22.5.11

EL EFECTO ‘ZP’ Y LOS INDIGNADOS

Lo podíamos haber titulado “La indignación del efecto ZP”, “El efecto ZP y la indignación” o, incluso, desde una perspectiva más drástica “La indignación contra lo indigno”. Todos vienen a ser lo mismo para nuestro cometido.

Parece que, por fin, los españoles han reaccionado. Y buena falta hacía. Había que hacerlo ante quienes, sintiéndose impunes, no hacían otra cosa que legislar contra las gentes –muy especialmente contra las clases medias y trabajadoras- en su propio y exclusivo beneficio. Sacralizaban las leyes que ellos mismos habían redactado y castigaban a quien no las cumpliera. Han jugado a dividir a las gentes, para castigar a unos y luego a los otros. Hasta que no han podido hacerlo contra los miles de personas congregadas pacíficamente en las plazas y demás lugares públicos de nuestras ciudades. Se atrevieron incluso a recurrir al ejército para solucionar un problema laboral. El abuso mezclado con el estupro. Las gentes debían saltar. Bastante y sorprendente paciencia han tenido.

Los españoles que se creyeron las bondades de ZP y su “efecto” han salido decepcionados a la larga. Los que nunca nos creímos sus ocurrencias, quedamos decepcionados casi de inmediato. Retirar las tropas de Irak unilateralmente, sin aviso a los aliados y muchos días antes de la fecha que él mismo había señalado (30 de junio de 2004) ya me indignó. Más doloroso fue el comprobar su descarada mentira en agosto de 2005 cuando 17 soldados murieron en Afganistán por derribo de dos helicópteros y él dijo que había sido un accidente. Me indignó que arrancase documentos del archivo de la guerra civil porque se los tenía que dar a su amigo Carod Rovira. Me indignó que su ministro de Asuntos Exteriores (el recordado Moratinos) pasase documentación secreta del Estado español a su otro amigo Hugo Chavez, acusando al gobierno de Aznar de preparar un golpe de Estado en Venezuela (por eso el sosegado Chavez comenzó a llamar “fascista” a Aznar). Me indignaron la SGAE y la ley Sinde… Vamos, que llevo tiempo indignado. ¿Cómo no simpatizar con la protesta del 15-M?

Muchos españoles también han simpatizado con ella. Muchos que también han votado con el balance que se ha visto el domingo 22 de mayo de 2011. Realmente, la indignación no sólo estaba en las plazas. Millones de españoles se han pronunciado terminando con el dominio despótico del PSOE en ciudades como Barcelona o Sevilla (en ésta última ni siquiera llegó a ganar en las últimas elecciones). Millones de personas estaban ya hartas de tener que callar y pagar, mientras otros hablaban y gastaban sin parar porque el cortijo era suyo.

Tiempo habrá para describir con más detalle los pecados cometidos por los que hoy han perdido las elecciones. Pero quedan, a mi modo de ver, tres asuntos pendientes.

El primero es que Zapatero no se ha ido y no tiene el menor interés en hacerlo, aunque para ello tenga que cargarse al país y dejar al PSOE destrozado. Tan mal puede acabar el partido socialista que, ciertamente, puede quedar herido de muerte el bipartidismo. Y eso no es nada patriótico, viniendo de este singular señor don “patriota”. Es razonable que Zapatero se digne –o lo “dignen”- a convocar elecciones para los meses de octubre o noviembre. En todo caso antes de Navidad. Que así sea. En caso contrario, el socialismo español lo va a pagar todavía más caro.

Lo segundo es que es muy posible que el movimiento del 15-M se diluya por completo o, a lo sumo, permanezca un núcleo duro que terminará identificándose con alguna fuerza política de izquierda, naturalmente. No debe importarnos tanto ese núcleo duro, como muchas de las propuestas que se han hecho en los primeros movimientos de la protesta emanadas de la generalidad de los que se han sumado. Había mucha persona sensata en la membrana del movimiento. Mucho joven (y no tan joven) moderado que quiere perfeccionar el siempre perfectible sistema democrático. Es a ellos a los que hay que prestar atención. Hay que sentarse a hablar del Senado, de la organización territorial del Estado y del sistema electoral. Es una demanda social evidente. Sin duda, una demanda mucho mayor que la orgía estatutaria que a muy pocos importaba. Véase la abstención en el referéndum sobre el Estatuto de Cataluña, por cierto parcialmente inconstitucional. Habrá que redactarlo de nuevo, ¿no?

Lo tercero es que el PP tiene la oportunidad de gestionar la crisis y los problemas aludidos, además de los que le vayan llegando conforme pase el tiempo. No va ser perfecto, ni va a enderezar el reguero de problemas legados por ZP en un año, ni en dos. Pero debe administrar con inteligencia y eficacia el enorme triunfo recibido. Las urnas han dado la exacta medida de la indignación y en qué sentido se movía el enfado real de la mayoría (no sólo de la que estuviera en las plazas). Debe hacer justo lo contrario que el PSOE de Zapatero. Es decir: claridad en las decisiones, planificación de las mismas, rigor en una gestión ajena a las ocurrencias de última hora, eficacia y sosiego.

Mientras el PP gobierna, el PSOE tiene ante sí la responsabilidad de reconstruirse internamente, rearmarse con ideas de verdad y hacer una oposición seria en la cual la política exterior quede fuera del debate. Y ambos, evidentemente, tendrán que trabajar más en un modelo electoral más plural, en el que otros partidos tengan más oportunidades de desarrollarse. Al fin y al cabo, si surgen otras fuerzas políticas con posibilidades será por las faltas de los dos grandes partidos actuales, no por sus aciertos.

De momento, podemos felicitarnos todos. Sobre todo, por haber recobrado la calle y los espacios de libertad que nos han ido arrebatando con una malévola sonrisa progresista. Bendito este día y los que sigan, en los que podemos criticar al gobierno municipal o al autonómico sin ser reprendidos por “fascistas”.

Señor Rodríguez Zapatero: ya no estamos crispados; has conseguido que estemos indignados.

3.4.11

CELTIBERIA SHOW

Dos carteles, situados en esos centros de relación social y desarrollo cultural denominados "bares". Uno en Santander; el otro, en Zaragoza. País.

LOS POSIBLES FUTUROS DEL PSOE

El día dos de abril de 2011, después de una tortuosa espera alentada por sus propias indecisiones, Rodríguez Zapatero anunció que no sería el candidato en las elecciones de 2012. Deja al partido en una situación más que precaria y abre un camino a la sucesión muy hipotecada por su resistencia a permanecer en el poder. Ya le ocurrió en el otoño de 2007 cuando se negó a convocar elecciones anticipadas en las que hubiera obtenido, probablemente, mayoría absoluta. Se aferró hasta el último minuto y en marzo de 2008 revalidó mayoría, sí, pero relativa.

Ya sabemos que detrás de su particular concepción de "talante" discurren el endiosamiento y la megalomanía. Sin duda, afirmará en el futuro que él nunca perdió unas elecciones, del mismo modo que recientemente afirmó sin sonrojo que "Voy a hacer campaña explicando por qué hemos salido de la crisis". No menos asombro produce escuchar que él había prometido estar tan sólo dos legislaturas en el poder, extremo completamente falso porque nunca hizo una declaración pública en ese sentido. Otra cosa es que lo pensase. Pero es demasiado burdo equiparar pensamiento y promesa justo ahora, cuando sabe que va a perder las próximas elecciones. Lo meritorio es lo contrario: anunciar que uno sólo va a permanecer dos legislaturas al frente de la presidencia del gobierno cuando las circunstancias económicas son claramente favorables y la reelección está casi asegurada.

El célebre efecto ZP -con su cohorte de gentes haciendo la señalita de la ceja encima del ojo- se ha saldado con una estripitosamente baja valoración del presidente. Más baja aún que las peores de Felipe González o José María Aznar cuando soplaban vientos contrarios. Su manifiesta incapacidad para gobernar ha sido puesta en evidencia, más allá de los bandazos, del populismo y de su capacidad para dividir a los españoles con los más diversos pretextos.

La prueba del algodón de todo esto es que buena parte del PSOE, hoy por hoy, no quiere identificarse con el zapaterismo ni en pintura. El Comité Federal no le rogó precisamente que se quedase y el sucesor (o sucesora) tendrá que distanciarse tarde o temprano de un tipo de política que sólo puede dar resultados en un momento de bonanza económica extrema. Si nos fijamos bien, el problema del socialismo español -también del europeo- es de ausencia de señas de identidad claras en el mundo de comienzos del siglo XXI.

Evidentemente, todo pasará y Zapatero será un recuerdo de un período de nuestra historia reciente. Lo importante no es ya quién será el sucesor (o sucesora); lo verdaderamente clave será la capacidad que tenga el partido para redefinir un mensaje nuevo para las demandas de la sociedad española actual. Y, en ese sentido, es preciso romper la identificación del socialismo con el reconocimiento de ciertos derechos sociales, la puesta en marcha de leyes sin acompañamiento económico suficiente, las alianzas de conveniencias con cualquier fuerza política con tal de ganar poder o la obsesión por aplastar al principal partido de la oposición rompiendo las políticas del consenso en materias básicas.

Más allá de las futuras cabezas del cartel socialista, han de ser las ideas las que guíen el camino para la recuperación de la confianza del electorado. Y algunas -sólo algunas- de las líneas que pueden coincidir con los sentimientos de la mayor parte del electorado son las siguientes:

1. Poseer una clara idea de lo que debe ser el Estado central y su relación con las Comunidades Autónomas. Un Estado central que no puede ceder todas sus competencias en virtud de negociaciones coyunturales y unas Comunidades Autónomas que, al ser también Estado, han de ser corresponsables y entender que hay unos denominadores comunes mínimos que son patrimonio de todos. Habrá, por tanto, que enderezar la orgía estaturia sin límite abierta en la segunda mitad de la última década. Por otro lado, hay que acercar la administración al ciudadano y, para ello, no hay camino más eficaz que reforzar la administración local con transferencias reales de recursos (no sólo competencias) de las Comunidades Autónomas a los Ayuntamientos.

2. Definir cuál es el modelo de Estado del bienestar que propugna la socialdemocracia. Es fundamental saber con qué medios cuenta y qué objetivos quiere cubrir a corto, medio y largo plazo. Las conquistas sociales deben de ser eso: conquistas. Es inadmisible poner en marcha una determinada política social para que quede frustrada por falta de dinero o, simplemente, por supresión de la misma, como si una conquista no fuese un derecho. En ese sentido habrá que prometer pocas medidas sociales, a cambio de ser sólidas y estar garantizadas para el futuro, con independencia de las coyunturas económicas. El Estado del bienestar no puede seguir siendo un Estado meramente asistencial y los ciudadanos han de ser corresponsables con el mismo.

3. Legislar acorde con la realidad. Pocas leyes y realistas. Con cierta capacidad para transformar la realidad si es posible, pero huir de las tentaciones legisladoras para rellenar papel que no van a tener resultado práctico alguno.

