El problema surge cuando la experiencia nos suele mostrar un cuadro mucho menos idílico que el descrito. La teoría es impecable en sus modelos trazados sobre el papel, pero es en la compleja realidad donde se descubren las irregularidades, las imperfecciones y, a veces, las más sombrías perversiones. Si vivimos en una democracia consolidada a la luz de las normas de las que nos hemos dotado, no resulta tan claro que disfrutemos de una buena salud democrática. Es sabido que no hay medidores precisos para mensurar el nivel de calidad de las democracias pero es también evidente que hay caracteres que diferencian unas de otras y, en el caso español, parecen detectarse ciertos rasgos preocupantes. Uno de éstos es la singular tipología de cambios de gobierno con alternancia de partido a los que hemos asistido en los últimos lustros.

En las elecciones generales de 1996 y 2004 se verificaron dos cambios de gobierno significativos (la victoria por mayoría relativa del PP en marzo de 1996 y el triunfo –también por mayoría relativa- del PSOE en el mismo mes del año 2004). Ambas citas electorales se vieron precedidas por campañas bien diseñadas por grupos mediáticos, la oposición del momento y unos procesos calculados de concienciación/ movilización de amplios sectores de la opinión. Los comicios de 1996 tuvieron por preludio una campaña que venía por lo menos desde el año 1993 y se recrudeció hasta extremos insoportables para un Felipe González acosado por los casos de corrupción. Se recurrió hasta al aireamiento del caso GAL (el Grupo Antiterrorista de Liberación organizado antes de 1982 pero adjudicado al PSOE) quebrando la prudencia debida. Y aludimos a la prudencia porque en cualquier otro país de la UE esa utilización política de la lucha antiterrorista es sencillamente impensable. No tanto porque otros estados hayan sido muy escrupulosos en estos asuntos (léase Portugal o la República Federal Alemana) sino porque la noticia no hubiera saltado a los medios convirtiéndose en escándalo para mayor regocijo de los terroristas y de todos aquellos interesados en debilitar la unidad de un sistema. Perdidos en medio del tribalismo político y la pasión desatada, el morbo prendió entonces entre aquellos que gustaban de equiparar a los terroristas de ETA con el entonces presidente del Gobierno y sus colaboradores tachados implícitamente –y, a veces, explícitamente- como terroristas de Estado. Contra Felipe todo valía y los conjurados se frotaban las manos cuando un nuevo torpedo mediático se lanzaba contra la nave semihundida del PSOE.

Todavía muchos no se han dado cuenta –o no han querido darse por advertidos- de algunas consecuencias de aquella operación. Cabía sacar a la luz la corrupción (que, ciertamente, la hubo) y las irregularidades sin cuento (aunque no llegaron a desvelarse todas ni a todos los posibles implicados). Pero insertar en la campaña el de tema de la lucha antiterrorista no benefició más que a ETA que dio buenas muestras de vida asesina durante las siguientes legislaturas del PP. Cuesta imaginar que algo parecido pudiera haber ocurrido en Gran Bretaña: si el gobierno de Su Majestad no dudó en enviar al ejército a Irlanda del Norte, tampoco dudó en abatir a terroristas del IRA en Gibraltar (de “homicidio justificado” fue sentenciado el caso) y, del mismo modo, ha admitido un proceso de paz en el que como mucho se otorgará un estatuto de autonomía a Irlanda del Norte una vez que la organización terrorista ha entregado las armas. Y todo ello ha ocurrido bajo gobiernos laboristas y conservadores. La línea esencial de tratamiento del problema del Ulster no ha cambiado. Allí los dos grandes partidos están de acuerdo en lo esencial y los medios de comunicación tienen unas reglas de juego. Las líneas rojas existen para no transgredirlas. Debate político, sí; favorecer la debilidad de Gran Bretaña con tal de cambiar al partido del gobierno, no.

De lo que le ocurrió a Felipe González levantó acta Ramón García Cotarelo en su libro La conspiración: el golpe de estado difuso cuya relectura, pasados unos años, da que pensar e invita a preguntarse sobre la persistencia de la conjura como instrumento al servicio de una alternancia política lograda a golpe de fórceps. El linchamiento moral al que fue sometido el líder socialista español más importante de la segunda mitad del siglo XX fue de tal magnitud que pocos se atrevían a señalar los notables avances registrados en el país desde 1982 por miedo a ser tachados de felipistas, un calificativo que en 1996 era casi un insulto.

