25.7.10

LA ANOMIA Y LA TENTACIÓN FASCISTA

Si hay una estación que invita al sueño, a la despreocupación y a una suave -casi suicida- hibernación de los sentidos, probablemente sea el verano. Si las altas temperaturas seducen la pereza, en un país tan singular como es la España del verano de 2010 surgen por doquier motivos para la reflexión y motivos para la inquietud que, de inmediato, se adormecen. Eso gana el gobierno: el tiempo del verano para seguir usufructuando ("cueste lo que cueste") el poder. Pero, pese a todas las siestas más o menos colectivas, lo cierto es que hay motivo. Si, "hay motivo"; ahora sí.


"Hay motivo" les gustaba propagar hace unos años a los cuatro vientos a los propagandistas de la propaganda de "izquierda" de este país. Ahora guardan silencio en este solar patrio que han hecho suyo. Como un cortijo. Su patria se compone de un solar en términos de desolado mercado de trabajo que, por lo visto, a ellos no les afecta, bien rellenados de subvenciones para sus iniciativas culturales de carácter particular. Parece que España ya es patria, habida cuenta que podemos portar la bandera española sin ser tachados de franquistas. De algo ha valido el ser campeones del mundo de futbol y las victorias en el tenis o en el Tour.


Rodríguez Zapatero, no obstante, se abstuvo de asistir a la final futbolística del 11 de julio para evitarse un baño de españolismo, muy inconveniente en estos momentos de irritación catalano-montillesca. Tampoco se iba a perdonar el ser tachado de gafe si las cosas salían mal. Bastante crudas andan las cosas como para vincular la imagen del presidente a un nuevo fiasco. Lo calculó bien: la victoria evaporó el posible debate sobre su presencia. Con ver sus saltitos al lado de la selección campeona tras su regreso a Madrid ya fue bastante. Bastante patético, hemos querido decir.


Sólo el reblandecimiento de cerebro propio de nuestro verano nos ha permitido asistir a un sinfín de espectáculos políticos escandalosos sin que nadie haya movido un músculo de protesta. La imagen de la vicepresidenta del gobierno en pleno Parlamento pasándose el dedo índice por el cuello en gesto amenazador contra un diputado nos recuerda la escenografía de El Padrino. Será que ha llegado el momento de las madrinas de acuerdo con las directrices marcadas por el Ministerio de la Igualdad. Ya saben: "ningún hombre será más que yo".


Pero el que se permite ir de sobrado es nuestro querido presidente. En un soporífero 25 de julio no ha dudado en afirmar a El País: "He pasado malos ratos y noches sin dormir por la crisis". El vigilante, el eterno centinela, el que nunca duerme preocupado por todos nosotros... el único líder. Y fíjense si es único que si él (Él) no nos saca de la crisis, nadie será capaz de hacerlo. Por tanto, no queda otra opción que seguir votándole, única verdad posible y verdadera. La oposición se queda como una ficción democrática porque él (Él) y sólo él (Él) es la encarnación del camino, de la luz y de la legitimidad. Todo el que no esté con él (Él) es un antipatriota que se alegra de la crisis para que el PP pueda ganar algún día. Este mismo argumento, llevado a un extremo, sugiere incluso la conveniencia de no convocar elecciones. Total: ¿la libertad? Libertad, ¿para qué?


Se han cumplido diez añitos de la permanencia de José Luis Rodríguez Zapatero al frente de la Secretaría General del PSOE. Un carísimo vídeo editado para la ocasión recoge, en otras, frases suyas como aquella que decía "Cuando hable, que hablo por todos vosotros. Cuando trabaje, que trabajo por todos vosotros. Cuando gobierne, que gobernaré por todos vosotros". Eso lo decía ante los correligionarios. Con razón se lanzó a construir un cinturón sanitario en torno al PP nada más llegar al poder. ¿Se acuerdan de aquello de que "el PP está sólo"? Ahora el problema no es la soledad del PP, sino su hombro. Ese que no arriman los muy fascistas y traicioneros de la esencia de nuestra patria. Esos que rechazan la configuración ad hoc de la memoria histórica; esos que sobran de nuestra querida España. De su querida España controlada desde Moncloa con pilotaje remoto desde la Casa Blanca.


El centinela, nuestra voz, nuestro deseo, nuestro anhelo... el que nunca duerme velando por todos nosotros. Se muestra como la víctima de un poder que nunca quiso y que, si lo ostenta, es por nuestro bien. El gran sacrificado evita mostrar su real imagen de gran sacrificador. El poder no lo soltará nunca. Pese a quien pese y cueste lo que cueste que, obviamente, serán los pensionistas y los trabajadores los "paganos" de esta mofa. Una viuda ha podido ver su pensión reducida en 200 euros y no necesita presumir sobre su falta de sueño. A un parado con dos hijos se le cambia la cara al ver cómo transcurren los meses sin encontrar un nuevo sustento. ¿Demagogia? No. Demagogo es quien sin conocer de cerca la situación personal de estas personas piensa que estas palabras son demagogia y va a seguir votando a su dios de la "izquierda" en la próxima convocatoria electoral.


No va tirar la toalla, dice el líder (Líder). El oráculo ha hablado para ratificar su adanismo. No hacía falta que lo jurara. Quien llega al poder aupado por un baño de sangre encrespado con crispación programada es evidente que no va a abandonar el poder nunca. Esto ya lo sabemos. Tampoco hacia falta hacerse pasar por una pobre víctima de la crisis, cuando él (Él) decidió conceder decenas de miles de millones de euros a la banca en avales (buena parte de los cuales se han ejecutado ya). Y entonces no le entró insomnio.


Cuando elevó las retenciones por el IRPF a los pensionistas no tuvo que contar ovejitas para dormirse. Con la reforma laboral no le ha temblado el pulso, al igual que a su lugarteniente Pepe Blanco en su eterna amenaza de militarizar a los controladores aéreos. A estos partidarios de la militarización de todo lo que no funciona como ellos disponen les recordaría un poco la historia reciente de nuestro país. Y también les formularía una pregunta: si los militares son tan aptos para sustituir a los funcionarios, ¿no valdrían también para sustituir a ciertos políticos?


No se asusten, ni se rasguen las vestiduras. No soy yo el partidario de militarizar a nadie. Bastante hemos conseguido con que cada uno se dedique a lo suyo. Lo que irrita son las ocurrencias de estos padres de la patria, siempre vigilantes, siempre sacrificándose por nosotros al frente de sus cargos públicos, pero sentados en tapicerías de cuero caro. Ni siquiera se sonrojan en militarizar servicios públicos como en la época de Franco y los primeros meses del posfranquismo. Tal vez su problema no sea de sueño. Quizás su auténtico problema sea la ausencia de vergüenza. Y puede que esa ausencia sea tan total que lo mejor que podemos hacer es seguir sesteando el verano mientras nuestro líder (Líder) permanece incólume, ocupado, trabajando y velando. Ave César, centinela de occidente.
Algunos terminarán rememorando a George Orwell. No lo digo por su 1984; lo digo porque gustaba describirse a sí mismo como un "Tory anarchist".

29.6.10

NUMANCIA Y LA PRESIDENCIA ESPAÑOLA DE LA UE

Dicen que la Centuria XI contiene la siguiente cuarteta de Michel de Nostradamus sobre España:

"De tierras con nombre de animal, vendrá quien gobierne a los iberos, adorará a reyes negros y abrazará religiones extrañas. Llenará su palacio de bufones y aduladores y usando su propia máscara de bufón, traerá consigo el hambre, la pobreza y la desesperación...".

Acostumbrados como estamos los españoles a la chanza fácil, resulta difícil resistir la tentación de identificar al protagonista con el presidente del gobierno español, habida cuenta de que León es la provincia de nacimiento de José Luis Rodríguez Zapatero. Y el mismo personaje parece estar en otra de las cuartetas, según la red de redes, para mayor deleite de los creyentes en profecías: “El demasiado buen tiempo de demasiada bondad real, hace y deshace con súbita negligencia. Ligero creerá el fallo de la democracia leal. Él puesto en muerte por su benevolencia” (Centuria X-43). Algunos, incluso, creerán que se trata de Carrero Blanco.

Conviene advertir que ni creemos en profecías, ni que éstas resultasen necesarias para adivinar cuál iba a ser el nefasto rumbo de España desde el año 2009. Aunque el presidente español no pare de afirmar que nadie sabía nada de la crisis que iba a asolar España, lo cierto es que el Monthly Report editado por La Caixa apuntaba malas maneras en el comportamiento de la economía española desde la segunda mitad de 2007. Será que él no lee en inglés; será que ninguno de sus numerosos asesores tiene acceso a esta información. En caso contrario, tendríamos que convenir que alguien está mintiendo en público.

La consecuencia es que las cosas no marchan bien. Con permiso del gobierno –y sin que se moleste nadie– puede afirmarse que las cosas andan bastante mal. La presidencia española de turno en la Unión Europea está arrastrándose con más pena que gloria, pese a los esfuerzos propagandísticos que se realizan en Bruselas. La cacareada “Alianza de Civilizaciones” ni está ni se le espera, a estas alturas. La deuda española se dispara y el desempleo alcanza unas cotas imprudentes. Desesperado ante estos indicadores, en una especie de caída del caballo (imitando a San Pablo), el adalid de la utopía optimista se ha reconvertido en un neoliberal a ultranza, al que no le duelen prendas en bajar salarios, congelar pensiones y pegarle recortes sin precedentes al Estado del bienestar español. Para mayor gloria de su arrepentimiento, se fotografía junto con su ex enemigo Silvio Berlusconi y realiza respetuosas genuflexiones ante Benedicto XVI. Excesos de converso.

Quien se había empeñado en mantener dentro de un “cinturón sanitario” a media España parece que se ha aprendido de memoria el manual del Kamasutra político para adoptar todo tipo de posturas con tal de conservar el poder. Hace tan sólo pocos años, media España era sospechosa de constituir una tenebrosa caverna donde se daban cita los retrógrados –y retrógradas– a los que era preciso hacer la vida imposible. Hace relativamente poco, España tenía que ser un país abierto a las legalizaciones masivas de inmigrantes a espaldas del resto de los socios de la Unión Europea. Para algo éramos soberanos. Hace muy poco, el gobierno español se empeñó en reescribir la historia reciente de su país a golpe de decreto, sin mediar una reflexión historiográfica, ni consultar al conjunto de los especialistas. Hasta antes de ayer, el gobierno español se empeñó en una guerra fría contra los EE.UU. presididos por George Bush y, de paso, en hostigar todo lo posible a Israel. Los considerados logros “sociales” se propagaron hasta tal grado que, justo antes de las elecciones de 2008, el presidente no dudó en “regalar” 400 euros a cada trabajador español con la intención de “crear ambiente” para triunfar en las urnas. A esto se le llamaba en otros tiempos compra de votos. Simplemente.

Ahora, sin embargo, el presidente español –antes socialista– se ha convertido en un decidido conservador de privilegios. Tal extremo ha alcanzado su viraje que ha dañado seriamente a amplias capas sociales sin pestañear. Y sin ahorrar un euro en los gastos de representación y boato de su propio gobierno. No duda en mimar a la banca y en escuchar los consejos (órdenes) del Ecofin o de su querido presidente Barack Obama. El desmontaje del Estado de bienestar está siendo tan profundo que nadie sabe cuándo recuperará España las recién perdidas conquistas sociales, si es que las recupera alguna vez. ¿A qué se debe tal cambio?