4. Mostrar una imagen de rigor, seriedad y buen hacer. Hay que sustentar valores como los del esfuerzo, el trabajo y el sacrificio. Al ansiado cambio de modelo productivo no se llega por el camino del colchón adormedecedor de las subvenciones. Los paternalismos populistas de los 400 euros han de erradicarse, al igual que no se puede limitar la acción legislativa al reconocimiento de derechos individuales. Los derechos colectivos también son derechos y de mayor importancia aún desde una perspectiva socialdemócrata.

5. Recuperar la política del consenso, muy especialmente en los pilares básicos de la economía, la sanidad y seguridad social, la educación, la seguridad interior y la política exterior. La política exterior nunca podrá estar presente en los debates de una campaña electoral.

6. Reorientar algunas de las políticas que se han puesto en marcha como, por ejemplo, la de la denominada "Memoria Histórica" como un reencuentro global con nuestro pasado. Un pasado que es común y que no puede ser excluyente, ni estar orientado a proyectar en las generaciones futuras la reproducción del rencor o los odios del pasado. El reconocimiento de las víctimas debe ser completo, esto es, de todas las víctimas.

Si el PSOE sigue adherido a un zapaterismo reciclado, pocas oportunidades tendrá de salir de la bancada de la oposición en mucho tiempo.

30.3.11

BONO

Se trata de José Bono Martínez, un político socialista y un español por los cuatro costados. Pese a todo lo que se ha dicho de él y de sus presuntas riquezas, si hubiera sido él el encargado de presidir el gobierno desde el año 2004 nos habríamos ahorrado algunos disgustos. No sufriríamos el grado de centrifugación -y vaciado- del Estado propiciado por Zapatero y su concepto de "España plural". Tampoco se habrían perdido los papeles negociando con ETA hasta más allá de la prudencia y de la lealtad a las instituciones básicas de un Estado democrático. Que nadie se rasgue las vestiduras. Ser corrupto es un pecado grave, pero la alta traición es un delito mucho más peligroso.

Con mucha razón aseguraba José Bono la mañana del 30 de marzo de 2011 en Ondacero que "entre Otegui y Acebes, creo a Acebes". Con ello quería decir que entre ETA y el gobierno, hay que que creer a éste último en el contexto del escándalo del "chivatazo" del caso 'Faisán'. Es un asunto de lealtad básica, mienta o no el gobierno. No es vano el dicho popular que subraya la conveniencia de lavar los trapos sucios en casa. El problema es que algo se quebró entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 y no ha sido aún recompuesto. ¿Por qué Zapatero no afirmó entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 lo que hoy dice Bono? Prefieron creer a Otegui que a Acebes con tal de cargarse a José María Aznar. Lo consiguieron. Ahora toca pagar la factura.

Triste España que no se respeta a sí misma.

27.3.11

SÍ A LA GUERRA

Corría el inicio de la década de los noventa y un estudiante de instituto preguntó al profesor de Historia: “¿Es verdad que van a reducirse los presupuestos de Educación para pagar los tres barcos que vamos a enviar al Golfo Pérsico?”. En aquella época todavía sabían los alumnos dónde estaba el Golfo Pérsico más o menos; un abismo separa aquellos tiempos de los que corren actualmente. No obstante, el nexo común entre el ayer y el hoy se sitúa en la manipulación demagógica de la que se dice “izquierda” y de algunos de los que juran encontrarse “a la izquierda de la izquierda” por evitar denominarse “extrema izquierda”. La pregunta de aquella adolescente dejó sorprendido al profesor. Lo absurdo de la misma se despejó con una tranquila negación y con el paciente consejo del docente sobre la conveniencia de dejar pasar tan sólo unos meses para demostrar la falacia de los que tienen por oficio ser falaces, en la imposibilidad manifiesta de ser capaces de ganar unas elecciones.

Tuvo que tragar quina entonces el presidente Felipe González ante las preguntas de la oposición exigiéndole los detalles del apoyo concedido a los Estados Unidos en su primera guerra de Irak. Muy especialmente, me refiero a los insistentes requerimientos de Julio Anguita a los que González replicaba con un “damos a los Estados Unidos todo el apoyo posible en estas circunstancias” y un “no desvelamos detalles por seguridad de las fuerzas comprometidas en la operación”. No son expresiones literales, pero compruebe el lector el sentido de las intervenciones parlamentarias en las actas de las sesiones del Congreso de los Diputados.

Años más tarde, sería el presidente José María Aznar el que tendría que hacer frente al coste político de secundar a los Estados Unidos en la segunda guerra de Irak. Hubo, no obstante, una diferencia: el PSOE –ya liderado por Rodríguez Zapatero– se había enfundado en una campaña demagógica para alcanzar el poder y metió los asuntos de política internacional en el debate partidista. Esa estrategia propia de la “izquierda de la izquierda” –amparada en su inconfesable confianza de no ganar nunca unas elecciones generales– fue adoptada por el partido llamado a ocupar el centro-izquierda y, por tanto, con posibilidad de alcanzar responsabilidades de gobierno. El suicidio estaba servido. Más tarde o más temprano tendría que tomar una decisión: o retirarse de Irak, o matizar sus promesas ante sus fieles. La segunda exige un tacto habilidoso para no perder votos, pero puede ser asumible; la primera significa una traición manifiesta a una potencia aliada de la que dependemos. Desde luego, una traición que no es letal a la vista de la insignificancia relativa de nuestro país, pero hiriente en todo caso. Escaso recorrido tiene quien, siendo dependiente, piensa que es su propio amo y señor.

Casi ocho años deben haberle enseñado algunas cosas sobre la política al presidente Rodríguez Zapatero. A jugar sucio desde luego, lo cual es una cualidad en un político que tenga los pies en el suelo. Es indicativo que desde que retiró las tropas de Irak no haya descansado en su tarea de enviar soldados al exterior, algunas veces a jardines exóticos de los cuales no sabemos muy bien cómo salir. Como ejemplos tienen el incremento de tropas en Afganistán, la aventura libanesa y, ahora, una voluntad de bombardear Libia ofreciendo todo el apoyo a los Estados Unidos desde las bases hispano-estadounidenses en nuestro territorio, sobre todo Morón y Rota, además de movilizar efectivos propios para las operaciones de guerra (varios aviones, un submarino clase “Mistral” y una fragata tipo F-100, al parecer y por ahora).

Los que están aceptando esto y rechazaron en su día la invasión de Irak son gente curiosa: o tienen un cinismo genético hincado en vena o manifiestan una ignorancia notable cuando alardean de que “ahora hay una Resolución de la ONU”. Por partes. La Resolución 1441 de noviembre de 2002 (aprobada por unanimidad en el Consejo de Seguridad) dio un ultimátum a Sadam Hussein que contemplaba el uso de la fuerza si el régimen de Bagdad no se desarmaba. Aquella fue la justificación para el ataque que se produciría más de tres meses después. Los que no quisieron ni siquiera tomarse la molestia de leerse aquella resolución son los mismos que, ahora, no dudan en poner su alma en sancionar la legitimidad del ataque contra Libia porque hay una rotunda determinación de la ONU. Por cierto, es tan “rotunda” que no ha habido unanimidad en el Consejo de Seguridad (como sí la hubo en noviembre de 2002). Y ha habido demasiada prisa por ponerse en marcha ante la presumible victoria del tirano en la guerra civil libia. Varias veces ha decretado ya el “tirano” Gadafi el alto el fuego, pero las fuerzas de la “comunidad internacional” siguen atacando. Por cierto, si alguien tiene una definición concreta de lo que significa “comunidad internacional”, puede informar de ello. ¿Es China “comunidad internacional”? ¿Lo es Rusia?

Como hay todavía quien no sabe que hay una diferencia sustancial entre el derecho internacional y las relaciones internacionales, merece la pena indicar que las dos guerras de Irak fueron invasiones, como lo fue Afganistán entre una y otra, como lo es esta de Libia que, de momento, es una mera intervención. El control de las materias primas, de la energía y de zonas estratégicas son algunas de las razones que sustentan estas guerras. Si alguien piensa que todavía están buscando a Bin Laden en Afganistán o que extirpar al único líder laico del norte de África ha sido una medida legítima provocada porque está matando a su gente, que los dioses le bendigan en su infinita ingenuidad.

Volviendo a asuntos domésticos, se puede ver claramente la maniobra que se perpetró en España durante el bienio 2002-2004. La guerra de Irak importaba poco; el objetivo era derribar al gobierno de José María Aznar mediante levantamientos callejeros de provocación. Lo que comenzó con el desastre del “Prestige”, continuó con las movilizaciones del “No a la guerra” y concluyó con los atentados del 11-M. El gobierno de entonces no estuvo fino en evitar la ola que se le venía encima y se confió demasiado. Sería letal para el PP –caso de que vuelva próximamente al gobierno de la nación– dejar tantos flancos sin cubrir si la oposición vuelve a ponerse tan demagógicamente agresiva como entonces.

El objetivo consistía en tomar el poder a cualquier precio y, evidentemente, Rodríguez Zapatero no lo va a soltar gratis. Cuenta con el silencio secuestrado de las gentes que lo sustentan ciegamente (que no son pocas). Ahora prácticamente nadie sale en manifestación contra la guerra de Libia que hemos visto comenzar, siendo difícil adivinar qué efectos va a tener a medio plazo. Nadie pregunta qué gastos tiene esta aventura de Rodríguez Zapatero en medio de la crisis económica que padecemos. Nadie abre los ojos al oír a la ministra Trinidad Jiménez afirmar que no hace falta el permiso del Congreso para enviar tropas al exterior cuando se trata de un caso de “urgencia”. Podía haber dicho esto mismo hace unos años cuando el ejecutivo de Aznar se embarcó en lo de Irak. Los “stocks” de cemento armado, sin duda, deben ser importantes en nuestro país tras el desplome de la construcción: algunos y algunas lo llevan en sus respectivos rostros. Los españoles permanecen perfectamente alienados mientras consumen telebasura y opinan que lo mejor es no estar presentes en el mundo, para evitarse problemas.

Las sucesivas metamorfosis de Zapatero son sistemáticamente perdonadas por sus feligreses. Ni siquiera se cuestionan si conviene o no que repita como candidato. Su iluminado altar será ocupado por otro (o por otra) que va a contar con un voto rígido y fiel que lleva votando al “partido” toda la vida. Para estos votantes no hay más que “un” partido; el partido único, en otras palabras. Si alguien duda de esto, que contabilice los millones de votos que va a cosechar el PSOE en las convocatorias electorales que quedan por venir. Ya verán. Puede incluso perder la mayoría, pero el puñado de millones de votos no se lo quita nadie. Conviene no olvidar que Zapatero está ahí porque los españoles lo quieren y quieren esa política de la nada. Los heterodoxos no suelen ser mayoría.

Por su parte, la izquierda de la izquierda ha mantenido una postura, al menos, coherente. Consciente de que no va alcanzar la mayoría (lo contrario supondría un problema para sus limitadas estructuras, incapaces de cubrir los numerosísimos cargos públicos con militantes propios) protestaba ayer como protesta hoy: tomando la calle o, por lo menos, armando ruido. La derecha –o, mejor dicho, las derechas– también mantienen un cierto grado de coherencia: apoyan la intervención en Libia como impulsaron la entrada en Irak. Aunque don José Blanco no lo reconozca, las derechas tienen un moderado complejo a parecer demasiado agresivas y se han puesto al lado del presidente Rodríguez Zapatero quien, en su día, hizo todo lo posible por boicotear la proyección internacional que España estaba adquiriendo. ¿Se acuerda don José? Y todavía hay quien lo llama “Pepiño”. No haga usted caso, don José, a esos crispadores de la caverna, que la recuperación económica está ya en marcha. Como el adviento que va a preceder al nacimiento del nuevo “mesías” socialista.