Unos años más tarde, entre finales del año 2002 y el primer trimestre de 2004, el presidente Aznar recibió su baño de conjura. Recordemos que este presidente sufrió un atentado de ETA cuando era líder de la oposición, que triunfó por mayoría relativa en 1996 y que en el 2000 renovó la confianza entre el electorado por mayoría absoluta. Prometió –y cumplió- que se marcharía tras haber cumplido dos legislaturas. No era, pues, un presidente que buscase perpetuarse en el poder (de lo que sí acusaron tanto a Suárez como a Felipe). Era un presidente con mandato limitado, pero eso no le evitó ser víctima de otra campaña de desprestigio orientada a cambiar el partido en el gobierno en las elecciones de 2004 a través del hundimiento calculado de la figura política de José María Aznar para que no saliera “de rositas” de La Moncloa. Había que satanizarlo y depositar en él los orígenes de todos los males: desde una nevada en la Nacional III hasta el incremento especulativo del precio de la vivienda. Era preciso el desgaste del líder para que no se le ocurriese presentarse en 2004 (por si tenía la tentación de traicionar su propia promesa) y, a ser posible, reventarlo políticamente para que saliera para siempre de la escena política española. Él simbolizaba la unidad de la secularmente dividida derecha y resultaba peligroso para los intereses miopes de algunos que se sienten los depositarios exclusivos de la izquierda española. A los opositores de Aznar le vinieron a las manos tres acontecimientos que supieron explotar en su beneficio: el desastre del Prestige, el envío de tropas en misión de ayuda humanitaria a Irak y el accidente del Yak-42.

Tanto se ha escrito, dicho y manipulado sobre esos tres hechos que las ramas nos impiden ver el bosque. Tan ensimismados estábamos en la desconfianza de cualquier papel relevante de España en el exterior y en el agrio debate político interior, que el resultado de todo ello fue el cuidadoso modelado de una imagen deplorable de Aznar acusado de “seguidismo” con respecto a los EE.UU. y su odiado presidente George Bush. La simpleza simplificadora de las imágenes todo lo pudo. Aznar pasó a ser el indolente testigo del accidente del Prestige, por más que el hundimiento del barco fuese una mezcla de negligencia por parte del ministerio de Fomento (probablemente debería haber dimitido el entonces ministro Alvarez Cascos) y por más que estos sucesos tuviesen sus precedentes (el Mar Egeo). Todavía hoy pasan petroleros sin el cacareado doble casco por las costas españolas. Aviso de navegantes para el futuro.

Ya sabemos que las desgracias no eran exclusivas de la época de Aznar. Una vez que este hombre se ha retirado, murieron 11 personas en otro accidente como fue el incendio de Guadalajara y se han quemado decenas de miles de hectáreas en Galicia, entre otros desastres. La diferencia es tan sólo una: no se ha montado una campaña popular contra el gobierno por esto. La oposición ha criticado, sí; pero no se han organizado caravanas de “voluntarios” bajo un slogan diseñado para la ocasión: ¿se pretendía transmitir que “nunca más” vertidos de petróleo o se aspiraba a trasladar a la opinión un “nunca más” a Aznar? En otras palabras: ¿contra qué o contra quién se dirigían los gritos –por otra parte y en buena lid justificados- de “nunca mais”?

Con lo del Yak-42 ocurrió otro tanto. Aznar fue el responsable de la muerte de más de 60 militares españoles por su política exterior. ¿En Irak? Bueno, en realidad, se trató de la caída de un avión en Turquía que trasportaba militares procedentes de... Afganistán. Pero lo que se hizo fue una mezcla de foto de las Azores y féretros cubiertos con la bandera española. Buena parte de la opinión española creía de buena fe que aquellos militares venían de Irak. El efecto deseado cobraba sentido. Aznar, de alguna manera, había matado a aquellos soldados y arruinado la vida de sus familias. La cutrez del gobierno al alquilar aviones de bajo coste para el trasporte de nuestros militares como si de una operación empresarial se tratara le costó al PP otra pérdida de solvencia, también en buena medida justificada. Y también hubo de haber dimitido el entonces ministro de Defensa Federico Trillo. Nobleza obliga.

