30.3.11
BONO
Con mucha razón aseguraba José Bono la mañana del 30 de marzo de 2011 en Ondacero que "entre Otegui y Acebes, creo a Acebes". Con ello quería decir que entre ETA y el gobierno, hay que que creer a éste último en el contexto del escándalo del "chivatazo" del caso 'Faisán'. Es un asunto de lealtad básica, mienta o no el gobierno. No es vano el dicho popular que subraya la conveniencia de lavar los trapos sucios en casa. El problema es que algo se quebró entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 y no ha sido aún recompuesto. ¿Por qué Zapatero no afirmó entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 lo que hoy dice Bono? Prefieron creer a Otegui que a Acebes con tal de cargarse a José María Aznar. Lo consiguieron. Ahora toca pagar la factura.
Triste España que no se respeta a sí misma.
27.3.11
SÍ A LA GUERRA
Tuvo que tragar quina entonces el presidente Felipe González ante las preguntas de la oposición exigiéndole los detalles del apoyo concedido a los Estados Unidos en su primera guerra de Irak. Muy especialmente, me refiero a los insistentes requerimientos de Julio Anguita a los que González replicaba con un “damos a los Estados Unidos todo el apoyo posible en estas circunstancias” y un “no desvelamos detalles por seguridad de las fuerzas comprometidas en la operación”. No son expresiones literales, pero compruebe el lector el sentido de las intervenciones parlamentarias en las actas de las sesiones del Congreso de los Diputados.
Años más tarde, sería el presidente José María Aznar el que tendría que hacer frente al coste político de secundar a los Estados Unidos en la segunda guerra de Irak. Hubo, no obstante, una diferencia: el PSOE –ya liderado por Rodríguez Zapatero– se había enfundado en una campaña demagógica para alcanzar el poder y metió los asuntos de política internacional en el debate partidista. Esa estrategia propia de la “izquierda de la izquierda” –amparada en su inconfesable confianza de no ganar nunca unas elecciones generales– fue adoptada por el partido llamado a ocupar el centro-izquierda y, por tanto, con posibilidad de alcanzar responsabilidades de gobierno. El suicidio estaba servido. Más tarde o más temprano tendría que tomar una decisión: o retirarse de Irak, o matizar sus promesas ante sus fieles. La segunda exige un tacto habilidoso para no perder votos, pero puede ser asumible; la primera significa una traición manifiesta a una potencia aliada de la que dependemos. Desde luego, una traición que no es letal a la vista de la insignificancia relativa de nuestro país, pero hiriente en todo caso. Escaso recorrido tiene quien, siendo dependiente, piensa que es su propio amo y señor.
Casi ocho años deben haberle enseñado algunas cosas sobre la política al presidente Rodríguez Zapatero. A jugar sucio desde luego, lo cual es una cualidad en un político que tenga los pies en el suelo. Es indicativo que desde que retiró las tropas de Irak no haya descansado en su tarea de enviar soldados al exterior, algunas veces a jardines exóticos de los cuales no sabemos muy bien cómo salir. Como ejemplos tienen el incremento de tropas en Afganistán, la aventura libanesa y, ahora, una voluntad de bombardear Libia ofreciendo todo el apoyo a los Estados Unidos desde las bases hispano-estadounidenses en nuestro territorio, sobre todo Morón y Rota, además de movilizar efectivos propios para las operaciones de guerra (varios aviones, un submarino clase “Mistral” y una fragata tipo F-100, al parecer y por ahora).
Los que están aceptando esto y rechazaron en su día la invasión de Irak son gente curiosa: o tienen un cinismo genético hincado en vena o manifiestan una ignorancia notable cuando alardean de que “ahora hay una Resolución de la ONU”. Por partes. La Resolución 1441 de noviembre de 2002 (aprobada por unanimidad en el Consejo de Seguridad) dio un ultimátum a Sadam Hussein que contemplaba el uso de la fuerza si el régimen de Bagdad no se desarmaba. Aquella fue la justificación para el ataque que se produciría más de tres meses después. Los que no quisieron ni siquiera tomarse la molestia de leerse aquella resolución son los mismos que, ahora, no dudan en poner su alma en sancionar la legitimidad del ataque contra Libia porque hay una rotunda determinación de la ONU. Por cierto, es tan “rotunda” que no ha habido unanimidad en el Consejo de Seguridad (como sí la hubo en noviembre de 2002). Y ha habido demasiada prisa por ponerse en marcha ante la presumible victoria del tirano en la guerra civil libia. Varias veces ha decretado ya el “tirano” Gadafi el alto el fuego, pero las fuerzas de la “comunidad internacional” siguen atacando. Por cierto, si alguien tiene una definición concreta de lo que significa “comunidad internacional”, puede informar de ello. ¿Es China “comunidad internacional”? ¿Lo es Rusia?
Como hay todavía quien no sabe que hay una diferencia sustancial entre el derecho internacional y las relaciones internacionales, merece la pena indicar que las dos guerras de Irak fueron invasiones, como lo fue Afganistán entre una y otra, como lo es esta de Libia que, de momento, es una mera intervención. El control de las materias primas, de la energía y de zonas estratégicas son algunas de las razones que sustentan estas guerras. Si alguien piensa que todavía están buscando a Bin Laden en Afganistán o que extirpar al único líder laico del norte de África ha sido una medida legítima provocada porque está matando a su gente, que los dioses le bendigan en su infinita ingenuidad.
Volviendo a asuntos domésticos, se puede ver claramente la maniobra que se perpetró en España durante el bienio 2002-2004. La guerra de Irak importaba poco; el objetivo era derribar al gobierno de José María Aznar mediante levantamientos callejeros de provocación. Lo que comenzó con el desastre del “Prestige”, continuó con las movilizaciones del “No a la guerra” y concluyó con los atentados del 11-M. El gobierno de entonces no estuvo fino en evitar la ola que se le venía encima y se confió demasiado. Sería letal para el PP –caso de que vuelva próximamente al gobierno de la nación– dejar tantos flancos sin cubrir si la oposición vuelve a ponerse tan demagógicamente agresiva como entonces.
El objetivo consistía en tomar el poder a cualquier precio y, evidentemente, Rodríguez Zapatero no lo va a soltar gratis. Cuenta con el silencio secuestrado de las gentes que lo sustentan ciegamente (que no son pocas). Ahora prácticamente nadie sale en manifestación contra la guerra de Libia que hemos visto comenzar, siendo difícil adivinar qué efectos va a tener a medio plazo. Nadie pregunta qué gastos tiene esta aventura de Rodríguez Zapatero en medio de la crisis económica que padecemos. Nadie abre los ojos al oír a la ministra Trinidad Jiménez afirmar que no hace falta el permiso del Congreso para enviar tropas al exterior cuando se trata de un caso de “urgencia”. Podía haber dicho esto mismo hace unos años cuando el ejecutivo de Aznar se embarcó en lo de Irak. Los “stocks” de cemento armado, sin duda, deben ser importantes en nuestro país tras el desplome de la construcción: algunos y algunas lo llevan en sus respectivos rostros. Los españoles permanecen perfectamente alienados mientras consumen telebasura y opinan que lo mejor es no estar presentes en el mundo, para evitarse problemas.