Naturalmente, la justificación oficial se esfuerza en demostrar que sus desvelos se centran en salvar al país de la crisis económica internacional que se originó –como siempre– en los EE.UU. (los de Bush, no los de Obama, claro está). Y para muestra pública de que se hace lo que se tiene que hacer, tenemos los botones de Alemania y Francia, que también han recortado beneficios y derechos sociales. Poco importa que estos gobiernos sean conservadores y nada tengan que ver con las pasadas veleidades izquierdistas de su homónimo español. Sin embargo, podemos entrever otras intenciones al observar que la puesta de largo de la reforma laboral coincide casualmente con el estreno de la selección española en los Mundiales de Sudáfrica (16 de junio de 2010) y que se remodelará próximamente el gobierno según se enfoque el debate sobre el estado de la nación o el proceso de clasificación de la “roja”.

Y es que el objetivo supremo es otro. La pura y dura conquista y mantenimiento del poder reside detrás de este “todo vale”. Es más que probable que el presidente Zapatero ni dimita ni convoque elecciones adelantadas en un momento inoportuno para él. Siempre tendrá como norte terminar la legislatura “como sea”, tal y como le manifestó al presidente de Cantabria recientemente. Como sea se alcanza el poder y como sea se mantiene. Y al precio que haga falta. Sería una ingenuidad pensar que no guarda un as en la manga. La crisis económica no será capaz de resolverla y, de hecho, la situación de España en el año 2012 será bastante más compleja que la de hoy, pero se sacará algún sonado éxito para investirse como candidato factible.

Es una reedición de la resistencia numantina. Aguantar lo inaguantable, sostener lo insostenible… enfrentarse a un destino marcado de antemano. Lo razonable sería ahorrarnos y ahorrarse sufrimientos, pero cuando alguien alcanza el poder a cualquier precio no está, precisamente por ello, dispuesto a soltarlo nunca. Pobre España y, de rebote, pobre Europa septentrional, siempre situada entre la sonrisa y la complacencia ante lo que ocurre en su sur. No es casual que justo en estos días España y Portugal hayan celebrado con fuegos fatuos y oratorias grandilocuentes su ingreso en Europa. Un cuarto de siglo de reticencias y encuentros. Ahora parece que retornan las desconfianzas ante los riesgos que acompañan a los socios meridionales.

El numantinismo ibérico será tanto más desesperado por cuanto su crisis no sólo se mide en términos de déficit: la clave del espinoso asunto reside en una acuciante y progresiva falta de liquidez. La creciente falta de solvencia del Estado español se refleja en su deuda pero, en realidad, ésta en su exhausta caja. Tiempo al tiempo.


(También publicado en CaféBabel.)




12.5.10

LA LLAMADA DE OBAMA O "YES, YOU CAN"

Impresionante. La Unión Europea ya le había dado un serio "toque" al presidente español, siempre tan ajeno a todo lo que sea una política exterior de adultos. La verdad es que no hizo el menor caso. Pero el 12 de mayo el presidente Barack Obama llamó por teléfono a Zapatero. Es de suponer que con traductores por medio, habida cuenta de que el exquisito inquilino de la Casa Blanca no tiene ni idea de español (a diferencia de Bush que chapurreaba algo) y habida cuenta del nulo nivel de inglés de su homólogo español (a diferencia de Aznar, que habla un inglés regularcito pero que, en todo caso, resulta perfecto en comparación al de nuestro amado ZP). Los traductores se han ganado el sueldo: el mensaje ha llegado alto, claro... y bien duro. Obama le ha sugerido a Zapatero que tiene que cambiar de dirección y éste, en menos de 24 horas, ha dado un volantazo hacia la derecha que hace palidecer hasta a los neoliberales. No recuerdo ni a Felipe González ni a José María Aznar reduciendo los sueldos de los millones de funcionarios de este país; los congelaron, pero nunca los bajaron. Tampoco recuerdo recortes semejantes en logros sociales que, bien o mal, han configurado nuestro estado del bienestar.
Como correrán ríos de tintas sobre estas medidas -que, probablemente, no van a ser las últimas- tan sólo señalaré tres cuestiones para la reflexión:
En primer lugar el "seguidismo" extremo de Zapatero con respecto al presidente Obama, que deja en pañales las relaciones entre Aznar y Bush, o las de Felipe González con Reagan. No reprocho al presidente español que haya entendido que las buenas relaciones con los EE.UU. son vitales. Lo que me deja asombrado es que el tizón europeo del satanizado EE.UU. se haya plegado con tanta servidumbre. Podía haber esperado unos días para disfrazar un poco la conexión directa entre la llamada de Obama y la poda de derechos sociales. La foto de las Azores ha pasado a la historia, sin duda.
En segundo término, cabe dudar -y mucho- que las rebajas salariales de millones de españoles, los recortes de medicamentos para los mayores, la congelación de pensiones o la retirada de inventivos a la natalidad nos saquen de la crisis. Todo ello no va a provocar otra cosa que una contracción de la demanda, un descenso del negocio de las ya asfixiadas empresas y, probablemente, más desempleo. Tal vez, las prisas en la conversión neoliberal de Zapatero no le van a conducir a otro sitio que a un callejón sin salida. Una congelación de salarios públicos, una disminución de los ministerios (el de Igualdad, el primero), quedarse sólo con un vicepresidente (o vicepresidenta) y una drástica reducción de "puestos de libre designación" aligerarían el presupuesto de gastos superfluos. Sería saludable que lo acompañara de una congelación de las generosísimas ayudas a la banca (aún a sabiendas de que paga las campañas electorales) y una rebaja de impuestos para la pequeña y mediana empresa. Esas medidas, no siendo populares, al menos se entenderían razonablemente. Lo que resulta difícil de comprender es el castigo económico sobre millones de españoles, mientras el dispendio accesorio sigue abierto y hay sueldos públicos acumulados que rondan los 20.000 euros al mes. El más de medio millar de "asesores" del presidente del gobierno siguen ahí.
Por último, la "caída del caballo" de nuestro san José Luis ha puesto a los sindicatos en el disparadero. Que hubo matrimonio entre sindicatos y gobierno parece evidente sobre todo ahora, cuando hasta periódicos progubernamentales reconocen que hay "divorcio". Lo que no se esperaban los bien pagados cónyuges es que el "cabeza de familia" se apuntase al maltrato físico en forma de latigazos a las conquistas sociales. Que no hay nada peor que un converso ya lo sabíamos, pero que la conversión sea tan deacarada como desorejada resulta alucinante.
La cacareada "memoria histórica" se va a quedar en lo que siempre fue: un instrumento ideológico al servicio de la política partidista. Ni un duro habrá ya para fosas, después de los 60.000 euros gastados en la presunta tumba de Federico García Lorca. Habiendo jugado con los muertos, poco importa ya hacerlo con los vivos. No hay un duro para nada porque ya lo habían gastado en chorradas (léase: gasto no reproductivo) como el Plan E. Crudo lo va a tener el PSOE si no articula un cambio interno porque Zapatero se irá (incluso de rositas), pero el partido se va a quedar a gestionar los rescoldos de la bacanal zapaterista.
Y todo por una llamada. La llamada de Obama. Y la respuesta de un hombre que, rendido, se giró ante su interlocutor, desabrochó su cinturón y pronunció las incontenibles palabras del deseo: "Yes, you can".

17.4.10

La Tercera España

Mucho se ha hablado de las dos Españas. Tal vez hayamos hablado tanto de ellas que las hemos convertido en un estereotipo con capacidad explicativa de nuestra historia contemporánea. Liberales y carlistas, progresistas y moderados, revolucionarios y dinásticos, rojos y azules, izquierdas y derechas… Incluso hoy en día, instalados ya en una sociedad tan compleja como posindustrial (aunque con escasa movilización civil), parecen haber resucitado las trincheras de dos bandos que, bajo definición de algunos, resultarían irreconciliables y condenadas a un inexorable porvenir en el que una parte ha de imponerse absolutamente sobre la otra. Se empeñan hasta en dinamitar la mera coexistencia de ambas dentro del tren de la historia que, por cierto, discurre en una sola dirección y no admite billetes de ida y vuelta.

A pesar del predominio de las simplezas en ese paisaje de blancos y negros, no son pocos los que han acariciado la evidencia de la complejidad del problema distinguiendo una tercera España. El historiador Paul Preston, en su ensayo Las tres Españas del 36, supo destacar la presencia de una tercera España a través de la selección de algunos de los intelectuales de la época como, por ejemplo, Salvador de Madariaga. Ciertamente, aquel cosmopolita español fue criticado por unos y otros recibiendo, a partes iguales, las acusaciones de traición a la República socializante y a la España que amanecía en el horizonte de la Europa de los fascismos. Desde los campos atrincherados se disparó con igual saña sobre los templados campos de una cierta equidistancia. Ningún bando echó un vistazo sobre sus respectivas trastiendas: nadie quiso reconocer las checas, las matanzas, el aceite de ricino, la represión, las violaciones, el asesinato de Andreu Nin o el oportuno fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera. Algunos, incluso, justificaron estos excesos mediante difíciles piruetas dialécticas.

Muchos años más tarde, asistimos a un espectáculo mediático marcado por una resurrección escenográfica de las dos Españas, que vuelven a demostrar sus deseos de destruir al enemigo a cualquier precio. Hoy ya no existen realmente dos Españas, ni siquiera tres. Es probable que estemos hablando de varias más: sin ir más lejos, la España inmigrante que no tiene complejos de portar la bandera del país que le ha acogido porque nadie les critica por ello. El aludido espectáculo –como todo buen espectáculo- tiene sus estrellas, con sus virtudes de originalidad y sus vicios de narcisismo alimentados por la vanidad del reconocimiento público. Lo curioso es que los actores de esta pista del circo del estrellato no tienen unas remuneraciones precisamente modestas, ni se encuentran asfixiados por una hipoteca a la que no pueden hacer frente por encontrarse en el paro. Los acomodados representantes de las dos Españas andan a la gresca mientras los españoles de a pie asisten impertérritos a la judicialización de la política, a la politización de la justicia, al negocio de los sentimientos y a una mutua caza de brujas.

El caso del juez Baltasar Garzón viene de largo. Probablemente se remonte a la década de los noventa, cuando el famoso juez jugueteó con la política para, de inmediato, retornar a la Audiencia Nacional promoviendo asuntos contra el mismo gobierno que, en su día, lo llamó a sus filas. Es significativo que los apoyos tácitos del actual presidente José Luis Rodríguez Zapatero a favor de Garzón no sean secundados tan efusivamente por el ex presidente Felipe González. Todo un dato.