El envío de tropas españolas a Irak en misión de ayuda humanitaria como consecuencia de la aplicación de la resolución 1472 del Consejo de Seguridad de la ONU fue la puntilla. La resolución 1472 estableció la prestación de ayuda humanitaria al pueblo iraquí y fue prorrogada hasta junio de 2003 por la resolución 1476. Por fin, el 22 de mayo el Consejo de Seguridad aprobó la resolución 1483 que organizaba una fuerza de estabilización para Irak y un plan de reconstrucción. Veinte países enviaron contingentes y ayuda dentro del marco de la resolución 1483, entre ellos los Países Bajos que comenzaron a desplegar sus fuerzas el 10 de julio de 2003 constituyéndose, por su número, en el tercer país con mayor número de soldados (por delante de España y por detrás del Reino Unido). Aunque aquellas resoluciones eran bastantes parecidas a las que en su día se formularon con respecto a Afganistán, sin embargo la acción contra Irak despertó una oleada de manifestaciones contrarias a la guerra en todo el mundo y también en España. Aunque con otra sensible diferencia: mientras las manifestaciones han seguido presentes en países como los EE.UU., Francia o Italia, en España las multitudinarias manifestaciones desaparecieron tras el 14-M como por ensalmo. Aún recuerdo cuando contemplé en Bruselas una manifestación contra la guerra de Irak conmemorando el segundo aniversario del despliegue de tropas aliadas en aquel país. Se desperezaba la brumosa primavera belga del año 2005 y alguien me preguntó cómo estaban discurriendo las manifestaciones en España, dada la alta sensibilidad demostrada por los españoles a lo largo de 2003 y los tres primeros meses de 2004. Me sorprendí a mí mismo reconociéndole que en mi país ya no había movilizaciones salvo alguna cosa en Madrid y Barcelona con reuniones de alrededor de unos escasos cientos de personas. Algo meramente testimonial en comparación con las impresionantes manifestaciones poco más de un año atrás.

Eso lleva a plantearse algunos interrogantes: ¿estaban las manifestaciones organizadas contra la guerra o en realidad buscaban erosionar al presidente Aznar? ¿por qué en las manifestaciones se clamaba contra Bush y Aznar y mucho menos contra Tony Blair? A estas alturas, a toro muy pasado, para un sector de la opinión es indudable que las manifestaciones de “guerra, no” y “no a la guerra” formaban parte de una campaña magistralmente diseñada. Íbamos a una guerra por más que el presidente dijese lo contrario y deslizase claramente entre sus palabras que estábamos ayudando a los Estados Unidos igual que estos nos ayudaban a nosotros en perfecto maridaje en el combate contra el terrorismo internacional (en el que la ETA pasó a estar incluida). Cabe imaginar que pocos de los manifestantes se habían leído las resoluciones 1472, 1476 y 1483, como pocos sabían que del “no a la guerra” quedaba excluida Afganistán. La puntilla fueron las explosiones del 11-M cuya culpabilidad, tras la campaña emprendida, no recayó en sus autores materiales sino, como no, en el presidente José María Aznar. Lo atónito del caso es que los que pusieron las mochilas se convirtieron en la memoria de muchos en meros actores de un macabro escenario cuyo auténtico responsable era el gobierno popular. Ahora que los ecos de los gritos de “Aznar, culpable” se han apagado y que sabemos que un grupo de marroquíes fueron los autores materiales directos aún quedan interrogantes en el aire: ¿sabía la cúpula de ETA el día 10 de marzo de 2004 lo que se preparaba para el día siguiente? ¿cabe pensar en un intento de “internacionalización” coordinada de la actividad terrorista como respuesta a la eficaz “internacionalización” de la lucha contra ETA puesta en marcha por el segundo gobierno del PP? Francamente, desconozco la respuesta, pero confieso que sería muy interesante despejar estas incógnitas.

De nuevo volvía a repetirse la diferencia entre España y el Reino Unido. No cabe mayor contraste en la respuesta ciudadana y consecuencias políticas si comparamos el Madrid de los días siguientes al 11 de marzo de 2004 y el Londres posterior al 7 de julio de 2005. Frente a los SMS contra el partido del gobierno, los ensayos de asalto a sedes del PP y la algarabía del “quien ha sido” en la pasional España, aún recuerdo las pancartas de los manifestantes londinenses que rezaban “We shall not surrender” (No nos rendiremos). Aún me pregunto quiénes eran los destinatarios finales de aquel mensaje, si los terroristas islámicos o los que gustan marcharse a la francesa.

El nuevo presidente José Luis Rodríguez Zapatero había prometido en campaña electoral la retirada de tropas de Irak. Espero que todos aprendamos en el futuro que los temas de política exterior deben quedar excluidos –salvo vagas formulaciones- de las campañas electorales. No se hizo así y era un compromiso que Rodríguez Zapatero debía asumir. Uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. Tras su victoria electoral precisó –creo que inteligentemente si lo hubiera cumplido- los términos de su promesa: retiraría las tropas si para el 30 de junio de 2004 no había un respaldo claro de la ONU a la invasión de Irak. De inmediato la diplomacia estadounidenses se movilizó para conseguir una nueva resolución de amplio consenso. Y a buena fe que lo consiguió: el 8 de junio de 2004 la unánime resolución 1546 del Consejo de Seguridad confería plena cobertura ONU a la presencia de tropas extranjeras en suelo iraquí además de establecer un plan de reorganización política (con elecciones incluidas) y reconstrucción económica para el país. Bajo esa resolución los holandeses permanecieron en Irak (justo hasta el 7 de marzo de 2005 cuando terminó su misión) siendo reemplazados por fuerzas de otros países. Rodríguez Zapatero podía haber mantenido su promesa habiendo esperado tranquilamente hasta el 30 de junio. La buena cocina, como la política, exige su tiempo.