Las sucesivas metamorfosis de Zapatero son sistemáticamente perdonadas por sus feligreses. Ni siquiera se cuestionan si conviene o no que repita como candidato. Su iluminado altar será ocupado por otro (o por otra) que va a contar con un voto rígido y fiel que lleva votando al “partido” toda la vida. Para estos votantes no hay más que “un” partido; el partido único, en otras palabras. Si alguien duda de esto, que contabilice los millones de votos que va a cosechar el PSOE en las convocatorias electorales que quedan por venir. Ya verán. Puede incluso perder la mayoría, pero el puñado de millones de votos no se lo quita nadie. Conviene no olvidar que Zapatero está ahí porque los españoles lo quieren y quieren esa política de la nada. Los heterodoxos no suelen ser mayoría.
Por su parte, la izquierda de la izquierda ha mantenido una postura, al menos, coherente. Consciente de que no va alcanzar la mayoría (lo contrario supondría un problema para sus limitadas estructuras, incapaces de cubrir los numerosísimos cargos públicos con militantes propios) protestaba ayer como protesta hoy: tomando la calle o, por lo menos, armando ruido. La derecha –o, mejor dicho, las derechas– también mantienen un cierto grado de coherencia: apoyan la intervención en Libia como impulsaron la entrada en Irak. Aunque don José Blanco no lo reconozca, las derechas tienen un moderado complejo a parecer demasiado agresivas y se han puesto al lado del presidente Rodríguez Zapatero quien, en su día, hizo todo lo posible por boicotear la proyección internacional que España estaba adquiriendo. ¿Se acuerda don José? Y todavía hay quien lo llama “Pepiño”. No haga usted caso, don José, a esos crispadores de la caverna, que la recuperación económica está ya en marcha. Como el adviento que va a preceder al nacimiento del nuevo “mesías” socialista.
La clave de la bóveda se sitúa, pues, en el PSOE que debe encontrar su sitio, su lugar socialdemócrata después del baño de radicalismo populista y demagógico que le han dado Rodríguez Zapatero y sus adláteres. El problema de la presunta sucesión está planteado. No duden que el presidente lo va a resolver a su conveniencia, no según los intereses del partido. ¿Que no? Ya verán.
Cuenta con votos y con soporte social Zapatero. Más del que se cree. Es curioso comprobar que mientras militantes socialistas se muestran inquietos y reflexivamente críticos ante la situación, auténticos hooligans del PSOE (que jamás han hecho nada en política activa, por cierto) amparan, jalean y sueñan con el ostracismo de todos los que no voten al amo. Son los mismos que aplaudieron al alcalde de Getafe, Pedro Castro, cuando llamó a los votantes de la derecha “tontos de los cojones”. Son los mismos que se lamentaron al ver que Aznar salió vivo del atentado que sufrió. Son los que sueñan con ponerle una mordaza al adversario y, si hace falta, encerrarlo. Zapatero, pues, tiene aún margen de maniobra.
Otra cosa será que haga caso a la banca cuando le aconseja que termine la legislatura y que no abra la margarita de la sucesión. Pocas veces se ha visto más claro cómo Botín le ha hecho la cama al presidente. Y pocas veces se ha visto más claro cómo el presidente tiene sus propios cálculos en la cabeza para perpetuarse el máximo tiempo posible en ese espacio del que tiene una sed inagotable: el poder.
10.3.11
A MEDIA LUZ (o las improvisaciones del señor Ocurrencias)
La cosa es que tenemos unos rectores de la cosa pública que nos cuidan, al parecer, por nuestro bien. Si nos negaron la crisis por año y medio fue precisamente para no inquietarnos, que el corazón sufre. Si llegó el desastre, nos lo palian con un verdadero jarabe de palos para los más desfavorecidos. Si nos suben la electricidad un 3% a comienzos de 2010 es para que aprendamos a ser sensatos en el consumo de la misma. Si nos la suben más de un 10% (IVA incluido) en 2011 es para que aprendan esos cabritos a los que les da por encender la luz de manera insolidaria. Si nos ponen una multa es por nuestro bien. Si reducen la velocidad máxima a 110 kilómetros por hora en vías rápidas es porque somos unos inconscientes. Si nos apagan la mitad de las farolas es para que veamos mejor la carretera. ¿A quién le daría por poner tantas luces en las carreteras? Sería a los eternos conspiradores. Probablemente Franco estuviera ya en el ajo y, por supuesto, seguro que Aznar tuvo la culpa. A media luz se está mejor.
Nada como una media luz mientras estás circulando, sin saber si te topas con un tractor por delante o te embiste un camión de doce ruedas por atrás. ¿Por qué negarse al placer sorpresivo? Nada de gastos superfluos en las carreteras, ni en la vida cotidiana. Para eso ya están los convoyes de coches de cilindrada del presidente, que le acompañan donde quiera que va. Sin límites de velocidad, sin atascos, sin tonterías de bolsa-caca, ni canon digital. Por las buenas, a toda marcha, que para eso es presidente. ¿A qué velocidad y qué itinerario en contramano siguió el cortejo del presidente del gobierno el 13 de febrero de 2011 cuando entró y salió del Palacio de Congresos de Sevilla? Por lo visto la velocidad es virtud en los mandamases (cuestión de seguridad) y vicio en los contribuyentes que pisan el acelerador (también cuestión de seguridad). Ya sabes: “No podemos conducir por ti”. Seguido de: “pero sí te podemos poner una multa que te crujen los huesos si aparcas en zona azul o te pasas un kilómetro/hora de la velocidad establecida”. No podemos conducir por ti; nos basta con meter la mano en tu cartera.
Los ciudadanos han pasado a ser unos menores de edad de los que se presupone todo tipo de infracciones. El canon digital es un canto inigualable a la previa culpabilidad de todo bicho viviente que se acerque a un ordenador. El aborregamiento ha llegado a tal límite que el gobierno ha planteado apagar las luces a las seis de la tarde y todavía hay quien lo entiende. Como entienden que treinta y pico “eres” presuntamente fraudulentos se conviertan en “tres o cuatro” por la mágica aritmética de don Manuel Chaves, expresidente de la Junta de Andalucía. Y cantaba don Blas Infante aquello de “andaluces, levantaos”. Apañado fue un día por los unos y apañado está por los otros.
Y están perfectamente convencidos de lo que hacen. El primero, el presidente. Durante su penúltimo lucimiento internacional y en su visita a Túnez, Zapatero no ha dudado en explicarle al primer ministro Béji Caïd Essebsi –de 84 años de edad- su visión teleológica de la transición a la democracia en España. Según su nueva y personal historiografía, el joven Rodríguez Zapatero tenía 15 años cuando murieron Franco y la dictadura que había golpeado y aniquilado a su abuelo y hostigado a su padre (alto funcionario en el Ayuntamiento de León y miembro destacado de su colegio de abogados) y, por lo visto, a media familia. Zapatero se estrenó en las urnas votando la Constitución de 1978 (toda una señal de su predestinada vocación política) y, años más tarde, aquel todavía imberbe luchador por la democracia que estrenó Constitución se convirtió en presidente del gobierno de España. Todo el camino recorrido ha servido justo para eso: para convertirle en presidente. Ante semejante explicación, Essebsi tuvo que calar al personaje y sus generosas promesas de ayuda, espetándole un “esperamos que mañana pueda usted decir lo mismo”. La sabiduría de llegar a los ochenta años.