La clave de la bóveda se sitúa, pues, en el PSOE que debe encontrar su sitio, su lugar socialdemócrata después del baño de radicalismo populista y demagógico que le han dado Rodríguez Zapatero y sus adláteres. El problema de la presunta sucesión está planteado. No duden que el presidente lo va a resolver a su conveniencia, no según los intereses del partido. ¿Que no? Ya verán.

Cuenta con votos y con soporte social Zapatero. Más del que se cree. Es curioso comprobar que mientras militantes socialistas se muestran inquietos y reflexivamente críticos ante la situación, auténticos hooligans del PSOE (que jamás han hecho nada en política activa, por cierto) amparan, jalean y sueñan con el ostracismo de todos los que no voten al amo. Son los mismos que aplaudieron al alcalde de Getafe, Pedro Castro, cuando llamó a los votantes de la derecha “tontos de los cojones”. Son los mismos que se lamentaron al ver que Aznar salió vivo del atentado que sufrió. Son los que sueñan con ponerle una mordaza al adversario y, si hace falta, encerrarlo. Zapatero, pues, tiene aún margen de maniobra.

Otra cosa será que haga caso a la banca cuando le aconseja que termine la legislatura y que no abra la margarita de la sucesión. Pocas veces se ha visto más claro cómo Botín le ha hecho la cama al presidente. Y pocas veces se ha visto más claro cómo el presidente tiene sus propios cálculos en la cabeza para perpetuarse el máximo tiempo posible en ese espacio del que tiene una sed inagotable: el poder.

10.3.11

A MEDIA LUZ (o las improvisaciones del señor Ocurrencias)

Nos vienen acostumbrando al absurdo y una buena porción está ya tan alineada que ni siquiera se siente estúpida. La sonrisa que sostenían los bufones de Velázquez aún se mantiene en rostros, tal vez beneficiados de algún “ERE”, quizás colgados de la blanda manduca que proporciona el ingreso de nómina sin dar palo al agua durante toda una mensualidad. El caso es que nadie se mueve ante la estulticia esculpida cada viernes por parte del gobierno. Y los hay que hasta se molestan si se denuncia el escándalo. País.

La cosa es que tenemos unos rectores de la cosa pública que nos cuidan, al parecer, por nuestro bien. Si nos negaron la crisis por año y medio fue precisamente para no inquietarnos, que el corazón sufre. Si llegó el desastre, nos lo palian con un verdadero jarabe de palos para los más desfavorecidos. Si nos suben la electricidad un 3% a comienzos de 2010 es para que aprendamos a ser sensatos en el consumo de la misma. Si nos la suben más de un 10% (IVA incluido) en 2011 es para que aprendan esos cabritos a los que les da por encender la luz de manera insolidaria. Si nos ponen una multa es por nuestro bien. Si reducen la velocidad máxima a 110 kilómetros por hora en vías rápidas es porque somos unos inconscientes. Si nos apagan la mitad de las farolas es para que veamos mejor la carretera. ¿A quién le daría por poner tantas luces en las carreteras? Sería a los eternos conspiradores. Probablemente Franco estuviera ya en el ajo y, por supuesto, seguro que Aznar tuvo la culpa. A media luz se está mejor.

Nada como una media luz mientras estás circulando, sin saber si te topas con un tractor por delante o te embiste un camión de doce ruedas por atrás. ¿Por qué negarse al placer sorpresivo? Nada de gastos superfluos en las carreteras, ni en la vida cotidiana. Para eso ya están los convoyes de coches de cilindrada del presidente, que le acompañan donde quiera que va. Sin límites de velocidad, sin atascos, sin tonterías de bolsa-caca, ni canon digital. Por las buenas, a toda marcha, que para eso es presidente. ¿A qué velocidad y qué itinerario en contramano siguió el cortejo del presidente del gobierno el 13 de febrero de 2011 cuando entró y salió del Palacio de Congresos de Sevilla? Por lo visto la velocidad es virtud en los mandamases (cuestión de seguridad) y vicio en los contribuyentes que pisan el acelerador (también cuestión de seguridad). Ya sabes: “No podemos conducir por ti”. Seguido de: “pero sí te podemos poner una multa que te crujen los huesos si aparcas en zona azul o te pasas un kilómetro/hora de la velocidad establecida”. No podemos conducir por ti; nos basta con meter la mano en tu cartera.

Los ciudadanos han pasado a ser unos menores de edad de los que se presupone todo tipo de infracciones. El canon digital es un canto inigualable a la previa culpabilidad de todo bicho viviente que se acerque a un ordenador. El aborregamiento ha llegado a tal límite que el gobierno ha planteado apagar las luces a las seis de la tarde y todavía hay quien lo entiende. Como entienden que treinta y pico “eres” presuntamente fraudulentos se conviertan en “tres o cuatro” por la mágica aritmética de don Manuel Chaves, expresidente de la Junta de Andalucía. Y cantaba don Blas Infante aquello de “andaluces, levantaos”. Apañado fue un día por los unos y apañado está por los otros.

Y están perfectamente convencidos de lo que hacen. El primero, el presidente. Durante su penúltimo lucimiento internacional y en su visita a Túnez, Zapatero no ha dudado en explicarle al primer ministro Béji Caïd Essebsi –de 84 años de edad- su visión teleológica de la transición a la democracia en España. Según su nueva y personal historiografía, el joven Rodríguez Zapatero tenía 15 años cuando murieron Franco y la dictadura que había golpeado y aniquilado a su abuelo y hostigado a su padre (alto funcionario en el Ayuntamiento de León y miembro destacado de su colegio de abogados) y, por lo visto, a media familia. Zapatero se estrenó en las urnas votando la Constitución de 1978 (toda una señal de su predestinada vocación política) y, años más tarde, aquel todavía imberbe luchador por la democracia que estrenó Constitución se convirtió en presidente del gobierno de España. Todo el camino recorrido ha servido justo para eso: para convertirle en presidente. Ante semejante explicación, Essebsi tuvo que calar al personaje y sus generosas promesas de ayuda, espetándole un “esperamos que mañana pueda usted decir lo mismo”. La sabiduría de llegar a los ochenta años.

Algunos –los que más demócratas se creen- calificarían a este gobierno de grupo angelical y bienintencionado que no debería ni siquiera convocar elecciones para evitarle a la ciudadanía la tentación de votar a la “caverna”. Otros, sencillamente, dirían que son una caterva de cínicos. Menuda tropa.

Tranquilos que la culpa -seguramente- es de Franco… o, tal vez, de Moody’s. ¿Verdad, presidente?

26.12.10

EPPUR SI MUOVE

Suele adjudicarse a Galileo Galilei la autoría de una frase que pronunció ante el tribunal de Santa Inquisición que le juzgó. Su delito consistía en haber defendido la teoría heliocéntrica frente a la concepción ptolemaica del Universo. El heliocentrismo se antojaba tan trasgresor en la época que el cardenal Bellarmino le condenó a no divulgar su teoría, tan contraria a las verdades de la fe como a las de la ciencia entonces vigentes. Poco más tarde, en 1616, a Galileo le caería una interdicción por parte de la Iglesia a modo de condena rotunda. Pese a todo, el convencimiento del científico era tan sólido que perseveró en sus ideas hasta que, en abril de 1633 se le abrió un nuevo proceso, esta vez por desobediencia. En aquella ocasión, sus enemigos se salieron con la suya por encima de los apoyos que siempre asistieron al sagaz Galileo. Se le condenó a cadena perpetua. Sólo tras su abjuración consigó suavizar la pena minimizándola en mero arresto domiciliario. Era ya un hombre lo suficientemente mayor como para valorar las bondades de la flexibilidad y vivir su última década de vida sin mayores calentamientos de cabeza. La anécdota según la cual Galileo pronunció la famosa frase "Eppur si muove" ("Y sin embargo se mueve") en alusión al movimiento de la Tierra en torno al Sol resulta inverosímil. Pero cobró carta de naturaleza en el pensamiento defensor de la razón y la ciencia, floreciendo en las aristas más anticlericales de la Ilustración.

Más allá de haberse convertido en una frase anatema contra todo lo que huela a caverna, lo cierto es que la célebre expresión invita a la adopción de una postura parsimoniosa, contemplativa y dulcemente escéptica ante muchos acontecimientos de la reciente actualidad cuya probable estulticia no haga otra cosa que crecer con la perspectiva que concede el tiempo. Me atrevería a decir que es una actitud defensiva ante el enorme despliegue de instrumentos de censura y autocensura que se han apoderado del espacio público, sobre todo en los últimos seis años. Los autores de comentarios críticos han merecido calificaciones tan pintorescas como "crispador", "agorero" o "cenizo" para convertirse, de inmediato, en un "cavernícola", un "franquista" o el siempre socorrido epíteto de "fascista". El sentimiento de ostracismo ha sido verdaderamente agobiante y, todavía hoy, en lo que parecen ser los estertores de un régimen, sigue ejercitando la asfixia. Incluso se padece una fría inquietud que nos hace mirar alrededor cuando hasta los próximos nos advierten de nuestras presuntas injusticias críticas contra los lejanos. Y los que nos quieren nos señalan el camino de la moderación en el método, incluso compartiendo los mismos diagnósticos que desembocan en semejantes conclusiones.

Ante los tribunales omnipresentes que fiscalizan las lenguas heterodoxas, la prudencia aconseja acompañar la pública abjuración con la confesión privada en los célebres términos: "Eppur si muove".

¿Que subir y bajar los impuestos, a la vez y simultáneamente, es "socialista" tal como han propagado a los cuatro vientos los próceres del sistema? Eppur si mouve.

¿Que no había crisis y que el que dijese que la había era "antipatriota"? Eppur si muove.

¿Que el president Montilla lo estaba haciendo muy bien en Cataluña? Por eso mismo siempre ganó las elecciones autonómicas y ha sido reelegido por aclamación. Eppur si mouve.

¿Que es lógico para el funcionamiento del partido socialista que Rodríguez Zapatero deshoje su margarita de posible candidato ante su esposa y un "amigo"? Eppur si muove.

¿Que los documentos de la embajada estadounidense mienten en sus referencias al gobierno español? Eppur si muove.

¿Que se acabó la Cuatro y ahora le toca el turno a la CNN? Eppur si muove.

¿Que la crisis ya está solucionada desde que se vislumbraron los primeros "brotes verdes"? Eppur si muove.

¿Que Zapatero es el mejor candidato del PSOE según afirman sus paladines Rubalcaba y don José (Pepiño) Blanco? Eppure si muove.

¿Que es bueno que no se convoquen elecciones adelantadas? Eppur si muove.