Ya iniciada la primera década del siglo XX, Baltasar Garzón se empeñó en procesar al dictador Pinochet y en buscar crímenes contra la humanidad mucho más allá de las fronteras españolas. Fracasada la viabilidad de la implantación de una justicia internacional y de la forja de un curriculum en ese campo, Garzón valoró las posibilidades de una judicialización del pasado doméstico. Muchos historiadores se asombraron ante la necesidad de requerir el certificado de defunción de alguno de los presuntos responsables de las matanzas de la guerra, al resultar hechos históricos probados. Pero más aventurada fue la aplicación del término genocidio para calificar el conjunto de muertes y represiones ejercidas por una España sobre la otra. Ningún historiador serio ha utilizado ese término en relación a las barbaridades perpetradas por los dos bandos durante la guerra civil porque, sencillamente, nadie tuvo la pretensión de eliminar físicamente a medio país; bastaba sólo con imponer un nivel de terror suficiente como para que el silencio sepultara las ideas del contrario. Pero las verdades que se desprenden de la historia no parece que sean ni objeto ni objetivo de este espectáculo.

Los propósitos de Garzón se han ido aclarando en la medida en que los actores han desarrollado sobre el escenario los papeles asignados. Unos no tardaron en criticar lo que estaba haciendo el juez al remover hasta la defunción de Francisco Franco; otros le han apoyado desde el primer momento y son los que no han tenido empacho alguno en organizar actos públicos de apoyo al juez. A favor o en contra, no caben medias tintas. Dos Españas. En medio de ambas, se lamenta una tercera que no acierta a comprender ni las reticencias de un empresariado que no se atreve a invertir por falta de confianza (supuestamente identificado con la caverna), ni la eficaz rapidez de los sindicatos a la hora de convocar un acto de apoyo a Garzón, mientras padecen algo parecido a una esclerosis a la hora de movilizar a los trabajadores asediados por el espectro del desempleo que ya supera holgadamente los cuatro millones de parados.

Pero el espectáculo debe continuar. Tras el primer acto, la obra ha dado un giro inesperado al haber sido sentado en el banquillo el que con tanta insistencia buscaba la certificación oficial de la muerte del antiguo jefe del Estado. Se le acusa ni más ni menos que de prevaricación. Asumir la competencia de juzgar los crímenes del franquismo puede resultar pintoresco, habida cuenta del tiempo transcurrido, de la prescripción de los delitos y de las sucesivas leyes de amnistía. Por no hablar de la presunción de inocencia o la hipótesis plausible sobre la reinserción de los viejos matarifes habida cuenta de que no han reincidido durante décadas. Tal vez pudo haber extralimitación de competencias, pero la acusación de prevaricación suena a melodía de exageración típicamente hispánica. Como los dos personajes garrulos que se están dando de bastonazos en el célebre cuadro de Goya. Los duelos a bastonazos se dan en España enterrándose los litigantes en el suelo –para no escapar- hasta conseguir la muerte del otro. Tan deplorable como triste.

Tan triste como las dos Españas que no se resignan a superar las historias oficiales en las que unos son los buenos (absolutamente buenos) mientras los otros son los malos (los enviados del infierno). La calificada como ley de memoria histórica abrió un hueco suficiente para las apetencias, los rencores, las venganzas y las oportunidades de aplastar la cabeza del otro. La vieja historia oficial del franquismo y la nueva historia oficial antifranquista. España aún no ha sabido –o querido- mirarse en el espejo de su historia para reconocer sus virtudes y defectos. Los españoles se lanzaron a matarse unos a otros en 1936. Hoy día, en otro contexto material y en medio de un mundo globalizado que nos está planteando urgentes retos de futuro, don Quijote piensa que es más listo que su subordinado Sancho Panza y éste, apegado a sus garbanzos, sabe de la locura de su caballero y le deja abierto el camino hacia su patético final. Españoles todos.

Ni los que están a favor, ni los que están en contra de Garzón se toman la mínima molestia de contemplar a España desde el exterior con ojos ajenos. Ni siquiera conocen el reciente libro del brasileño Roberto Mangabeira Unger titulado España y su futuro (Ediciones Sequitur, 2009). En sus páginas afirma certeramente lo siguiente: España, un país relativamente pequeño, se está convirtiendo, debido a la escasa imaginación de los que detentan el poder, en un país simplemente pequeño.

Ni más, ni menos.

21.2.10

Arrimar el hombro

Tal vez sea esta una de las expresiones más recurrentes desde hace ya algunos meses. Su éxito no ha sido fácil: consiguió imponerse en dura competencia frente a otras del tipo "brotes verdes" o "acontecimiento planetario" que, aunque tuvieron sorprendente vigencia, cayeron pronto en desuso ante los contundentes reveses propinados por la realidad. Esto de "arrimar el hombro" parece haberse convertido en divisa gubernamental, en santo y seña de una tropa sin oficial al frente o, quizás, en palabra clave que reparte responsabilidades y permite escurrir el bulto a los que han traído los lodos del paro y del déficit.

No me atrevo a realizar un juicio sobre esta expresión (como no nos atrevemos ya a tantas cosas), pero un buen amigo que gasta cierta sorna me ha escrito una breve carta que no me resistido a reproducir:

"Querido amigo:
Celebro que los perseguidos aún nos mantengamos en pie. Creíamos que la libertad siempre estaba segura una vez alcanzada. Se ve que no, que los silencios pueden amarrarse a fuerza de condenas implícitas y oportunos ostracismos dictados desde la legitimidad democrática. Tras aislarnos como apestados, ahora parece que nuestro concurso resulta ineludible para la buena marcha del país. Hay que 'arrimar el hombro', se nos dice. Puede que ese sea el camino. Y puede que, aunque no lo sea, el solo hecho de trabajar juntos se justifique éticamente por sí mismo. Y puede que sea una mera añagaza; no es la primera y, hasta que llegue el final, tampoco será la última.

Pero los que nos resistimos a prescindir del pasado para entender el presente nos hacemos varias preguntas que se resumen en una: ¿dónde estaba la oposición -la que debía haber 'arrimado el hombro'- los días 12 y 13 de marzo de 2004, cuando el país se enfrentaba a una situación excepcional?

Piensa en ello. Tuyo, como siempre..."

Bueno, pues me he puesto a pensar en ello, querido amigo alojado durante años tras el denominado "cinturón sanitario".

7.2.10

La crisis de confianza

Por fin comienza a verse claro el carácter propio y singular de la crisis económica que atenaza a España. Durante meses no han faltado los que comparaban nuestra situación con la de otros países. Esta era la línea preferida y preferente de los exégetas de las palabras del presidente español y sus más perfectos hagiógrafos. Después de una borrachera de estadísticas y promesas al aire, empieza a vislumbrarse que la base de la crisis no es otra cosa que una crisis de confianza que, por cierto, no hace otra cosa que manifestarse crecientemente día a día.
Visto en perspectiva, la cosa tiene su lógica. No se trata de una pérdida de confianza injustificada a partir de uno o dos detalles mal interpretados. No es un desencuentro irracional. Desde el exterior, España ha hecho sus deberes sobradamente en materia de descrédito. Cambió de gobierno en el año 2004 convulsionada por un inesperado ataque terrorista que produjo un efecto devastador contra el entonces ejecutivo español, con la ayuda de la desafección de la entonces oposición. Poco después, el nuevo gobierno entendió la gerencia del país como un enfrentamiento radical contra los Estados Unidos al retirar unilateralmente y por sorpresa las tropas de Irak (antes del 30 de junio), sin olvidar aconsejar a todos los países presentes en el conflicto que debían seguir el ejemplo español dejando sólo al entonces presidente Bush. Nadie hizo el más mínimo caso, pero los españoles siguieron tan contentos aquella senda de quijotismo chulesco poco compatible con los tiempos globalizados que corren.
Más allá, el gobierno entendió que la democracia consistía en encerrar dentro de un "cinturón sanitario" al principal partido de la oposición, aliándose hasta con el más ínfimo diablo con tal de perseverar en su propósito de aislamiento. Por si fuera poco, entendió la negociación con la banda terrorista ETA como un indefinido camino sin retorno en el que las víctimas se antojaban incómodos obstáculos al diálogo. Era el momento de los "hombres de paz" que comprendían perfectamente el valor de la sangre ajena como moneda de negociación para intereses propios. Siguiendo un rebufo de expansión económica, el gobierno no tuvo ni un minuto de desvelo por la marcha material del país. El funcionamiento de nuestra economía era algo automático que nos iba a conducir a superar a Italia y, en "tres-cuatro años", a la propia Francia. Todavía resuenan los ecos en las paredes del hotel neoyorquino en el que se pronunciaron aquellas sandeces.
Luego vinieron los famosos 400 euros como forma cutre -pero eficaz- de ganar unas elecciones de 2008. Desde entonces, ya no hay 400 euros. Poco más tarde, vino la presentación de Chikilicuatre en Eurovisión, con las mismas bendiciones de una RTVE que, ahora, en 2010, ha cortado por lo sano la candidatura de otra impresentable para no hacer el ridículo. Los signos de los tiempos. ¡Qué felicidad aquella cuando las mulatas bailaban el chiki-chiki con las bragas en la mano! ¡Cómo encandilamos a toda Europa con nuestra creatividad! Pura marca España.
Pero no había más que leer cierta prensa inglesa (The Economist desde 2007) para darse cuenta de la ceguera en la que estaban sumidos los españoles. Llegó la crisis y, con ella, el Plan E, los generosísimos avales a los bancos y una generación de paro sin precedentes. Se voceó la consigna de la tranquilidad, se vieron brotes verdes, se llamó de todo menos bonito al que viera más de 4 millones de parados en el horizonte, etc.
Lo ocurrido en la primera semana del mes de febrero de 2010 ha sido la puesta de largo de un escenario en el que, probablemente, tenga lugar un buen baile victoriano en el que casa uno va a ocupar su sitio. España, gracias a la dirección de su gobierno, carece de credibilidad internacional. Maquillar primero las cifras de déficit para tener que reconocer y pasar de un 9 a más de un 11% no ha favorecido las promesas de seriedad de España. La descapitalización de la bolsa española ha sido otro síntoma. La reducción de cotizantes a la Seguridad Social y el nuevo crecimiento del paro, otros signos de los tiempos que vienen. Las respuestas han sido tan "serias" y "socialdemócratas" como aumentar las retenciones de impuestos haciendo que buena parte de las nóminas y las pensiones se reduzcan con respecto al mes de noviembre pasado. También ha sido muy "socialdemócrata" el aumentar la edad de jubilación y otra medida curiosa: una ampliación de los años de cotización de 15 a 25 años que ha ido apareciendo y desapareciendo como el Guadiana. Pura y creíble seriedad. Confianza.
Ahora se ha anunciado una reforma laboral que, por lo visto, ha arrancado contentando a todos. Un buen amigo -que suele ser bastante prudente- se ha atrevido a pronosticar que la cacareada reforma laboral va a ser tan estéril como el Plan E a la hora de resolver los problemas planteados. Y creo que tiene razón. Como la tiene el ministro Corbacho al que todos le quieren colgar el muerto de la "reforma laboral". Dice, con razón, que esa sola reforma no significará la salida de la crisis. Efectivamente: debe acompañarse con medidas de ajuste estructurales y nada gratas. Y no creo que los actuales gobernantes se atrevan a ponerle esos cascabeles a un gato que ha ronroneado hasta ahora, pero que puede arañar si le pisan el rabo.
Las facturas suelen pagarse. Ahora comenzamos a pagar algo de lo que ya no nos acordamos. Y el cargo bancario ha venido distinguido con el concepto "crisis de confianza". Seguro que todavía hay quien se preocupa de las causas de los piratas somalíes, del calentamiento global, de las utopías perdidas, de las bondades del entrañable Hugo Chavez, de la cosmovisión de Evo Morales y de la santidad laica de Fidel, de los molinos de viento y de las buenas intenciones de la conjunción planetaria entre Obama y Zapatero. Dos liderazgos del siglo XXI que son la esperanza de millones de habitantes del planeta. Que sigan pensando así, que el pensamiento es libre. Incluso es posible que los que así ven el mundo hayan percibido algún rayo cósmico en el mágico -y conservadoramente religioso- desayuno de oración al que Zapatero asistió como representante de la presidencia de turno de la UE. Afganistán agradece sinceramente el suministro de paz que le está dando la pacífica España; sentimiento que es recíproco como todo el mundo sabe.
Una pregunta: ¿alguien sabe si el expresidente José Maria Aznar hubo de tragar asistiendo al dichoso desayunito con ocasión de la presidencia española de 2002 (de enero a julio)? A la fecha, la respuesta es negativa y por eso pedimos ayuda universal de ratificación. Si eso hubiera ocurrido, todavía estaría la izquierda recordándolo en la misma reserva iconográfica donde cuelga la foto de las Azores. Por cierto, el presidente estadounidense visitó Europa (2001) recalando en primer lugar en España. Y sin desayunos oradores que recuerdan a las antiguas fiestas de comunión, cuando se daba un café y unos dulces por toda celebración. Corrian otros tiempos, sin duda. Obama ni siquiera viene en mayo. ¡Qué cosas! ¿Dan por amortizado a alguien?
Las cartas están ya marcadas, aunque haya quien piense que no pasa nada, ni nada viene de la nada. Y quien critica la nada, es que nada contracorriente. Y que la retirada de Irak ya está olvidada. Y que Israel no tomó nota de los pañuelitos inoportunos. Y que los guiris no se enteran de nada. Y que todos, menos Zapatero, están equivocados por malintencionados, torticeros y antipatriotas crispadores... Eppur si muove.