Algunos –los que más demócratas se creen- calificarían a este gobierno de grupo angelical y bienintencionado que no debería ni siquiera convocar elecciones para evitarle a la ciudadanía la tentación de votar a la “caverna”. Otros, sencillamente, dirían que son una caterva de cínicos. Menuda tropa.
Tranquilos que la culpa -seguramente- es de Franco… o, tal vez, de Moody’s. ¿Verdad, presidente?
26.12.10
EPPUR SI MUOVE
Más allá de haberse convertido en una frase anatema contra todo lo que huela a caverna, lo cierto es que la célebre expresión invita a la adopción de una postura parsimoniosa, contemplativa y dulcemente escéptica ante muchos acontecimientos de la reciente actualidad cuya probable estulticia no haga otra cosa que crecer con la perspectiva que concede el tiempo. Me atrevería a decir que es una actitud defensiva ante el enorme despliegue de instrumentos de censura y autocensura que se han apoderado del espacio público, sobre todo en los últimos seis años. Los autores de comentarios críticos han merecido calificaciones tan pintorescas como "crispador", "agorero" o "cenizo" para convertirse, de inmediato, en un "cavernícola", un "franquista" o el siempre socorrido epíteto de "fascista". El sentimiento de ostracismo ha sido verdaderamente agobiante y, todavía hoy, en lo que parecen ser los estertores de un régimen, sigue ejercitando la asfixia. Incluso se padece una fría inquietud que nos hace mirar alrededor cuando hasta los próximos nos advierten de nuestras presuntas injusticias críticas contra los lejanos. Y los que nos quieren nos señalan el camino de la moderación en el método, incluso compartiendo los mismos diagnósticos que desembocan en semejantes conclusiones.
Ante los tribunales omnipresentes que fiscalizan las lenguas heterodoxas, la prudencia aconseja acompañar la pública abjuración con la confesión privada en los célebres términos: "Eppur si muove".
¿Que subir y bajar los impuestos, a la vez y simultáneamente, es "socialista" tal como han propagado a los cuatro vientos los próceres del sistema? Eppur si mouve.
¿Que no había crisis y que el que dijese que la había era "antipatriota"? Eppur si muove.
¿Que el president Montilla lo estaba haciendo muy bien en Cataluña? Por eso mismo siempre ganó las elecciones autonómicas y ha sido reelegido por aclamación. Eppur si mouve.
¿Que es lógico para el funcionamiento del partido socialista que Rodríguez Zapatero deshoje su margarita de posible candidato ante su esposa y un "amigo"? Eppur si muove.
¿Que los documentos de la embajada estadounidense mienten en sus referencias al gobierno español? Eppur si muove.
¿Que se acabó la Cuatro y ahora le toca el turno a la CNN? Eppur si muove.
¿Que la crisis ya está solucionada desde que se vislumbraron los primeros "brotes verdes"? Eppur si muove.
¿Que Zapatero es el mejor candidato del PSOE según afirman sus paladines Rubalcaba y don José (Pepiño) Blanco? Eppure si muove.
¿Que es bueno que no se convoquen elecciones adelantadas? Eppur si muove.
¿Que vivimos un acontecimiento planetario en la primera mitad del año 2010 gracias a la doble conjunción presidencial de Obama y Zapatero (Pajín dixit)? Eppur si muove.
¿Que la crisis española es sólo económica y no de confianza? Eppur si muove.
¿Que la militarización es la solución adecuada para un conflicto laboral? Eppur si muove.
¿Que el estado de alarma es tan saludable como prorrogable? Eppur si muove.
¿Que cualquier alternativa a lo malo resulta peor? Pues nada, a votar en sentido único al único partido que, por definición, debería ser el único. Eppur si muove.
¿Que son legítimos, preventivos y necesarios los "cinturones sanitarios"? Eppur si muove.
¿Que el año 2011 será el de la definitiva salida del marasmo actual? Feliz Año, felices. Transitáis por buen camino de la fina intuición.
Lo que vosotros digáis. Total.
Pero, sin embargo, se mueve.
6.12.10
ESTADO DE ALARMA
28.11.10
DESESPERACIÓN, DESENCANTO Y HASTÍO
http://www.youtube.com/watch?v=bQFa3NOIaFI
11.9.10
LA NUEVA "TREGUA" DE ETA. TERRORISMO Y CÁLCULO POLÍTICO
3.8.10
LA MANIPULACIÓN DE LA HISTORIA Y DE LA DIGNIDAD DE SUS VÍCTIMAS (descrita por Javier Marías en "Tu rostro mañana")
Javier Marías: Tu rostro mañana (1. Fiebre y lanza), (Madrid, Alfaguara, 2008[5ª ed]), pp. 299-301.
25.7.10
LA ANOMIA Y LA TENTACIÓN FASCISTA
29.6.10
NUMANCIA Y LA PRESIDENCIA ESPAÑOLA DE LA UE
"De tierras con nombre de animal, vendrá quien gobierne a los iberos, adorará a reyes negros y abrazará religiones extrañas. Llenará su palacio de bufones y aduladores y usando su propia máscara de bufón, traerá consigo el hambre, la pobreza y la desesperación...".
Acostumbrados como estamos los españoles a la chanza fácil, resulta difícil resistir la tentación de identificar al protagonista con el presidente del gobierno español, habida cuenta de que León es la provincia de nacimiento de José Luis Rodríguez Zapatero. Y el mismo personaje parece estar en otra de las cuartetas, según la red de redes, para mayor deleite de los creyentes en profecías: “El demasiado buen tiempo de demasiada bondad real, hace y deshace con súbita negligencia. Ligero creerá el fallo de la democracia leal. Él puesto en muerte por su benevolencia” (Centuria X-43). Algunos, incluso, creerán que se trata de Carrero Blanco.
Conviene advertir que ni creemos en profecías, ni que éstas resultasen necesarias para adivinar cuál iba a ser el nefasto rumbo de España desde el año 2009. Aunque el presidente español no pare de afirmar que nadie sabía nada de la crisis que iba a asolar España, lo cierto es que el Monthly Report editado por La Caixa apuntaba malas maneras en el comportamiento de la economía española desde la segunda mitad de 2007. Será que él no lee en inglés; será que ninguno de sus numerosos asesores tiene acceso a esta información. En caso contrario, tendríamos que convenir que alguien está mintiendo en público.
La consecuencia es que las cosas no marchan bien. Con permiso del gobierno –y sin que se moleste nadie– puede afirmarse que las cosas andan bastante mal. La presidencia española de turno en la Unión Europea está arrastrándose con más pena que gloria, pese a los esfuerzos propagandísticos que se realizan en Bruselas. La cacareada “Alianza de Civilizaciones” ni está ni se le espera, a estas alturas. La deuda española se dispara y el desempleo alcanza unas cotas imprudentes. Desesperado ante estos indicadores, en una especie de caída del caballo (imitando a San Pablo), el adalid de la utopía optimista se ha reconvertido en un neoliberal a ultranza, al que no le duelen prendas en bajar salarios, congelar pensiones y pegarle recortes sin precedentes al Estado del bienestar español. Para mayor gloria de su arrepentimiento, se fotografía junto con su ex enemigo Silvio Berlusconi y realiza respetuosas genuflexiones ante Benedicto XVI. Excesos de converso.