¿Que vivimos un acontecimiento planetario en la primera mitad del año 2010 gracias a la doble conjunción presidencial de Obama y Zapatero (Pajín dixit)? Eppur si muove.

¿Que la crisis española es sólo económica y no de confianza? Eppur si muove.

¿Que la militarización es la solución adecuada para un conflicto laboral? Eppur si muove.

¿Que el estado de alarma es tan saludable como prorrogable? Eppur si muove.

¿Que cualquier alternativa a lo malo resulta peor? Pues nada, a votar en sentido único al único partido que, por definición, debería ser el único. Eppur si muove.

¿Que son legítimos, preventivos y necesarios los "cinturones sanitarios"? Eppur si muove.

¿Que el año 2011 será el de la definitiva salida del marasmo actual? Feliz Año, felices. Transitáis por buen camino de la fina intuición.

Lo que vosotros digáis. Total.

Pero, sin embargo, se mueve.

6.12.10

ESTADO DE ALARMA

En 1981 apareció una Ley Orgánica que regulaba la declaración de los estados de alarma, excepción y sitio (Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio). Durante años no hizo falta, por fortuna, la declaración de ninguno de los aludidos estados. Tal vez, la única ocasión en que sí pudo haberse declarado el estado de alarma fue con ocasión del golpe terrorista más duro que recibió España desde que se convirtió en un estado democrático. Nada se hizo entonces. Sin embargo, el pasado 3 de diciembre los controladores aéreos dieron un plante y cerraron el espacio aéreo. El gobierno reaccionó con un decreto mediante el cual declaró el estado de alarma, por primera vez en la historia de nuestra democracia (BOE, nº 295, 4 de diciembre de 2010, extraordinario).
Por lo visto, lo ocurrido el 3 de diciembre de 2010 ha resultado ser más grave que la tragedia del 11 de marzo de 2004, a la vista de la severidad de las medidas adoptadas.
Cabe la reflexión y, sobre todo, la inquietud. El gobierno no sólo va a mantener el estado de alarma sino que, al parecer, lo va a prorrogar. Puestos a franquear fronteras, alguno se preguntará: ¿estará dispuesto el gobierno a declarar el estado de excepción o el de sitio llegado el caso y la defensa de su interés? Cierto es que tanto la prórroga del estado de alarma como la declaración de los estados de excepción y de sitio requieren la aprobación del Congreso. Pero también es cierto que lo que no se atrevieron hacer gobiernos en el pasado con mayoría absoluta, parece estar dispuesto a hacerlo el actual por muy relativa que sea su mayoría.
Por otro lado, ¿cuántas huelgas de controladores aéreos han jalonado la historia de nuestra democracia? Bastantes; más que dedos en una mano. Nunca, que yo sepa, se declaró el estado de alarma. ¿Por qué ahora sí?
Un plante de controladores en plena transición o un plante de trabajadores manuales en el tardofranquismo no provocaba la declaración del estado de alarma. Ahora parece que los derechos de huelga, protesta y cabreo antigubernamental pueden restringirse a golpe de autoridad militar. Mueve a la reflexión. Lo decimos con toda timidez y prudencia. No vaya a ser que en el futuro nos tengamos que enfrentar a un estado de excepción o de sitio que vaya dirigido, justamente, contra los que no están de acuerdo. El "cinturón sanitario" tendría entonces perfecta justificación legal.

28.11.10

11.9.10

LA NUEVA "TREGUA" DE ETA. TERRORISMO Y CÁLCULO POLÍTICO

La banda terrorista ETA grabó hace ya meses un vídeo anunciando un nuevo cese del alto el fuego. Resucitaban así intenciones viejas y expresiones acuñadas para esconder bajo capas de sangre y vísceras desparramadas de inocentes las supuestas exigencias de un "conflicto". La entrega de la grabación a la BBC tuvo sus episodios novelescos en las ciudades de París y Londres. Los gudaris de la "lucha armada", aunque forman más una fratria mafiosa que un disciplinado ejército. El empresario Luis Olarra lo supo siempre y mantuvo a raya a ETA con la ayuda de sus "amigos" italianos y no italianos. ¿Se acuerdan?
Días antes del mencionado anuncio, en la revista Época, Antonio Martín Beaumont escribía: "Por más que sea un pago inaceptable a los terroristas, los asesores de Zapatero consideran que es el mejor atajo para que su líder llegue a las elecciones de 2012. Porque conseguiría nuevos aliados contra el PP y, también, podría presentarse en la campaña electoral como el presidente que terminó con ETA" (29 de agosto de 2010, número 1.309, página 32).
Leer esto en una revista dirigida por Carlos Dávila invitaría a cualquier sempiterno seguidor de los medios de PRISA a defender al gobierno aireando una presunta teoría de la conspiración de "los de la derecha", de los que siempre ven fantasmas en todas partes, desde el 11-M hasta hoy. Y no le faltaría razón: afirmar que un final de ETA al precio que sea necesario es un objetivo del gobierno para conseguir una victoria electoral resulta tan arriesgado como repugnante. En ese esquema no se trataría de derrotar a ETA para acabar con un trágico problema, sino de negociar con ella un precio determinado para ganar los votos necesarios con el fin de seguir ocupando el poder por otros cuatro años.
Lo curioso del caso es que días después de publicarse el artículo de Martín Beaumont saltó el comunicado. El gobierno respondió con algo parecido a una pose ensayada. Que si el comunicado era insuficiente, que si la banda debía dejar las armas, que si no son creíbles, que si no le vamos a hacer caso... algo así como una negación pública que traslucía un oculto y oscuro deseo de ser cortejado en privado a golpe de contactos o negociación (dos denominaciones para la misma cosa). Se presupone que si Martín Beaumont sabía o sospechaba algo acerca de las intenciones de la banda, el Ministerio del Interior también debía tener información al respecto.
Seguía en la inquieta duda sobre si la "derechona cavernícola" mentía o describía, cuando el pasado 8 de septiembre la periodista Margarita Sáenz-Diez hizo una afirmación en el programa de TVE 59 segundos más que sorprendente. Dentro del minuto 18, entre los 40 y 50 segundos, sentenció: "Si durante el mandato de Zapatero ETA abandonara las armas, la reelección de Zapatero estaría casi asegurada".
Para quien no lo sepa, la periodista Sáenz-Diez no es precisamente una devota de José María Aznar ni del PP. Sus palabras denotan una mayor aproximación a las tesis del gobierno que a las de la oposición, por describir mas que edulcoradamente su posición. La rotundidad de las palabras de Sáenz-Diez, pronunciadas con una sonrisa de seguridad y condescendencia, vienen a ratificar las sospechas de Época. La tentación de utilizar el fin de ETA como un instrumento electoral parece, pues, una posibilidad cierta.
El retorno del alto el fuego parece responder a un interés en proseguir un proceso iniciado en 2006 y no concluído por parte del gobierno (aunque sí por parte de ETA). Es bien relevante que el presidente Rodríguez Zapatero ni se le haya pasado por la cabeza devolver el mandato que sacó del Congreso para dialogar con la banda. La negociación con el terrorismo, por otro lado, no debe hacer rasgarse las vestiduras a nadie atento a lo que ha venido pasando en España en los últimos años. Si se negocia con los piratas en el Índico o con Al Qaeda en Mauritania, no tiene nada de especial que se haga lo mismo con el terrorismo doméstico. Sobre todo si lo que se negocia es dinero para una buena jubilación de los terroristas más que una posible secesión del País Vasco. Sólo los tontos olvidan que la negociación es un intercambio de "posibles", no de "imposibles".
El asunto toma ribetes de obra teatral cuando el PNV se aproxima al gobierno para pedir cosas a cambio de su voto favorable en los presupuestos, lo que le daría un respiro a Rodríguez Zapatero evitando convocar elecciones adelantadas. Es de ingenuos pensar que el PNV tan solo pretende la transferencia de las competencias en materia de Empleo para el País Vasco. Por otro lado, ETA y el gobierno buscan salir mutuamente beneficiados y fortalecidos de unos contactos que pueden perfectamente desembocar en la entrega de las armas. El gobierno necesita esa medalla y ETA debe saber que su vida futura puede ser muy difícil bajo un gobierno del PP, en un mundo en rápida transformación que deja muy atrás los sueños soberanistas de don Sabino.
Ahora bien: ¿Es lícito negociar con los terroristas? ¿Puede aceptarse jugar con el fuego trágico del terrorismo para desalojar a un gobierno y permanecer en el poder tanto tiempo como se pueda? ¿Todo está permitido con tal de ganar unas elecciones?
El telón sigue alzado y los actores saldrán de las bambalinas. Algunos sostendrán con fuerza su careta esforzándose por demostrar que las apariencias son las realidades.

3.8.10

LA MANIPULACIÓN DE LA HISTORIA Y DE LA DIGNIDAD DE SUS VÍCTIMAS (descrita por Javier Marías en "Tu rostro mañana")

Tan soberbia es la época que en ella se da un fenómeno que yo imagino sin precedentes: el rencor que hacia el pasado siente el presente: hacia lo que osó suceder sin nosotros aquí, sin nuestra cauta opinión ni nuestro dubitativo consentimiento, y lo que todavía es peor, sin nuestro provecho. Lo más extraordinario es que ese resentimiento no obedece, en apariencia al menos, a la envidia de esplendores pretéritos que se fueron sin incluirnos, a la aversión por una excelencia de la que tuviéramos percepción y a la que no contribuimos, que no probamos y nos perdimos, que nos desdeñó y no presenciamos, porque la jactancia de nuestro tiempo es de tal calibre que no puede admitir la idea, ni siquiera la sombra o la niebla o el vaho de ninguna superioridad antigua. No, es tan sólo el rencor hacia lo que no ha podido abarcarse y nada nos debe, hacia lo que ya concluyó y por tanto se nos escapa. Escapa a nuestro control y a nuestras maniobras y decisiones, por mucho que los gobernantes vayan hoy pidiendo perdón por las tropelías de sus antecesores, y hasta viendo de repararlas con ofensivos dineros a los descendientes de los dañados, y por mucho que esos descendientes se los embolsen de grado y aun los reclamen, a su vez unos aprovechados, unos caraduras. No se ha visto estupidez mayor ni mayor farsa, por ambas partes: cinismo en los que dan, cinismo en los que reciben. Y un acto más de soberbia: ¿cómo se arrogan un Papa, un Rey o un Primer Ministro el derecho a atribuir a su Iglesia, a su Corona o a su país, a los de su tiempo, las culpas de sus predecesores, las que éstos nunca vieron así ni reconocieron hace siglos? ¿Quiénes se creen que son nuestros representantes, nuestros gobiernos, para pedir perdón en nombre de quienes fueron libres de hacer e hicieron, y ya están muertos? ¿Quiénes son para enmendarlos, para contradecir a los muertos? Si fuera sólo simbólico, sería una memez, nada más, engolamiento y propaganda. Pero no hay simbolismo posible si además hay 'compensaciones', grotescamente retrospectivas y nada menos que monetarias. Cada persona es cada persona y no se prolonga en sus remotos vástagos, ni siquiera en los inmediatos, que a menudo son infieles; y de nada sirven estas transacciones y gestos a quienes fueron damnificados, a quienes se persiguió y torturó, se esclavizó y asesinó de veras en su única y verdadera vida: esos están bien perdidos en la noche de los tiempos y en la de las infamias, que sin duda no será menos larga. Ofrecer o aceptar disculpas ahora, vicariamente, exigirlas o presentarlas por el mal infligido a unas víctimas que nos son ya informes y abstractas, es una burla, y no otra cosa, de sus carnes chamuscadas concretas y sus cabezas segadas, de sus pechos agujerados concretos, de sus huesos partidos y sus gargantas cortadas. De sus concretos y desconocidos nombres de los que fueron privados o a los que renunciaron. Una burla del pasado. No se lo soporta, no, el pasado; no soportamos no poder remediarlo, no haberlo podido conducir, dirigir; ni evitarlo. Así que se lo tergiversa o se lo truca o altera si resulta posible, se lo falsea, o bien se hace de él liturgia, ceremonia, emblema y al final espectáculo, o simplemente se lo mueve y remueve para que parezca que intervenimos a pesar de todo y aunque esté ya bien fijado, de eso hacemos caso omiso. Y si no lo es, si no es posible, se lo borra entonces, se lo suprime, se lo destierra o expulsa, o se lo sepulta.