Pero, sorprendentemente, no fue así. Retiró las tropas en el mes de mayo sin esperar la cocción de la resolución 1546 (y es de suponer que en Moncloa debía saberse lo que se estaba preparando). Justo un día antes de la boda real entre el príncipe Felipe y doña Leticia, los noticiarios españoles vocearon a los cuatro vientos que las últimas tropas españolas se habían retirado. En realidad, los últimos efectivos se marcharon la semana siguiente pero el efecto dentro y fuera de nuestras fronteras se dejó sentir de forma contundente. Los estadounidenses tuvieron que cubrir deprisa y corriendo los huecos defensivos que habían dejado las tropas españolas en una actitud de notoria desconsideración con respecto a nuestros socios occidentales. Casi nadie en España pareció advertir la gravedad de este comportamiento en el escenario internacional. Obviamente no eran decisivos para la estabilización de Irak los poco más de 1.000 soldados españoles retirados; lo importante era el gesto, que daba alas al integrismo islámico y sumía en el más insuperable de los descréditos la seriedad de España como socio internacional. Prometer una retirada el 30 de junio y concluirla por sorpresa en torno al 24 de mayo no resulta serio desde la óptica anglosajona. Tampoco entra en la cabeza de muchos extranjeros abrir las puertas a la inmigración y pedir ayuda luego a otros países para contener la avalancha. Tampoco solicitar la cooperación internacional en la lucha contra una organización terrorista con la que, por otra parte, se pretende negociar. En España podremos entenderlo e incluso argumentarlo con brillantez, pero no está tan claro que compartan el mismo punto de vista en Londres, Washington, Berlín o Lisboa.

La precipitada salida no sería el último error gratuito. La apuesta implícita de la izquierda gubernamental española por el candidato demócrata Kerry y la reelección de Bush supuso otro revés. Desde un sorprendido PSOE se lanzó el tranquilizador mensaje de que no había pasado nada y de que se reconducirían las relaciones. Evidentemente, no ha sido así y puede pensarse que no lo va a ser mientras permanezca en La Moncloa el actual inquilino. La retirada en espantá fue tan cuestionable como los denodados esfuerzos por recuperar un cierto clima de entendimiento con los EE.UU. y el Reino Unido. Se envió a la fragata Alvaro de Bazán como escolta del portaaviones estadounidense Theodore Roosevelt a las aguas del golfo, ha sido destacados “asesores” a Irak para la reconstrucción y se ha incrementado el número de soldados españoles en Afganistán donde ya no se puede ocultar que hay guerra por más que, durante un tiempo, los féretros envueltos en la bandera española procedentes de allá se hayan achacado a accidentes. Hasta para remover escollos con Gran Bretaña se ha procedido a aparcar la cuestión de la soberanía sobre Gibraltar, primer paso para reconocer su independencia de Gran Bretaña y de España. Tras la patética puesta en escena del referéndum sobre la Constitución Europea en la que España ha hecho el ridículo como país para ser aún menos respetado, hemos vuelto a sacar pecho para meternos en el enjambre de las fuerzas de paz del Líbano. Cuando comiencen a llegar cajas envueltas en la bandera habrá que explicarles a sus familiares que los soldados habían ido a la paz y no a la guerra que eso era lo que hacía Aznar. Ojalá me equivoque en todo lo que estoy afirmando y que el camino por el que transitamos sea el correcto.

España y los españoles han de sentirse muy sobrados cuando se permiten el lujo de prescindir y menospreciar a hombres como Felipe González o José María Aznar, respetados en muchos países pero no en el suyo. Ambas presidencias y ambas caídas tuvieron más de común -o de vidas paralelas al modo de Plutarco- de lo que pudiera apreciarse a simple vista. El cainismo tribal llegó a prender hasta en las filas de sus propios partidos. Y si a Felipe González no se le reivindicaba mucho entre las huestes socialistas en 1996, 1997 o 1998, tampoco la sombra de Aznar es cómoda en el PP de 2004, 2005 o 2006. Tras los desplomes de ambos se asistió a un período de relajamiento acrítico, una especie de perdida de tensión, un atolondramiento estúpido alimentado por una televisión que saca cuatro escándalos mediáticos y oculta muchas realidades que, desde luego, son más que calificables de “interés general”. Tras la corrupción felipista, Aznar se permitió regalar buenos dineros públicos a las eléctricas y Josep Piqué aparecía presuntamente vinculado a complejas operaciones de ingeniería financiera. No pasó nada. Ahora, conjurada ya la amenaza del aznarato, se envían más tropas al exterior que nunca en nuestra historia reciente con el mejor de los talantes. Tampoco nadie dice nada. Los incondicionales con orejeras y el voto preparado de antemano al mismo de siempre creerán incluso que los nuestros van a misiones de altruista paz pregonando una concordia universal. Casi unas vacaciones pagadas, vamos.