Quien se había empeñado en mantener dentro de un “cinturón sanitario” a media España parece que se ha aprendido de memoria el manual del Kamasutra político para adoptar todo tipo de posturas con tal de conservar el poder. Hace tan sólo pocos años, media España era sospechosa de constituir una tenebrosa caverna donde se daban cita los retrógrados –y retrógradas– a los que era preciso hacer la vida imposible. Hace relativamente poco, España tenía que ser un país abierto a las legalizaciones masivas de inmigrantes a espaldas del resto de los socios de la Unión Europea. Para algo éramos soberanos. Hace muy poco, el gobierno español se empeñó en reescribir la historia reciente de su país a golpe de decreto, sin mediar una reflexión historiográfica, ni consultar al conjunto de los especialistas. Hasta antes de ayer, el gobierno español se empeñó en una guerra fría contra los EE.UU. presididos por George Bush y, de paso, en hostigar todo lo posible a Israel. Los considerados logros “sociales” se propagaron hasta tal grado que, justo antes de las elecciones de 2008, el presidente no dudó en “regalar” 400 euros a cada trabajador español con la intención de “crear ambiente” para triunfar en las urnas. A esto se le llamaba en otros tiempos compra de votos. Simplemente.
Ahora, sin embargo, el presidente español –antes socialista– se ha convertido en un decidido conservador de privilegios. Tal extremo ha alcanzado su viraje que ha dañado seriamente a amplias capas sociales sin pestañear. Y sin ahorrar un euro en los gastos de representación y boato de su propio gobierno. No duda en mimar a la banca y en escuchar los consejos (órdenes) del Ecofin o de su querido presidente Barack Obama. El desmontaje del Estado de bienestar está siendo tan profundo que nadie sabe cuándo recuperará España las recién perdidas conquistas sociales, si es que las recupera alguna vez. ¿A qué se debe tal cambio?
Naturalmente, la justificación oficial se esfuerza en demostrar que sus desvelos se centran en salvar al país de la crisis económica internacional que se originó –como siempre– en los EE.UU. (los de Bush, no los de Obama, claro está). Y para muestra pública de que se hace lo que se tiene que hacer, tenemos los botones de Alemania y Francia, que también han recortado beneficios y derechos sociales. Poco importa que estos gobiernos sean conservadores y nada tengan que ver con las pasadas veleidades izquierdistas de su homónimo español. Sin embargo, podemos entrever otras intenciones al observar que la puesta de largo de la reforma laboral coincide casualmente con el estreno de la selección española en los Mundiales de Sudáfrica (16 de junio de 2010) y que se remodelará próximamente el gobierno según se enfoque el debate sobre el estado de la nación o el proceso de clasificación de la “roja”.
Y es que el objetivo supremo es otro. La pura y dura conquista y mantenimiento del poder reside detrás de este “todo vale”. Es más que probable que el presidente Zapatero ni dimita ni convoque elecciones adelantadas en un momento inoportuno para él. Siempre tendrá como norte terminar la legislatura “como sea”, tal y como le manifestó al presidente de Cantabria recientemente. Como sea se alcanza el poder y como sea se mantiene. Y al precio que haga falta. Sería una ingenuidad pensar que no guarda un as en la manga. La crisis económica no será capaz de resolverla y, de hecho, la situación de España en el año 2012 será bastante más compleja que la de hoy, pero se sacará algún sonado éxito para investirse como candidato factible.
Es una reedición de la resistencia numantina. Aguantar lo inaguantable, sostener lo insostenible… enfrentarse a un destino marcado de antemano. Lo razonable sería ahorrarnos y ahorrarse sufrimientos, pero cuando alguien alcanza el poder a cualquier precio no está, precisamente por ello, dispuesto a soltarlo nunca. Pobre España y, de rebote, pobre Europa septentrional, siempre situada entre la sonrisa y la complacencia ante lo que ocurre en su sur. No es casual que justo en estos días España y Portugal hayan celebrado con fuegos fatuos y oratorias grandilocuentes su ingreso en Europa. Un cuarto de siglo de reticencias y encuentros. Ahora parece que retornan las desconfianzas ante los riesgos que acompañan a los socios meridionales.
El numantinismo ibérico será tanto más desesperado por cuanto su crisis no sólo se mide en términos de déficit: la clave del espinoso asunto reside en una acuciante y progresiva falta de liquidez. La creciente falta de solvencia del Estado español se refleja en su deuda pero, en realidad, ésta en su exhausta caja. Tiempo al tiempo.
(También publicado en CaféBabel.)
12.5.10
LA LLAMADA DE OBAMA O "YES, YOU CAN"
17.4.10
La Tercera España
A pesar del predominio de las simplezas en ese paisaje de blancos y negros, no son pocos los que han acariciado la evidencia de la complejidad del problema distinguiendo una tercera España. El historiador Paul Preston, en su ensayo Las tres Españas del 36, supo destacar la presencia de una tercera España a través de la selección de algunos de los intelectuales de la época como, por ejemplo, Salvador de Madariaga. Ciertamente, aquel cosmopolita español fue criticado por unos y otros recibiendo, a partes iguales, las acusaciones de traición a la República socializante y a la España que amanecía en el horizonte de la Europa de los fascismos. Desde los campos atrincherados se disparó con igual saña sobre los templados campos de una cierta equidistancia. Ningún bando echó un vistazo sobre sus respectivas trastiendas: nadie quiso reconocer las checas, las matanzas, el aceite de ricino, la represión, las violaciones, el asesinato de Andreu Nin o el oportuno fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera. Algunos, incluso, justificaron estos excesos mediante difíciles piruetas dialécticas.
Muchos años más tarde, asistimos a un espectáculo mediático marcado por una resurrección escenográfica de las dos Españas, que vuelven a demostrar sus deseos de destruir al enemigo a cualquier precio. Hoy ya no existen realmente dos Españas, ni siquiera tres. Es probable que estemos hablando de varias más: sin ir más lejos, la España inmigrante que no tiene complejos de portar la bandera del país que le ha acogido porque nadie les critica por ello. El aludido espectáculo –como todo buen espectáculo- tiene sus estrellas, con sus virtudes de originalidad y sus vicios de narcisismo alimentados por la vanidad del reconocimiento público. Lo curioso es que los actores de esta pista del circo del estrellato no tienen unas remuneraciones precisamente modestas, ni se encuentran asfixiados por una hipoteca a la que no pueden hacer frente por encontrarse en el paro. Los acomodados representantes de las dos Españas andan a la gresca mientras los españoles de a pie asisten impertérritos a la judicialización de la política, a la politización de la justicia, al negocio de los sentimientos y a una mutua caza de brujas.
El caso del juez Baltasar Garzón viene de largo. Probablemente se remonte a la década de los noventa, cuando el famoso juez jugueteó con la política para, de inmediato, retornar a la Audiencia Nacional promoviendo asuntos contra el mismo gobierno que, en su día, lo llamó a sus filas. Es significativo que los apoyos tácitos del actual presidente José Luis Rodríguez Zapatero a favor de Garzón no sean secundados tan efusivamente por el ex presidente Felipe González. Todo un dato.