Javier Marías: Tu rostro mañana (1. Fiebre y lanza), (Madrid, Alfaguara, 2008[5ª ed]), pp. 299-301.

25.7.10

LA ANOMIA Y LA TENTACIÓN FASCISTA

Si hay una estación que invita al sueño, a la despreocupación y a una suave -casi suicida- hibernación de los sentidos, probablemente sea el verano. Si las altas temperaturas seducen la pereza, en un país tan singular como es la España del verano de 2010 surgen por doquier motivos para la reflexión y motivos para la inquietud que, de inmediato, se adormecen. Eso gana el gobierno: el tiempo del verano para seguir usufructuando ("cueste lo que cueste") el poder. Pero, pese a todas las siestas más o menos colectivas, lo cierto es que hay motivo. Si, "hay motivo"; ahora sí.


"Hay motivo" les gustaba propagar hace unos años a los cuatro vientos a los propagandistas de la propaganda de "izquierda" de este país. Ahora guardan silencio en este solar patrio que han hecho suyo. Como un cortijo. Su patria se compone de un solar en términos de desolado mercado de trabajo que, por lo visto, a ellos no les afecta, bien rellenados de subvenciones para sus iniciativas culturales de carácter particular. Parece que España ya es patria, habida cuenta que podemos portar la bandera española sin ser tachados de franquistas. De algo ha valido el ser campeones del mundo de futbol y las victorias en el tenis o en el Tour.


Rodríguez Zapatero, no obstante, se abstuvo de asistir a la final futbolística del 11 de julio para evitarse un baño de españolismo, muy inconveniente en estos momentos de irritación catalano-montillesca. Tampoco se iba a perdonar el ser tachado de gafe si las cosas salían mal. Bastante crudas andan las cosas como para vincular la imagen del presidente a un nuevo fiasco. Lo calculó bien: la victoria evaporó el posible debate sobre su presencia. Con ver sus saltitos al lado de la selección campeona tras su regreso a Madrid ya fue bastante. Bastante patético, hemos querido decir.


Sólo el reblandecimiento de cerebro propio de nuestro verano nos ha permitido asistir a un sinfín de espectáculos políticos escandalosos sin que nadie haya movido un músculo de protesta. La imagen de la vicepresidenta del gobierno en pleno Parlamento pasándose el dedo índice por el cuello en gesto amenazador contra un diputado nos recuerda la escenografía de El Padrino. Será que ha llegado el momento de las madrinas de acuerdo con las directrices marcadas por el Ministerio de la Igualdad. Ya saben: "ningún hombre será más que yo".


Pero el que se permite ir de sobrado es nuestro querido presidente. En un soporífero 25 de julio no ha dudado en afirmar a El País: "He pasado malos ratos y noches sin dormir por la crisis". El vigilante, el eterno centinela, el que nunca duerme preocupado por todos nosotros... el único líder. Y fíjense si es único que si él (Él) no nos saca de la crisis, nadie será capaz de hacerlo. Por tanto, no queda otra opción que seguir votándole, única verdad posible y verdadera. La oposición se queda como una ficción democrática porque él (Él) y sólo él (Él) es la encarnación del camino, de la luz y de la legitimidad. Todo el que no esté con él (Él) es un antipatriota que se alegra de la crisis para que el PP pueda ganar algún día. Este mismo argumento, llevado a un extremo, sugiere incluso la conveniencia de no convocar elecciones. Total: ¿la libertad? Libertad, ¿para qué?


Se han cumplido diez añitos de la permanencia de José Luis Rodríguez Zapatero al frente de la Secretaría General del PSOE. Un carísimo vídeo editado para la ocasión recoge, en otras, frases suyas como aquella que decía "Cuando hable, que hablo por todos vosotros. Cuando trabaje, que trabajo por todos vosotros. Cuando gobierne, que gobernaré por todos vosotros". Eso lo decía ante los correligionarios. Con razón se lanzó a construir un cinturón sanitario en torno al PP nada más llegar al poder. ¿Se acuerdan de aquello de que "el PP está sólo"? Ahora el problema no es la soledad del PP, sino su hombro. Ese que no arriman los muy fascistas y traicioneros de la esencia de nuestra patria. Esos que rechazan la configuración ad hoc de la memoria histórica; esos que sobran de nuestra querida España. De su querida España controlada desde Moncloa con pilotaje remoto desde la Casa Blanca.


El centinela, nuestra voz, nuestro deseo, nuestro anhelo... el que nunca duerme velando por todos nosotros. Se muestra como la víctima de un poder que nunca quiso y que, si lo ostenta, es por nuestro bien. El gran sacrificado evita mostrar su real imagen de gran sacrificador. El poder no lo soltará nunca. Pese a quien pese y cueste lo que cueste que, obviamente, serán los pensionistas y los trabajadores los "paganos" de esta mofa. Una viuda ha podido ver su pensión reducida en 200 euros y no necesita presumir sobre su falta de sueño. A un parado con dos hijos se le cambia la cara al ver cómo transcurren los meses sin encontrar un nuevo sustento. ¿Demagogia? No. Demagogo es quien sin conocer de cerca la situación personal de estas personas piensa que estas palabras son demagogia y va a seguir votando a su dios de la "izquierda" en la próxima convocatoria electoral.


No va tirar la toalla, dice el líder (Líder). El oráculo ha hablado para ratificar su adanismo. No hacía falta que lo jurara. Quien llega al poder aupado por un baño de sangre encrespado con crispación programada es evidente que no va a abandonar el poder nunca. Esto ya lo sabemos. Tampoco hacia falta hacerse pasar por una pobre víctima de la crisis, cuando él (Él) decidió conceder decenas de miles de millones de euros a la banca en avales (buena parte de los cuales se han ejecutado ya). Y entonces no le entró insomnio.


Cuando elevó las retenciones por el IRPF a los pensionistas no tuvo que contar ovejitas para dormirse. Con la reforma laboral no le ha temblado el pulso, al igual que a su lugarteniente Pepe Blanco en su eterna amenaza de militarizar a los controladores aéreos. A estos partidarios de la militarización de todo lo que no funciona como ellos disponen les recordaría un poco la historia reciente de nuestro país. Y también les formularía una pregunta: si los militares son tan aptos para sustituir a los funcionarios, ¿no valdrían también para sustituir a ciertos políticos?


No se asusten, ni se rasguen las vestiduras. No soy yo el partidario de militarizar a nadie. Bastante hemos conseguido con que cada uno se dedique a lo suyo. Lo que irrita son las ocurrencias de estos padres de la patria, siempre vigilantes, siempre sacrificándose por nosotros al frente de sus cargos públicos, pero sentados en tapicerías de cuero caro. Ni siquiera se sonrojan en militarizar servicios públicos como en la época de Franco y los primeros meses del posfranquismo. Tal vez su problema no sea de sueño. Quizás su auténtico problema sea la ausencia de vergüenza. Y puede que esa ausencia sea tan total que lo mejor que podemos hacer es seguir sesteando el verano mientras nuestro líder (Líder) permanece incólume, ocupado, trabajando y velando. Ave César, centinela de occidente.
Algunos terminarán rememorando a George Orwell. No lo digo por su 1984; lo digo porque gustaba describirse a sí mismo como un "Tory anarchist".

29.6.10

NUMANCIA Y LA PRESIDENCIA ESPAÑOLA DE LA UE

Dicen que la Centuria XI contiene la siguiente cuarteta de Michel de Nostradamus sobre España:

"De tierras con nombre de animal, vendrá quien gobierne a los iberos, adorará a reyes negros y abrazará religiones extrañas. Llenará su palacio de bufones y aduladores y usando su propia máscara de bufón, traerá consigo el hambre, la pobreza y la desesperación...".

Acostumbrados como estamos los españoles a la chanza fácil, resulta difícil resistir la tentación de identificar al protagonista con el presidente del gobierno español, habida cuenta de que León es la provincia de nacimiento de José Luis Rodríguez Zapatero. Y el mismo personaje parece estar en otra de las cuartetas, según la red de redes, para mayor deleite de los creyentes en profecías: “El demasiado buen tiempo de demasiada bondad real, hace y deshace con súbita negligencia. Ligero creerá el fallo de la democracia leal. Él puesto en muerte por su benevolencia” (Centuria X-43). Algunos, incluso, creerán que se trata de Carrero Blanco.

Conviene advertir que ni creemos en profecías, ni que éstas resultasen necesarias para adivinar cuál iba a ser el nefasto rumbo de España desde el año 2009. Aunque el presidente español no pare de afirmar que nadie sabía nada de la crisis que iba a asolar España, lo cierto es que el Monthly Report editado por La Caixa apuntaba malas maneras en el comportamiento de la economía española desde la segunda mitad de 2007. Será que él no lee en inglés; será que ninguno de sus numerosos asesores tiene acceso a esta información. En caso contrario, tendríamos que convenir que alguien está mintiendo en público.

La consecuencia es que las cosas no marchan bien. Con permiso del gobierno –y sin que se moleste nadie– puede afirmarse que las cosas andan bastante mal. La presidencia española de turno en la Unión Europea está arrastrándose con más pena que gloria, pese a los esfuerzos propagandísticos que se realizan en Bruselas. La cacareada “Alianza de Civilizaciones” ni está ni se le espera, a estas alturas. La deuda española se dispara y el desempleo alcanza unas cotas imprudentes. Desesperado ante estos indicadores, en una especie de caída del caballo (imitando a San Pablo), el adalid de la utopía optimista se ha reconvertido en un neoliberal a ultranza, al que no le duelen prendas en bajar salarios, congelar pensiones y pegarle recortes sin precedentes al Estado del bienestar español. Para mayor gloria de su arrepentimiento, se fotografía junto con su ex enemigo Silvio Berlusconi y realiza respetuosas genuflexiones ante Benedicto XVI. Excesos de converso.