30.12.09

El negocio del sentimiento

En plenas Navidades, con ocasión del día del padre, de la madre, o con motivo de cualquier efeméride resurge el debate sobre si las celebraciones se han reducido a un mero reclamo publicitario para el consumo de los más y el beneficio de los menos. Aunque muchos no estén de acuerdo con ese reduccionismo y algunos defendamos aún la deshilachada bandera del auténtico valor de una celebración sincera, no cabe duda que casi todo se ha convertido en un motivo para hacer caja. Y particularmente suculentos se han revelado los sentimientos como mercancía para hacer magníficos negocios. Un repaso al año que afortunadamente se nos va, deja la amarga huella de un prosaico paisaje donde todo tiene un precio.
Los que entienden que el dolor carece de código de barras habrán asistido atónitos al espectáculo de la frustrada inhumación de Federico García Lorca. En contra de los deseos de la familia -pero con todo el empecinamiento de los que miran para otra parte cuando se trata de exhumar restos humanos de pozos en Toledo- las palas entraron en el suelo para descubir restos materiales que nada tenían que ver con el célebre poeta. Total: unos 60.000 euros de dinero público que han ido a parar a alguien.
Que nos preocupe el cambio climático no significa que tengamos que comulgar con todas las ruedas de molino que, con ese pretexto, nos quieran hacer tragar. Hacer todo lo posible en nuestro entorno por conservar el medio ambiente y legarlo a nuestros hijos en un estado más o menos decente no nos conduce, de manera automática, a creernos hasta los estornudos de Al Gore. Más alucinante es la triste realidad. Veo a nuestro ínclito José Luis en el Parlamento Europeo defender la proliferación de coches eléctricos, pero su coche oficial no destaca por esa característica. Por añadidura, otro espectáculo ha sido el lucimiento de coches de gran cilindrada en la cumbre sobre energía celebrada en Sevilla en enero de 2010.
Los sentimientos parecen conformar un pasto idóneo para las llamas de los que hacen caja hasta de una lágrima. El fútbol y buena parte de los entretenimientos públicos no hacen otra cosa que pulsar sentimientos identitarios para encauzar pasiones telúricas que sería peligroso que estallasen ante las cristaleras de las oficinas de empleo. De los divorcios, mejor no hablar. A los/las que en tiempos se les decía que habían dado un "braguetazo" se les han venido a sumar los/las que ocultan una calculadora en la ropa interior. Con la ley en la mano, beneficiándose económicamente, jugando a ser víctimas públicas y verdugos privados.
No todo vale. Ya que nos quedan tan pocas creencias, por lo menos sigamos resistiendo numantinamente en el baluarte de unas pocas -muy pocas- convicciones. El sentimiento y la sensibilidad nos hace humanos. Y el dolor, por desgracia, los aguijonea.
No todo es objeto de negocio.

8.11.09

Una de piratas: el problema del "Alakrana"

Informaba la BBC el 26 de abril de 2008 de la liberación de los tripulantes del pesquero "Playa de Bakio". Aludía también a los silencios del gobierno español acerca del pago de un rescate y de la cacareada voluntad del mismo para evitar nuevos episodios de piratería sobre buques españoles. En realidad, si creemos a la BBC, se pagaron 1,2 millones de euros que fueron transportados por cinco hombres en una bolsa que fue entregada en el propio pesquero para que se marchasen los piratas somalíes. Un funcionario del gobierno somalí informó de ello cumplidamente.

Parece, pues, razonable sospechar que el gobierno español pagó un cuantioso rescate sin adoptar ninguna otra medida capaz de garantizar eficazmente la seguridad de nuestros pesqueros en el futuro. La prueba de contraste ha sido el apresamiento de otro buque, el "Alakrana". Esta vez cuentan los piratas con un mayor número de tripulantes y la inercia de un gobierno que está más dispuesto a pagar que a correr riesgos. Por añadidura, el gobierno tiene encima la presión de la opinión pública y de los familiares, además de las consecuencias derivadas de la torpeza de apresar a dos de los piratas fuera del buque español. No parece muy claro que puedan ni deban de ser juzgados por la Audiencia Nacional pero, con todo, lo más patético ha sido el espectáculo público de las debilidades de un sistema judicial que estuvo empantanado cerca de una semana acerca de la mayoría de edad de uno de los piratas capturados.

A estas alturas, no le quedan muchas opciones definitivas al gobierno español. Además de ganar tiempo y realizar maniobras de distracción -cosa que hace a la perfección- tiene ante sí dos caminos: o pagar y cerrar el asunto, o intervenir militarmente para conseguir la liberación. La torpe estrategia de contar con dos piratas como moneda de cambio ha resultado ser más una fuente de problemas que un instrumento de solución.

La primera parece la más plausible, habida cuenta de las alturas a las que nos encontramos. Ceder al chantaje soluciona, de momento, el problema, aunque tiene un coste en términos de opinión, humillación (los dos piratas probablemente tendrían que ser devueltos) y posible repetición del episodio en otro buque español (habida cuenta de nuestra facilidad de pago). La alternativa -es decir, la operación militar de abordaje- es más arriesgada y podría suponer un coste en sangre.

Después de cerca de un mes sin haberse ocupado mucho del asunto, al menos a ojos de los familiares más directos y afectados, no parece aconsejable una operación militar que conlleve muertos. Tampoco facilita una acción de esa naturaleza el viaje de destacados miembros del gobierno español a la Argentina para ocuparse, obviamente, de otros asuntos. Pero, por otra parte, la captura de más de treinta hombres les otorga a los piratas la posibilidad de realizar una macabra entrega de asesinados en dosis calculadas, lo cual abriría otro escenario.

Si se produce el primer asesinato, el gobierno podría poner en marcha la operación de asalto bajo la justificación de la salvación de vidas. Sólo en ese caso, todo el mundo entendería la alternativa militar. La espera, en este caso, es otra estrategia.

Pero si lo que se busca es salvar todas las vidas de todos lo antes posible, parece aconsejable pagar e, incluso, liberar a los dos piratas en el mismo paquete (con lo cual, tal vez consigamos una rebaja). Una vez hecho esto, es el gobierno el responsable de evitar la repetición de este tipo de graves incidentes. Y tiene medios para ello. Uno es armar a los buques con presencia militar puesto que tenemos capacidad y efectivos suficientes para ello. A continuación, parece aconsejable imitar a Francia y desarrollar una o varias acciones de castigo contra la piratería. No sería mala idea preparar una operación militar justo inmediatamente después del pago del rescate, con el objetivo añadido de recuperar el dinero entregado. Le queda otra, por cierto, aunque menos honrosa: invitar a que todos los buques mercantes y pesqueros españoles se retiren de la zona.

Quizás sea preciso recordar que los gobiernos están para gobernar y que gobernar significa tomar decisiones tras una deliberación racional. Se pueden equivocar o pueden acertar. Lo que no es de recibo es que un gobierno se mueva siempre entre las tinieblas de la duda esperando a que el tiempo, el milagro o los demás nos resuelvan nuestros propios problemas. Demasiada fe desarrollan los que tan laicos se muestran.

Desde luego, no ayuda a una percepción positiva de las cosas el que el presidente viaje a Polonia para, desde allí, "involucrarse personalmente" en el tema. Menos ayuda el hecho de que el presidente pretenda darnos lecciones de historia contemporánea comparando la caída del muro de Berlín con la muerte de Franco. Ya sabíamos que la ignorancia es atrevida. Pero intentar convertirse en historiador aficionado desde el poder con 36 hombres secuestrados es, sencillamente, patético. Patético hasta el vómito. Y mira que tiene asesores.

25.10.09

ZAPATERO Y EL COMITÉ FEDERAL, O SANTIAGO Y CIERRA ESPAÑA

Parece ser que el tiempo proporciona nitidez a los acontecimientos del pasado. Miro entre los papeles cómo en enero de 2003 un juez decretó prisión para 16 acusados por pertenecer a Al Qaeda. Dos días después, en el mismo periódico (El País, 29 de enero de 2003), leo que la Coordinadora de ONG Solidarias -que agrupaba a más de 50 entidades de Gerona y el Alto Maresme- expresaba su "indignación" por aquellas detenciones derivadas de la Operación Lago. Acusaban al entonces gobierno del PP de "juego sucio", de xenofobia y racismo por aquellas detenciones contra un posible desarrollo de terrorismo islámico en nuestro país. Cabe sospechar que al menos una parte de los mismos que se indignaron por aquellas detenciones, protestaran casi 14 meses más tarde ante la gestión que el mismo gobierno del PP hizo de los atentados de Atocha.

Días después, el tres de febrero de 2003, Maruja Torres publicó en El País un artículo titulado Operación Decencia en el que vertía todo tipo de alabanzas sobre la ceremonia de los Goya. Allí, los que Torres denominaba como "cómicos" (en realidad, actores y actrices premiados y no mal remunerados) se pronunciaron públicamente contra la guerra, contra el Prestige y contra "...el paro; el engaño; la irritación; la estafa. Sí, sobre todo la estafa". También cabe preguntarse si existe alguna conexión entre los silencios actuales sobre la presencia española en el Líbano o Afganistán y las grandes cantidades de dinero público que se han destinado a determinado cine español (el cual, por cierto, no deja de ser una iniciativa privada sostenida con déficit en el último ejercicio).