Ya iniciada la primera década del siglo XX, Baltasar Garzón se empeñó en procesar al dictador Pinochet y en buscar crímenes contra la humanidad mucho más allá de las fronteras españolas. Fracasada la viabilidad de la implantación de una justicia internacional y de la forja de un curriculum en ese campo, Garzón valoró las posibilidades de una judicialización del pasado doméstico. Muchos historiadores se asombraron ante la necesidad de requerir el certificado de defunción de alguno de los presuntos responsables de las matanzas de la guerra, al resultar hechos históricos probados. Pero más aventurada fue la aplicación del término genocidio para calificar el conjunto de muertes y represiones ejercidas por una España sobre la otra. Ningún historiador serio ha utilizado ese término en relación a las barbaridades perpetradas por los dos bandos durante la guerra civil porque, sencillamente, nadie tuvo la pretensión de eliminar físicamente a medio país; bastaba sólo con imponer un nivel de terror suficiente como para que el silencio sepultara las ideas del contrario. Pero las verdades que se desprenden de la historia no parece que sean ni objeto ni objetivo de este espectáculo.
Los propósitos de Garzón se han ido aclarando en la medida en que los actores han desarrollado sobre el escenario los papeles asignados. Unos no tardaron en criticar lo que estaba haciendo el juez al remover hasta la defunción de Francisco Franco; otros le han apoyado desde el primer momento y son los que no han tenido empacho alguno en organizar actos públicos de apoyo al juez. A favor o en contra, no caben medias tintas. Dos Españas. En medio de ambas, se lamenta una tercera que no acierta a comprender ni las reticencias de un empresariado que no se atreve a invertir por falta de confianza (supuestamente identificado con la caverna), ni la eficaz rapidez de los sindicatos a la hora de convocar un acto de apoyo a Garzón, mientras padecen algo parecido a una esclerosis a la hora de movilizar a los trabajadores asediados por el espectro del desempleo que ya supera holgadamente los cuatro millones de parados.
Pero el espectáculo debe continuar. Tras el primer acto, la obra ha dado un giro inesperado al haber sido sentado en el banquillo el que con tanta insistencia buscaba la certificación oficial de la muerte del antiguo jefe del Estado. Se le acusa ni más ni menos que de prevaricación. Asumir la competencia de juzgar los crímenes del franquismo puede resultar pintoresco, habida cuenta del tiempo transcurrido, de la prescripción de los delitos y de las sucesivas leyes de amnistía. Por no hablar de la presunción de inocencia o la hipótesis plausible sobre la reinserción de los viejos matarifes habida cuenta de que no han reincidido durante décadas. Tal vez pudo haber extralimitación de competencias, pero la acusación de prevaricación suena a melodía de exageración típicamente hispánica. Como los dos personajes garrulos que se están dando de bastonazos en el célebre cuadro de Goya. Los duelos a bastonazos se dan en España enterrándose los litigantes en el suelo –para no escapar- hasta conseguir la muerte del otro. Tan deplorable como triste.
Tan triste como las dos Españas que no se resignan a superar las historias oficiales en las que unos son los buenos (absolutamente buenos) mientras los otros son los malos (los enviados del infierno). La calificada como ley de memoria histórica abrió un hueco suficiente para las apetencias, los rencores, las venganzas y las oportunidades de aplastar la cabeza del otro. La vieja historia oficial del franquismo y la nueva historia oficial antifranquista. España aún no ha sabido –o querido- mirarse en el espejo de su historia para reconocer sus virtudes y defectos. Los españoles se lanzaron a matarse unos a otros en 1936. Hoy día, en otro contexto material y en medio de un mundo globalizado que nos está planteando urgentes retos de futuro, don Quijote piensa que es más listo que su subordinado Sancho Panza y éste, apegado a sus garbanzos, sabe de la locura de su caballero y le deja abierto el camino hacia su patético final. Españoles todos.
Ni los que están a favor, ni los que están en contra de Garzón se toman la mínima molestia de contemplar a España desde el exterior con ojos ajenos. Ni siquiera conocen el reciente libro del brasileño Roberto Mangabeira Unger titulado España y su futuro (Ediciones Sequitur, 2009). En sus páginas afirma certeramente lo siguiente: España, un país relativamente pequeño, se está convirtiendo, debido a la escasa imaginación de los que detentan el poder, en un país simplemente pequeño.
Ni más, ni menos.
21.2.10
Arrimar el hombro
No me atrevo a realizar un juicio sobre esta expresión (como no nos atrevemos ya a tantas cosas), pero un buen amigo que gasta cierta sorna me ha escrito una breve carta que no me resistido a reproducir:
"Querido amigo:
Celebro que los perseguidos aún nos mantengamos en pie. Creíamos que la libertad siempre estaba segura una vez alcanzada. Se ve que no, que los silencios pueden amarrarse a fuerza de condenas implícitas y oportunos ostracismos dictados desde la legitimidad democrática. Tras aislarnos como apestados, ahora parece que nuestro concurso resulta ineludible para la buena marcha del país. Hay que 'arrimar el hombro', se nos dice. Puede que ese sea el camino. Y puede que, aunque no lo sea, el solo hecho de trabajar juntos se justifique éticamente por sí mismo. Y puede que sea una mera añagaza; no es la primera y, hasta que llegue el final, tampoco será la última.
Pero los que nos resistimos a prescindir del pasado para entender el presente nos hacemos varias preguntas que se resumen en una: ¿dónde estaba la oposición -la que debía haber 'arrimado el hombro'- los días 12 y 13 de marzo de 2004, cuando el país se enfrentaba a una situación excepcional?
Piensa en ello. Tuyo, como siempre..."
Bueno, pues me he puesto a pensar en ello, querido amigo alojado durante años tras el denominado "cinturón sanitario".
7.2.10
La crisis de confianza
30.12.09
El negocio del sentimiento
Los que entienden que el dolor carece de código de barras habrán asistido atónitos al espectáculo de la frustrada inhumación de Federico García Lorca. En contra de los deseos de la familia -pero con todo el empecinamiento de los que miran para otra parte cuando se trata de exhumar restos humanos de pozos en Toledo- las palas entraron en el suelo para descubir restos materiales que nada tenían que ver con el célebre poeta. Total: unos 60.000 euros de dinero público que han ido a parar a alguien.
Que nos preocupe el cambio climático no significa que tengamos que comulgar con todas las ruedas de molino que, con ese pretexto, nos quieran hacer tragar. Hacer todo lo posible en nuestro entorno por conservar el medio ambiente y legarlo a nuestros hijos en un estado más o menos decente no nos conduce, de manera automática, a creernos hasta los estornudos de Al Gore. Más alucinante es la triste realidad. Veo a nuestro ínclito José Luis en el Parlamento Europeo defender la proliferación de coches eléctricos, pero su coche oficial no destaca por esa característica. Por añadidura, otro espectáculo ha sido el lucimiento de coches de gran cilindrada en la cumbre sobre energía celebrada en Sevilla en enero de 2010.