Quien se había empeñado en mantener dentro de un “cinturón sanitario” a media España parece que se ha aprendido de memoria el manual del Kamasutra político para adoptar todo tipo de posturas con tal de conservar el poder. Hace tan sólo pocos años, media España era sospechosa de constituir una tenebrosa caverna donde se daban cita los retrógrados –y retrógradas– a los que era preciso hacer la vida imposible. Hace relativamente poco, España tenía que ser un país abierto a las legalizaciones masivas de inmigrantes a espaldas del resto de los socios de la Unión Europea. Para algo éramos soberanos. Hace muy poco, el gobierno español se empeñó en reescribir la historia reciente de su país a golpe de decreto, sin mediar una reflexión historiográfica, ni consultar al conjunto de los especialistas. Hasta antes de ayer, el gobierno español se empeñó en una guerra fría contra los EE.UU. presididos por George Bush y, de paso, en hostigar todo lo posible a Israel. Los considerados logros “sociales” se propagaron hasta tal grado que, justo antes de las elecciones de 2008, el presidente no dudó en “regalar” 400 euros a cada trabajador español con la intención de “crear ambiente” para triunfar en las urnas. A esto se le llamaba en otros tiempos compra de votos. Simplemente.

Ahora, sin embargo, el presidente español –antes socialista– se ha convertido en un decidido conservador de privilegios. Tal extremo ha alcanzado su viraje que ha dañado seriamente a amplias capas sociales sin pestañear. Y sin ahorrar un euro en los gastos de representación y boato de su propio gobierno. No duda en mimar a la banca y en escuchar los consejos (órdenes) del Ecofin o de su querido presidente Barack Obama. El desmontaje del Estado de bienestar está siendo tan profundo que nadie sabe cuándo recuperará España las recién perdidas conquistas sociales, si es que las recupera alguna vez. ¿A qué se debe tal cambio?

Naturalmente, la justificación oficial se esfuerza en demostrar que sus desvelos se centran en salvar al país de la crisis económica internacional que se originó –como siempre– en los EE.UU. (los de Bush, no los de Obama, claro está). Y para muestra pública de que se hace lo que se tiene que hacer, tenemos los botones de Alemania y Francia, que también han recortado beneficios y derechos sociales. Poco importa que estos gobiernos sean conservadores y nada tengan que ver con las pasadas veleidades izquierdistas de su homónimo español. Sin embargo, podemos entrever otras intenciones al observar que la puesta de largo de la reforma laboral coincide casualmente con el estreno de la selección española en los Mundiales de Sudáfrica (16 de junio de 2010) y que se remodelará próximamente el gobierno según se enfoque el debate sobre el estado de la nación o el proceso de clasificación de la “roja”.

Y es que el objetivo supremo es otro. La pura y dura conquista y mantenimiento del poder reside detrás de este “todo vale”. Es más que probable que el presidente Zapatero ni dimita ni convoque elecciones adelantadas en un momento inoportuno para él. Siempre tendrá como norte terminar la legislatura “como sea”, tal y como le manifestó al presidente de Cantabria recientemente. Como sea se alcanza el poder y como sea se mantiene. Y al precio que haga falta. Sería una ingenuidad pensar que no guarda un as en la manga. La crisis económica no será capaz de resolverla y, de hecho, la situación de España en el año 2012 será bastante más compleja que la de hoy, pero se sacará algún sonado éxito para investirse como candidato factible.

Es una reedición de la resistencia numantina. Aguantar lo inaguantable, sostener lo insostenible… enfrentarse a un destino marcado de antemano. Lo razonable sería ahorrarnos y ahorrarse sufrimientos, pero cuando alguien alcanza el poder a cualquier precio no está, precisamente por ello, dispuesto a soltarlo nunca. Pobre España y, de rebote, pobre Europa septentrional, siempre situada entre la sonrisa y la complacencia ante lo que ocurre en su sur. No es casual que justo en estos días España y Portugal hayan celebrado con fuegos fatuos y oratorias grandilocuentes su ingreso en Europa. Un cuarto de siglo de reticencias y encuentros. Ahora parece que retornan las desconfianzas ante los riesgos que acompañan a los socios meridionales.

El numantinismo ibérico será tanto más desesperado por cuanto su crisis no sólo se mide en términos de déficit: la clave del espinoso asunto reside en una acuciante y progresiva falta de liquidez. La creciente falta de solvencia del Estado español se refleja en su deuda pero, en realidad, ésta en su exhausta caja. Tiempo al tiempo.


(También publicado en CaféBabel.)




12.5.10

LA LLAMADA DE OBAMA O "YES, YOU CAN"

Impresionante. La Unión Europea ya le había dado un serio "toque" al presidente español, siempre tan ajeno a todo lo que sea una política exterior de adultos. La verdad es que no hizo el menor caso. Pero el 12 de mayo el presidente Barack Obama llamó por teléfono a Zapatero. Es de suponer que con traductores por medio, habida cuenta de que el exquisito inquilino de la Casa Blanca no tiene ni idea de español (a diferencia de Bush que chapurreaba algo) y habida cuenta del nulo nivel de inglés de su homólogo español (a diferencia de Aznar, que habla un inglés regularcito pero que, en todo caso, resulta perfecto en comparación al de nuestro amado ZP). Los traductores se han ganado el sueldo: el mensaje ha llegado alto, claro... y bien duro. Obama le ha sugerido a Zapatero que tiene que cambiar de dirección y éste, en menos de 24 horas, ha dado un volantazo hacia la derecha que hace palidecer hasta a los neoliberales. No recuerdo ni a Felipe González ni a José María Aznar reduciendo los sueldos de los millones de funcionarios de este país; los congelaron, pero nunca los bajaron. Tampoco recuerdo recortes semejantes en logros sociales que, bien o mal, han configurado nuestro estado del bienestar.
Como correrán ríos de tintas sobre estas medidas -que, probablemente, no van a ser las últimas- tan sólo señalaré tres cuestiones para la reflexión:
En primer lugar el "seguidismo" extremo de Zapatero con respecto al presidente Obama, que deja en pañales las relaciones entre Aznar y Bush, o las de Felipe González con Reagan. No reprocho al presidente español que haya entendido que las buenas relaciones con los EE.UU. son vitales. Lo que me deja asombrado es que el tizón europeo del satanizado EE.UU. se haya plegado con tanta servidumbre. Podía haber esperado unos días para disfrazar un poco la conexión directa entre la llamada de Obama y la poda de derechos sociales. La foto de las Azores ha pasado a la historia, sin duda.
En segundo término, cabe dudar -y mucho- que las rebajas salariales de millones de españoles, los recortes de medicamentos para los mayores, la congelación de pensiones o la retirada de inventivos a la natalidad nos saquen de la crisis. Todo ello no va a provocar otra cosa que una contracción de la demanda, un descenso del negocio de las ya asfixiadas empresas y, probablemente, más desempleo. Tal vez, las prisas en la conversión neoliberal de Zapatero no le van a conducir a otro sitio que a un callejón sin salida. Una congelación de salarios públicos, una disminución de los ministerios (el de Igualdad, el primero), quedarse sólo con un vicepresidente (o vicepresidenta) y una drástica reducción de "puestos de libre designación" aligerarían el presupuesto de gastos superfluos. Sería saludable que lo acompañara de una congelación de las generosísimas ayudas a la banca (aún a sabiendas de que paga las campañas electorales) y una rebaja de impuestos para la pequeña y mediana empresa. Esas medidas, no siendo populares, al menos se entenderían razonablemente. Lo que resulta difícil de comprender es el castigo económico sobre millones de españoles, mientras el dispendio accesorio sigue abierto y hay sueldos públicos acumulados que rondan los 20.000 euros al mes. El más de medio millar de "asesores" del presidente del gobierno siguen ahí.
Por último, la "caída del caballo" de nuestro san José Luis ha puesto a los sindicatos en el disparadero. Que hubo matrimonio entre sindicatos y gobierno parece evidente sobre todo ahora, cuando hasta periódicos progubernamentales reconocen que hay "divorcio". Lo que no se esperaban los bien pagados cónyuges es que el "cabeza de familia" se apuntase al maltrato físico en forma de latigazos a las conquistas sociales. Que no hay nada peor que un converso ya lo sabíamos, pero que la conversión sea tan deacarada como desorejada resulta alucinante.
La cacareada "memoria histórica" se va a quedar en lo que siempre fue: un instrumento ideológico al servicio de la política partidista. Ni un duro habrá ya para fosas, después de los 60.000 euros gastados en la presunta tumba de Federico García Lorca. Habiendo jugado con los muertos, poco importa ya hacerlo con los vivos. No hay un duro para nada porque ya lo habían gastado en chorradas (léase: gasto no reproductivo) como el Plan E. Crudo lo va a tener el PSOE si no articula un cambio interno porque Zapatero se irá (incluso de rositas), pero el partido se va a quedar a gestionar los rescoldos de la bacanal zapaterista.
Y todo por una llamada. La llamada de Obama. Y la respuesta de un hombre que, rendido, se giró ante su interlocutor, desabrochó su cinturón y pronunció las incontenibles palabras del deseo: "Yes, you can".

17.4.10

La Tercera España

Mucho se ha hablado de las dos Españas. Tal vez hayamos hablado tanto de ellas que las hemos convertido en un estereotipo con capacidad explicativa de nuestra historia contemporánea. Liberales y carlistas, progresistas y moderados, revolucionarios y dinásticos, rojos y azules, izquierdas y derechas… Incluso hoy en día, instalados ya en una sociedad tan compleja como posindustrial (aunque con escasa movilización civil), parecen haber resucitado las trincheras de dos bandos que, bajo definición de algunos, resultarían irreconciliables y condenadas a un inexorable porvenir en el que una parte ha de imponerse absolutamente sobre la otra. Se empeñan hasta en dinamitar la mera coexistencia de ambas dentro del tren de la historia que, por cierto, discurre en una sola dirección y no admite billetes de ida y vuelta.

A pesar del predominio de las simplezas en ese paisaje de blancos y negros, no son pocos los que han acariciado la evidencia de la complejidad del problema distinguiendo una tercera España. El historiador Paul Preston, en su ensayo Las tres Españas del 36, supo destacar la presencia de una tercera España a través de la selección de algunos de los intelectuales de la época como, por ejemplo, Salvador de Madariaga. Ciertamente, aquel cosmopolita español fue criticado por unos y otros recibiendo, a partes iguales, las acusaciones de traición a la República socializante y a la España que amanecía en el horizonte de la Europa de los fascismos. Desde los campos atrincherados se disparó con igual saña sobre los templados campos de una cierta equidistancia. Ningún bando echó un vistazo sobre sus respectivas trastiendas: nadie quiso reconocer las checas, las matanzas, el aceite de ricino, la represión, las violaciones, el asesinato de Andreu Nin o el oportuno fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera. Algunos, incluso, justificaron estos excesos mediante difíciles piruetas dialécticas.