En fin, el transcurso del tiempo suele ser letal para la mentira, pone en evidencia la ligereza, divorcia las amistades artificiales, evapora los discursos vacíos y arroja los despropósitos al cajón más inconfesable de la historia. Obviamente, sin ese tamiz del tiempo, los acontecimientos recientes parecen hasta importantes envueltos en sus ropajes de actualidad. Y no me resisto a pensar en cómo interpretaremos dentro de unos años el cierre de filas del Comité Federal del PSOE en torno a su secretario general (el presidente Rodríguez Zapatero) que ha tenido lugar hace poco más de un mes, entre el 19 y el 20 de septiembre de 2009.

Un amigo, que tiene cierta gracia, suele comentar que el abandono de su infancia tuvo lugar el mismo día en que comprobó que no es el lobo el enemigo de Caperucita, sino que ésta es capaz de devorar al lobo, mancillarlo y hacer un buen negocio casándose con él y, luego, divorciándose de sus pellejos. Entrando en el campo de la política, siempre afirma que prefiere los claros aullidos del malvado lobo que los arrumacos fragantes de la inocente Caperucita. Puro refranero: "De las aguas mansas líbreme Dios, que de las bravas ya me libro yo". De las dos opciones, parece poco discutible que el todavía presidente del gobierno se ha decantado por elegir el papel de Caperucita, probablemente por tomar distancias de presuntos "lobos" como Felipe González (al cual también se le conocía como "zorro" por su astucia) o José María Aznar (al que culparon y calificaron de todo).

Supongo que ya nadie niega la evidencia de la crisis (esa que anunciaron los antipatriotas) y que parece que las cosas no marchan excesivamente bien. Los brotes verdes de antes del verano se han marchitado y ahora, de nuevo, vuelve el presidente a decir que lo peor de la crisis ha pasado, al tiempo que Leire Pajín nos avisa del acontecimiento planetario que tendrá lugar a comienzos de 2010 con la presidencia española (capitalizada por Zapatero) en la UE y la de Obama en los EE.UU. El tufo a voluntarismo es notorio, mientras el presidente afirma que "gobernar es también improvisar" al tiempo que, sin pestañear, sentencia que lo necesario no es una reforma laboral sino una "reforma empresarial".

El Comité Federal ha cerrado filas en torno al capitán de una nave que está haciendo aguas graves. El PSOE le da una generosa razón a un secretario general del que sabe que no es líder, ni marca una dirección clara y viable. Tal vez sea esa disciplina la que debe existir en una organización política, pero en voz baja y en privado son muchos los socialistas que razonan sobre la idoneidad de los caminos que se están transitando. Entre otras cosas porque, de seguir en esta tendencia, no resulta aventurado pensar que la derrota electoral de Zapatero puede condenar al partido a más de un lustro en la oposición. Y, naturalmente, el presidente pasa pero el partido se queda.

La cosa se complica porque, dentro del PSOE, el secretario general ostenta un indudable poder que ejerce con singular habilidad y sin merma de su escasa autoridad. Los silencios a su alrededor se preservan en función de su capacidad para decidir ministerios, subsecretarías o direcciones generales, pero no despierta las adhesiones derivadas de la solvencia. En otras palabras: no son muy numerosos los socialistas que concedan menos crédito a figuras como Felipe González que al actual presidente del Gobierno.

Imagino cómo se leerá este cierre de filas en el año 2018, si es que alguien se toma todavía entonces la molestia de escudriñar el pasado. Parece inevitable pensar que esa lectura se hará bajo la luz de lo que ocurra en los próximos 24 meses. No más.

Si no se corrige un ápice el rumbo, o se confía en que el barco a la deriva llegue a buen puerto por casualidad, sería conveniente pensar si el más que generoso e incondicional apoyo del PSOE no debería tener en el futuro una respuesta honesta, proporcional y recíproca por parte de quien debe comprender que no el poder no es para estar, sino para hacer.

9.6.09

Europa y la “Pajinada”

Recuerdo que hace algunos años compré y regalé un libro de Manual Vázquez Montalbán titulado La aznaridad: por el Imperio hacia Dios o por Dios hacia el Imperio. Corrían entonces en España aires de libertad en los que si criticabas al gobierno no te tachaban de nada. El libro tenía su gracia. Al menos para mí, que aún me deslizaba por las suaves pendientes de la ingenuidad sin saber que nos esperaba un abismo.

Algunos –muy pocos- sospecharon en la primavera del año 2004 que tras el abismo se ocultaba un infierno dulce y neutralizador, una especie de droga que adormecía los sentidos y doblaba el ánimo para llevarnos en volandas hacia una soñada y utópica República de felicidad. Pero no eran muchos. Del sueño comenzó a despertarse una parte de la población hace bien poco, a medida en que el dolor de la crisis y los azotes de la vida laboral iban desentumeciendo los cerebros. Poco a poco, a esa minoría que tuvo que soportar los rigores de una dura vida en el desierto se fue sumando una legión de descontentos a razón de unos 5.000 al día. Y eso ocurrió prácticamente antes de ayer.

Tal vez desconocedores de cuánto han cambiado las cosas desde marzo de 2008, los socialistas españoles han desplegado una campaña electoral para las recientemente celebradas elecciones europeas que no tiene desperdicio. Como consideración previa habría que advertir que la calificación de socialista aplicada a las directrices del actual PSOE podría resultar harto aventurada, habida cuenta de su derroche de populismo, simpleza y demagogia. No es difícil encontrar mas socialdemocracia en partidos que defienden tanto la cohesión nacional como una participación auténtica de la ciudadanía en la toma de decisiones. Al menos así lo creen los que consideran que lo socialdemócrata va vinculado al rigor, la calidad, la elevación de los niveles de formación y un cierto sentido austero que tiene vocación de buen hacer.

La campaña del PSOE se puso en marcha en torno a un eje central: la derecha (y, por extensión, las derechas europeas) nos han metido en la crisis. Una crisis de la que, paradójicamente, nos avisaron con mucha antelación (aunque nosotros negásemos ese catastrofismo) y una crisis de la que, ahora, pretenden aprovecharse. El incremento de la temperatura electoral hizo que el PSOE lanzase un vídeo en los que los europeos ocupaban el lugar de arquetipos reaccionarios. Una inglesa –a modo de jovencita thatcheriana- defendía las privatizaciones con voz atiplada, un español –con facha de empresario orondo- reclamaba el despido libre, un italiano –agricultor perdido en una campiña de la Toscana- se pasaba por el forro el cambio climático y una francesa con aire de dama reprimida -pero mirada de Pompadour- defendía la pena de muerte. No faltaba, no podía faltar, el cura que afirmaba que en Europa solo hay sitio para una religión y, como no, al alemán le tocó hacer de nazi radical echando pestes de los homosexuales porque los judíos ya se marcharon hace tiempo.

Después de ver aquello, cabía pensar que hasta las campañas electorales deberían tener sus límites ante un mínimo umbral de decencia y de vergüenza. Por añadidura, podía adivinarse que los diseñadores de campaña del PSOE pensaban en un público exclusivamente español. La exposición de semejante spot por toda Europa hubiera generado más rechazo que adhesiones a la vista de las correlaciones estereotipadas que se hacían de ciertos caracteres nacionales.

Ya nos aproximábamos al final de una campaña cansina cuando la Secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, se plantó en los desayunos informativos de Europa Press. Era obvio que no estaba en el calor de un mitin, ni ante una masa encolerizada capaz de vociferar con la vulgaridad más ocurrente. Era un desayuno con periodistas, en la placidez de la mañana, cuando el café, el zumo y las viandas nos devuelven la diáfana claridad que perdimos tras el crepúsculo del dia anterior. Y les espetó textualmente:

“Y como todo acontecimiento histórico necesita de sus símbolos, les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EEUU y Zapatero presidiendo la UE en tan sólo unos meses. Estados Unidos y Europa. Dos políticas progresistas. Dos liderazgos. Una visión del mundo. Una esperanza para muchos seres humanos”.

Acontecimiento histórico. Y del planeta. Dos liderazgos. Un nuevo reparto de bloques, pero una misma visión del mundo.

Hubo quien se quedó mirando al horizonte con cierta amargura preguntándose el sentido de la vida después de dedicar tantos años y tantos esfuerzos al estudio del pasado. Hubo quien se miró al espejo para comprobar si estaba listo para el sonado acontecimiento planetario o debía comprarse ropa nueva para el evento. Hubo quien desdeñó la buena nueva aferrándose a un futuro en el que Michelle y Sonsoles encarnasen la verdadera revolución planetaria. Y hubo quien, directamente, corrió a buscar en el diccionario de la Real Academia Española la definición de imbécil y vio que, en una de sus acepciones, se recogía como adjetivo por “alelado/a” o “falto/a de razón”. Pues eso: imbécil/a.

1.6.09

La España de Zapatero y la salud democrática

Nos tiene acostumbrados a buenos análisis. José María Maravall, catedrático de Sociología y ex ministro socialista, viene deleitando a algunos espíritus con finos y solventes análisis acerca de la realidad política. Sólo por referir sus libros más recientes, podemos recordar El control de los políticos (2003) y La confrontación política (2008), ambos publicados por Taurus. Obviamente, sus estudios denotan ciertos sesgos derivados de su condición de ex ministro y de asesor del PSOE, pero no por ello dejan de carecer de validez y método. Aborda con brillantez asuntos tales como la conservación del poder, el arte de saber anticipar las elecciones, las políticas de la crispación o las conspiraciones políticas. Eso sí: se echa en falta que no las aplique con ecuanimidad. Si el PSOE ha sido víctima de conjuras, el PP no se ha quedado atrás en ese dudoso honor. Lamentablemente, cada vez que ha cambiado el color del gobierno en la España democrática lo ha hecho a través de procesos llenos de tensión y dudosamente democráticos. Parémonos a pensar en cómo abandonaron el poder Adolfo Suárez, Felipe González o José María Aznar. El acoso y derribo se hizo presente en el escenario político para terminar con sus respectivos liderazgos. La excepción, tal vez, fue Leopoldo Calvo-Sotelo quien se benefició de las ventajas de no ser percibido como líder y pilotar un barco que hacía aguas desde la sentina.

Son muchos los detalles que podríamos destacar del último libro de Maravall, pero nos ha llamado la atención un párrafo concreto. Dice así:

“La política de Bush consiste en estigmatizar a los oponentes y en inflamar las pasiones de sus propios partidarios… La política de Bush vive de encontrar las debilidades de la oposición y martillear sobre ellas incesantemente mientras se moviliza a los aliados, excitados por la visión de martillo subiendo y bajando y el sonido que produce su impacto”.

Estas palabras son un extracto del libro de Mark Halperin y John F. Harris titulado The Way to Win (Random House, 2006). Se refieren a la estrategia política desplegada por el presidente George Bush contra sus adversarios del partido demócrata. Maravall lo incluye con pertinencia dentro de su discurso al hablar de la utilización de temas transversales y las estrategias de polarización. Lo inquietante viene, como siempre, cuando se reflexiona con algo más de detenimiento sobre estas palabras aplicándolas al marco doméstico. ¿No fue esto precisamente lo que viene ocurriendo en España desde la primavera del año 2004?