Con Felipe se tardó algo más de un lustro para comenzar a ver una cierta rehabilitación de su figura; ya veremos cuánto tardamos en comenzar a reflexionar sobre el avance registrado en los ocho años de gobierno popular. Todo llega.

Harían bien los partidos en dejar las conjuras y ganar las elecciones a través de una limpia concurrencia de propuestas que convenzan a los electores. Por desgracia, las conspiraciones en nuestra historia no han estado sólo en manos de militares. En nuestra vida civil son habituales los corrillos, los pasillos, el chisme, la calumnia (que algo queda) y el hablar mal del que se ausenta de la cuadra. Es más: aún creen algunos que hacer política reside esencialmente en el acoso y derribo de los posibles adversarios para conservar como sea el sillón. Una especie de lectura cutre y mal digerida de El Principe de Maquiavelo. Terrible barbaridad fue aquel váyase señor González que se profería contra un presidente que tenía la legitimidad de los votos detrás suya para gobernar. La misma que tenía Aznar con su mayoría absoluta y cuyo Congreso votó a favor del envío de tropas. Algunos aún no han reconocido la legitimidad de aquella Cámara de la legislatura 2000-2004. Otros cuestionan la de la actual por su trágico origen. El patíbulo de escarnio por el que pasaron Felipe González y José María Aznar espera a Rodríguez Zapatero –y al que venga- si no podemos remedio. Ciertamente, el ejercicio de la conspiración no es exclusivo de nuestro solar patrio. Véanse las tramas y presiones al que han estado sometidos hasta algunos presidentes de los EE.UU., pero no se llevan las cosas hasta el extremo de hacer crujir las cuadernas de la nave del Estado y del sistema político.

Ni unas elecciones son una competición deportiva en la que tienen que han de ganar “los míos” y perder “los otros”, ni es sano que un mismo partido se perpetúe en el poder sin posibilidad de recambio. La democracia se sustenta, entre otras cosas, en dos grandes partidos por más que pueden añadirse otras sensibilidades y opciones. Las dos grandes formaciones han de entenderse en lo esencial, con independencia que anden a la greña dialéctica en lo accesorio. Condenar al ostracismo al otro partido porque es el principal competidor en las urnas bien pudiera ser una práctica peligrosa y muy costosa en el porvenir. Además, especial riesgo cabe esperar de todo esto en un país donde el culto a los símbolos nacionales está muy lejos del practicado por otras naciones de nuestro entorno. No hace falta viajar hasta los EE.UU. o Francia para apreciar el valor que tienen sus respectivas banderas en aquellas comunidades. En Portugal la bandera nacional ondea por doquier sin que nadie sea tachado por ello de salazarista.

Las pasiones políticas desatadas desde luego son malas conductoras: los broncos alaridos del vencedor son respondidos con la ruidosa algarabía –no menos pedestre- de la oposición. En verdad no sé si nos merecemos tales de ejemplos de madurez y cultura democráticas.

Thursday, September 27, 2007

FRANCIA NO CREYÓ EN EL CAFÉ A 80 CÉNTIMOS

Algo que intuíamos, algo que estaba por venir y algo que, finalmente, llegó. El cacareado eje franco-alemán que capitalizó el presidente José Luis Rodríguez Zapatero en el año 2004 se ha difuminado. En realidad, ese eje tuvo su vigencia durante unas determinadas fases de la construcción europea, pero desde mediados de los años ochenta cabe ser cuestionado como motor exclusivo de la integración. Frente a la política atlántica de José María Aznar y su rechazo del proyecto constitucional europeo, Zapatero quiso aparecer como el verdadero líder europeísta español. El actual presidente español tachó a su predecesor de ser contrario a la idea europea pese a que éste fue uno de los grandes defensores de la unión económica y monetaria y quien, de hecho, logró situar a España en condiciones de adherirse a la moneda única. Pero Aznar era bien consciente de la imposibilidad de construir una Europa a golpe de enfrentamiento con los EE.UU.y los vientos de la globalización. Esa posición hoy es defendida tanto por Angela Merkel como por Nicolás Sarkozy, además de Tony Blair. Dentro de esas aguas revueltas Aznar (desde la herencia proporcionada por González) condujo a España por caminos de liderazgo que, obviamente, se han venido cegando desde el mismo año 2004. El referéndum celebrado en España a comienzos de 2005 fue el segundo acto de una tragicomedia que dio comienzo con la precipitada retirada de tropas de Irak.