Muchos años más tarde, asistimos a un espectáculo mediático marcado por una resurrección escenográfica de las dos Españas, que vuelven a demostrar sus deseos de destruir al enemigo a cualquier precio. Hoy ya no existen realmente dos Españas, ni siquiera tres. Es probable que estemos hablando de varias más: sin ir más lejos, la España inmigrante que no tiene complejos de portar la bandera del país que le ha acogido porque nadie les critica por ello. El aludido espectáculo –como todo buen espectáculo- tiene sus estrellas, con sus virtudes de originalidad y sus vicios de narcisismo alimentados por la vanidad del reconocimiento público. Lo curioso es que los actores de esta pista del circo del estrellato no tienen unas remuneraciones precisamente modestas, ni se encuentran asfixiados por una hipoteca a la que no pueden hacer frente por encontrarse en el paro. Los acomodados representantes de las dos Españas andan a la gresca mientras los españoles de a pie asisten impertérritos a la judicialización de la política, a la politización de la justicia, al negocio de los sentimientos y a una mutua caza de brujas.

El caso del juez Baltasar Garzón viene de largo. Probablemente se remonte a la década de los noventa, cuando el famoso juez jugueteó con la política para, de inmediato, retornar a la Audiencia Nacional promoviendo asuntos contra el mismo gobierno que, en su día, lo llamó a sus filas. Es significativo que los apoyos tácitos del actual presidente José Luis Rodríguez Zapatero a favor de Garzón no sean secundados tan efusivamente por el ex presidente Felipe González. Todo un dato.

Ya iniciada la primera década del siglo XX, Baltasar Garzón se empeñó en procesar al dictador Pinochet y en buscar crímenes contra la humanidad mucho más allá de las fronteras españolas. Fracasada la viabilidad de la implantación de una justicia internacional y de la forja de un curriculum en ese campo, Garzón valoró las posibilidades de una judicialización del pasado doméstico. Muchos historiadores se asombraron ante la necesidad de requerir el certificado de defunción de alguno de los presuntos responsables de las matanzas de la guerra, al resultar hechos históricos probados. Pero más aventurada fue la aplicación del término genocidio para calificar el conjunto de muertes y represiones ejercidas por una España sobre la otra. Ningún historiador serio ha utilizado ese término en relación a las barbaridades perpetradas por los dos bandos durante la guerra civil porque, sencillamente, nadie tuvo la pretensión de eliminar físicamente a medio país; bastaba sólo con imponer un nivel de terror suficiente como para que el silencio sepultara las ideas del contrario. Pero las verdades que se desprenden de la historia no parece que sean ni objeto ni objetivo de este espectáculo.

Los propósitos de Garzón se han ido aclarando en la medida en que los actores han desarrollado sobre el escenario los papeles asignados. Unos no tardaron en criticar lo que estaba haciendo el juez al remover hasta la defunción de Francisco Franco; otros le han apoyado desde el primer momento y son los que no han tenido empacho alguno en organizar actos públicos de apoyo al juez. A favor o en contra, no caben medias tintas. Dos Españas. En medio de ambas, se lamenta una tercera que no acierta a comprender ni las reticencias de un empresariado que no se atreve a invertir por falta de confianza (supuestamente identificado con la caverna), ni la eficaz rapidez de los sindicatos a la hora de convocar un acto de apoyo a Garzón, mientras padecen algo parecido a una esclerosis a la hora de movilizar a los trabajadores asediados por el espectro del desempleo que ya supera holgadamente los cuatro millones de parados.

Pero el espectáculo debe continuar. Tras el primer acto, la obra ha dado un giro inesperado al haber sido sentado en el banquillo el que con tanta insistencia buscaba la certificación oficial de la muerte del antiguo jefe del Estado. Se le acusa ni más ni menos que de prevaricación. Asumir la competencia de juzgar los crímenes del franquismo puede resultar pintoresco, habida cuenta del tiempo transcurrido, de la prescripción de los delitos y de las sucesivas leyes de amnistía. Por no hablar de la presunción de inocencia o la hipótesis plausible sobre la reinserción de los viejos matarifes habida cuenta de que no han reincidido durante décadas. Tal vez pudo haber extralimitación de competencias, pero la acusación de prevaricación suena a melodía de exageración típicamente hispánica. Como los dos personajes garrulos que se están dando de bastonazos en el célebre cuadro de Goya. Los duelos a bastonazos se dan en España enterrándose los litigantes en el suelo –para no escapar- hasta conseguir la muerte del otro. Tan deplorable como triste.

Tan triste como las dos Españas que no se resignan a superar las historias oficiales en las que unos son los buenos (absolutamente buenos) mientras los otros son los malos (los enviados del infierno). La calificada como ley de memoria histórica abrió un hueco suficiente para las apetencias, los rencores, las venganzas y las oportunidades de aplastar la cabeza del otro. La vieja historia oficial del franquismo y la nueva historia oficial antifranquista. España aún no ha sabido –o querido- mirarse en el espejo de su historia para reconocer sus virtudes y defectos. Los españoles se lanzaron a matarse unos a otros en 1936. Hoy día, en otro contexto material y en medio de un mundo globalizado que nos está planteando urgentes retos de futuro, don Quijote piensa que es más listo que su subordinado Sancho Panza y éste, apegado a sus garbanzos, sabe de la locura de su caballero y le deja abierto el camino hacia su patético final. Españoles todos.

Ni los que están a favor, ni los que están en contra de Garzón se toman la mínima molestia de contemplar a España desde el exterior con ojos ajenos. Ni siquiera conocen el reciente libro del brasileño Roberto Mangabeira Unger titulado España y su futuro (Ediciones Sequitur, 2009). En sus páginas afirma certeramente lo siguiente: España, un país relativamente pequeño, se está convirtiendo, debido a la escasa imaginación de los que detentan el poder, en un país simplemente pequeño.

Ni más, ni menos.

21.2.10

Arrimar el hombro

Tal vez sea esta una de las expresiones más recurrentes desde hace ya algunos meses. Su éxito no ha sido fácil: consiguió imponerse en dura competencia frente a otras del tipo "brotes verdes" o "acontecimiento planetario" que, aunque tuvieron sorprendente vigencia, cayeron pronto en desuso ante los contundentes reveses propinados por la realidad. Esto de "arrimar el hombro" parece haberse convertido en divisa gubernamental, en santo y seña de una tropa sin oficial al frente o, quizás, en palabra clave que reparte responsabilidades y permite escurrir el bulto a los que han traído los lodos del paro y del déficit.

No me atrevo a realizar un juicio sobre esta expresión (como no nos atrevemos ya a tantas cosas), pero un buen amigo que gasta cierta sorna me ha escrito una breve carta que no me resistido a reproducir:

"Querido amigo:
Celebro que los perseguidos aún nos mantengamos en pie. Creíamos que la libertad siempre estaba segura una vez alcanzada. Se ve que no, que los silencios pueden amarrarse a fuerza de condenas implícitas y oportunos ostracismos dictados desde la legitimidad democrática. Tras aislarnos como apestados, ahora parece que nuestro concurso resulta ineludible para la buena marcha del país. Hay que 'arrimar el hombro', se nos dice. Puede que ese sea el camino. Y puede que, aunque no lo sea, el solo hecho de trabajar juntos se justifique éticamente por sí mismo. Y puede que sea una mera añagaza; no es la primera y, hasta que llegue el final, tampoco será la última.

Pero los que nos resistimos a prescindir del pasado para entender el presente nos hacemos varias preguntas que se resumen en una: ¿dónde estaba la oposición -la que debía haber 'arrimado el hombro'- los días 12 y 13 de marzo de 2004, cuando el país se enfrentaba a una situación excepcional?

Piensa en ello. Tuyo, como siempre..."

Bueno, pues me he puesto a pensar en ello, querido amigo alojado durante años tras el denominado "cinturón sanitario".

7.2.10

La crisis de confianza

Por fin comienza a verse claro el carácter propio y singular de la crisis económica que atenaza a España. Durante meses no han faltado los que comparaban nuestra situación con la de otros países. Esta era la línea preferida y preferente de los exégetas de las palabras del presidente español y sus más perfectos hagiógrafos. Después de una borrachera de estadísticas y promesas al aire, empieza a vislumbrarse que la base de la crisis no es otra cosa que una crisis de confianza que, por cierto, no hace otra cosa que manifestarse crecientemente día a día.
Visto en perspectiva, la cosa tiene su lógica. No se trata de una pérdida de confianza injustificada a partir de uno o dos detalles mal interpretados. No es un desencuentro irracional. Desde el exterior, España ha hecho sus deberes sobradamente en materia de descrédito. Cambió de gobierno en el año 2004 convulsionada por un inesperado ataque terrorista que produjo un efecto devastador contra el entonces ejecutivo español, con la ayuda de la desafección de la entonces oposición. Poco después, el nuevo gobierno entendió la gerencia del país como un enfrentamiento radical contra los Estados Unidos al retirar unilateralmente y por sorpresa las tropas de Irak (antes del 30 de junio), sin olvidar aconsejar a todos los países presentes en el conflicto que debían seguir el ejemplo español dejando sólo al entonces presidente Bush. Nadie hizo el más mínimo caso, pero los españoles siguieron tan contentos aquella senda de quijotismo chulesco poco compatible con los tiempos globalizados que corren.
Más allá, el gobierno entendió que la democracia consistía en encerrar dentro de un "cinturón sanitario" al principal partido de la oposición, aliándose hasta con el más ínfimo diablo con tal de perseverar en su propósito de aislamiento. Por si fuera poco, entendió la negociación con la banda terrorista ETA como un indefinido camino sin retorno en el que las víctimas se antojaban incómodos obstáculos al diálogo. Era el momento de los "hombres de paz" que comprendían perfectamente el valor de la sangre ajena como moneda de negociación para intereses propios. Siguiendo un rebufo de expansión económica, el gobierno no tuvo ni un minuto de desvelo por la marcha material del país. El funcionamiento de nuestra economía era algo automático que nos iba a conducir a superar a Italia y, en "tres-cuatro años", a la propia Francia. Todavía resuenan los ecos en las paredes del hotel neoyorquino en el que se pronunciaron aquellas sandeces.
Luego vinieron los famosos 400 euros como forma cutre -pero eficaz- de ganar unas elecciones de 2008. Desde entonces, ya no hay 400 euros. Poco más tarde, vino la presentación de Chikilicuatre en Eurovisión, con las mismas bendiciones de una RTVE que, ahora, en 2010, ha cortado por lo sano la candidatura de otra impresentable para no hacer el ridículo. Los signos de los tiempos. ¡Qué felicidad aquella cuando las mulatas bailaban el chiki-chiki con las bragas en la mano! ¡Cómo encandilamos a toda Europa con nuestra creatividad! Pura marca España.
Pero no había más que leer cierta prensa inglesa (The Economist desde 2007) para darse cuenta de la ceguera en la que estaban sumidos los españoles. Llegó la crisis y, con ella, el Plan E, los generosísimos avales a los bancos y una generación de paro sin precedentes. Se voceó la consigna de la tranquilidad, se vieron brotes verdes, se llamó de todo menos bonito al que viera más de 4 millones de parados en el horizonte, etc.
Lo ocurrido en la primera semana del mes de febrero de 2010 ha sido la puesta de largo de un escenario en el que, probablemente, tenga lugar un buen baile victoriano en el que casa uno va a ocupar su sitio. España, gracias a la dirección de su gobierno, carece de credibilidad internacional. Maquillar primero las cifras de déficit para tener que reconocer y pasar de un 9 a más de un 11% no ha favorecido las promesas de seriedad de España. La descapitalización de la bolsa española ha sido otro síntoma. La reducción de cotizantes a la Seguridad Social y el nuevo crecimiento del paro, otros signos de los tiempos que vienen. Las respuestas han sido tan "serias" y "socialdemócratas" como aumentar las retenciones de impuestos haciendo que buena parte de las nóminas y las pensiones se reduzcan con respecto al mes de noviembre pasado. También ha sido muy "socialdemócrata" el aumentar la edad de jubilación y otra medida curiosa: una ampliación de los años de cotización de 15 a 25 años que ha ido apareciendo y desapareciendo como el Guadiana. Pura y creíble seriedad. Confianza.
Ahora se ha anunciado una reforma laboral que, por lo visto, ha arrancado contentando a todos. Un buen amigo -que suele ser bastante prudente- se ha atrevido a pronosticar que la cacareada reforma laboral va a ser tan estéril como el Plan E a la hora de resolver los problemas planteados. Y creo que tiene razón. Como la tiene el ministro Corbacho al que todos le quieren colgar el muerto de la "reforma laboral". Dice, con razón, que esa sola reforma no significará la salida de la crisis. Efectivamente: debe acompañarse con medidas de ajuste estructurales y nada gratas. Y no creo que los actuales gobernantes se atrevan a ponerle esos cascabeles a un gato que ha ronroneado hasta ahora, pero que puede arañar si le pisan el rabo.
Las facturas suelen pagarse. Ahora comenzamos a pagar algo de lo que ya no nos acordamos. Y el cargo bancario ha venido distinguido con el concepto "crisis de confianza". Seguro que todavía hay quien se preocupa de las causas de los piratas somalíes, del calentamiento global, de las utopías perdidas, de las bondades del entrañable Hugo Chavez, de la cosmovisión de Evo Morales y de la santidad laica de Fidel, de los molinos de viento y de las buenas intenciones de la conjunción planetaria entre Obama y Zapatero. Dos liderazgos del siglo XXI que son la esperanza de millones de habitantes del planeta. Que sigan pensando así, que el pensamiento es libre. Incluso es posible que los que así ven el mundo hayan percibido algún rayo cósmico en el mágico -y conservadoramente religioso- desayuno de oración al que Zapatero asistió como representante de la presidencia de turno de la UE. Afganistán agradece sinceramente el suministro de paz que le está dando la pacífica España; sentimiento que es recíproco como todo el mundo sabe.
Una pregunta: ¿alguien sabe si el expresidente José Maria Aznar hubo de tragar asistiendo al dichoso desayunito con ocasión de la presidencia española de 2002 (de enero a julio)? A la fecha, la respuesta es negativa y por eso pedimos ayuda universal de ratificación. Si eso hubiera ocurrido, todavía estaría la izquierda recordándolo en la misma reserva iconográfica donde cuelga la foto de las Azores. Por cierto, el presidente estadounidense visitó Europa (2001) recalando en primer lugar en España. Y sin desayunos oradores que recuerdan a las antiguas fiestas de comunión, cuando se daba un café y unos dulces por toda celebración. Corrian otros tiempos, sin duda. Obama ni siquiera viene en mayo. ¡Qué cosas! ¿Dan por amortizado a alguien?
Las cartas están ya marcadas, aunque haya quien piense que no pasa nada, ni nada viene de la nada. Y quien critica la nada, es que nada contracorriente. Y que la retirada de Irak ya está olvidada. Y que Israel no tomó nota de los pañuelitos inoportunos. Y que los guiris no se enteran de nada. Y que todos, menos Zapatero, están equivocados por malintencionados, torticeros y antipatriotas crispadores... Eppur si muove.

