22.5.11

EL EFECTO ‘ZP’ Y LOS INDIGNADOS

Lo podíamos haber titulado “La indignación del efecto ZP”, “El efecto ZP y la indignación” o, incluso, desde una perspectiva más drástica “La indignación contra lo indigno”. Todos vienen a ser lo mismo para nuestro cometido.

Parece que, por fin, los españoles han reaccionado. Y buena falta hacía. Había que hacerlo ante quienes, sintiéndose impunes, no hacían otra cosa que legislar contra las gentes –muy especialmente contra las clases medias y trabajadoras- en su propio y exclusivo beneficio. Sacralizaban las leyes que ellos mismos habían redactado y castigaban a quien no las cumpliera. Han jugado a dividir a las gentes, para castigar a unos y luego a los otros. Hasta que no han podido hacerlo contra los miles de personas congregadas pacíficamente en las plazas y demás lugares públicos de nuestras ciudades. Se atrevieron incluso a recurrir al ejército para solucionar un problema laboral. El abuso mezclado con el estupro. Las gentes debían saltar. Bastante y sorprendente paciencia han tenido.

Los españoles que se creyeron las bondades de ZP y su “efecto” han salido decepcionados a la larga. Los que nunca nos creímos sus ocurrencias, quedamos decepcionados casi de inmediato. Retirar las tropas de Irak unilateralmente, sin aviso a los aliados y muchos días antes de la fecha que él mismo había señalado (30 de junio de 2004) ya me indignó. Más doloroso fue el comprobar su descarada mentira en agosto de 2005 cuando 17 soldados murieron en Afganistán por derribo de dos helicópteros y él dijo que había sido un accidente. Me indignó que arrancase documentos del archivo de la guerra civil porque se los tenía que dar a su amigo Carod Rovira. Me indignó que su ministro de Asuntos Exteriores (el recordado Moratinos) pasase documentación secreta del Estado español a su otro amigo Hugo Chavez, acusando al gobierno de Aznar de preparar un golpe de Estado en Venezuela (por eso el sosegado Chavez comenzó a llamar “fascista” a Aznar). Me indignaron la SGAE y la ley Sinde… Vamos, que llevo tiempo indignado. ¿Cómo no simpatizar con la protesta del 15-M?

Muchos españoles también han simpatizado con ella. Muchos que también han votado con el balance que se ha visto el domingo 22 de mayo de 2011. Realmente, la indignación no sólo estaba en las plazas. Millones de españoles se han pronunciado terminando con el dominio despótico del PSOE en ciudades como Barcelona o Sevilla (en ésta última ni siquiera llegó a ganar en las últimas elecciones). Millones de personas estaban ya hartas de tener que callar y pagar, mientras otros hablaban y gastaban sin parar porque el cortijo era suyo.

Tiempo habrá para describir con más detalle los pecados cometidos por los que hoy han perdido las elecciones. Pero quedan, a mi modo de ver, tres asuntos pendientes.

El primero es que Zapatero no se ha ido y no tiene el menor interés en hacerlo, aunque para ello tenga que cargarse al país y dejar al PSOE destrozado. Tan mal puede acabar el partido socialista que, ciertamente, puede quedar herido de muerte el bipartidismo. Y eso no es nada patriótico, viniendo de este singular señor don “patriota”. Es razonable que Zapatero se digne –o lo “dignen”- a convocar elecciones para los meses de octubre o noviembre. En todo caso antes de Navidad. Que así sea. En caso contrario, el socialismo español lo va a pagar todavía más caro.

Lo segundo es que es muy posible que el movimiento del 15-M se diluya por completo o, a lo sumo, permanezca un núcleo duro que terminará identificándose con alguna fuerza política de izquierda, naturalmente. No debe importarnos tanto ese núcleo duro, como muchas de las propuestas que se han hecho en los primeros movimientos de la protesta emanadas de la generalidad de los que se han sumado. Había mucha persona sensata en la membrana del movimiento. Mucho joven (y no tan joven) moderado que quiere perfeccionar el siempre perfectible sistema democrático. Es a ellos a los que hay que prestar atención. Hay que sentarse a hablar del Senado, de la organización territorial del Estado y del sistema electoral. Es una demanda social evidente. Sin duda, una demanda mucho mayor que la orgía estatutaria que a muy pocos importaba. Véase la abstención en el referéndum sobre el Estatuto de Cataluña, por cierto parcialmente inconstitucional. Habrá que redactarlo de nuevo, ¿no?

Lo tercero es que el PP tiene la oportunidad de gestionar la crisis y los problemas aludidos, además de los que le vayan llegando conforme pase el tiempo. No va ser perfecto, ni va a enderezar el reguero de problemas legados por ZP en un año, ni en dos. Pero debe administrar con inteligencia y eficacia el enorme triunfo recibido. Las urnas han dado la exacta medida de la indignación y en qué sentido se movía el enfado real de la mayoría (no sólo de la que estuviera en las plazas). Debe hacer justo lo contrario que el PSOE de Zapatero. Es decir: claridad en las decisiones, planificación de las mismas, rigor en una gestión ajena a las ocurrencias de última hora, eficacia y sosiego.

Mientras el PP gobierna, el PSOE tiene ante sí la responsabilidad de reconstruirse internamente, rearmarse con ideas de verdad y hacer una oposición seria en la cual la política exterior quede fuera del debate. Y ambos, evidentemente, tendrán que trabajar más en un modelo electoral más plural, en el que otros partidos tengan más oportunidades de desarrollarse. Al fin y al cabo, si surgen otras fuerzas políticas con posibilidades será por las faltas de los dos grandes partidos actuales, no por sus aciertos.

De momento, podemos felicitarnos todos. Sobre todo, por haber recobrado la calle y los espacios de libertad que nos han ido arrebatando con una malévola sonrisa progresista. Bendito este día y los que sigan, en los que podemos criticar al gobierno municipal o al autonómico sin ser reprendidos por “fascistas”.

Señor Rodríguez Zapatero: ya no estamos crispados; has conseguido que estemos indignados.