Parece que uno de los objetivos principales de toda la política del gobierno de Rodríguez Zapatero se ha focalizado en neutralizar al principal partido de la oposición. No se trataría, en consecuencia, de buscar una leal colaboración política dentro de una sana atmósfera democrática, sino de hundir al único partido que le hace sombra al gobierno. En esa búsqueda del establecimiento de un partido único se anhelaría la alianza con pequeños partidos periféricos con tal de aislar al partido de la oposición. Llegó a acuñarse el término cinturón sanitario para describir el asedio que se estableció en torno al Partido Popular como si fuese una ciudadela destinada a rendirse. Era preciso arrastrar al ex presidente Aznar a una comisión de investigación para escarnecerlo en la condena anticipada. Recordemos el encarcelamiento de políticos populares –cada vez que hay elecciones a la vista- para ser puestos en libertad pocos días más tarde sin cargos. Lo importante es calumniarlos, silenciarlos, desprestigiarlos y, en suma, borrar cualquier vestigio de competencia electoral, aunque esta sea una de las esencias de la democracia.

Para los que acusan al ex presidente Aznar de criminal de guerra, los que apoyan al PP son fascistas, son antiabortistas, son conspiradores, son crispadores, son carcas, son retrógrados… son lo que sobra a esta España, libre y plural. Son ellos los culpables de todo: de avisar, por ejemplo, de la crisis y de beneficiarse ahora de ella. El mensaje derivado es que nunca deberán gobernar, ni tener opción a ello. No faltan los que sueñan con la desaparición de esa lacra derechista, con la eliminación de los otros. Y ser de derechas, hoy por hoy, es todo lo que queda fuera del PSOE y no sostiene alianzas con este partido. Es decir: tan fascista es Rosa Díez como Mariano Rajoy. Y tenemos hasta la cuantificación: existen en España no menos de 10 millones de fachas.

Resulta curioso verificar unos ciertos parecidos entre la política desplegada por Bush contra el partido demócrata y Rodríguez Zapatero contra el PP. Al primero, a la larga, no le ha dado resultado esa estrategia. Veremos a ver qué ocurre con el segundo, habida cuenta de que la “textura” de la aún joven democracia española no puede compararse con el sistema democrático estadounidense.

4.5.09

España, el gobierno español y Europa

Corría el año 2003 cuando se criticaba al gobierno de José María Aznar por rechazar el proyecto de Constitución Europea. Llovían entonces tales descréditos desde el partido de la oposición, capitaneado entonces por quien es hoy presidente del gobierno español: José Luis Rodríguez Zapatero. Este se enfrascó en una durísima campaña en la que la desproporción del ataque sólo pudo compararse al calado de las promesas lanzadas al viento en vísperas de elecciones. Una de las más sonadas fue la retirada de las tropas españolas de Irak a partir del 30 de junio de 2004 si para esa fecha no mediaba una resolución de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Pero, contra su propia promesa y contra pronóstico de los aliados, el 19 de abril decidió retirar las tropas en una rápida carrera que culminó en mayo, casi un mes y medio antes del plazo exigido. Curiosamente el 8 de junio de 2004, la Resolución 1546 –aprobada por unanimidad- transfirió la soberanía a un gobierno interino iraquí. Rodríguez Zapatero ignoró públicamente la Resolución, aunque la comentase fuera de registro. El relativo aislamiento internacional de España tan sólo había comenzado.

Desde aquella fecha han ocurrido cosas tales como el apoyo del gobierno español a la candidatura de Al Gore (2004), la demostración continua de belicosidad contra el presidente reelegido de los EE.UU. (George Bush), un no disimulado sesgo contra Israel, una política de cesión y entendimiento exclusivo con Marruecos (olvidando a saharauis y argelinos), una profunda amistad con Cuba y Venezuela que va mas allá de lo prudente y un desmarque digno de un perfecto don Quijote en asuntos que gozan de gran consenso internacional entre las democracias occidentales como la independencia de Kosovo. Es posible que antes del final de su mandato, Rodríguez Zapatero sea capaz de poner de nuevo en evidencia a España como un país que ya no cuenta del mismo modo en que solía hacerlo entre 1990 y 2004.

Probablemente, la razón explicativa de esta actitud en materia de política exterior se deba a que el presidente español no le concede mayor importancia (de ahí la sorprendente permanencia de Moratinos al frente de una cartera ministerial que le viene más que grande). O, al menos, no le otorga la misma atención a los asuntos internacionales que a la cotidianeidad doméstica. Aunque pueda parecer sorprendente, la ley del tabaco, el matrimonio homosexual, el carnet de conducir por puntos, el reparto de 400 euros en el año electoral de 2008 o la reciente reforma del aborto han ocupado más atención y más agenda que la situación internacional de España.

Teniendo presente lo expuesto, tal vez pueda entenderse mejor que la política española con respecto a Europa no haya seguido un derrotero más definido que el de la etérea Alianza de Civilizaciones. Baste detenernos en dos capítulos para verificar la adopción de decisiones que, como mínimo, han sido ejemplos de voluntarismo presidencial.

En febrero de 2005, bajo el slogan de los primeros con Europa, fuimos convocados los españoles en referéndum para ratificar la Constitución Europea. Los españoles la aceptamos pero, posteriormente, franceses y holandeses dieron al traste con ella. El proceso sólo sería reconducirlo con una nueva propuesta: el Tratado de Lisboa. El gobierno español tragó con aquel arreglo sin más y ni se planteó la obligación de someterla a la consideración de los españoles que habían dado su aprobación al proyecto anterior. Todo ello ponía en evidencia lo lejano que se percibía –y se percibe- todo lo relacionado con Europa (a excepción de los fondos comunitarios). Ni buena parte de la población demandó la nueva consulta, ni el gobierno pensó que el detalle de repetir el referéndum tenía mayor importancia.

Ese mismo año, el gobierno adoptó otra medida como fue la legalización masiva de inmigrantes en España sin contar con la opinión de sus homólogos europeos. Hoy sabemos que la medida generó un efecto llamada y el mismo gobierno español solicitó ayuda a la Unión Europea (UE) para solucionar el problema de afluencia excesiva de inmigrantes. La entonces ministra de Justicia austriaca expuso lo que iba a ser la respuesta de la UE en la reunión informal de ministros de Justicia e Interior celebrada en Tampere (Finlandia) en septiembre de 2006: “No es una solución legalizar a los inmigrantes ilegales como hizo España el pasado año, porque de algún modo genera un factor de empuje en la gente de África, como desgraciadamente hemos visto en los últimos meses”.

A estos dos ejemplos podríamos añadir la empresa de someter al Parlamento Europeo (PE) una resolución de apoyo a “la iniciativa de paz en el País Vasco emprendida por las instituciones democráticas españolas en el marco de sus competencias exclusivas”. Eso ocurrió el 25 de octubre de 2006, dividiendo al PE e involucrándolo innecesariamente en un problema que, por desgracia, era exclusivamente español. Y, obviamente, lo sigue siendo.

Europa ya no termina en los Pirineos, pero lo que ocurre más allá parece tener escasa importancia para un gobierno más obsesionado por neutralizar a la oposición que por situar a España en el mundo. Su objetivo se reduce a contar cuántos serán los votos españoles para uno y otro partido a fin de ensayar análisis de prospectiva cara a las próximas elecciones generales españolas. En esas circunstancias, posiblemente, muchos de los que votan al gobierno no se tomarán la molestia de acudir a las urnas, al no sentir ni siquiera los riesgos que comportan unos comicios domésticos. Tal vez sea el electorado más motivado el de la oposición; el mismo que con su papeleta quiere demostrar su desacuerdo con la deficiente gestión de la crisis económica por parte de José Luis Rodríguez Zapatero. No en vano, lo primero que hizo ante la evidencia de la crisis fue negarla a capa y espada, tachando de catastrofistas y antipatriotas a los que veían venir lo que hace tiempo que ha llegado.

También publicado en Café Babel

18.2.09

Dos fotografías: ayer y hoy

Algunos son favorables a la actividad cinegética; otros, no. Igual que a unos les gustan los toros y a otros no. Pero en estos tiempos de "purismo", de cambio climático, de preservación del medio ambiente, no deja de motivar algunas reflexiones la mera comparación de las imágenes de ayer y hoy. Imagenes que, por supuesto, para algunos no tendrán nada que ver; pero, para otros, sí.





5.2.09

Probablemente Alá no existe

Aunque el slogan surgió en Gran Bretaña, ha sido en España donde se ha cruzado un debate entre autobuses de distintas ciudades que enarbolan mensajes contrapuestos en torno a la existencia de Dios. Spain is still different.

En medio del surrealismo que nos rodea, a alguien le daría por pensar en voz alta qué pasaría si en la Barcelona liberal y capital del tripartito se hubieran adornado los autobuses con un sonoro "PROBABLEMENTE ALÁ NO EXISTE". Dado que la Ciudad Condal congrega, por ejemplo, la concentración de paquistaníes más nutrida de Europa continental, ¿qué pasaria?

Como nunca cesan las ideas, la iniciativa podría extenderse a ciertas ciudades del Sur durante las vísperas de Semana Santa. La fórmula, escrupulosa con la cuestión de género, sería aplicable a localidades como Sevilla, Córdoba, Málaga o Baeza: "PROBABLEMENTE LA VIRGEN DE... NO EXISTE. DEJA EL CAPIROTE Y DISFRUTA DE LA VIDA". En los puntos suspensivos iría emplazada la denominación de la Virgen local más señera y cabría diseñar aún una versión "b" para los Cristos. Si el experimento funciona cabría transferirlo al rosario de vírgenes locales que celebra sus romerías desde las postrimerías de la primavera a las fiestas del mosto de finales del verano.

Si intepretamos que ser tolerantes es enarbolar un slogan como el que llevan los autobuses de nuestra amada BCN, es razonable pensar que las extrapolaciones propuestas podrían considerarse un ejercicio de tolerancia multicultural de apertura, además, a todas las sensibilidades de nuestras queridas comunidades autónomas. ¿O no?

Como en Londres... pa' no ser menos. Que España es Europa, ¿verdad?

28.12.08

ESPAÑA, PAÍS VULNERABLE

Cuando se internacionaliza la lucha antiterrorista cabe el riesgo de que la actividad terrorista que pretendemos combatir recorra un camino similar en sentido contrario. Dicho riesgo se multiplica en la medida en que se estrecha el cerco internacional contra una determinada organización para la que resultaría perjudicial efectuar un atentado indiscriminado a gran escala. Uno de los precios más elevados de esa cooperación internacional entre terroristas radica en la confusa evaporación de la frontera entre las principales justificaciones y motivaciones de cada organización; un precio siempre elevado para el grupo terrorista más pequeño y local, dotado de objetivos más precisos y definidos. Por ello, si se establecen relaciones criminales de colaboración, lo que cualquier organización terrorista local intentará es aparecer totalmente desvinculada de los autores públicos de la gran masacre.