30.12.09

El negocio del sentimiento

En plenas Navidades, con ocasión del día del padre, de la madre, o con motivo de cualquier efeméride resurge el debate sobre si las celebraciones se han reducido a un mero reclamo publicitario para el consumo de los más y el beneficio de los menos. Aunque muchos no estén de acuerdo con ese reduccionismo y algunos defendamos aún la deshilachada bandera del auténtico valor de una celebración sincera, no cabe duda que casi todo se ha convertido en un motivo para hacer caja. Y particularmente suculentos se han revelado los sentimientos como mercancía para hacer magníficos negocios. Un repaso al año que afortunadamente se nos va, deja la amarga huella de un prosaico paisaje donde todo tiene un precio.
Los que entienden que el dolor carece de código de barras habrán asistido atónitos al espectáculo de la frustrada inhumación de Federico García Lorca. En contra de los deseos de la familia -pero con todo el empecinamiento de los que miran para otra parte cuando se trata de exhumar restos humanos de pozos en Toledo- las palas entraron en el suelo para descubir restos materiales que nada tenían que ver con el célebre poeta. Total: unos 60.000 euros de dinero público que han ido a parar a alguien.
Que nos preocupe el cambio climático no significa que tengamos que comulgar con todas las ruedas de molino que, con ese pretexto, nos quieran hacer tragar. Hacer todo lo posible en nuestro entorno por conservar el medio ambiente y legarlo a nuestros hijos en un estado más o menos decente no nos conduce, de manera automática, a creernos hasta los estornudos de Al Gore. Más alucinante es la triste realidad. Veo a nuestro ínclito José Luis en el Parlamento Europeo defender la proliferación de coches eléctricos, pero su coche oficial no destaca por esa característica. Por añadidura, otro espectáculo ha sido el lucimiento de coches de gran cilindrada en la cumbre sobre energía celebrada en Sevilla en enero de 2010.
Los sentimientos parecen conformar un pasto idóneo para las llamas de los que hacen caja hasta de una lágrima. El fútbol y buena parte de los entretenimientos públicos no hacen otra cosa que pulsar sentimientos identitarios para encauzar pasiones telúricas que sería peligroso que estallasen ante las cristaleras de las oficinas de empleo. De los divorcios, mejor no hablar. A los/las que en tiempos se les decía que habían dado un "braguetazo" se les han venido a sumar los/las que ocultan una calculadora en la ropa interior. Con la ley en la mano, beneficiándose económicamente, jugando a ser víctimas públicas y verdugos privados.
No todo vale. Ya que nos quedan tan pocas creencias, por lo menos sigamos resistiendo numantinamente en el baluarte de unas pocas -muy pocas- convicciones. El sentimiento y la sensibilidad nos hace humanos. Y el dolor, por desgracia, los aguijonea.
No todo es objeto de negocio.

8.11.09

Una de piratas: el problema del "Alakrana"

Informaba la BBC el 26 de abril de 2008 de la liberación de los tripulantes del pesquero "Playa de Bakio". Aludía también a los silencios del gobierno español acerca del pago de un rescate y de la cacareada voluntad del mismo para evitar nuevos episodios de piratería sobre buques españoles. En realidad, si creemos a la BBC, se pagaron 1,2 millones de euros que fueron transportados por cinco hombres en una bolsa que fue entregada en el propio pesquero para que se marchasen los piratas somalíes. Un funcionario del gobierno somalí informó de ello cumplidamente.

Parece, pues, razonable sospechar que el gobierno español pagó un cuantioso rescate sin adoptar ninguna otra medida capaz de garantizar eficazmente la seguridad de nuestros pesqueros en el futuro. La prueba de contraste ha sido el apresamiento de otro buque, el "Alakrana". Esta vez cuentan los piratas con un mayor número de tripulantes y la inercia de un gobierno que está más dispuesto a pagar que a correr riesgos. Por añadidura, el gobierno tiene encima la presión de la opinión pública y de los familiares, además de las consecuencias derivadas de la torpeza de apresar a dos de los piratas fuera del buque español. No parece muy claro que puedan ni deban de ser juzgados por la Audiencia Nacional pero, con todo, lo más patético ha sido el espectáculo público de las debilidades de un sistema judicial que estuvo empantanado cerca de una semana acerca de la mayoría de edad de uno de los piratas capturados.

A estas alturas, no le quedan muchas opciones definitivas al gobierno español. Además de ganar tiempo y realizar maniobras de distracción -cosa que hace a la perfección- tiene ante sí dos caminos: o pagar y cerrar el asunto, o intervenir militarmente para conseguir la liberación. La torpe estrategia de contar con dos piratas como moneda de cambio ha resultado ser más una fuente de problemas que un instrumento de solución.

La primera parece la más plausible, habida cuenta de las alturas a las que nos encontramos. Ceder al chantaje soluciona, de momento, el problema, aunque tiene un coste en términos de opinión, humillación (los dos piratas probablemente tendrían que ser devueltos) y posible repetición del episodio en otro buque español (habida cuenta de nuestra facilidad de pago). La alternativa -es decir, la operación militar de abordaje- es más arriesgada y podría suponer un coste en sangre.

Después de cerca de un mes sin haberse ocupado mucho del asunto, al menos a ojos de los familiares más directos y afectados, no parece aconsejable una operación militar que conlleve muertos. Tampoco facilita una acción de esa naturaleza el viaje de destacados miembros del gobierno español a la Argentina para ocuparse, obviamente, de otros asuntos. Pero, por otra parte, la captura de más de treinta hombres les otorga a los piratas la posibilidad de realizar una macabra entrega de asesinados en dosis calculadas, lo cual abriría otro escenario.

Si se produce el primer asesinato, el gobierno podría poner en marcha la operación de asalto bajo la justificación de la salvación de vidas. Sólo en ese caso, todo el mundo entendería la alternativa militar. La espera, en este caso, es otra estrategia.

Pero si lo que se busca es salvar todas las vidas de todos lo antes posible, parece aconsejable pagar e, incluso, liberar a los dos piratas en el mismo paquete (con lo cual, tal vez consigamos una rebaja). Una vez hecho esto, es el gobierno el responsable de evitar la repetición de este tipo de graves incidentes. Y tiene medios para ello. Uno es armar a los buques con presencia militar puesto que tenemos capacidad y efectivos suficientes para ello. A continuación, parece aconsejable imitar a Francia y desarrollar una o varias acciones de castigo contra la piratería. No sería mala idea preparar una operación militar justo inmediatamente después del pago del rescate, con el objetivo añadido de recuperar el dinero entregado. Le queda otra, por cierto, aunque menos honrosa: invitar a que todos los buques mercantes y pesqueros españoles se retiren de la zona.

Quizás sea preciso recordar que los gobiernos están para gobernar y que gobernar significa tomar decisiones tras una deliberación racional. Se pueden equivocar o pueden acertar. Lo que no es de recibo es que un gobierno se mueva siempre entre las tinieblas de la duda esperando a que el tiempo, el milagro o los demás nos resuelvan nuestros propios problemas. Demasiada fe desarrollan los que tan laicos se muestran.

Desde luego, no ayuda a una percepción positiva de las cosas el que el presidente viaje a Polonia para, desde allí, "involucrarse personalmente" en el tema. Menos ayuda el hecho de que el presidente pretenda darnos lecciones de historia contemporánea comparando la caída del muro de Berlín con la muerte de Franco. Ya sabíamos que la ignorancia es atrevida. Pero intentar convertirse en historiador aficionado desde el poder con 36 hombres secuestrados es, sencillamente, patético. Patético hasta el vómito. Y mira que tiene asesores.