Los sentimientos parecen conformar un pasto idóneo para las llamas de los que hacen caja hasta de una lágrima. El fútbol y buena parte de los entretenimientos públicos no hacen otra cosa que pulsar sentimientos identitarios para encauzar pasiones telúricas que sería peligroso que estallasen ante las cristaleras de las oficinas de empleo. De los divorcios, mejor no hablar. A los/las que en tiempos se les decía que habían dado un "braguetazo" se les han venido a sumar los/las que ocultan una calculadora en la ropa interior. Con la ley en la mano, beneficiándose económicamente, jugando a ser víctimas públicas y verdugos privados.
No todo vale. Ya que nos quedan tan pocas creencias, por lo menos sigamos resistiendo numantinamente en el baluarte de unas pocas -muy pocas- convicciones. El sentimiento y la sensibilidad nos hace humanos. Y el dolor, por desgracia, los aguijonea.
No todo es objeto de negocio.
8.11.09
Una de piratas: el problema del "Alakrana"
Parece, pues, razonable sospechar que el gobierno español pagó un cuantioso rescate sin adoptar ninguna otra medida capaz de garantizar eficazmente la seguridad de nuestros pesqueros en el futuro. La prueba de contraste ha sido el apresamiento de otro buque, el "Alakrana". Esta vez cuentan los piratas con un mayor número de tripulantes y la inercia de un gobierno que está más dispuesto a pagar que a correr riesgos. Por añadidura, el gobierno tiene encima la presión de la opinión pública y de los familiares, además de las consecuencias derivadas de la torpeza de apresar a dos de los piratas fuera del buque español. No parece muy claro que puedan ni deban de ser juzgados por la Audiencia Nacional pero, con todo, lo más patético ha sido el espectáculo público de las debilidades de un sistema judicial que estuvo empantanado cerca de una semana acerca de la mayoría de edad de uno de los piratas capturados.
A estas alturas, no le quedan muchas opciones definitivas al gobierno español. Además de ganar tiempo y realizar maniobras de distracción -cosa que hace a la perfección- tiene ante sí dos caminos: o pagar y cerrar el asunto, o intervenir militarmente para conseguir la liberación. La torpe estrategia de contar con dos piratas como moneda de cambio ha resultado ser más una fuente de problemas que un instrumento de solución.
La primera parece la más plausible, habida cuenta de las alturas a las que nos encontramos. Ceder al chantaje soluciona, de momento, el problema, aunque tiene un coste en términos de opinión, humillación (los dos piratas probablemente tendrían que ser devueltos) y posible repetición del episodio en otro buque español (habida cuenta de nuestra facilidad de pago). La alternativa -es decir, la operación militar de abordaje- es más arriesgada y podría suponer un coste en sangre.
Después de cerca de un mes sin haberse ocupado mucho del asunto, al menos a ojos de los familiares más directos y afectados, no parece aconsejable una operación militar que conlleve muertos. Tampoco facilita una acción de esa naturaleza el viaje de destacados miembros del gobierno español a la Argentina para ocuparse, obviamente, de otros asuntos. Pero, por otra parte, la captura de más de treinta hombres les otorga a los piratas la posibilidad de realizar una macabra entrega de asesinados en dosis calculadas, lo cual abriría otro escenario.
Si se produce el primer asesinato, el gobierno podría poner en marcha la operación de asalto bajo la justificación de la salvación de vidas. Sólo en ese caso, todo el mundo entendería la alternativa militar. La espera, en este caso, es otra estrategia.
Pero si lo que se busca es salvar todas las vidas de todos lo antes posible, parece aconsejable pagar e, incluso, liberar a los dos piratas en el mismo paquete (con lo cual, tal vez consigamos una rebaja). Una vez hecho esto, es el gobierno el responsable de evitar la repetición de este tipo de graves incidentes. Y tiene medios para ello. Uno es armar a los buques con presencia militar puesto que tenemos capacidad y efectivos suficientes para ello. A continuación, parece aconsejable imitar a Francia y desarrollar una o varias acciones de castigo contra la piratería. No sería mala idea preparar una operación militar justo inmediatamente después del pago del rescate, con el objetivo añadido de recuperar el dinero entregado. Le queda otra, por cierto, aunque menos honrosa: invitar a que todos los buques mercantes y pesqueros españoles se retiren de la zona.
Quizás sea preciso recordar que los gobiernos están para gobernar y que gobernar significa tomar decisiones tras una deliberación racional. Se pueden equivocar o pueden acertar. Lo que no es de recibo es que un gobierno se mueva siempre entre las tinieblas de la duda esperando a que el tiempo, el milagro o los demás nos resuelvan nuestros propios problemas. Demasiada fe desarrollan los que tan laicos se muestran.
Desde luego, no ayuda a una percepción positiva de las cosas el que el presidente viaje a Polonia para, desde allí, "involucrarse personalmente" en el tema. Menos ayuda el hecho de que el presidente pretenda darnos lecciones de historia contemporánea comparando la caída del muro de Berlín con la muerte de Franco. Ya sabíamos que la ignorancia es atrevida. Pero intentar convertirse en historiador aficionado desde el poder con 36 hombres secuestrados es, sencillamente, patético. Patético hasta el vómito. Y mira que tiene asesores.
25.10.09
ZAPATERO Y EL COMITÉ FEDERAL, O SANTIAGO Y CIERRA ESPAÑA
Días después, el tres de febrero de 2003, Maruja Torres publicó en El País un artículo titulado Operación Decencia en el que vertía todo tipo de alabanzas sobre la ceremonia de los Goya. Allí, los que Torres denominaba como "cómicos" (en realidad, actores y actrices premiados y no mal remunerados) se pronunciaron públicamente contra la guerra, contra el Prestige y contra "...el paro; el engaño; la irritación; la estafa. Sí, sobre todo la estafa". También cabe preguntarse si existe alguna conexión entre los silencios actuales sobre la presencia española en el Líbano o Afganistán y las grandes cantidades de dinero público que se han destinado a determinado cine español (el cual, por cierto, no deja de ser una iniciativa privada sostenida con déficit en el último ejercicio).
En fin, el transcurso del tiempo suele ser letal para la mentira, pone en evidencia la ligereza, divorcia las amistades artificiales, evapora los discursos vacíos y arroja los despropósitos al cajón más inconfesable de la historia. Obviamente, sin ese tamiz del tiempo, los acontecimientos recientes parecen hasta importantes envueltos en sus ropajes de actualidad. Y no me resisto a pensar en cómo interpretaremos dentro de unos años el cierre de filas del Comité Federal del PSOE en torno a su secretario general (el presidente Rodríguez Zapatero) que ha tenido lugar hace poco más de un mes, entre el 19 y el 20 de septiembre de 2009.
Un amigo, que tiene cierta gracia, suele comentar que el abandono de su infancia tuvo lugar el mismo día en que comprobó que no es el lobo el enemigo de Caperucita, sino que ésta es capaz de devorar al lobo, mancillarlo y hacer un buen negocio casándose con él y, luego, divorciándose de sus pellejos. Entrando en el campo de la política, siempre afirma que prefiere los claros aullidos del malvado lobo que los arrumacos fragantes de la inocente Caperucita. Puro refranero: "De las aguas mansas líbreme Dios, que de las bravas ya me libro yo". De las dos opciones, parece poco discutible que el todavía presidente del gobierno se ha decantado por elegir el papel de Caperucita, probablemente por tomar distancias de presuntos "lobos" como Felipe González (al cual también se le conocía como "zorro" por su astucia) o José María Aznar (al que culparon y calificaron de todo).