Pocas veces tendremos ocasión de ver cómo una nación tira por la borda tantos esfuerzos de una manera deliberada. Sacrificios de años por romper el aislamiento del país. La situación internacional en la que quedó España tras los gobiernos de Felipe González y José María Aznar –incorporada ya al mundo- ha sido en gran parte dañada con relativa facilidad por una política exterior tan errática como errónea. El rigor gris ha sido sustituido por una deslumbradora frivolidad quijotesca que pocos parecen advertir. El liderazgo europeo de Rodríguez Zapatero sencillamente no existe, mientras que su aproximación a regímenes como el de Evo Morales, Hugo Chavez o Fidel Castro nos ponen en el punto de mira de las atónitas miradas de cancillerías extranjeras. Ni los EE.UU., ni Gran Bretaña aciertan a comprender lo que ocurre en España.

Ahora ya, por fin, Sarkozy es presidente de Francia y Merkel lidera como canciller a una Alemania en recuperación. ¿Dónde están nuestros aliados? Dios quiera que por el momento a Marruecos no se le ocurra cualquier maniobra que haga peligrar nuestros territorios en el norte de Africa porque la crisis sería muy difícil de resolver. Ségolène Royal, pese a tener más sensatez y patriotismo que su colega español, cometió el inmenso desliz de invitarlo a la campaña electoral de las presidenciales francesas ratificando así su adhesión al pensamiento blando que ya hemos estrenado de sobra en España. Con resultados tan brillantes como los obtenidos por Zapatero desde el año 2004, los franceses han decidido virar hacia la firmeza, la claridad y la derecha sin complejos de Nicolás Sarkozy. No es de extrañar esa apuesta por un ex ministro del Interior que ha defendido sin dobleces la lucha contra el terrorismo. Tampoco es de extrañar que Sarkozy sea un presidente polémico toda vez que la situación de Francia no es fácil tras años de crecimiento de problemas sin que nadie se haya preocupado por atajarlos.

Pero España vive ajena a todo y a todos. El no pasa nada como emblema de un país donde está mal utilizar el himno nacional fuera de actos oficiales (no como en Francia, desde luego). Algunos siguen pensando que la Alianza de Civilizaciones es una empresa inigualable que goza de innumerables apoyos a lo largo y ancho del planeta. Los hay que creen a pies juntillas que la acogida indiscriminada de emigrantes no genera efecto llamada, que el carnet por puntos es la solución a la siniestralidad en nuestras carreteras, que las relaciones con los EE.UU. no importan un bledo, que el proceso de paz ideado por nuestro santo es impagable... y que el café cuesta ochenta céntimos de euro. Muchos consideran que vivimos en un país de futuro y que vamos por buen camino. Los mismos que siguen valorando muy alto a Rodríguez Zapatero y los mismos que mientras contemplan el enterramiento de los dos ciudadanos ecuatorianos asesinados por ETA en la T4 no pestañean al afirmar con un cinismo que revuelve las tripas que “Quito es muy bonito”. Será porque es política social devolver a los inmigrantes a sus lindos países con billete gratis de retorno. Total: son daños colaterales provocados por accidentes.

Y aquí seguimos. Que el consumo es capaz de anestesiar a una población que ya ni protesta cuando se censuran programas desde la televisión pública. Instalados en la nada, practiquemos el nihilismo: cuando vengan más inmigrantes este verano que abran las puertas de par en par legalizándoles en plan masivo; esa medida no despierta efecto llamada alguno. Cuando ETA asesine a su siguiente víctima, pídanle al muerto que no crispe con las salpicaduras de su sangre mientras se afanan los bienpensantes por ocultar su memoria. Aceptemos democráticamente que los partidos que no ganan elecciones se coaliguen contra el vencedor y tomen el poder con el fusil de asalto de la aritmética. Vivamos felices y despreocupados mientras la Constitución se erosiona en un estado de derecho que brilla por su ausencia. Afganistán no está en guerra. Los hay que sacan pecho en actitud pendenciera y denuncian a ex presidentes como presuntos criminales de guerra. Más espectáculo. Todo va bien en la fiesta colectiva donde nadie se preocupa por rectificar el rumbo.

Hasta que llegue la bofetada que nos haga despertar.