Parece que ese tipo de alianzas entre una organización terrorista limitada y una red internacional es menos frecuente de lo que se piensa. Y no puede ser un recurso regular cuando los objetivos de cada organización son muy distintos y la coincidencia de intereses se restringe a circunstancias muy concretas. Ahora bien, si excepcionalmente el objetivo es el mismo, la alianza se establecerá entre los que aportan experiencia y know-how en la industria del terror y los que ponen mártires, decisión y toda la brutalidad posible para un impacto letal. Ese objetivo puede ser hundir a un país internacionalmente, doblegar una voluntad colectiva o derribar un régimen o gobierno. Una meta concreta, nada más.

No parece que en España se haya extendido la reflexión acerca de lo ocurrido entre el 11 y el 14 de marzo de 2004. La práctica totalidad de los discursos públicos han optado por olvidar todo aquello, pasar página y mirar hacia delante. Los debates más agrios se centraron en adjudicar la autoría en medio de una investigación que fue muy complicada y un polémico juicio que terminó con una sentencia no menos discutida. Las guindas del pastel han sido las excarcelaciones y rebajas de pena a los sentenciados como culpables de realizar el atentado más bestial de la historia de España. Cosa curiosa; penas más llevaderas cuatro años después de los atentados de Madrid.

La reflexión, como mera hipótesis de partida, estaría alojada en otro plano. ¿Qué objetivos buscaban los terroristas que llevaron a cabo los ataques del 11 de marzo? Parece que hay un amplio consenso acerca de dos de esos objetivos:

1º) Castigar a España por su presencia militar en Iraq.
2º) Poner de manifiesto la enemistad de Al-Qaeda con la conducta y estrategia del gobierno de José María Aznar por su acercamiento a los EE.UU.

España y el nuevo gobierno saliente de las elecciones dio cumplida satisfacción precisamente a estos dos objetivos. Antes de cumplirse tres meses de los atentados, el nuevo presidente José Luis Rodríguez Zapatero retiraba las tropas españolas de Iraq (frente a su promesa de retirarlas sólo a partir del 30 de junio). Por otro lado, desde la primavera de 2004 hasta comienzos de 2008 el gobierno español no ha perdido ocasión de criticar y desprestigiar públicamente al ex presidente del gobierno. La sal gruesa la puso el ministro de Asuntos Exteriores cuando acusó a Aznar de preparar un golpe de Estado contra el venezolano Hugo Chavez, una muestra de imprudencia diplomática que el gobierno hubo de pagar años después en una Cumbre Iberoamericana. La tendencia hacia lo incalificable ha hecho fabricar rumores sobre el presunto divorcio del ex presidente, sobre la posibilidad de haber dejado embarazada a la ministra de Justicia de un país vecino, etc. Nulo respeto institucional para los ex presidentes.

Mientras España se ha mostrado inflexible en el juicio contra algunos de sus mandatarios, ha dado sin embargo la sensación de doblegarse con bastante facilidad a los objetivos terroristas. Al menos, responde de manera muy distinta a como lo hicieron los ingleses tras los atentados de Londres. Además ha reforzado su docilidad ante la violencia con la fachada del hueco edificio de la Alianza de Civilizaciones (mera marca para dar otra imagen ante el mundo árabe) y su disposición a resolver el terrorismo doméstico de ETA a tumba abierta. Las dos estrategias parecen estar ya superadas por puro descrédito.

La cuestión es saber qué haría España ahora si recibiera otro atentado de semejante naturaleza por su presencia militar en Afganistán o Líbano. ¿Volvería a culpar al gobierno (no a los terroristas) de lo ocurrido? ¿Terminaría retirando sus tropas si se repitieran dos o tres veces diversos ataques? Si existe un peligro real de atentados fundamentalistas, ¿por qué no se han producido todavía? Obviamente, no vamos a hablar de la encomiable y sacrificada labor de las fuerzas de seguridad del Estado y de las directrices que reciben porque ahí no se encuentra la respuesta a estos interrogantes. ¿Cuál es el papel que está desempeñando el terrorismo doméstico al que se aprieta pero no se ahoga? Es evidente que la decisión del presidente Zapatero de no devolver a la Cámara el permiso para negociar con ETA significa algo. El juego de espejos parece servido.

España es hoy un país suficientemente vulnerable. Mucho de lo sembrado desde el 2004 dará sus frutos, sin duda. Mientras el terrorismo local no sienta el ahogamiento, no parece que esté dispuesto a establecer contactos exteriores. Dejar semiabiertos los cauces de comunicación puede ser mejor que intentar cargarse a un gobierno del que quizás pueda sacarse aún algo. El gobierno se supone sabrá que sólo puede apretar hasta un cierto punto para no provocar efectos indeseados; de ahí sus aireadas puestas en escena cada vez que, desde Francia, se detienen a líderes de ETA. Ir poco a poco, para no cerrar la puerta a una negociación final más o menos generosa. Podremos llegar a los 4 millones de parados, pero si se resuelve el problema de ETA, las próximas elecciones se las asegura de nuevo un presidente que no piensa poner limitaciones voluntarias al número de sus mandatos.

Los equilibrios parecen lo suficientemente frágiles como para que su precariedad se mantenga durante mucho tiempo, sobre todo si ahora se quiere corregir rumbo ya sea interior o exteriormente. Al fin y al cabo, esos precarios equilibrios traslucen debilidad, falta de previsión y cierta irresponsabilidad para las generaciones futuras. Suscita sonrisa la cándida actitud del gobierno socialista español ante la "esperanza" que representará el nuevo presidente Obama.

España, país vulnerable, país sometido a la ignorancia como sistema y acostumbrado a la estupidez como gracia; los españoles así lo han querido.

14.11.08

“Tout ce que tu me demandes, je te le donne”

Hubo un tiempo en que mientras unos escuchaban Radio España Independiente, otros se empecinaban en alienarse con el Sevilla de Sánchez Pizjuán (que, por cierto, no era precisamente un rojo). Lustros después todo sigue igual: los que eran críticos con el régimen, siguen siendo críticos; los que tuvieron dificultades para unir dos neuronas, siguen en la misma ceguera mental. Lo irónico es que los segundos llaman a los primeros franquistas. No cabe más miseria, más cinismo, ni mas podredumbre. Que el Gran Arquitecto del Universo les perdone.

Hubo un tiempo en el que los secos españoles de las mesetas buscaban la sensualidad de lo lúbrico allende nuestras fronteras, muy especialmente en Francia. El vecino país encarnaba una idea libertina de Europa donde no llegaban ni la fortaleza militar de Gibraltar, ni el conservador Portugal, ni la comercial Andorra. La humedad de lo prohibido se mostraba en los cines que se encontraban poco más allá de la frontera. Allí había mujeres libres y aire de libertad, muy lejos de la dictadura española y del producto interior bruto que exigía la conversión directa de solteras a la espera en esposas y madres. El estereotipo se cerraba con la imagen imaginada de la mujer francesa: dulce, acaramelada y amante. Justo lo contrario a lo conocido al sur de Hendaya.

Mucho parece que han cambiado las cosas. En España pueden hasta casarse las parejas homosexuales cuando en Francia aún no pueden hacerlo. A partir de este detalle muchos españoles del establishment piensan que somos una democracia más desarrollada que la de los galos o, por supuesto, que la de esos extraños tipos a los que llamamos yanquis. Por lo visto la democracia tiene que ver más con los usos del cuerpo que con el ejercicio de la mente. Así parece apuntarlo el presidente español quien le espetó al presidente francés, Nicolás Sarkozy un casi inequívoco: “Tout ce que tu me demandes, je te le donne”. Lo ha referido Le Fígaro (la prensa española casi guarda silencio) y aún desconocemos la respuesta a tal ofrecimiento. Y todo por conseguir a cambio una silla junto a Bush.

Sabíamos de los escarceos teatrales de la mujer del presidente en París, pero era un secreto discretamente guardado esta nueva orientación del cónyuge de la primera dama. Todo vale con tal de conseguir una silla junto a Bush en la cumbre. La aspiración, pues, establece una nueva modalidad de relación bilateral con Francia, aspirante a convertirse en trío con los EE.UU., para terminar desembocando en una frondosa orgía con más de 20. Un gustazo, vamos.

“Tout ce que tu me demandes, je te le donne”. Una frase capaz de resucitar a muertos, palabras que convierten la noche en día, la lluvia en sol y el invierno en verano, aparcando la placidez de la vejez por los riesgos de la viagra. Ya sabemos el precio de la cumbre. Ya sabemos que lo lúbrico no viene de Francia porque España también se siente democracia y aspira a recorrer con el dedo el camino por dónde ha de transitar el mundo del próximo futuro. Pongamos nuestra piel a manos del francés, mi querido Príncipe de la Paz. Todo por sentarnos a la mesa de los grandes bajo la cual los pequeños puedan acariciar la entrepierna que más les convenga.

Reconozco que no sabíamos exactamente a qué se referían los próceres del reciente poder cuando hablaban del eje franco-alemán hace algunos años. Ahora se descubre que aspiraban a unirse a toda costa al sugerente eje, no a los soportes del mismo. Incluso si Ségolène Royal no fuera la destinataria del provocador “Tout ce que tu me demandes, je te le donne”, lo importante seguiría siendo el eje. Ya Vanessa Paradis esbozó magistralmente lo que era ese tándem y ese eje en una canción de impecable factura y notorias sugerencias que pueden servir a la delegación española como incuestionable puntal de inspiración: (http://es.youtube.com/watch?v=eq4KWx9kvCs).

Seamos eclécticos y no se escandalicen. Lo mismo es carne que pescado en la cena previa a la cumbre; es como denostar a los EE.UU. y amarlos prodigiosamente al día siguiente. Al conservador Sarkozy se le ha mostrado el camino abierto para aplacar sus deseos euromediterráneos. A nosotros sólo nos queda esperarlo, recibirle y satisfacerle. Nuestro trasero, eso sí, tendrá un lugar donde sentarse.

9.11.08

LA CUMBRE DEL PRESIDENTE ZAPATERO O LA JUGADA DE PÓKER (II)

Lo tenía. Tenía el as en la manga y era de preveer que, si lo tenía, lo tenía que jugar. Ya sabemos que la fecha de la reunión de Washington será el 15 de noviembre, sábado. El presidente español se sentará en la misma mesa que George Bush gracias a la cesión de una de las dos sillas a las que tenía derecho Francia por ocupar actualmente la presidencia de la Unión Europea. Que José Luis Rodríguez Zapatero sabe jugar al póker y que le gusta enfrentarse a situaciones límite está fuera de toda duda. Lo hizo con la ETA, lo hizo con el Estatuto de Cataluña (que este es otro asunto que se verá), lo hizo en los días que mediaron entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 (que ahora se quieren olvidar a toda costa) y lo hace cada vez que tiene ocasión. Le gusta el poder; sabe qué hacer para acceder a él y conoce también los entresijos para mantenerse en el mismo sine die. La concepción del poder para hacer cosas y transformar quedó atrás, en los tiempos de Felipe González; ahora la regla ha cambiado: el objetivo del poder radica en estar. Y estar para siempre, como sea, o -al menos- tanto tiempo como se pueda.