Supongo que ya nadie niega la evidencia de la crisis (esa que anunciaron los antipatriotas) y que parece que las cosas no marchan excesivamente bien. Los brotes verdes de antes del verano se han marchitado y ahora, de nuevo, vuelve el presidente a decir que lo peor de la crisis ha pasado, al tiempo que Leire Pajín nos avisa del acontecimiento planetario que tendrá lugar a comienzos de 2010 con la presidencia española (capitalizada por Zapatero) en la UE y la de Obama en los EE.UU. El tufo a voluntarismo es notorio, mientras el presidente afirma que "gobernar es también improvisar" al tiempo que, sin pestañear, sentencia que lo necesario no es una reforma laboral sino una "reforma empresarial".
El Comité Federal ha cerrado filas en torno al capitán de una nave que está haciendo aguas graves. El PSOE le da una generosa razón a un secretario general del que sabe que no es líder, ni marca una dirección clara y viable. Tal vez sea esa disciplina la que debe existir en una organización política, pero en voz baja y en privado son muchos los socialistas que razonan sobre la idoneidad de los caminos que se están transitando. Entre otras cosas porque, de seguir en esta tendencia, no resulta aventurado pensar que la derrota electoral de Zapatero puede condenar al partido a más de un lustro en la oposición. Y, naturalmente, el presidente pasa pero el partido se queda.
La cosa se complica porque, dentro del PSOE, el secretario general ostenta un indudable poder que ejerce con singular habilidad y sin merma de su escasa autoridad. Los silencios a su alrededor se preservan en función de su capacidad para decidir ministerios, subsecretarías o direcciones generales, pero no despierta las adhesiones derivadas de la solvencia. En otras palabras: no son muy numerosos los socialistas que concedan menos crédito a figuras como Felipe González que al actual presidente del Gobierno.
Imagino cómo se leerá este cierre de filas en el año 2018, si es que alguien se toma todavía entonces la molestia de escudriñar el pasado. Parece inevitable pensar que esa lectura se hará bajo la luz de lo que ocurra en los próximos 24 meses. No más.
Si no se corrige un ápice el rumbo, o se confía en que el barco a la deriva llegue a buen puerto por casualidad, sería conveniente pensar si el más que generoso e incondicional apoyo del PSOE no debería tener en el futuro una respuesta honesta, proporcional y recíproca por parte de quien debe comprender que no el poder no es para estar, sino para hacer.
9.6.09
Europa y la “Pajinada”
Algunos –muy pocos- sospecharon en la primavera del año 2004 que tras el abismo se ocultaba un infierno dulce y neutralizador, una especie de droga que adormecía los sentidos y doblaba el ánimo para llevarnos en volandas hacia una soñada y utópica República de felicidad. Pero no eran muchos. Del sueño comenzó a despertarse una parte de la población hace bien poco, a medida en que el dolor de la crisis y los azotes de la vida laboral iban desentumeciendo los cerebros. Poco a poco, a esa minoría que tuvo que soportar los rigores de una dura vida en el desierto se fue sumando una legión de descontentos a razón de unos 5.000 al día. Y eso ocurrió prácticamente antes de ayer.
Tal vez desconocedores de cuánto han cambiado las cosas desde marzo de 2008, los socialistas españoles han desplegado una campaña electoral para las recientemente celebradas elecciones europeas que no tiene desperdicio. Como consideración previa habría que advertir que la calificación de socialista aplicada a las directrices del actual PSOE podría resultar harto aventurada, habida cuenta de su derroche de populismo, simpleza y demagogia. No es difícil encontrar mas socialdemocracia en partidos que defienden tanto la cohesión nacional como una participación auténtica de la ciudadanía en la toma de decisiones. Al menos así lo creen los que consideran que lo socialdemócrata va vinculado al rigor, la calidad, la elevación de los niveles de formación y un cierto sentido austero que tiene vocación de buen hacer.
La campaña del PSOE se puso en marcha en torno a un eje central: la derecha (y, por extensión, las derechas europeas) nos han metido en la crisis. Una crisis de la que, paradójicamente, nos avisaron con mucha antelación (aunque nosotros negásemos ese catastrofismo) y una crisis de la que, ahora, pretenden aprovecharse. El incremento de la temperatura electoral hizo que el PSOE lanzase un vídeo en los que los europeos ocupaban el lugar de arquetipos reaccionarios. Una inglesa –a modo de jovencita thatcheriana- defendía las privatizaciones con voz atiplada, un español –con facha de empresario orondo- reclamaba el despido libre, un italiano –agricultor perdido en una campiña de la Toscana- se pasaba por el forro el cambio climático y una francesa con aire de dama reprimida -pero mirada de Pompadour- defendía la pena de muerte. No faltaba, no podía faltar, el cura que afirmaba que en Europa solo hay sitio para una religión y, como no, al alemán le tocó hacer de nazi radical echando pestes de los homosexuales porque los judíos ya se marcharon hace tiempo.
Después de ver aquello, cabía pensar que hasta las campañas electorales deberían tener sus límites ante un mínimo umbral de decencia y de vergüenza. Por añadidura, podía adivinarse que los diseñadores de campaña del PSOE pensaban en un público exclusivamente español. La exposición de semejante spot por toda Europa hubiera generado más rechazo que adhesiones a la vista de las correlaciones estereotipadas que se hacían de ciertos caracteres nacionales.
Ya nos aproximábamos al final de una campaña cansina cuando la Secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, se plantó en los desayunos informativos de Europa Press. Era obvio que no estaba en el calor de un mitin, ni ante una masa encolerizada capaz de vociferar con la vulgaridad más ocurrente. Era un desayuno con periodistas, en la placidez de la mañana, cuando el café, el zumo y las viandas nos devuelven la diáfana claridad que perdimos tras el crepúsculo del dia anterior. Y les espetó textualmente:
“Y como todo acontecimiento histórico necesita de sus símbolos, les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EEUU y Zapatero presidiendo la UE en tan sólo unos meses. Estados Unidos y Europa. Dos políticas progresistas. Dos liderazgos. Una visión del mundo. Una esperanza para muchos seres humanos”.
Acontecimiento histórico. Y del planeta. Dos liderazgos. Un nuevo reparto de bloques, pero una misma visión del mundo.
1.6.09
La España de Zapatero y la salud democrática
Son muchos los detalles que podríamos destacar del último libro de Maravall, pero nos ha llamado la atención un párrafo concreto. Dice así:
“La política de Bush consiste en estigmatizar a los oponentes y en inflamar las pasiones de sus propios partidarios… La política de Bush vive de encontrar las debilidades de la oposición y martillear sobre ellas incesantemente mientras se moviliza a los aliados, excitados por la visión de martillo subiendo y bajando y el sonido que produce su impacto”.