Thursday, February 02, 2006

HAY MOTIVO

HAY MOTIVO


¿Se acuerdan? En las semanas que precedieron a las elecciones generales del 14-M un grupo de cineastas y demás personajes públicos promovieron una campaña contra el gobierno de José María Aznar bajo el título de Hay motivo. Aquel lema fue muy ocurrente y, sin duda, arrimó un granito de arena –uno más- al hundimiento del PP en las urnas. Era lo suficientemente ambiguo para invitar a la adhesión de simpatizantes (siempre hay motivo para el desacuerdo) y era sobradamente letal para ratificar la animadversión de los que ya odiaban visceralmente al PP y, muy en particular, al satanizado Aznar. En Hay motivo se sacaron a relucir asuntos como el precio de la vivienda, las privatizaciones, la guerra de Irak, el accidente del Yak-42 o el Prestige. Vale la pena repasar capítulos como el de Vicente Aranda (Técnicas para un golpe de estado) en el que se establece un paralelismo entre el general Pavía y su marcial entrada en las Cortes de la Iª República, el golpe del 18 de julio que encabezaría el general Franco, el intento del 23 de febrero y el presidente Aznar, sobre quien se deja caer hasta la sospecha de ser el maquiavélico instigador de la tregua de ETA en Cataluña para desprestigiar al PSOE y sus socios del govern. Sal gorda, desde luego, no faltó. Pero era una sal que, como venía de la izquierda, estaba tan legitimada para algunos como las palabrotas del diputado José Antonio Labordeta.

Entonces corrían tiempos en los que Gurruchaga presentaba un programa en Localia con una saludable mezcla de frescura y música de jazz. Hoy eso ha sido reemplazado por películas de soft-porno de manufactura Playboy. No cabe duda que las cosas han cambiado. Según se nos dijo hubo motivo ayer pero hoy, según fuentes de la presidencia del gobierno, vivimos en los días más dorados de toda la historia de nuestra democracia. No obstante, siempre hay hombres y mujeres de poca fe: se respira en las calles y en las gentes un silencio plomizo similar al de los espectadores que contemplan circunspectos una lamentable tarde de toros protagonizada por un diestro inexperto.

Ahora bien, con lo que ha llovido, está lloviendo y es previsible que llueva cabría preguntarse: ¿hay motivo ahora? Por lo que uno le escucha hasta a los socialistas con cargo parece que hay una notable marejadilla de fondo que pocos se atreven a denunciar (Ibarra) pero muchos comentan a boca pequeña y volumen susurrante. Entre lo que dicen unos y otros, algunos terminamos por hacernos algunas preguntas. Es decir: ¿qué hacen nuestras tropas en Afganistán si las que se encuentran en Irak gozan de mandato por parte de la ONU desde junio de 2004? ¿por qué no nos retiramos de allí o volvemos, en su caso, a Irak? ¿Qué pinta la fragata Alvaro de Bazán escoltando al portaaviones Theodore Roosevelt? Este buque, según Defensa, no participó en acciones bélicas pero: ¿no fueron nuestras tropas a Irak también en misión de ayuda humanitaria? ¿Por qué y cómo murieron 17 hombres en Afganistán en agosto pasado?

¿Por qué se habló del “eje franco-alemán” tanto y ahora no se dice nada tras nuestro pintoresco referéndum sobre la Constitución Europea? ¿Dónde se encuentran nuestros aliados en Europa? ¿Hacia dónde va la política exterior española? ¿Por qué no se realiza una visita oficial a Argelia y Túnez para compensar nuestra posición en el norte de Africa? ¿Qué quebraderos de cabeza está dando la venta de armas “defensivas” a Venezuela? ¿Cuánto tiempo va a durar la quiebra del modelo de política exterior que fue cocinándose a fuego lento con tanto esfuerzo desde los años ochenta?

Me vienen a la memoria las palabras de Colin Powell –allá por el 2004- cuando advirtió sobre los dos riesgos más graves para España: la balcanización del país y el progresivo aislamiento internacional. No hablaba a corto plazo. Los grandes desastres tienen la perversa cualidad de irse preparando desde mucho antes que se produzcan. ¿Qué clase de semillas estamos plantando hoy? ¿No sería conveniente pensar un poco más en la cosecha de mañana que en el rédito político de hoy?

Todo esto no son más que interrogantes. No menos preocupación arrastra la cohesión del país en el sentido que todos los ciudadanos tengamos los mismos derechos y obligaciones en todas las comunidades autónomas. Si el Estatuto catalán representa un avance, parece justo que la reforma de los demás estatutos habrá de conducirlos a una equiparación. También cabe pensar sobre la ruptura de la unidad de un importantísimo archivo estatal por intereses políticos. Imagino qué ocurriría si escoceses, irlandeses o hindúes le reclamasen papeles del Public Record Office a Tony Blair. La nocturnidad en el acceso a los archivos no es sinónimo de transparencia.

Si queremos cambiar la Constitución, hagámoslo. Pero mientras la de 1978 esté vigente no debería ser motivo de delito el recordar su artículo 8.1 o, por ejemplo, el 155. ¿O es políticamente incorrecto?