Ahora surgen dos interrogantes que también deberá aclarar el tiempo:

1º) ¿Qué va a aportar José Luis Rodríguez Zapatero a la cumbre de Washington? ¿Tiene alguna originalidad programada? ¿Va a dar otro golpe de efecto? ¿O, simplemente, se va a limitar a ir preparando su próxima visita a la Casa Blanca cuando Barack Obama le invite?

2º) ¿Por qué razones Sarkozy le ha prestado este inmenso favor a Zapatero cuando otros países también querían ir? ¿Se trata de un error del presidente francés o, por el contrario, se ha amarrado contrapartidas muy suculentas?

Estas cuestiones no dejan de tener su interés cuando parece que Rodríguez Zapatero se encuentra dispuesto a imprimir un giro de 180 grados a su relación con los EE.UU. y secundarles en todo lo que emprendan. De nuevo la búsqueda del estatuto de aliado privilegiado de los EE.UU., una canción que ya hizo sonar su melodía hace algunos años. Bienvenido sea el cambio si los beneficios son superiores a los sacrificios.

Por cierto, hoy, día 9 de noviembre de 2008, dos soldados españoles de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) bajo amparo de la OTAN (que no de la ONU) han muerto reventados en su vehículo blindado tras un ataque terrorista. Sin comentarios.

6.11.08

LA CUMBRE DEL PRESIDENTE ZAPATERO O LA JUGADA DE PÓKER

Estamos ya a pocos días de la anunciada cumbre del G-20 que se celebrará en Washington este mes de noviembre. Se anunció para el día 15, pero en algún sitio he visto publicado que será el 20. Las fechas se mueven para concordar agendas entre todos los miembros del grupo, lo que parece evidenciar el grado de voluntariedad de una cita que tiene poco de formal, sin orden del día concreto, presenta objetivos algo difusos y arroja recetas imprecisas al aire para intentar solucionar los problemas económicos.

No hay que ser un lince para afirmar que esta cumbre, en sí, no va a aportar solución alguna. Tal vez sirva al presidente George Bush a modo de homenaje de despedida y poco más. Habrá que esperar un tiempo, ver si este tipo de reuniones son regulares o van acrisolando una serie de acuerdos más o menos tácitos para ver si todo ello tiene alguna utilidad. Lo curioso es que hay quienes creen ciegamente en la trascendencia de la convocatoria y presentan una inédita obsesión por estar presentes en la mesa de los escogidos. De entre todos los cegados por los destellos del cónclave sobresale, sin duda, el presidente español Rodríguez Zapatero.

Quiere estar en la fiesta sin haber sido invitado. Lo ha manifestado en público y en privado. Van pasando los días y no le llega la prestigiosa tarjeta que le abra las puertas del gran baile. Y él -ni corto ni perezoso- se ha lanzado a viajar por más de un continente buscando apoyos para estar en la mesa de los 20 apóstoles entre los cuales se cuenta el maestro Bush. Obviamente el todavía presidente de los EE.UU. no le ha tendido la mano a Rodríguez Zapatero para satisfacer sus deseos como parece plausible que sí habría hecho con el anterior presidente José María Aznar si estuviera ahora gobernando España. Es razonable pensar que Bush rechaza la idea de tener delante a un hombre que va a culpar a los EE.UU. de la crisis mundial, arremetiendo de paso contra el neoconservadurismo de la administración americana. Tampoco es incomprensible que se quiera impedir que Rodríguez Zapatero utilice ese foro para su lucimiento personal ejercitando, además, un "trágala" contra el presidente republicano. Y, junto a todo ello, yace la dulce venganza que representa el darle una bofetada sin mano al presidente español en respuesta a todo lo que ha hecho desde la primavera de 2004 y, sobre todo, por la retirada súbita de las tropas españolas de Iraq. Eso no se olvida porque la promesa electoral de Zapatero consistía en retirar las fuerzas a partir de 30 de junio de 2004 caso de no haber resolución de la ONU antes de esa fecha. Las tropas fueron retiradas en mayo, al igual que el 8 de junio apareció la requerida resolución. Personas hoy muy cercanas al presidente Barack Obama lamentaron agriamente la actitud española hasta el punto de afirmar: Eso no se hace con un aliado.

Sin tener nada de esto en cuenta, Zapatero ha sentenciado por activa y por pasiva que irá. Y toda la grey que sigue al mesías de la izquierda ha formado un verdadero coro que canta la misma melodía: España estará. El presidente español al que le crecen los enanos (desde el paro al incremento de la tensión terrorista) ha echado un gallardo pie hacia delante para exclamar todos los días lo mismo con una seguridad asombrosa: España estará. Y lo dice tan confiado y firme que ya uno duda si no tiene un as en la manga que, ciertamente, le asegura su presencia en Washington. Si eso es así, tendrá que mostrar su oculto as dentro de pocos días y habrá que reconocerle -por lo menos- un grado de tenacidad que es una lástima que no lo haya usado también en otros menesteres. Sabe jugar al póker ejerciendo el difícil papel de desahuciado que, no obstante, conoce de antemano que va a ganar. Si, por el contrario, todo es un farol hueco y no es invitado a la cita convocada, desde luego habrá que convenir que el más descarado cinismo es perfectamente conjugable con la estupidez más impenitente. Cinismo por ejercitar la mentira como práctica habitual; estupidez por mendigar unos favores que -en política internacional- no se conceden sin contrapartida.

Por supuesto hablamos de la cita de noviembre. Si a partir de febrero de 2009 Rodríguez Zapatero visita la Casa Blanca y se incorpora a las cumbres, eso será harina de otro costal que las voces oficiales españolas se encargaran de propagar a los cuatro vientos. Habrá que ver hasta dónde alcanzará esa restablecida amistad España-EE.UU. En ese nuevo contexto, no creo que el gobierno americano llegue más allá de las amables formalidades: no se comprometerán a nada importante con una España que lo tendrá muy difícil durante muchos años (incluso cuando ya no esté Zapatero) para demostrar que es un aliado fiel. Perfecta redundancia: si uno es aliado, se le presupone la fidelidad. En principio, no se puede ser aliado traidor a no ser que uno, en realidad, no sea un verdadero aliado en términos de relación privilegiada. Probablemente no somos otra cosa que una potencia media de carácter dependiente. Y un siervo puede protestar e incluso rebelarse, pero el señor siempre estará ahí y el rebelde -tarde o temprano- volverá al rebaño porque no sobrevivirá sólo. Justo lo que parece estar intentando quien antes ni siquiera se dignaba a respetar la bandera de barras y estrellas. Hoy, el hijo pródigo parece querer volver a casa dando una vuelta por todo el mundo para arroparse de su vergüenza.

Que la fuerza y la suerte te acompañen. A lo mejor consigues que Francia te ceda una silla para emplazar tus posaderas en la capital del origen de todos los males: Washington (Estados Unidos). Esa cesión de asiento ha tenido o tendrá alguna contrapartida. Pero, por supuesto, niégalo y miénteme una vez más. Eso es lo que significaba para tí que España estará. Pues muchas gracias, jefe. A mandar.

17.7.08

11 M

Durante los últimos tiempos el formular una reflexión en torno a las incertidumbres y dudas que rodearon el trágico 11 de marzo de 2004 se ha convertido en un ejercicio de incorrección política. Cualquier comentario se tachaba inmediatamente de posible cooperación con teorías conspirativas. El resultado ha sido el silencio y el temor a hablar para no alinearse con lo "no oficial". Pero, sin embargo, hay cosas que no están claras y, en la medida en que el tiempo pasa, las cosas se tornan cada vez más extrañas por más que el gobierno diga que todo está bien, que el estado de derecho ha funcionado perfectamente desde el año 2004 (antes, por lo visto, no) y que la página está pasada para "mirar al futuro". Bueno, vale.

Lo que llama la atención son algunos simples datos. Vayan algunos.

En primer lugar, coincidiendo con la Conferencia Internacional para el Diálogo (Madrid, 16-18 julio 2008) que cuenta con la colaboración de la Liga del Mundo Islámico, se ponen en libertad a Abdelilah El Fadual El Akil —condenado inicialmente a nueve años por un delito de colaboración en relación con los atentados del 11-M— y a Mohamed Almallah Dabas y Basel Ghalyoun —condenados a 12 por pertenencia a organización terrorista—. Por añadidura, el Tribunal Supremo ha ratificado la absolución de Mohamed "El Egipcio" pero, eso sí, Antonio Toro pasa a enfrentarse a cuatro años de prisión por tráfico de explosivos. Más aún: buena parte de las penas se han reducido: Mohamed Larbi Ben Sellam (de 12 años a nueve), Hassan el Haski (de 15 a 14), Nasredine Bousbaa, Mahmoud Slimane (ambos, de tres a dos) y a Hamid Ahmidan (de 23 a 12). No se explica muy bien por qué razones son merecedores de tales clemencias.

La coincidencia con la citada Conferencia para el Diálogo debe ser casual porque, en caso contrario, la independencia del poder judicial de los intereses del gobierno serían mera retórica. Se supone, igualmente, que el Constitucional fallará antes los recursos contra el actual Estatuto catalán (que llevan tiempo interpuestos) que el recurso contra la convocatoria de la consulta del gobierno vasco. ¿O no? No vaya a ser que algunos asuntos duermen el sueño de los justos (porque interesa que sea así) y otros son rápidamente "sentenciados".

En segundo lugar, me siguen dando vueltas a la cabeza los porqués que justifican la destrucción de los vagones afectados por las explosiones del 11-M cuando el gobierno Aznar estaba en funciones. Normalmente, cuando se produce un hecho de esa naturaleza o un accidente se guardan los restos. Los hangares se habilitan, por ejemplo, como lugares de recogida de restos tras un accidente aéreo.

Una última reflexión. A Pilar Manjón la pasearon con el corazón en la mano tras la pérdida de lo más querido por radios y televisiones para que, después de muchas palabras, se quedase flotando en el ambiente una idea: la culpa del 11-M la tenía Aznar y su maldita guerra de Irak. Una vez que cumplió su función ya no la pasean para que comente en la cadena SER (por ejemplo) que "Algo tiene que cambiar en este país para que no tengamos la sensación de injusticia que ahora mismo anida en todos y cada uno de las víctimas del 11-M". O para que añada que: "Tengo datos de chicos de la kale borroka que tienen más años de condena por haber quemado un autobús que los autores materiales del atentado que dejó sin vida a 191 ciudadanos de este país". Estas son palabras suyas de hoy, 17 de julio de 2008.

Me pregunto sinceramente: ¿dónde están los que clamaban que querían saber la verdad del 11-M? ¿están satisfechos con esto? ¿todo está perfectamente claro? ¿se cambió el gobierno y ya no hay que manifestarse contra la guerra por el simple hecho de que ya no hay tropas españolas en Irak aunque sí las hay en otros escenarios (bélicos)? ¿importaba el "no a la guerra" o el "no a Aznar"? ¿están contentos con la salida de los verdugos o la reducción de sus condenas?

¿De verdad están convencidos de que conocen perfectamente lo que ocurrió el 11-M, quienes lo pensaron, quienes lo hicieron, a quienes perjudicaron y a quienes beneficiaron?

Pues que Dios les bendiga por tanta sabiduría. Y que les perdone.