Estas palabras son un extracto del libro de Mark Halperin y John F. Harris titulado The Way to Win (Random House, 2006). Se refieren a la estrategia política desplegada por el presidente George Bush contra sus adversarios del partido demócrata. Maravall lo incluye con pertinencia dentro de su discurso al hablar de la utilización de temas transversales y las estrategias de polarización. Lo inquietante viene, como siempre, cuando se reflexiona con algo más de detenimiento sobre estas palabras aplicándolas al marco doméstico. ¿No fue esto precisamente lo que viene ocurriendo en España desde la primavera del año 2004?
Parece que uno de los objetivos principales de toda la política del gobierno de Rodríguez Zapatero se ha focalizado en neutralizar al principal partido de la oposición. No se trataría, en consecuencia, de buscar una leal colaboración política dentro de una sana atmósfera democrática, sino de hundir al único partido que le hace sombra al gobierno. En esa búsqueda del establecimiento de un partido único se anhelaría la alianza con pequeños partidos periféricos con tal de aislar al partido de la oposición. Llegó a acuñarse el término cinturón sanitario para describir el asedio que se estableció en torno al Partido Popular como si fuese una ciudadela destinada a rendirse. Era preciso arrastrar al ex presidente Aznar a una comisión de investigación para escarnecerlo en la condena anticipada. Recordemos el encarcelamiento de políticos populares –cada vez que hay elecciones a la vista- para ser puestos en libertad pocos días más tarde sin cargos. Lo importante es calumniarlos, silenciarlos, desprestigiarlos y, en suma, borrar cualquier vestigio de competencia electoral, aunque esta sea una de las esencias de la democracia.
Para los que acusan al ex presidente Aznar de criminal de guerra, los que apoyan al PP son fascistas, son antiabortistas, son conspiradores, son crispadores, son carcas, son retrógrados… son lo que sobra a esta España, libre y plural. Son ellos los culpables de todo: de avisar, por ejemplo, de la crisis y de beneficiarse ahora de ella. El mensaje derivado es que nunca deberán gobernar, ni tener opción a ello. No faltan los que sueñan con la desaparición de esa lacra derechista, con la eliminación de los otros. Y ser de derechas, hoy por hoy, es todo lo que queda fuera del PSOE y no sostiene alianzas con este partido. Es decir: tan fascista es Rosa Díez como Mariano Rajoy. Y tenemos hasta la cuantificación: existen en España no menos de 10 millones de fachas.
Resulta curioso verificar unos ciertos parecidos entre la política desplegada por Bush contra el partido demócrata y Rodríguez Zapatero contra el PP. Al primero, a la larga, no le ha dado resultado esa estrategia. Veremos a ver qué ocurre con el segundo, habida cuenta de que la “textura” de la aún joven democracia española no puede compararse con el sistema democrático estadounidense.
4.5.09
España, el gobierno español y Europa
Desde aquella fecha han ocurrido cosas tales como el apoyo del gobierno español a la candidatura de Al Gore (2004), la demostración continua de belicosidad contra el presidente reelegido de los EE.UU. (George Bush), un no disimulado sesgo contra Israel, una política de cesión y entendimiento exclusivo con Marruecos (olvidando a saharauis y argelinos), una profunda amistad con Cuba y Venezuela que va mas allá de lo prudente y un desmarque digno de un perfecto don Quijote en asuntos que gozan de gran consenso internacional entre las democracias occidentales como la independencia de Kosovo. Es posible que antes del final de su mandato, Rodríguez Zapatero sea capaz de poner de nuevo en evidencia a España como un país que ya no cuenta del mismo modo en que solía hacerlo entre 1990 y 2004.
Probablemente, la razón explicativa de esta actitud en materia de política exterior se deba a que el presidente español no le concede mayor importancia (de ahí la sorprendente permanencia de Moratinos al frente de una cartera ministerial que le viene más que grande). O, al menos, no le otorga la misma atención a los asuntos internacionales que a la cotidianeidad doméstica. Aunque pueda parecer sorprendente, la ley del tabaco, el matrimonio homosexual, el carnet de conducir por puntos, el reparto de 400 euros en el año electoral de 2008 o la reciente reforma del aborto han ocupado más atención y más agenda que la situación internacional de España.
Teniendo presente lo expuesto, tal vez pueda entenderse mejor que la política española con respecto a Europa no haya seguido un derrotero más definido que el de la etérea Alianza de Civilizaciones. Baste detenernos en dos capítulos para verificar la adopción de decisiones que, como mínimo, han sido ejemplos de voluntarismo presidencial.
En febrero de 2005, bajo el slogan de los primeros con Europa, fuimos convocados los españoles en referéndum para ratificar la Constitución Europea. Los españoles la aceptamos pero, posteriormente, franceses y holandeses dieron al traste con ella. El proceso sólo sería reconducirlo con una nueva propuesta: el Tratado de Lisboa. El gobierno español tragó con aquel arreglo sin más y ni se planteó la obligación de someterla a la consideración de los españoles que habían dado su aprobación al proyecto anterior. Todo ello ponía en evidencia lo lejano que se percibía –y se percibe- todo lo relacionado con Europa (a excepción de los fondos comunitarios). Ni buena parte de la población demandó la nueva consulta, ni el gobierno pensó que el detalle de repetir el referéndum tenía mayor importancia.
Ese mismo año, el gobierno adoptó otra medida como fue la legalización masiva de inmigrantes en España sin contar con la opinión de sus homólogos europeos. Hoy sabemos que la medida generó un efecto llamada y el mismo gobierno español solicitó ayuda a la Unión Europea (UE) para solucionar el problema de afluencia excesiva de inmigrantes. La entonces ministra de Justicia austriaca expuso lo que iba a ser la respuesta de la UE en la reunión informal de ministros de Justicia e Interior celebrada en Tampere (Finlandia) en septiembre de 2006: “No es una solución legalizar a los inmigrantes ilegales como hizo España el pasado año, porque de algún modo genera un factor de empuje en la gente de África, como desgraciadamente hemos visto en los últimos meses”.
A estos dos ejemplos podríamos añadir la empresa de someter al Parlamento Europeo (PE) una resolución de apoyo a “la iniciativa de paz en el País Vasco emprendida por las instituciones democráticas españolas en el marco de sus competencias exclusivas”. Eso ocurrió el 25 de octubre de 2006, dividiendo al PE e involucrándolo innecesariamente en un problema que, por desgracia, era exclusivamente español. Y, obviamente, lo sigue siendo.
Europa ya no termina en los Pirineos, pero lo que ocurre más allá parece tener escasa importancia para un gobierno más obsesionado por neutralizar a la oposición que por situar a España en el mundo. Su objetivo se reduce a contar cuántos serán los votos españoles para uno y otro partido a fin de ensayar análisis de prospectiva cara a las próximas elecciones generales españolas. En esas circunstancias, posiblemente, muchos de los que votan al gobierno no se tomarán la molestia de acudir a las urnas, al no sentir ni siquiera los riesgos que comportan unos comicios domésticos. Tal vez sea el electorado más motivado el de la oposición; el mismo que con su papeleta quiere demostrar su desacuerdo con la deficiente gestión de la crisis económica por parte de José Luis Rodríguez Zapatero. No en vano, lo primero que hizo ante la evidencia de la crisis fue negarla a capa y espada, tachando de catastrofistas y antipatriotas a los que veían venir lo que hace tiempo que ha llegado.
También publicado en Café Babel