PARAR LA "ESPAÑOFOBIA"

PARAR LA “ESPAÑOFOBIA”

Hace unos días, concretamente el pasado 11 de octubre, publicaban los diarios del grupo Joly un artículo de Manuel Ruiz Romero titulado “Parar la ´catalanofobia´”. Decía el autor que aquel extraño término no era nuevo y que se retornaba al mismo cada vez que surgían los recelos de unas comunidades por los presuntos avances de otras. Aquellos párrafos eran una sensata llamada a la erradicación de las reacciones “anti”. Contra Cataluña o contra cualquier otra comunidad. También con harta frecuencia hemos escuchado voces lanzando anatemas sobre economías subsidiadas.

El celtibérico odio del vecino es un veneno que discurre por las venas de nuestras comunidades autónomas en cuanto se otean intereses o repartos. En realidad cuando hablamos de “comunidades” nos estamos refiriendo a los gobiernos autonómicos porque el ciudadano de a pie tiene otras preocupaciones: si vive en Gerona corre el peligro de morir ahogado en la primera riada, si vive en la bahía de Algeciras sufre paciente los vertidos de combustible y la presencia de submarinos (contra los que, ahora, ya no se protesta ¿por qué?), si vive en cualquier parte sufre las huelgas y si le da por fijar su residencia en Madrid... que el cielo le asista. La gente común observa con elocuente reserva y admirable estoicismo el espectáculo que estamos padeciendo.

Si aceptamos el concepto de “catalanofobia” parece justo bautizar como “españofobia” un conjunto de prácticas muy correctas en determinados cenáculos “progres”. Observar con desdén o criticar el despliegue de la bandera en un lugar público, charlar mientras suena el himno nacional, despreciar a nuestras FF.AA. bajo la sublimación de un supuesto pacifismo, o la obsesión por utilizar extensiones tipo “punto com”, “punto net” o “punto edu” con tal de no escribir “punto es” son algunas muestras de esta patología. Otro síntoma –en este caso contradictorio- consiste en el repetido uso de la expresión “Estado español” por aquellos mismos que no cesan de aullar contra la supuesta amenaza del “nacionalismo español”.

Las posturas “anti” (“antiespañola”, “antivasca” o “anti-lo-que-sea”) hunden sus raíces en el mantillo de la ignorancia, son regadas por el agua de crispación y la alientan las brisas de un errático aislamiento del mundo exterior. En ningún país de los considerados civilizados sería posible que una institución subnacional aprobase una propuesta unilateral que violase el espíritu de convivencia y la letra de la ley suprema del estado-nación al que pertenece. Y cualquiera le recuerda al lehendakari o al president que ellos son también “Estado”. Mientras tanto, los ciudadanos asisten atónitos a un sainete más bien grotesco donde se permite a cargos electos -que cobran sus sueldos de los contribuyentes- bordear la Constitución hasta extremos de franca violación.

Da la sensación que la jungla de leyes y normas de nuestro sistema jurídico se aplica sólo al que las cumple. Al contrario que ocurre en las democracias consolidadas respetuosas con su estado de derecho, donde se respira un clima de libertad en el que predomina el principio de “todo está permitido excepto lo que está prohibido”, aquí no está claro lo que está prohibido o permitido a la hora de la verdad. Todo depende de quién cometa el crimen o el delito, qué apoyos tenga y en qué contexto nos encontremos. Sorprendentes ejemplos no faltan. Cabe aprobar el carnet de conducir tras haber atropellado mortalmente a una persona e intentar luego encubrir el homicidio. Organizar una conspiración es relativamente fácil, muy rentable y apenas recibe castigo (recordemos el 23-F y otras conjuras no necesariamente fabricadas por militares). No es de extrañar que se permita la “españofobia” y su institucionalización hasta formar parte de nuestro paisaje cotidiano. Así lo permiten los gritos de los menos y el silencio prudente de los más. Eso sí: que la ciudadanía no se olvide de pagar sus impuestos, trabajar fuera de horario, soportar los atascos y carecer de servicios públicos de calidad.

Cabe preguntarse si el proceso de negociación sobre el Estatut no es más que un nuevo baile de máscaras para asustar al rebaño de la opinión. Si es así, estamos ante una nueva serie de globos sonda para distraer al público mientras no se adopta ninguna medida para la mejora real de la mayoría. Así llevamos más de año y medio: tirando de aquí y de allá, pero sin nada concreto. Abstenerse de tomar decisiones y permitir riesgos innecesarios para la unidad del país no es sensato. Por cierto: ¿dónde está la política social prometida para compensar el denostado aznarato?

Aquí, por lo visto, sólo puede uno sentirse vasco, catalán, aranés, astur o vecino de la República independiente de Triana (ya casi cantonalizada por las obras del “Metro”). Mientras, Europa se siente lejos (por superior), se rechaza lo español (por inferior) y corremos a encerrarnos en nuestras respectivas aldeas identitarias. Ojalá termine pronto este patético akelarre.